“A esa imagen que fui, una mitad”: La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado, de Natalia Berbelagua

por Eduardo Farías

14970877_10154813138569309_1068898540_oLa vinculación del yo con la poesía es una norma en la compresión y la enseñanza del género lírico. Y como el yo aflora en el poema, los poetas asumen distintas posiciones y perspectivas para dar cuenta o no de sí mismos. Así, el uso de seudónimo y el no develar la interioridad psíquica y sentimental, son algunos de los procedimientos más característicos para establecer la relación entre la experiencia del yo y la poesía. Natalia Berbelagua en su primer libro de poesía, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (Ajiaco 2016), asume una posición sencilla, honesta y arriesgada: esta joven escritora habla sin tapujos de una parte fundamental de su vida sin explicitar un distanciamiento entre el yo autoral y el poético, por lo tanto, ingresamos por medio de la lectura al mundo de Natalia. Entonces, este poemario es un libro personal, ya que no existe una separación entre la autora y el hablante lírico, que nos va develando su historia y quién es Natalia Berbelagua.

La historia que se esconde bajo el título es la siempre compleja relación padre-hija. En este caso particular, la situación implica que Natalia sería una hija no deseada y abandonada: “En tu nombre y en tu lucha / yo no tengo cabida” (17). El poemario avanza a partir de este dato fundamental y constantemente Natalia reflexiona sobre la incapacidad de su progenitor de ser padre: “Tuviste otros dos contenedores / otros dos formatos con tu tórax y tu espalda / dos alemanias bajo la llovizna: / una derivada de Antonio / otra un pájaro común. // A ellas también las dejaste. / Pesó el tango alcohólico / de tu imposibilidad / paterna” (28). Me parece necesario advertir que Natalia no usa su vida, y esta específica experiencia, para realizar una crítica a la imagen de la familia tradicional chilena, en la que el factor económico predomina. Natalia nunca nos habla de dinero ni menos de pensión alimenticia. Su posición siempre es la de hija y la relación entre  con su padre siempre está definida a partir de lo emocional: “HEME AQUÍ, PADRE MÍO, / honrándote en el odio y el rechazo” (12). Sin embargo, estos sentimientos no invaden los poemas. Natalia Berbelagua no construye un poemario catártico, por el contrario, pienso que el afán es otro, o es producto de una bandera blanca: “Mi padre iba silbando / como yo cuando estoy nerviosa. / Me tomó la mano y lloró. / Le dije que todo está saldado entre nosotros” (45). Desde mi perspectiva, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado es otra manera de saldar las cuentas con una figura paterna elusiva.

Otra perspectiva para reflexionar sobre el objetivo de la escritura poética en esta publicación es el luto. Ante la muerte del padre, la escritura es la forma de llorar con lágrimas o con silencio y una  manera de dejar ir a quien ya no está: “te dejo ir, padre / a tu silencio de sumas. // Yo estaré aquí / llenando tu altar / con otros padres metafísicos / y dejarás de ser por fin / la marca blanda en el piso de un cuerpo baleado” (46). Creo que al considerar este poemario como un luto, se aprecia por qué este libro no va hacia la crítica sistemática de una realidad y solamente se inscribe en una esfera personal, lo que obviamente no desmerece el contenido poético. En lugar de una crítica evidente, Natalia muestra las consecuencias en su constitución como sujeto, relacionado siempre con el sexo opuesto y con la figura del padre: “HE CONOCIDO A TANTOS HOMBRES / que se llaman como tú / y todos me parecen malos” (24), o “MI PADRE IDEAL / es alguien que me diga que no / como el pintor que me citó en un teatro […] Mientras tocaba un pianista / me invitó un café / para decirme que mi libro era malo. // Yo no supe si llorar o reír / me tomé el café / visualizando a un padre y no a un pintor. // Esa ha sido una de tus tantas siluetas” (40). Una parte de la identidad de Natalia, entendida en su relación con el mundo, la marca del padre, no es tan blanca como uno pudiera pensar.

Con este poemario, Natalia Berbelagua nos enfrenta a una realidad bastante cotidiana para muchos chicos; la que también se encuentra muy invisibilizada. La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado no es un libro para la lectura morbosa, ni para la búsqueda de algún tipo de catarsis, ni mucho menos la crítica fácil. Por tanto, la muerte del padre, la construcción de la propia identidad en relación a la experiencia de abandono parental, hacen que Natalia Berbelagua elija un camino, un objetivo que se vincula con saldar cuentas, con el dejar ir, lo que puede distar mucho del morbo que como lectores nos gustaría encontrar.

Natalia Berbelagua

La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado

Ajiaco Ediciones, 2016

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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