Archivos Mensuales: febrero 2013

El origen del fuego: Crítica de Bomba Bencina de Juan Carreño

por Francisco Martinovich Salas

bomba-bencina¿Cuál es el origen del fuego? Una pregunta que se instala en la cabeza del lector al enfrentarse al segundo poemario de Juan Carreño (Rancagua, 1986), Bomba Bencina, publicado bajo el alero editorial de Das Kapital en el año 2012. Los textos que componen esta obra dan cuenta de una escritura que asume un riesgo: hacer resonar en la página distintas voces que exponen una realidad que en otros contextos se muestra sublimada por los convencionalismos y los eufemismos que en este libro parecen desaparecer.

Sobre la obra

Bomba Bencina, como atinadamente es mencionado por Nicolás Vergara en el texto de contraportada que acompaña esta edición, es un título que frustrará al lector que busque encontrar en este libro una explosión.

Si bien cada texto se asimila a una pequeña iluminación, a una bomba que al explotar deja ver lo que oculta la oscuridad, el libro en su globalidad propone una reflexión que está ligada al cuestionar la mirada doliente sobre la realidad y sus problemas y comenzar a preguntarse sobre el origen de la misma.

La base de este ejercicio corresponde a la ausencia de la figura de un hablante lírico común durante el desarrollo del libro. Bomba Bencina es una vitrina en la que distintos hablantes enuncian, desde su propia realidad, un poema en el que no hay una preocupación por el trauma, sino por aquello que lo ha ocasionado: “hola mi nombre es Óscar Lucero y el día tanto tanto tanto entrando al almacén de don Miguel me saqué la chucha, esto es lo que escribo yo, si no hay piedra y sacá de chucha yo no escribo…” (p.24)

Lo que en el poemario aparece como una diversidad de personajes, es un esfuerzo por incorporar en la unidad del libro a las distintas voces que componen la realidad que se pretende presentar y que al mismo tiempo constituye el gesto de vanguardia y rebeldía que define la escritura de Bomba Bencina: todas las voces son la voz de un hablante, pero ninguna es propiamente suya. Esto se hace explícito en poemas como “Se busca”, “Diálogo de exiliados”, “Los 80’s” y “Pedro Curamil”.

El afán incendiario que se interpreta a partir del título del libro no solamente no logra explotar, sino que esparce las bombas por las páginas y será tarea del lector hacerlas estallar: “¿Qué harías si le sacaran las uñas a tu hermana? ¿Te quedarías mirando los remolinos de los ríos mientras el alicatazo puro le arranca un diente a tu mamá Digo cuando le quieren sacar el pelo de ahí Digo de un tirón Te quedarías pensando en apagar el cálifon por ahí sondas petróleo por ahí…” (p.45)

Un elemento que también se cuadra con este gesto es la diversidad de formatos en los que se presenta el poema: abundan tanto poemas de versos breves como prosas extensas que prescinden de puntuación, lo que refuerza el espíritu polifónico del libro y ofrece un interesante desafío al lector.

La multiplicidad de hablantes descrita anteriormente involucra también la presencia de un yo “no identificado”, de un hablante que no se individualiza con un nombre, pero sí con un temple y un contexto particular. Este hablante se presenta a lo largo del libro, camuflado entre otras voces y el lector podrá encontrarlo en poemas como “Panamericana”, “Fiesta”, “La vieja de los membrillos”, “Tarro mora”, “Siempre escribo un poema sobre mi papá”: “Me cuesta tanto/ recolectar las moras/ quedarme tranquilo/ con un vagón oxidado/ regresar a la barraca/ y acarrear el aserrín/ despertar en el suelo/ escuchando las hormigas” (p.47)

Estos textos dialogan con las múltiples voces que conforman Bomba Bencina, haciendo de su lectura un ejercicio muy atractivo, pues predispone al lector a estar atento, a no fiarse de que en la página siguiente la cosa sigue siendo igual (aunque en el fondo parece, sigue siendo igual).

Incendio de cárcel

El gesto de esta “apropiación” de voces en la obra, logra su momento de mayor lucidez en los poemas que abordan como tema o anécdota, en mayor y menor grado, el incendio de la cárcel de San Miguel ocurrido en diciembre de 2010: “…esoh no son del cuarto, hermano, esoh no son del cuarto, loco, no son del cuarto, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh que están en lah ventana!, ¡abre la puerta hijo de la maraca y la conchetumare!, ¡abre la puerta hijo e la perra y la conchetumare!, ¡abre la puerta!, ¡la puerta oye!…” (p.17)

En versos como los anteriores, la presencia del hablante desaparece totalmente, el gesto se hace poema y presenta de manera increíblemente prístina la percepción y expresión de una voz “otra”. La imagen del incendio de cárcel es recurrente a lo largo del libro y puede interpretarse como la metáfora más clara de la pregunta sobre el origen del fuego: somos todos un incendio de cárcel esperando ocurrir, una visión del colapso latente de la sociedad y estamos a una explosión de la muerte. Esa es la terrible certidumbre que hace de los poemas de Bomba Bencina una tensa calma, una inminente explosión que no tiene fecha de llegada.

En contraposición a versos como los recién citados, existen otros poemas que no calzan dentro de esta lectura. Son poemas en los que la pregunta del origen se reduce hasta desaparecer, en los cuales no se logra traspasar al lector la tensión y la ilusión de realidad que abunda en otros poemas. Tal es el caso de textos como “Diciembres”, “Sequía” y “La salud del ojo”, los que son quizás, el punto débil del libro desde esta lectura.

Sobre la edición

Para este libro, el trabajo de Das Kapital ha estado totalmente a la altura. Al analizar la confección de Bomba Bencina, parecen ser muy pocos los detalles que atenten contra la apropiada lectura de los textos, al contrario, tanto la calidad de la impresión, la encuadernación, como la calidad de los materiales hablan de un proceso serio y de alto nivel dentro del contexto de la edición independiente en Chile.

La ilustración de portada contrasta de manera interesante con el color de fondo que la acompaña, y está en un correlato muy interesante con las temáticas tratadas en el libro y la selección del texto de contraportada también hace un gran favor a la producción en términos globales. Este último, sin embargo, y su alineación parecen ser un detalle que puede incomodar, ya que la estrechez de sus márgenes resulta extraña en comparación con el espacio ofrecido en el interior del libro a los textos que lo componen. Recalcar esto es, sino una majadería, un detalle muy menor.

Otro detalle, que puede incomodar al lector más disperso, es la ausencia de un índice en el que se enumeren los poemas incluidos. Creo que esto se justifica cuando la unidad de la obra no necesita de este orden, pues está configurado de manera que no se hace complicado para el lector y este libro, creo, no corresponde al caso.

Fuera de estos elementos menores, Bomba Bencina se presenta como una propuesta muy atractiva al lector, el que creo, no verá frustrada sus expectativas, a las cuales tanto el trabajo poético de Juan Carreño como la preocupación editorial de Das Kapital responden plenamente.

*Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , ,

LOS AHOGOS DE UN CHAMÁN: Crítica a “Las palabras del chamán en el fin del mundo” de Cristián Warnken

por Luis Caroca S.*

las palabras del chamán en el fin del mundoCuando aparece el libro de un personaje mediático, conocido sobre todo por un programa televisivo de entrevistas a personajes del llamado “mundo intelectual”, se genera una lógica curiosidad de saber cómo escribe el susodicho. Es el caso de Cristián Warnken y su libro de poemas. Publicado en enero de 2012 por Pfeiffer1, el texto está estructurado en cinco partes y nos muestra las impresiones de un chamán ante la pavorosa frivolidad en que este se halla inmerso. Es un monólogo duro y despiadado que ataca el materialismo y la pérdida del valor originario de la palabra. Es como Zaratustra bajando de la montaña para predicar lo que los hombres no perciben o la vieja idea del poeta (chamán) vidente, sabio, purificador de las palabras de la tribu que muchas culturas dan registro. Ya Hölderlin lo decía: ¿por qué poetas en épocas de desastres? Bueno, justamente porque el “poeta” como guardián del saber más profundo del hombre, se percata del caos eminente y da su consejo.

El libro está dedicado a dos grandes la poesía chilena: Anguita y Lihn, los cuales son llamados “chamanes de la fe y la duda en la palabra”. Ya en el primer poema se anuncia la horrible realidad en que los cuervos (con cita de Edgar Allan Poe incluida) anuncian la muerte de todo: “Dicen los cuervos en la pradera fría: / “la belleza ha muerto”/ “la verdad ha muerto” / “la inocencia ha muerto “/ “la realidad ha muerto” (p.11). Entonces, en medio de este contexto apocalíptico, aparece (o despierta) el chamán-poeta-mapuche para aclarar las cosas con su lenguaje culto salpicado con una que otra palabra perteneciente a la cultura pop: “¡Nontupaguen, trempilcawe yem! / Vengo a interrumpir este banquete / de imágenes virtuales y palabras rotas / No hay código de barra en mi voz […] El que entona canciones órficas / pasadas de moda/ Mientras un DJ autista divierte a las sombras” (p.19).

En los versos se critica la falta de espontaneidad en este mundo contemporáneo, lo fácil de una sociedad en que todo es desechable. El chamán busca el mysterium, la vuelta al papel, desprecia facebook, twitter y los seudos análisis snob. En este sentido, me parece interesante el poema VIII: “Mallarmé es el enemigo número I / después están todos los militantes / y militontas / del Derridadá / Todo el que ande descontruyendo algo / tendrá que vérselas conmigo. Se acabó este baile de máscaras / de sujetos transtextuales / y todas esas pajas” (p.33). Sugestivas palabras pues se critica a los que analizan lo que no se debe analizar, es decir, se apela a sentir la poesía en su estado más puro, sin artificios academicistas.

Warnken no duda en parafrasear a otros poetas: “Antes que esta quilla estalle/ Aquí está el Arca de Noé/ El Barco Ebrio/ pero con un capitán a bordo” (p.22), “Fue al filo del alba y sobre los techos: / Ahí proclamamos nuestra fe en el veneno” (p.40), “Quiero beber otra vez del agua del olvido […] Soy el albatros que regresó herido/ desde lo desconocido” (p.41). De hecho, en el libro hay una suma de conceptos o alusiones literarias y del saber humano en general que todo lector más o menos culto conoce: Hybris, Beatriz, Beowulf, Ofelia, canciones órficas, Eurídice, albatros, palabras provenzales, país de los cimerios, Ducasse, Keats, Plotino, etc.; pero ensamblados a la fuerza. Es como si el autor quisiera ostentar a cada instante una cultura enciclopédica sin sutilezas. Y es aquí precisamente donde me quiero detener, pues la idea de Warnken parece honesta, buena si se quiere, pero el problema radica en la forma. Por ejemplo, la manoseada figura retórica llamada “comparación” es aquí utilizada de manera pobre y con ínfulas de grandeza como una especie de Ricardo Arjona con forzadas muestras de sabiduría: “hasta que recibí tu carta / que abrí / como una tablilla sumeria” (p.57), “palabras que se tocaban / y se podían besar / y sobre las que se podía llorar / lágrimas de verdad / (como las de antes, en los boleros) / Confieso que mi adicción a la inmediatez / me produjo delirium tremens” (p.58), “Sus insultos me depravaban / ¿cómo tomar mi corazón y salvarlo? / Entonces les leí un himno pindárico a capela / como un canto de cisne en un pantano del Leteo” (p.60).  La incesante alusión a obras y autores resulta excesiva, como también los epígrafes que ahogan al autor como si éste no tuviera voz propia. En todo el libro el orden de epígrafes es el siguiente: Poe, Jorge Dowling, María Zambrano, Huidobro, Rimbaud (mucho Rimbaud de manera directa o indirecta), Philippe Jaccottet, Robert Graves, Baudelaire, Nerval y, para finalizar, el Códex Buronus. En suma, concluyo diciendo que uno es muchas veces lo que lee, pero ¿dónde está lo pensado, sentido o vivido sin interferencias? En este sentido, a los versos le falta sustancia, savia y carne. Sería exagerado decir que lo único bueno del libro de Warnken son las citas o los epígrafes. Tal vez, Las palabras del chamán… se podría tomar como un buen antecedente para conocer a los escritores y personajes allí mencionados. La famosa expresión: “todos podemos sentir como Keats, pero no todos podemos escribir como él” se podría aplicar a este libro.

Cristián Warnken

Las palabras del chamán en el fin del mundo

Editorial Pfeiffer, 2012

* Luis Caroca Saavedra es escritor y profesor de castellano de la UMCE. Ha sido antologado como cuentista en Mago Editores.  Ha publicado artículos sobre literatura en la Revista Water-Neon, Francia.
NOTAS
1 El objeto-libro es de bello formato. De tapa dura, portada couché mate, con un llamativo guerrero a caballo y unas hermosas guardas rojas que contrastan con las tapas blancas del exterior y el papel ahuesado del interior. Y si esto fuera poco, al final con colofón. En este sentido, Editorial Pfeiffer sabe lo que hace.
Etiquetado , , , , , , , , , , , , , ,

“Sobre Chile pesa una lápida”. Reseña de Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988)

por Eduardo Farías A.

I

Querido-Pedro-Cartas-de-Enrique-LihnCamilo Brodsky, editor de Das Kapital Ediciones, ha tenido la oportuna y excelente idea de recopilar las cartas que Enrique Lihn le enviaba a Pedro Lastra, quien las entregó a la Biblioteca Nacional. La labor acometida por Brodsky se refleja en Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988), un libro necesario para entender qué tipo de relación de amistad construye el autor de Diario de muerte con Pedro.

En este libro, publicado en septiembre de 2012 y presentado en la Furia del Libro en diciembre, se aprecia una amistad prototípica entre Lihn y Lastra. Es evidente que Lihn hablaba más sobre otras cosas que de su vida personal, sin embargo cuando algo de esta tenía que contar, lo contaba. Entonces, ¿de qué hablaba principalmente Lihn? ¿Cuál sería su temática en este corpus de cartas?

En sus cartas tocaba muchos temas, entre ellos, la literatura1 y el campo cultural, su relación con Chile y la dictadura, el exilio “seguro”2 y la manera de insertarse dentro del campo cultural chileno y extranjero. Estos temas se relacionan porque evidencian en Lihn la preocupación por cómo sobrevivir en dictadura tanto literaria como existencialmente. Encontrarán, por ejemplo, un problema con la CNI que seguía un proceso en su contra por un poema publicado en la antología Ganymedes 6. También, es arrestado en la presentación de su poemario El paseo ahumada que hizo en ese mismo paseo del centro de Santiago. Estos dos casos son los únicos encontrones que tuvo con la dictadura, por lo tanto, Lihn no tuvo el destino de muchos. En ese sentido, este proceso histórico como contexto no era el motivo principal de sus cartas, pese a que la dictadura “del vecino de Lo Curro” (p. 86) le impone una forma de vivir profesionalmente (de) la literatura.

Enrique Lihn le escribía a Pedro Lastra para comentar su vida profesional como escritor e intelectual. En cada una de las cartas podrán encontrar alguna alusión a la publicación, a proyectos, trabajos, conferencias, recitales y/o becas. Así, por ejemplo, el 22 de enero de 1975 le escribe a Pedro: “se me ha hablado de una invitación a Europa para abril o mayo de este año, pasajes pagados pero muy poca plata para el bolsillo […]. Podría pasar por Nueva York y sus alrededores, y reunir allí, si es posible, algunos dólares con mi trabajo: recitales, conferencias o hasta cursos; ya no le tengo miedo a nada” (p. 28) Sin embargo, las posibilidades año a año no dan frutos, se reducen, por ejemplo, en 1987 a la beca Guggenheim, y eso afecta la visión de Enrique: “Creo que no me moveré nunca, realmente, de Chile. La Guggenheim es una (débil) esperanza de reencuentro pasajero con las ciudades que me gustan, empezando por Nueva York.” (p. 95)

La dictadura que vive Chile3 lo hace pensar en el exilio, pero en un exilio “seguro”: “No me siento capaz de vivir a salto de matas, sin algo de base estable” (p. 92) El trabajo que Enrique deseaba realizar en el extranjero era preferentemente como profesor universitario, debido, probablemente, a su experiencia laboral en el Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que es su sustento económico más importante en Santiago, pero del cual tiene su punto de vista: “Sólo tengo la Universidad con un sueldo devaluado hasta la pobreza, en el país de la cesantía y la miseria, que se perpetuarán por decenas de años.” (p. 80)

Este exilio que desea se debe también al campo cultural que observa en Chile que está, según sus palabras, “perfectamente acotado y congelado” (p. 49), y “[a]quí no ocurre absolutamente nada con lo que publico o dejo de publicar. Nadie dijo nada sobre la Aparición [de la Virgen]. Me he quedado con cientos de ejemplares, después de entregarle a la Pilar [Fernández de Castro] 150. Sólo [Raúl] Zurita aparece ―iba a decir brilla― en diarios y revistas. Ahí empieza o termina la poesía para los chilenos.” (pp. 97-98) A partir de estos diagnósticos que realiza, desea también un exilio literario: “Más que nunca me interesa publicar o seguir publicando afuera, al encuentro de los queridos lectores que puedan contraerse en otras latitudes.” (p.49)

Por otra parte, no sólo la dictadura afecta la carrera literaria de Enrique, también la relación con las editoriales determina algunas decisiones momentáneas acerca de su escritura. Por ejemplo, en la carta del 10 de enero de 1976 se queja de los editores de Ocnos, editorial de Barcelona que en 1972 publica Algunos poemas y en 1974 Por fuerza mayor, y afirma: “Este tipo de experiencias tan reiteradas han terminado […] con mi interés por escribir poemas. Todo lo que hago se orienta en otra dirección.” (p. 37) La alusión al dinero es parte de la relaciones que el escritor tiene que establecer dentro del sistema neoliberal, así la relación de la literatura con el campo cultural tiene también un carácter económico, aspecto que Enrique veía como un problema. Ejemplo es la penúltima carta de este libro que dice: “Tengo una angustia creciente al dinero. Ni una gota de ahorro, ningún bien hipotecable, la miseria adolescentaria a los 58 años de mi edad, qué deprimente.” (p. 98)

Y la estrategia que determina Enrique para lidiar con el trabajo, el dinero, la literatura y el campo cultural es la autopromoción: “yo ya sé cuáles son o cuál es el único secreto de un posible éxito: ¡Autopromoción! Y estoy dispuesto a divertirme a expensas de la literatura.” (pp. 47-48)

II

El trabajo de Das Kapital Ediciones es notable. Este libro contiene tres textos introductorios, las cartas, la intervención de Enrique Lihn en el Congreso de Artistas y Trabajadores de la Cultura en diciembre del ’83 y 10 ilustraciones. Sin duda tanto la intervención en el congreso como las ilustraciones son regalos imprescindibles tratándose de Enrique Lihn, ya que también pueden ser motivo de análisis.

El libro es fruto de una edición seria con algunas erratas. La más preocupante debido a su notoriedad es la carta del 6 de noviembre de 1979, ya que está después de la carta del 26 de noviembre. Desde mi perspectiva, el error debe ser la fecha y debería ser enmendado por la editorial. Un acierto del libro son las referencias aclaratorias de personas, lugares, proyectos, revistas, libros que se encuentran en las cartas de Enrique Lihn. A pesar de ello, me llama la atención una nota al pie ausente acerca del libro Musa de la calle, el hospital y los museos. Este libro de Enrique Lihn es inédito y muchos de sus poemas aparecen en Pena de extrañamiento según Marcelo Garrido4.

Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988)

Das Kapital Ediciones

2012

Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

NOTAS

1 El concepto de literatura se relaciona más con su dimensión socio-económica que con su dimensión de corpus de palabras. Incluso, Enrique en sus cartas no expone muchas reflexiones literarias, estas son bien escasas en el libro, donde destaca, por ejemplo, su perspectiva sobre La ciudad de Gonzalo Millán, y sus comentarios sobre la antología poesía latinoamericana de Pedro Lastra en el número 11-12 de Hispanoamérica, específicamente gatilla en contra de Octavio Paz, Roberto Fernández Retamar y Gonzalo Rojas.

2 Idea sugerida por un amigo.

3 La forma en que se refiere a Chile en muchas cartas se debe también al momento histórico. Así, en sus cartas podemos encontrar las siguientes referencias: “el país de siempre mierda jamás” (p. 42), “la cloaca de Chile” (p. 42) El título de esta reseña también evidencia su visión de las cosas en Chile.

4 Garrido, Marcelo. ­Pena de extrañamiento de Enrique Lihn: La escritura como musa de la calle, el hospital y los museos. en Acta literaria. Nº4. 2010.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , ,