Archivos Mensuales: noviembre 2016

“Tú no hieres. Hiere Dios”: La marca del fuego, de Macarena Solís

por Eduardo Farías A.

la-marca-del-fuego-cubiertaEn esta reseña, escrita desde el gusto, quiero hablar brevemente de un libro breve pero intenso: La marca del fuego, de Macarena Solís. Este poemario ha sido publicado por Ediciones Oxímoron, editorial que incursiona en la búsqueda de poemarios fuera del circuito profesional de escritores al que estamos habituados. Macarena Solís aparece desde Valdivia con un libro sorprendente: La marca del fuego. El acierto de Ediciones Oxímoron es, justamente, refrescar el ambiente literario con la grata sorpresa, tal como sucede con este libro. Otro acierto se encuentra en el diseño editorial: el diseño de la cubierta se sigue desarrollando en el interior del libro en aquellas páginas que contienen información editorial, como la portadilla, la portada, la hoja de créditos, e incluso las páginas en blanco. El único ajuste en esa lógica de diseño sería repensar la diagramación del índice (guerra al típico índice de puntitos) y el juego de color en el código de barras.

Macarena Solís no solo es poeta, también es bioquímica, este dato que explica el uso de términos científicos en el poemario. La marca del fuego comienza con la aparición consciente de una hablante, quien existe y logra construirse desde la separación de un otro génerico: “No soy tú. // Soy más lejana a ti que la verdad. // Todo el resto / es relativo y discutible. // Todo el resto / es libertad” (9). La identidad de la hablante es un tema recurrente en el libro, sin embargo, el proyecto poético está en otro punto; la pregunta sobre el para qué escribir, a lo que la hablante responderá: “No quiero poesía críptica. // Quiero descifrar el puzzle / trazado en el camino de tierra / que recorro cuando busco” (11). Macarena Solís escribe sobre la vida, sobre la existencia, sobre la presencia de un otro con quien la relación y la distancia están marcadas por la violencia; tópicos que, en este libro, son tratados con profundidad, esa profundidad oscura que ilumina: “A la vida no le importa / la forma invisible en que camino. // Solo es cierto / el baile de los restos / el fluir de abrazos microscópicos / estallidos moleculares / para los que somos un disfraz” (13). Así, la vida se piensa y se juzga desde una hondura poética notable que funciona a lo largo del libro, es decir, constantemente Macarena Solís nos sorprende: “No hay moral / en nada que sea honesto / ni en la lluvia / ni en las danzas exquisitas / que transforman diariamente / los cadáveres de sal” (18).

Para terminar, La marca del fuego es un libro breve, son solo 26 poemas que concentran un devenir poético notable, con pausas, valles y cordillera; este poemario nos habla de la existencia, de la construcción de identidad, del otro, de la violencia, de la marca del fuego: en síntesis, de lo humano.

Macarena Solís

La marca del fuego

Ediciones Oxímoron (2016)

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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Los hilos de la memoria

por Gonzalo Schwenke

img_7043-copiaLa Resta (2015) es una novela intercalada por capítulos donde las voces son Felipe e Iquela, dos jóvenes que bordean los treinta años y que tienen en común su infancia, la indagación de una memoria en cuestionamiento y la resistencia política de sus padres frente a la dictadura cívico-militar. Ellos van construyendo mundos paralelos pero complementarios que observan cómo abordar esta herencia de sus predecesores y que los problematiza al hacerse presente en todas las esquinas.

 En la narrativa de Trabucco Zerán (1983), Santiago aparece como una ciudad inconveniente y apocalíptica, lo que provoca complicaciones en el vuelo de la tercera protagonista de la historia, Paloma. Cuando regresa de Alemania para celebrar los ritos fúnebres de su madre Ingrid Aguirre (exiliada y compañera de resistencia durante la dictadura junto con la madre de Iquela), el avión que trae los restos termina en Mendoza, por lo que la tarea de los jóvenes es buscar y enterrar a los muertos. De esta manera Paloma, Felipe e Iquela inician la forzosa travesía de cruzar la cordillera en la carroza llamada “la generala” para traer el ataúd de regreso.

El primer recuerdo de Iquela es el día del triunfo del “No”. En aquella ocasión Ingrid Aguirre, Hans y su hija Paloma visitan la casa de los padres de la narradora; Consuelo y Víctor. Durante los resultados del balotaje y el tránsito de los padres en la casa, ella relatará con resquemores su primer cigarro, no así su primer beso con alguien de su mismo género, con tal naturalidad y soltura que no existen reparos ni aprensiones. En tanto, Felipe recordará su crianza en el sur junto a su abuela, la relación de la casa con las mascotas y los animales, la profunda necesidad de recordar y la evocación de su infancia en la capital junto a Iquela y la madre de ella, Consuelo.

Iquela es la que da el temple a los capítulos. Introspectiva y en permanente búsqueda del detalle fascinante de la urbe, una perspectiva fragmentaria de la ciudad que la distancia del horror de su contraparte. A Felipe le disgusta y la nombra con enfado: “no ve nada: ella va paveando, comentando el reflejo del sol en los ciruelos, describiendo cómo se estiran las sombras de los edificios sobre el piso” (43). Él se caracteriza por ser obsesivo, delirante y ordenado, tiene la característica de hallar muertos en la calle o en el río Mapocho.

Mientras hacen memoria sobre la experiencia del triunfo del “No” en 1988. Los jóvenes ven con extrañeza un país que les parece ajeno e irán aproximándose a lo que significa la palabra patria: “los restos del carrete del fin de semana u otro que ya no pudo con el calor de mierda santiaguino” (28). Por lo tanto, esta construcción social es abordada por los hijos de exiliados y opositores a la dictadura a medida que se van cuestionando su pasado mientras reparan en el Santiago sucio y descuidado.

Finalmente, la obra presenta características en distinto orden que determinan su valía. Una novela estructurada y programática en su construcción, que presenta una visión liberal donde emergen situaciones lésbicas para mostrar que siempre han estado presentes, el ritmo se sostiene en ambas voces de forma armoniosa, en la que se aprecia la integración de recursos de estilo y constantes analepsis que participan convenientemente en el desarrollo de su lectura. Además, la trama tiene una orientación distintiva: el camino de los personajes es el ejercicio de hacer memoria. De lo anterior, el pasado individual es articulado como identidad mediante lo colectivo. Para el país, recordar siempre es un acto de justicia social. De otro modo, los jóvenes se refieren a lo ocurrido, lo cuestionan y lo hacen suyo para continuar y comprender la historia trazada por los padres. En el mismo ámbito, los muertos hallados en todas partes por Santiago avanzan hacia el descanso, lo que simboliza la síntesis del ayer reciente.

La resta

Alia Trabucco Zerán

Tajamar Ediciones, 2015

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Es además crtítico literario del diaro El Insular de Chiloé: http://www.elinsular.cl/.

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“A esa imagen que fui, una mitad”: La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado, de Natalia Berbelagua

por Eduardo Farías

14970877_10154813138569309_1068898540_oLa vinculación del yo con la poesía es una norma en la compresión y la enseñanza del género lírico. Y como el yo aflora en el poema, los poetas asumen distintas posiciones y perspectivas para dar cuenta o no de sí mismos. Así, el uso de seudónimo y el no develar la interioridad psíquica y sentimental, son algunos de los procedimientos más característicos para establecer la relación entre la experiencia del yo y la poesía. Natalia Berbelagua en su primer libro de poesía, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (Ajiaco 2016), asume una posición sencilla, honesta y arriesgada: esta joven escritora habla sin tapujos de una parte fundamental de su vida sin explicitar un distanciamiento entre el yo autoral y el poético, por lo tanto, ingresamos por medio de la lectura al mundo de Natalia. Entonces, este poemario es un libro personal, ya que no existe una separación entre la autora y el hablante lírico, que nos va develando su historia y quién es Natalia Berbelagua.

La historia que se esconde bajo el título es la siempre compleja relación padre-hija. En este caso particular, la situación implica que Natalia sería una hija no deseada y abandonada: “En tu nombre y en tu lucha / yo no tengo cabida” (17). El poemario avanza a partir de este dato fundamental y constantemente Natalia reflexiona sobre la incapacidad de su progenitor de ser padre: “Tuviste otros dos contenedores / otros dos formatos con tu tórax y tu espalda / dos alemanias bajo la llovizna: / una derivada de Antonio / otra un pájaro común. // A ellas también las dejaste. / Pesó el tango alcohólico / de tu imposibilidad / paterna” (28). Me parece necesario advertir que Natalia no usa su vida, y esta específica experiencia, para realizar una crítica a la imagen de la familia tradicional chilena, en la que el factor económico predomina. Natalia nunca nos habla de dinero ni menos de pensión alimenticia. Su posición siempre es la de hija y la relación entre  con su padre siempre está definida a partir de lo emocional: “HEME AQUÍ, PADRE MÍO, / honrándote en el odio y el rechazo” (12). Sin embargo, estos sentimientos no invaden los poemas. Natalia Berbelagua no construye un poemario catártico, por el contrario, pienso que el afán es otro, o es producto de una bandera blanca: “Mi padre iba silbando / como yo cuando estoy nerviosa. / Me tomó la mano y lloró. / Le dije que todo está saldado entre nosotros” (45). Desde mi perspectiva, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado es otra manera de saldar las cuentas con una figura paterna elusiva.

Otra perspectiva para reflexionar sobre el objetivo de la escritura poética en esta publicación es el luto. Ante la muerte del padre, la escritura es la forma de llorar con lágrimas o con silencio y una  manera de dejar ir a quien ya no está: “te dejo ir, padre / a tu silencio de sumas. // Yo estaré aquí / llenando tu altar / con otros padres metafísicos / y dejarás de ser por fin / la marca blanda en el piso de un cuerpo baleado” (46). Creo que al considerar este poemario como un luto, se aprecia por qué este libro no va hacia la crítica sistemática de una realidad y solamente se inscribe en una esfera personal, lo que obviamente no desmerece el contenido poético. En lugar de una crítica evidente, Natalia muestra las consecuencias en su constitución como sujeto, relacionado siempre con el sexo opuesto y con la figura del padre: “HE CONOCIDO A TANTOS HOMBRES / que se llaman como tú / y todos me parecen malos” (24), o “MI PADRE IDEAL / es alguien que me diga que no / como el pintor que me citó en un teatro […] Mientras tocaba un pianista / me invitó un café / para decirme que mi libro era malo. // Yo no supe si llorar o reír / me tomé el café / visualizando a un padre y no a un pintor. // Esa ha sido una de tus tantas siluetas” (40). Una parte de la identidad de Natalia, entendida en su relación con el mundo, la marca del padre, no es tan blanca como uno pudiera pensar.

Con este poemario, Natalia Berbelagua nos enfrenta a una realidad bastante cotidiana para muchos chicos; la que también se encuentra muy invisibilizada. La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado no es un libro para la lectura morbosa, ni para la búsqueda de algún tipo de catarsis, ni mucho menos la crítica fácil. Por tanto, la muerte del padre, la construcción de la propia identidad en relación a la experiencia de abandono parental, hacen que Natalia Berbelagua elija un camino, un objetivo que se vincula con saldar cuentas, con el dejar ir, lo que puede distar mucho del morbo que como lectores nos gustaría encontrar.

Natalia Berbelagua

La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado

Ajiaco Ediciones, 2016

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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