Archivos Mensuales: febrero 2012

Toda lucha por un Chile más justo, libre y democrático es nuestra lucha.

fotografía: nuevagenda.cl

Toda lucha que apunte a superar la segregación en el mundo es nuestra lucha; toda lucha que busque justicia para los trabajadores, para las mujeres, para los excluidos, para los niños a los que el sistema les cierra la puerta en la cara clausurando su futuro, es nuestra lucha.

Toda lucha por la humanidad y contra la inquina, es nuestra lucha. Toda construcción y todos los métodos que se opongan a esta dictadura del capital y levanten un mundo posible diferente al del lucro desatado y los patrones inmunes, es nuestra lucha y nuestro mundo en construcción.

Nos resulta imposible no solidarizar activamente con quienes están poniendo el cuerpo y la voz a ese Chile que se quiere más igual, más justo, más democrático.

Ayer, hoy y mañana, la lucha inagotable del pueblo mapuche; ayer, hoy y mañana la educación pública, gratuita y de calidad para nuestros hijos, para los hijos de los trabajadores que hacen el mundo y sus sentidos; ayer, hoy y mañana Aysén, Magallanes, la justa pelea de las regiones contra un gobierno centralista y sordo, represivo y falaz. La Patagonia y su herencia verde, Calama y su herida de siempre, la salud de nuestros hermanos, la dignidad en el descanso de nuestros padres y abuelos tras años de trabajo, el respeto del Estado por los ciudadanos cuando caen en desagracia, la equidad para distribuir una abundancia que no sólo pertenece a la clase dominante.

Nuestra voz es una más. Quizás se escucha poco, quizás el neoliberalismo y su lógica mercantil nos ha convertido en un margen más. Quizás lo ha intentado. Pero haremos lo posible porque no lo logre.

Nosotros, escritores, novelistas, dramaturgos, poetas, ensayistas, académicos, historiadores, ilustradores, comiqueros; nosotros, obreros intelectuales y artistas, que también construimos y somos parte de una clase, que elegimos ser parte de esa clase que construye, que vivifica y levanta como cualquier trabajador esta patria que son los hombres, mujeres y niños de Chile, también estamos cansados.

Cansados de la represión contra el movimiento social y su criminalización; cansados de la complicidad de los medios de comunicación masivos, todos en manos del mismo dios perverso del dinero y el lucro; cansados de una elite que se revuelca en un discurso vacío para seguir siendo opción cada cuatro años en elecciones bajo un sistema que será siempre un simulacro mientras no considere a las mayorías postergadas, su voz, su mirada, su decisión, expresada con creces en 2011 y que se hará cada vez más fuerte este año, que será, no lo dudamos, un año de batallas por otro mundo posible y necesario.

Los trabajadores intelectuales abajo firmantes, los artistas abajo firmantes, queremos decir que no nos gusta como se ha ido construyendo este país. No nos gusta que las leyes se definan en las oficinas de los grupos económicos, no nos gustan las políticas de licitación de la cultura disfrazadas de fondos concursables, no nos gusta una democracia de mierda donde no tenemos nada mejor que hacer que alimentar las granjerías de una clase que ya no tiene nada que aportar, porque es una casta de cadáveres, fantasmas sin vida, sin amor, sin visión y sin ternura.

Lo que queremos es una democracia real, donde la voz del ciudadano se escuche y se respete. Donde el poder emane de las decisiones y sueños de la gente. Lo que queremos es un país feliz. Lo que queremos es que se generen y se legitimen de una buena vez los mecanismos de representación para que sea el pueblo quien diga a sus dirigentes lo que deben hacer y no al revés.

Lo que queremos es que todas las luchas en curso prosperen, crezcan y se desarrollen, hasta liquidar el poder del dinero sobre la inteligencia, hasta liquidar la supremacía de la muerte sobre la vida.

Raúl Zurita, poeta.

Jorge Baradit, escritor.

Óscar Barrientos Bradasic, escritor.

Juan Manuel Silva, escritor.

Christiano, dibujante.

David Bustos, poeta.

Tania Encina V., editora.

Christian Formoso, poeta.

Camilo Brodsky, poeta y editor.

Ernesto González Barnert, poeta.

Soledad Poirot, ilustradora y dibujante.

María José Ferrada, escritora.

Ignacio Fritz, escritor.

Marcela Saldaño, poeta.

Leonardo Sanhueza, poeta.

Daniel Hidalgo, escritor y profesor.

Marcelo Pellegrini, poeta y académico.

Alejandra Bottinelli, académica.

Marcelo Arce Garín, poeta.

Jorge Opazo, dibujante.

Hernán Castellano-Girón, escritor.

Nancy Garín, historiadora del arte.

Simón Villalobos, poeta.

Eugenia Prado Bassi, escritora.

Guido Arroyo, editor y poeta.

Rodrigo Hidalgo, escritor y gestor cultural.

Varinia Brodsky, gestora cultural.

Alejandra Costamagna, escritora.

Alejandra del Río, poeta y educadora.

Carlos Henrickson, escritor.

Pablo Rosenzvaig, psicólogo.

Alberto Harambour, historiador y académico.

Felipe Moncada, poeta y editor.

Juan Christian Jiménez, sociólogo y académico.

Felipe Ruiz, poeta.

Francisco Ortega, escritor.

Omar Campos, dibujante.

Gonzalo Martínez, dibujante.

Alejandro Zambra, escritor.

Martín Cáceres, dibujante.

Ángela González, ilustradora.

Inti Carrizo, cineasta.

Cristián González, ilustrador.

Carlos Reyes, guionista de cómic.

Alvaro Bisama, escritor.

Carla Mc-Kay, fotógrafa y profesora de arte.

José Luis Flores, escritor.

Gustavo Barrera, poeta.

Nona Fernández, escritora, actriz y guionista.

Absalón Opazo, poeta.

Cynthia Rimsky, escritora.

Jordi Lloret, poeta.

Paulo Gutierrez, sociólogo y académico.

Juan Ignacio Colil, escritor y profesor.

Francisca Yáñez, ilustradora y diseñadora gráfica.

Constanza Román Ponisio, profesora de Historia.

Teresita Calvo, periodista y comunicadora.

Daniela Lillo Traverso, dramaturga, actriz y guionista.

Carlos Soto Román, poeta y traductor.

Víctor Fernández González, sociólogo.

Nelson Zúñiga González, poeta y gestor cultural.

Manuel Vallejos, poeta y profesor.

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La debilidad del Superhéroe

Por Nelson Zúñiga G. *

Lo primero que salta a la vista en  Superhéroe, de Gonzalo David (La liga de la justicia ediciones, 2011) es una voz de registro coloquial, lo que genera todo un horizonte de lectura, dada la gran difusión e influencia que el registro ha tenido en la poesía chilena, sobre todo desde Parra hasta la actualidad. Sin embargo, este Superhéroe decepciona a poco andar. Entre otras cosas, porque el ya mencionado registro coloquial está invadido por un tono que suele caer en lo melodramático y la afectación: “Está gimiendo sola en su pieza, acribillándose en piernas y brazos, enhebrando la rabia en los rincones imposibles del hogar que jamás existió” (Bamby, P. 26).

Otra característica que atenta en contra de la lectura de este poemario es el maniqueísmo con el que intenta dar sentido a su discurso. Esto es, la contraposición entre ganadores y perdedores, una polaridad que parece tomada de una mala película de adolescentes de Hollywood. En la esquina de los ganadores están los chicos que no lloran, quienes protagonizan, directa o indirectamente, varios textos en los que el hablante –desde la esquina de los perdedores- jura venganza y se deshace en invectivas: “Los odio porque amanecen fotográficamente ebrios, / como postal, junto a ella, en algún sofá ajeno.” (Los chicos que no lloran, P. 24), “Yo he jurado vengarme, ya no sé si con un barquito de papel o los artilugios con las cajitas del mcdonald (…) humillándolos en este libro como ellos lo hicieron conmigo” (Los chicos que no lloran II, P. 27). Además de ser una polaridad facilista que traiciona el desarrollo de los textos, les otorga un halo de autocompasión que difícilmente se deja de lado en el resto del poemario.

Esta constante enunciación desde la precariedad intenta erigirse en algo así como la voz de los que no calzan en las fiestas, de los que no son “populares” y sufren latamente por ello. Como puede apreciarse, es la lógica de la teen movie copiada y pegada sobre una ciudad tercermundista. Sin embargo, a pesar del gesto doliente de saberse al sur del Imperio, esta enunciación aparece más como un simple lugar común que como un discurso propio y estructurado, más como una intención que como una concreción que se lleve a cabo en los textos.

A favor de Superhéroe debo decir que éste casi se vuelve interesante en Manual para huir del cautiverio (p. 32), único poema en donde puede notarse el atisbo de un trabajo un poco menos antojadizo sobre la forma,  pero la incontinencia verbal y otra vez la afectación del hablante le quitan lo poco de interesante que pudiera tener. Y es que este Superhéroe abusa de la recursividad del lenguaje, al añadir oraciones que parecieran no tener otro  fin que el de extender un texto que, por lo mismo, se diluye rápidamente. Es el caso de El idioma de mi corazón, Correspondencia con Sarah Kane, El lado salvaje del dolor, por nombrar solo algunos poemas.

Mención aparte merece el texto Abril escribe la novela nacional, donde el recurso de la reiteración del verso “but myself keeps slipping away” (pp. 40-41)  cae en un vacío que roza el absurdo. Tal vez la intención de este texto haya sido precisamente esa, la de inducir la náusea en el lector. Sin embargo, a la tercera línea el texto deja de funcionar, sin haber logrado su aparente cometido. Distinto sería si, entre las innumerables reiteraciones del mencionado verso, se incluyera algunas señales que hicieran avanzar el texto, que le otorgaran al menos algún sentido de lectura, no solo al interior de sí mismo, sino en relación con los demás textos que integran la de por sí difusa historia de Abril.

Tal vez lo que más se eche de menos en Superhéroe sea la constatación de un trabajo, ausencia que se manifiesta en la débil organicidad de los textos. El poemario parece apostar no a la efectividad de una propuesta, sino a una especie de “golpe de suerte”, ya que apela más al improbable acierto espontáneo que al trabajo sobre la palabra, ignorando que el poema es un espacio múltiple, que implica no solo la presentación de cierto contenido, sino que éste es indisociable de la forma en que se presenta. Dicho de otro modo, el poema no importa solo por su tema, sino por la estética que construye en torno a ese tema. Es aquí donde se encuentra, creo, el principal punto débil del Superhéroe de Gonzalo David.

Para finalizar, quisiera hacer referencia a las decisiones editoriales que afectan a Superhéroe.  Creo que un texto poético debe ser capaz de sostenerse por sí mismo, en el sentido de no necesitar textos accesorios que hagan la alabanza, ni del poemario ni mucho menos del poeta. Lamentablemente, los editores de Superhéroe han tomado en esta publicación algunas decisiones que, a mi juicio, son erróneas.  En general, incluir un prólogo ya me parece un gesto viciado -por ser la mayor parte de las veces nada más que un arrimarse a buena sombra. Pero asumamos que es una más de las estrategias editoriales de uso corriente e incluyamos esa práctica dentro de los límites de la decencia editorial, está bien. Pero de ahí a sacar a la luz un libro que, entre el prólogo y cuatro epílogos ocupa vanamente casi 20 páginas de la publicación, creo que no solo es una mala decisión editorial, sino que resulta en un gesto pedante e innecesario que, además, insulta la inteligencia de los posibles lectores. ¿Cuál es el nivel de confianza del editor frente al texto que publicará, si considera legítimo incluir tal cantidad de textos adosados al poemario? Y es más, ¿en qué momento se decide que estos textos formen parte integrante del corpus, y presentarlos como la tercera parte del libro?  Como dije, un prólogo habría estado dentro de lo esperable, pero tratar de sobornar al lector con cuatro cartas de recomendación es algo excesivo, sobre todo cuando uno de los panegíricos ha sido escrito por uno de los gestores de la editorial. En este caso, la recomendación del Superhéroe viene de muy cerca.

Gonzalo David

Superhéroe

Liga de la Justicia Ediciones

Nelson Zúñiga González es Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La Ciencia del Silencio, de pronta publicación. Es gestor de “Poesía y Crítica”.

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La debilidad el superhéroe por Nelson Zúñiga González se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en poesiaycritica.wordpress.com.

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Pequeña propuesta para el debate de una política pública frente al arte o el post fondart

Por Pablo Paredes M.*

Con la autonomía del área artística frente al Ministerio de Educación se generaron algunas ganancias simbólicas, sin embargo, se generaron también brechas que deben ser zurcidas. El desarrollo artístico de un país, me parece, no puede ser entendido como el mero desarrollo de los artistas de un país, sino como la necesidad de transversalización del arte en Chile, a modo de mejorar lo estándares de calidad de vida, es decir, incrementar la dignidad en el mismo sentido que lo hace –o lo debería hacer- el sistema educativo, aunque no del mismo modo.

Este año, dos situaciones nos ponen en un pie ideal para discutir la vinculación, que como sociedad queremos que exista, entre Estado y Arte. Primero, el sistema de financiamiento ha sido blanco de múltiples y contundentes críticas, muchas de ellas surgidas desde la comprensible desesperación y rabia de no ser parte de una torta financiera que, en realidad, no es más que -si miramos el gasto militar o las ganancias de mineras privadas- un canapecito dulce; y otras que apuntaron a acusar las deficiencias estructurales, independiente de si ciertas coyunturas nos favorecen o no. Segundo, el tema educacional ha logrado ser destecnificado -o su discusión técnica llevada a un espacio político- gracias a un bellísimo Movimiento Social con base estudiantil, que ha puesto a La Educación, otra vez, como la principal área de debate frente a las distintas visiones de construcción de país.

Cuando hablo de lo que debe ser zurcido, me refiero a que las demandas del mundo del arte no debiesen ser levantadas con autonomía respecto a las educacionales, pues no se trata de algo distinto; está aquí la misma discusión, la misma denuncia de incapacidad del neoliberalismo frente a necesidades profundas de la sociedad chilena.

Así, urge proponer cambios a la estructura de financiamiento artístico en la misma dirección que la demandas estudiantiles acusan la necesidad de un nuevo modelo. Se trata entonces de dejar de discutir por qué algunos ganan Fondart y otros no y entrar a la pelea grande para preguntarnos acerca de cuál es el desarrollo artístico que podría colaborar en la construcción de un país más digno y libertario, y cuál es la mejor fórmula para, en este proceso, beneficiar a los trabajadores y trabajadoras del arte.

De este modo propongo una política de carácter Estatal de Desarrollo Artístico que imponga el criterio de Desarrollo al de “Fondo”, que se incremente en presupuestos de manera radical y que considere 5 áreas base, en el marco de una Red Nacional Coordinada de Infraestructura Cultural. Estas áreas –ya describiremos la red- serían:

a) Línea de Fomento a Proyectos Específicos. Cubriría el campo principal que en los últimos 20 años han considerado los Fondos de Cultura.

b) Línea de Reconocimiento a la Trayectoria. Área que buscaría asegurar el despliegue continuo de propuestas, colectivas o individuales que a través del tiempo han consolidado un discurso artístico. Usando como criterio la ampliación y categorización de la lógica de los Premios Nacionales.

c) Línea de Financiamiento a Procesos Artísticos. Se buscaría financiar y desarrollar aquí  los proyectos que impliquen procesos de construcción artística de 1, 3 o 5 años, asegurando estabilidad económica a los creadores beneficiados, permitiendo tanto el desarrollo como resultados artísticos más sólidos.

d) Línea de Arte y Reflexión Frente a la Coyuntura. Esta área buscaría mantener un diálogo –o simbiosis- en tiempo real entre lo artístico y su contexto social. Vinculándose estructuralmente con el punto siguiente.

e) Línea Arte y Barrio. Propongo acá la vinculación directa (o mediada por las municipalidades) entre Juntas de Vecinos y Ministerio de Cultura, lo que permitiría, desde las estructuras de base, generar ofertas artísticas y plantear demandas que se resolverían en vinculación con las 4 líneas antes descritas y a través de la Red Nacional Coordinada de Infraestructura Cultural que a continuación describo

 

RENACIC:

Comprendo este formato como una solución frente a la bajísima presencia de espacios de exposición, circulación y difusión del arte en Chile, cuestión que no permite ni el desarrollo de públicos, ni la estabilización laboral de los artistas, ni la experimentación artística de las comunidades. En concreto planteo que frente a lo que quedó demostrado no solucionó el Mercado, urge la creación de una red de infraestructura cultural al servicio de la ciudadanía, entendiendo que esta ciudadanía tiene necesidad y derecho a estos espacios. Así las principales características de RENACIC serían:

a) Teatro Nacional ramificado en un sistema de teatros comunales.

b) Cineteca y Cine nacional ramificado en un sistema de Cinetecas y Cines comunales.

c) Editoriales y Librerías Nacionales de gestión centralizada y gestión comunitaria apoyada por el Estado.

d) Salas de Exposición Comunales en co-administración con el Ministerio de Cultura.

De esta manera se lograría un circuito que permita la expresión de la demanda y un espacio para la dignificación laboral de quienes participamos en la oferta, esto bajo la ética del Desarrollo Artístico como incremento de la calidad de vida y considerando políticas redistributivas que generen gratuidad o pagos diferenciados en función del carácter socio-económico de los públicos, y considerando que esta parcelación no afectaría los ingresos de los trabajadores del arte, pues estos estarían centralizados y, en su mayoría, asegurados por un mínimo de un año.

Para la viabilidad de la RENACIC (habrá que encargarse de elegir un nombre más bonito) resulta fundamental tener un Ministerio de Cultura arrojado a la creación y fomento de Públicos/Audiencias/Lectores, en consideración y de manera mancomunada con los proyectos artísticos que financiaría. Cuestión que es posible si se cuenta con la infraestructura nacional en red que antes describo. De esta manera esta Infraestructura garantizaría el éxito a esta Política y viceversa.

En síntesis, del mismo modo que el Movimiento Estudiantil atacó el concepto del lucro en la educación, los artistas debiésemos organizarnos –o coordinar las distintas organizaciones- para demandar un Estado que no simplemente financie –menos aún si es precariamente- el arte, sino que lo desarrolle, pues la Alegría no se logra sólo con arcoíris o estrellitas de colores.

Que tenga un lindo día.

*Pablo Paredes Muñoz es poeta, dramaturgo y guionista. Es además Magíster en Comunicación Política y actualmente se desempeña como profesor de Comunicación Social en la USACH. Ha sido traducido a varios idiomas y publicado en distintos países. Recibió el premio Altazor 2011 en Dramaturgia por su obra Las analfabetas.

Licencia Creative Commons
Pequeña propuesta para el debate de una política pública frente al arte o el post FONDART por Pablo Paredes Muñoz se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en poesiaycritica.wordpress.com.

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