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Los riesgos de la brevedad. Hacia otra orilla, de Catalina Gré

por Eduardo Farías A.
portada-hacia-otra-orilla-de-catalina-greEl culto por el poema breve –no sólo en la cantidad de los versos, también en la extensión de los mismos– no suele ser una predilección de nuestros poetas, viejos y jóvenes. Desde hace tiempo, Catalina Gré ya estaba adentrándose en el mundo del poema breve, camino que culmina con Hacia otra orilla, publicado por Editorial Cástor y Pólux en 2016. El poema breve siempre es riesgoso, pues se debe condensar la complejidad temática del mensaje poético. ¿Cómo impactar significativamente al lector con la  concisión sintáctica? Catalina Gré se adentra, justamente, en el riesgo de hacer un libro evocador en el que la brevedad poética es una ventaja… o uno en el que la concisión poética demuestre su propia insignificancia y superficialidad.

La brevedad poética de Catalina Gré se traduce en poemas de 16 versos como máximo, con métrica variable, pero todos de arte menor. Cada poema exhibe entre dos y tres imágenes centrales, concentradas sintáctica y significativamente. Con este formato de escritura, Catalina expone un contexto, una relación con un otro, un viaje: Hacia otra orilla habla, finalmente, de la existencia: “un río / ahogado // nada dentro/ de ti” (17). Tal como el nombre y la cubierta dejan ver, el contexto interno del libro está marcado por el mar, por el viaje: “los cangrejos avanzan / de orilla a orilla” (13). Y este contexto se funde, ingresa en el hablante, lo determina: “voces de / delfines / ruedan / en mi frente” (9) o “mi voz / se convierte // en un trago / de sal” (27). Resulta interesante que este poemario termine con la sensación de un viaje sin rumbo, marcado por la derrota: “no sabes / anclar // no recuerdas / cómo” (53). Este viaje perpetuo avanza lentamente en una escritura mesurada, la que muestra y esconde al mismo tiempo.

Por último, me interesa destacar que la escritura poética de Catalina Gré exige un tipo de lectura que refleje el ritmo pausado. Esta lectura es un salto al vacío en los tiempos actuales, ya que la rapidez no permite el lento discernimiento, el avanzar y regresar propios de la comprensión de un mensaje poético. Por tanto, frente a los tiempos que corren, Hacia otra orilla asume el riesgo presente de ser leído y juzgado desde la falta de atención al detalle mínimo y a ese lento ritmo interno. Justamente, Hacia otra orilla nos incita leer de otra manera, una que consiga  adentrarse en los recovecos de este poemario.

Hacia otra orilla

Catalina Gré

Cástor y Pólux, 2016

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

CC licencia

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“Tú no hieres. Hiere Dios”: La marca del fuego, de Macarena Solís

por Eduardo Farías A.

la-marca-del-fuego-cubiertaEn esta reseña, escrita desde el gusto, quiero hablar brevemente de un libro breve pero intenso: La marca del fuego, de Macarena Solís. Este poemario ha sido publicado por Ediciones Oxímoron, editorial que incursiona en la búsqueda de poemarios fuera del circuito profesional de escritores al que estamos habituados. Macarena Solís aparece desde Valdivia con un libro sorprendente: La marca del fuego. El acierto de Ediciones Oxímoron es, justamente, refrescar el ambiente literario con la grata sorpresa, tal como sucede con este libro. Otro acierto se encuentra en el diseño editorial: el diseño de la cubierta se sigue desarrollando en el interior del libro en aquellas páginas que contienen información editorial, como la portadilla, la portada, la hoja de créditos, e incluso las páginas en blanco. El único ajuste en esa lógica de diseño sería repensar la diagramación del índice (guerra al típico índice de puntitos) y el juego de color en el código de barras.

Macarena Solís no solo es poeta, también es bioquímica, este dato que explica el uso de términos científicos en el poemario. La marca del fuego comienza con la aparición consciente de una hablante, quien existe y logra construirse desde la separación de un otro génerico: “No soy tú. // Soy más lejana a ti que la verdad. // Todo el resto / es relativo y discutible. // Todo el resto / es libertad” (9). La identidad de la hablante es un tema recurrente en el libro, sin embargo, el proyecto poético está en otro punto; la pregunta sobre el para qué escribir, a lo que la hablante responderá: “No quiero poesía críptica. // Quiero descifrar el puzzle / trazado en el camino de tierra / que recorro cuando busco” (11). Macarena Solís escribe sobre la vida, sobre la existencia, sobre la presencia de un otro con quien la relación y la distancia están marcadas por la violencia; tópicos que, en este libro, son tratados con profundidad, esa profundidad oscura que ilumina: “A la vida no le importa / la forma invisible en que camino. // Solo es cierto / el baile de los restos / el fluir de abrazos microscópicos / estallidos moleculares / para los que somos un disfraz” (13). Así, la vida se piensa y se juzga desde una hondura poética notable que funciona a lo largo del libro, es decir, constantemente Macarena Solís nos sorprende: “No hay moral / en nada que sea honesto / ni en la lluvia / ni en las danzas exquisitas / que transforman diariamente / los cadáveres de sal” (18).

Para terminar, La marca del fuego es un libro breve, son solo 26 poemas que concentran un devenir poético notable, con pausas, valles y cordillera; este poemario nos habla de la existencia, de la construcción de identidad, del otro, de la violencia, de la marca del fuego: en síntesis, de lo humano.

Macarena Solís

La marca del fuego

Ediciones Oxímoron (2016)

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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Un lugar para los libros: Reflexiones del Encuentro Nacional sobre Cultura Escrita y Prácticas Lectoras

por Eduardo Farías A.

portada-un-lugar-para-los-librosSi bien el crítico puede hablar sobre cualquier libro que un medio de prensa le entregue o que él se consiga, a veces elige no hacerlo o escribir desde otro formato, como la reseña. Comienzo de esta manera porque me encuentro en ese momento, decidiendo si hacer o no una crítica de Un lugar para los libros: Reflexiones del Encuentro Nacional sobre Cultura Escrita y Prácticas Lectoras, publicado por LOM Ediciones este año. Hay libros que leemos con avidez porque el tema del que se habla nos interesa profundamente. Desde el deseo y el goce, nuestra lectura ya viene motivada, el libro se nos presenta como algo cercano, que deseamos consumir estableciendo un contrato temporal. Por lo tanto, la lectura, desde esta perspectiva, persigue, como una finalidad válida, la satisfacción personal del goce estético, de entretención o de conocimiento. Por el contrario, el crítico, por lo general, no habla desde una motivación previa debido al deseo de su lectura, sino que tiene la fortuna o la desgracia de leer desde y para el análisis de la obra, entonces lo hace observando cada pista que le permita desentrañar una interpretación literaria y editorial del libro. En este caso, prefiero solo reseñar Un lugar para los libros, porque mi lectura nace desde el deseo de interiorizar toda la información de este libro, por el goce que me provoca el tema. Y, desde ese goce, estoy reseñando este libro y no criticando.

Un lugar para los libros es una recopilación de artículos y ensayos de muchos autores, coordinado por Cristóbal Moya y Lorena Fuentes, quienes también escriben junto a Grínor Rojo, Bernardo Subercaseaux, María Eugenia Domínguez, Paulo Slachevsky, entre otros. Todos los textos que contiene fueron parte del Encuentro Nacional sobre Cultura Escrita y Prácticas Lectoras, y nos hablan no solo de la historia del libro, sino que también del mundo editorial, de su industria y de la evolución de los tres, vislumbrando aquellos temas siempre para dar cuenta del ahora, del particular contexto que posee Chile actualmente. Un lugar para los libros se hace cargo de la reflexión acerca del momento actual del mundo editorial chileno, concepto que entiendo como una red de relaciones, de diverso tipo, entre autores, libros, editores, imprentas, librerías, lectores, formas y formatos de lectura. Y tal concepto refleja lo que es Un lugar para los libros, porque este libro no se restringe a un tema en específico, por el contrario, gracias al camino académico y profesional de cada escritor que aparece en este libro, cada uno de ellos muestra su foco, su perspectiva, sus preocupaciones. Y para hablar de todo este mundo editorial en nuestro país es necesaria la multidisciplinariedad, es decir, estudiar, analizar y reflexionar desde diferentes áreas del conocimiento que ayuden en la comprensión del fenómeno y el fomento de cambios en la realidad del mundo del libro y de la lectura. Un lugar para los libros es un libro que reúne, por lo tanto, muchas temáticas internas y perspectivas.

Finalmente, para quien no haya podido asistir al encuentro que origina la publicación, este libro es, sin duda, una excelente fotografía crítica de cómo se relaciona el chileno con el consumo de libros y con su propia decisión de lectura, y cómo se están desarrollando la competencia editorial y la creciente edición independiente. Sin embargo, toda fotografía tiene límites y este libro no es la excepción. Su enfoque nace desde una perspectiva económica, cultural y social de la edición, entonces lo que se privilegia para ser investigado es la industria editorial como negocio productivo en un sistema neoliberal y la lectura como, en parte, un mecanismo de consumo. Por tanto, experiencias desligadas de la construcción empresarial de la edición y de la lectura visible en los estudios sobre hábitos de lectura, que sí son parte del mundo editorial, no son recogidas en ninguno de los textos. No creo que esta decisión en el enfoque sea un problema del libro, ni mucho menos de los textos; es solo la evidencia de que todavía falta mucho por ser estudiado en el mundo editorial chileno. Un lugar para los libros se une a una serie de publicaciones que han logrado la loable hazaña de investigar y dar cuenta de todo un mundo fundamental para la construcción de la sociedad en términos humanos y éticos: el mundo de los libros.

Cristóbal Moya y Lorena Fuentes (coord.)

Un lugar para los libros: Reflexiones del Encuentro Nacional sobre Cultura Escrita y Prácticas Lectoras

Lom, 2016

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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