Archivos Mensuales: marzo 2015

“Entre el vuelo de las gaviotas”: Calamina, de Gladys González

por Eduardo Farías Ascencio

Calamina_Gladys_GonzálezGladys González ha construido un estilo poético propio; Calamina (Libros La Calabaza del Diablo, 2014) no es la excepción. En 15 poemas despliega los aciertos poéticos de su proyecto. Una escritura marcada por la territorialidad, una poesía situada en la costa con “el mar golpeando el cemento de la costanera” (17). Eugenia Brito en la contracubierta del libro afirma que el territorio está definido en Valparaíso, mas en los poemas no hay ninguna alusión explícita al puerto principal. Además, la experiencia de la hablante lírico es un aspecto fundamental en este poemario, experiencia marcada por cuestionamientos sobre el amor y la escritura en el poema Habitaciones o en Ripio, reflexiones acerca de la experiencia propia como en el poema Pequeños Espacios o en Confidencias, descripciones de situaciones cotidianas como en el poema Óxido: “observo el atardecer / recostada sobre el techo / respirando la humedad de la tarde / entre el vuelo de las gaviotas / que se incendian entre las nubes / y las calaminas / secándose al sol” (23). La experiencia de la hablante se conecta directamente con la relación con el otro en los poemas Memorias y Orquídeas, y con la temática del viaje en los poemas Maletas, Carretera y Memorias. Calamina no es un poemario estático, en él hay tanto un movimiento interno como externo. Escrituralmente, Gladys González desde el verso libre construye una precisión poética. La autora maneja un estilo contenido en su construcción formal, versos ajustados a la construcción de la oración, ausencia de puntuación al final de cada verso, permitiendo de esa forma que el corte versal funcione para marcar la presencia de una coma o del encabalgamiento. Sin embargo, su verso trabajado se desborda en el tratamiento de sus temáticas, lo que sustenta Calamina y su obra en nuestra tradición poética.

Calamina

Gladys González

Libros la Calabaza del Diablo, 2014

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.
Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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Ciudad en blanco y negro: buscar el escape inútil

por Pablo Vallejos

Motel ciudad negraMotel Ciudad Negra es un relato pequeño, que contiene un mundo enorme. Presentado en un libro de cartón, meticulosamente encuadernado por la editorial Hebra, Cristóbal Gaete desarrolla la historia de un hombre que ha vivido diversos momentos de su vida en el Motel Ciudad Negra. En cuarenta y ocho páginas, logra sintetizar la vida que transcurre dentro del motel, centrándose en un personaje principal, y su relación con los demás. Sin puntos aparte, la historia traspone distintas temporalidades de forma ágil. Un gran párrafo condensa la conciencia de un hombre que se da cuenta de su vejez, mediante recuerdos, observaciones y nuevas vivencias dentro del motel que marcó su juventud. Estamos en un mundo machista, pero no como algo negativo, sino como característica intrínseca del mismo; al más puro estilo de Sin City (no es inocente que la portada del libro sea una escena de los cómics replicada en la película homónima). Los personajes masculinos son mostrados como jóvenes viviendo en juerga, o como viejos jefes del hogar, y los personajes femeninos como damas de compañía que alegran las noches de los primeros. Los hombres y las mujeres se desarrollan de forma tal que cada uno tiene una suerte de destino pre hecho, el cual es vivir la juventud y morir antes de la muerte en  la vejez.

Otros detalles no menos importantes del libro están en el plano material. Ya se dijo la meticulosidad de la encuadernación, del tipo copta, logrando un libro precioso y que llama la atención. Manufacturado con cartón y papel aparentemente reciclado, denota una preocupación por el detalle y por la simpleza, la cual se refuerza por la longitud del texto. A su vez, la portada en negro y café (por el color de la tapa) genera una imagen al más puro estilo del esténcil, lo cual se relaciona con la temática de la ciudad. Este libro es un rayado en la pared de un edificio gris y triste. Finalmente, como un toque editorial, hay un mensaje para quien termina el libro, el cual dice que se puede reproducir total o parcialmente, siempre y cuando se cite al autor y la fuente. Este detalle hace que haya una preocupación por la lectura, más allá de las ventas. La edición es pequeña, lo cual podría facilitar su distribución. Además, el hecho de que está permitida su reproducción implica una posibilidad de llegar más allá de los 300 ejemplares sacados.

En el texto, el protagonista es un hombre, llamado “el observador”. Ese mote se debe a que comienza el libro con el personaje recorriendo el motel, a modo de recuerdo, viéndose a sí mismo y a otras personas. Así se inicia un relato que combina por lo menos dos temporalidades, la juventud y la vejez del protagonista. A su vez se cambia de narrador, pasa de tercera a primera persona y viceversa. Recorre diferentes voces, escenarios y temas que se superponen, dando así una visión global de lo que sucede, sucedió y sucederá en el motel. Así, el motel funciona como metonimia de una ciudad opacada por la rutina y el trabajo, mostrando su inverso. El lugar es la fiesta, la borrachera y el sexo, pero se muestra como la vitalidad condenada a perderse por la ciudad neoliberal. Todos los jóvenes están condenados, y el protagonista desea cambiar eso. Por ello vuelve al motel a encontrarse con quien fue su compañera en sus tiempos mozos, el personaje de Mona. Sin embargo, luego de volver a sentir la vitalidad de la juventud, es regresado a la realidad. No hay salida de la vida rutinaria, trabajólica, que consume al ser humano. El motel no sería más que un lugar de distención, en el cual se desea vivir para siempre, pero no se puede. Por ello la portada tomada de Sin City remite a la cárcel. “Esperar el dolor cuando estás feliz” (47) dice el personaje. Esa cita podría perfectamente resumir el relato.

La narración está bien lograda, mezclar tiempos, conciencias y lugares es difícil, sobre todo en un solo gran párrafo de 48 páginas. Sin embargo, las temáticas tratadas rozan con el lugar común. Es una novela interesante, que mantiene al lector atento a lo que pudiese pasar, o tratando de entender lo que pasa realmente, si es que realmente pasó algo. pero quizás ese roce con el lugar común es más bien una intertextualidad con todo lo presentado en la novela negra, en películas, comics, libros y demases que muestran a las personas atrapadas en la ciudad que les da vida y los mata al mismo tiempo. Sin embargo, la temática machista, la cual está bien presentada y justificada como parte intrínseca del mundo, genera moldes de una sociedad más antigua. Por ello este libro es difícil de actualizar, en cuanto una crítica cultural. Pero como un reflejo de una sociedad que, hay que admitirlo, es la que hizo nacer la sociedad actual (el paso del siglo XX al siglo XXI), cumple su función. Tal como Sin City, la novela refleja un modo de vida oscuro, en blancos y negros, de una sociedad en decadencia, en la cual las personas atrapadas no tienen un verdadero escape, pero que aún así lo buscan en cada rincón.

Motel ciudad negra

Cristóbal Gaete

Hebra, 2014

Pablo Vallejos Baccelliere (Rancagua, 1992) es Egresado de la carrera de Letras Hispánicas PUC. Participó en las II Jornadas Donosianas de la UDP y ha sido ayudante en varios cursos de poesía a lo largo de su carrera. Actualmente trabaja en la Feria Chilena del Libro como vendedor, mientras prepara su defensa de tesis. 

 

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“Mi inoficioso oficio de poeta”: La contru de mi alma, de Daniel Tapia Torres

por Francisco Martinovich

la contru de mi almaSobre la obra

 Los 43 poemas que componen La contru de mi alma (Hebra, 2014) del poeta Daniel Tapia Torres están agrupados en tres disímiles secciones a lo largo del libro. La primera, Moneda de la suerte, está conformada por dos textos llamados respectivamente “Cara” y “Sello”. Estas escenas particulares que representan el contrapunto entre muerte y nacimiento se funden en un relato íntimo en que ambos hitos de la vida humana se suceden, alimentando una vaga noción de esperanza.

La segunda y más extensa de las secciones es Cuerpo de obra. Divida a su vez en seis grupos de poemas es la columna vertebral del libro en términos de su contenido. Aquí es donde aparece el contexto de “la contru” como el escenario común de los poemas incluidos. Sobre este apartado me extenderé más adelante.

La tercera parte y final, Maldito dinerro, consta de cuatro poemas algo más dispersos en términos de temática y forma. “Rosa de Luca”, por mencionar un ejemplo, es un poema que no parece comulgar del todo con el resto de la obra. Esta elegía con tintes de denuncia tiene un potencial muy distinto al del resto del conjunto. Es posible que, en una dimensión de más autonomía, funcione como la metáfora crudamente concreta y poco retórica de la muerte que pretende ser.

Un poeta en el mundo

A partir del espacio de “la contru” como eje temático, los poemas son una manifestación de la mirada y pluma del poeta en un universo del que, aparentemente, no logra hacerse parte. El hablante, presente de forma explícita en todos los poemas, se presenta a sí mismo como un sujeto en conflicto luchando por conciliar dos realidades. Este conflicto, algo inocente e ilustrado cuando se le mira con distancia, es lo que sostiene el libro: un artista arrojado por las necesidades materiales a trabajos que no satisfacen sus necesidades creativas  ni monetarias. Esto, por supuesto, toma una profundidad mucho mayor a lo largo del desarrollo de los poemas: “Mi trabajo remunerado es realmente innecesario/ No hago más que dar rondas/ Mientras todos los demás echan su cuerpo a la obra” (27); “Ofréceles almuerzo/ Háblales de actualidad/ Demuéstrales tus modales/ Sírveles como si fueran tus reyes/ Like a virgin/ Y cuenta tu propina” (84).

Desde la posición de un extranjero en este espacio físico y laboral de “la contru”, el hablante busca en los personajes que lo habitan y en ciertas escenas particulares un horizonte de identificación: “A las 8 en punto de la mañana debemos ingresar a la obra/ (de ahora en adelante el CENTRO DE RECLUSIÓN)/ Necesariamente estampamos la firma en el libro de asistencia/ (de ahora en adelante REGISTRO DE LOS REOS)/ para ver así cuándo sale a pago a fin de mes” (32).

Más que a un poeta buscando su lugar en un mundo extranjero, los versos de la segunda sección develan a un hablante encontrando su mundo en un lugar extranjero. Todos estos textos dan cuenta del anhelo de encontrar belleza, poesía e imágenes de lo sublime en un espacio físico que no solo no busca generarlo sino que pretende destruirlo y esconderlo bajo toneladas de hormigón armado en forma de departamentos: “Hora de almuerzo en la obra/ y los molestos decibeles de la maquinaria meteoro desaparecen/ y dejan escuchar el viento mágico/ que hace sonajera entre los tersos dedos de las palmas chilensis” (53).

Este encuentro se logra de manera destacable en aquellos poemas entregados directamente a presentar a los personajes que habitan el espacio de “la contru”. Es en estos versos en los que el libro ofrece sus puntos más altos, alcanzando no solamente retratos sutiles y bellos, sino haciendo confluir ambos mundos en cada personaje, corrigiendo la imposibilidad del hablante mismo de sentir que en él ambos mundos también cohabitan: “¡Excava, Fernández!/ Vienen los vampiros/ ¡Hace la pega!/ Y en un 2 X 3/ Ahí está el hoyo/ como una gran tumba” (69).

Su propina es mi sueldo

El esfuerzo de convertir un espacio o un objeto de origen cotidiano, pedestre y común en algo verdaderamente artístico y poético no tiene nada de novedoso. Así lo hicieron ya las vanguardias artísticas a principios del siglo XX. Mas en los poemas que componen este libro, creo que el gesto está revisitado de una manera distinta. No hay una intención de quebrar, dislocar o relocalizar un espacio árido y “poco poético”, sino que solo se aprecia una constatación: todos estos personajes, espacios y oficios son, y siempre han sido en cierta medida, un arte, una muestra de lo bello y lo sublime que, en este libro, alcanzan los ojos y la voz del poeta. Este no cumple otro rol más que el de quien da cuenta de esta realidad: es un guardia, un testigo, un rondín encargado de reportar al lector toda la poesía presente en “la contru”, en el garzoneo, en el cotidiano desafío de parar la olla.

 

Sobre la edición

En contraste con trabajos previos de la editorial, La contru de mi alma ha demostrado una preocupación por parte de sus editores en cuanto a mejorar la factura del libro. En esta no solo destacan sus caras de cartón e inserciones de papel kraft que funcionan como el soporte de las sencillas pero bellas ilustraciones de Camilo Espinoza (quien además es aludido como un personaje en un poema). Además, la encuadernación copta da cuenta de una preocupación particular por el objeto artístico en el que se entregan los textos, más allá del tradicional ahuesado en que se imprimen los poemas.

En contrapunto a este gran acierto, es inevitable hacer notar un dejo de desprolijidad en términos de impresión. A este respecto hay dos problemas que creo, son bastante serios. No tendría sentido hacerlo notar si no representaran un obstáculo o dificultad importante al ejercicio de lectura.

En primer término, hay muchas páginas (10, 12 y 18 por ejemplo) en los que la imprenta deja afuera una línea vertical que abarca lo que parecen ser unos seis o siete espacios con letras que se pierden, combinando palabras en construcciones ilegibles o, en los casos menos graves, sin sentido alguno. En segundo término, el orden de imprenta de los cuadernillos también presenta inconsistencias, generándose lapsos en que a la página 30 le sigue la 29, a la 29 la 32, a la 32 la 31 a la 31 la 22 y a la 22 la 43, por mencionar el ejemplo más categórico.

Sobre el entendido de las limitaciones asumidas de la edición artesanal, y considerando todo lo que esto implica, esto no excusa tamañas desprolijidades, las que, por lo menos en el ejemplar al que se tuvo acceso, incomodan la lectura y en algunos poemas, hacen imposible llevarla a cabo de forma íntegra y apropiada. En honor a la calidad del contenido, estos detalles, por mucho corregibles, debiesen atenderse para que no vuelvan a repetirse en reimpresiones y reediciones del mismo libro, que no los merece.

La contru de mi alma

Daniel Tapia Torres

 Hebra, 2014

Francisco Martinovich Salas. Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado “Lidia” (Yogurt de pajarito, 2013), “Sospecha de Nada” (Gramaje Ediciones, 2014) y co-editado el libro “Obra Poética. Juan Marín” (Cuarto Propio, 2014). Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios. Actualmente dirige el Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112.

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