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“El Cristo gitano” o la misión era matar

por Gonzalo Schwenke

Folder (1)El Cristo gitano (2016) de Nicolás Cruz Valdivieso, relata la historia de Ezequiel, un niño huérfano y líder de la banda de alumnos en el colegio —“Los narices negras”—, educado por los curas católicos en un internado alrededor de 1940. Posteriormente, huye después de castrar a un compañero, y debe sobrevivir en la ciudad de la manera más precaria y cruda. Aquí bien podría hacerse el paralelo con las primeras páginas de la novela El roto, de Joaquín Edwards Bello, por la miseria y la necesidad de los niños que deben robar para subsistir en la urbe. De esta manera, el protagonista vivirá en el cementerio gitano (aledaño al Cementerio General) donde la población lo reconoce como el Cristo porque en el cuaderno llamado “Archivo de las almas” describe las almas de quienes van a morir en aquel lugar. Este mismo objeto permitirá que los agentes de la dictadura lo lleven al centro de tortura Villa Raulí, donde Ezequiel conocerá al despreciable Búho, delator y torturador que esconde un pasado que los une.

En los diez capítulos y 230 páginas de El Cristo gitano, se conjugan el realismo sucio y el hiperrealismo. El narrador testigo actúa como cronista, para elaborar un relato donde nada está de adorno. Aquí están presentes los acontecimientos, en imágenes concretas y breves, sin mayores descripciones, o el diálogo directo para otorgar un alto grado de verosimilitud a los hechos más horrendos.

Por otro lado, la violencia y la orfandad de Ezequiel, desde la enseñanza en el Internado Católico de la Nación hasta el placer por la tortura en Villa Raulí, son parte de la temática del dolor que cruza todo el volumen. Estos dos aspectos se desarrollan sin faramallas mortuorias y donde el morbo alcanza un alto nivel político, ya que ante la negación constante o las formalidades respetuosas en torno a la memoria, el autor expone en dos capítulos continuos —“Los árboles enfermos” y “El artista de la desgracia”— los métodos de tortura, donde se produce la sororidad de las prisioneras más experimentadas hacia las nuevas: “Deben pelear por neutralizar las voces que el dolor y la humillación siembran en sus mentes. Tapar con aullidos las voces de los torturadores y las propias voces que van quebrando el espíritu, hundiéndolas en la culpa, el asco y la autocompasión (124)”. El diálogo y el afecto se hacen imprescindibles en estos escenarios cruentos. De este modo, la resistencia va tomando color en medio del horror y los métodos más duros de tortura, como la violación, quemar la piel, la utilización de perros y ratones para romper órganos genitales y electrocutar en áreas blandas a mujeres.

Esta novela instala la idea de que Chile es un largo territorio lleno de cuerpos que fueron violentados de manera sistemática. Luego, subyacen los distintos dilemas y complejidades de las circunstancias en el campo del horror: la delación de la flaca Alejandra después de pasar por la tortura, la necesidad de exhibir el morbo mortuorio para comprobar los hechos, el robo de guaguas a los perseguidos para ser adoctrinadas. Toda esta estructura del dolor no tiene como fin buscar una solución o una escritura catártica, sino evidenciar la definitiva derrota de los sacrificados y reflexionar sobre el pasado.

El ahogamiento, la dependencia, la humillación, coartan cualquier ápice de libertad o de justicia: “Al primero lo acribillaron por la espalda, después de obligarlo a correr. El segundo tenía problemas mentales y lo mataron a punta de culatazos por no poder estar con las manos atrás del cuerpo y la frente apoyada contra la pared, como un soldado le ordenaba (77).” Así, el silencio y el recuerdo de las sensaciones más cálidas de los prisioneros son parte de esta resistencia al operativo sistemático de aniquilar al enemigo.

El protagonista se hace fundamental dentro de Villa Raulí. No solo es un personaje, es la interpelación a la sociedad chilena traumatizada y liquidada: “‘No puedes olvidar’, se repite, con el corazón inflamado, concentrado en grabar cada una de las letras, unir ficha y cara, cara y ficha, hasta que sean una sola cosa en la hoja en blanco de su mente (…) ‘¿Qué será de ellos si olvidas?’, se repite Ezequiel” (78). El acto de recordar permite un sitio de encuentro frente a cuerpos cercenados, mutilados y desaparecidos. Por lo que los sobrevivientes son aquella parte del sentido que el pasado contiene y los testimonios son parte de la historia nacional que se hace presente todos los días.

El Cristo gitano, construido en terrenos de la ficción, la historia y la memoria, presenta una voz cronista que subvierte los discursos institucionales, colocando en relieve el origen del trauma y las complejidades de la derrota durante la dictadura. Nicolás Cruz Valdivieso no se instala en la numerología de la economía pujante, sino en la causa del trauma, en el imaginario social que actualmente está tapado por luces de neón y crédito para comprar el pan.

El Cristo Gitano

Nicolás Cruz Valdivieso

Emergencia Narrativa Ediciones, 2016

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo Cultural, Crítica y Edición de Libros (U. de Chile 2016). Actualmente cursa el Magister en Estéticas Americanas (PUC). Es además crítico literario del diario El Insular de Chiloé: www.elinsular.cl.

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Melodrama de bolsillo. Tiempo quebrado, de Pedro Staiger

por Gonzalo Schwenke

16409999_10209886344449860_70607400_oUn libro de cuentos y tres novelas cuenta en su haber Pedro Staiger (Santiago, 1942), piloto jubilado y escritor. Tras pasar por numerosas escuelas literarias chilenas comprendemos por qué el éxito no lo determinan los talleres, ni está ligado con calidad literaria, puesto que, para esta lectura se requiere paciencia y buen estómago para sobrellevar estas 212 páginas.

La novela Tiempo quebrado (2016) nos presenta un verdadero melodrama literatoso. La línea argumental está basada en el clásico: “te juro que te adoro y en nombre de este amor y por tu bien te digo adiós”. Tras veinte años de distancia, los protagonistas se reencuentran fortuitamente en el Central Park, de Nueva York. Ahora Jorge es un excomunista relamido, exiliado por la dictadura chilena, e Isabel ha finalizado sus estudios de piano. Allá en Europa se conocen, se enamoran y conviven por algún tiempo hasta que el destino le da clarividencia a Jorge, quien da por finalizada la relación: “desde aquella tarde en París, cuando creí despedirme, cuando traté de explicar con una torpe carta que lo nuestro no podía seguir” (12).

Los protagonistas de la novela establecen dos voces que se van intercalando por capítulos. La historia puesta en boca de sus protagonistas resulta ser, en términos generales, similar porque se basan en una verborrea acérrima, llena de descripciones, extensos recuerdos que son contados de manera pasajera, usando pésimos adjetivos y en la que las comparaciones parecen ser la clave para una mejor narrativa. Ellos disfrutan de la ostentación y las divagaciones en espacios eurocéntricos, los que disfrazan de temores sobre una historia en común, con una capacidad única de describir las cosas de tal modo que parezca un lujo estar en aquellos lugares cosmopolitas para compartir “un expreso colombiano de tueste oscuro”, y “un capuchino con sabor de avellanas” (19). Una prosa anacrónica digna de adolescentes enamorados.

No todos consiguen narrar sin aburrir: “más de veinte años habían escurrido del reloj de arena de nuestras vidas” (9), “dimos con un lugar que ofrecía tal variedad de sabores y torrados que nos dejó sin respuesta” (19), “era abdicar voluntariamente al juicio, abandonarse al sentir y dejar del lado de afuera de la ventana el mundo entero y todas sus miserias” (97) y “tal vez nos podamos responder que todo estaba escrito, que nada hemos inventado” (210) De esta manera, Staiger destaca en cada párrafo del libro por el uso de lugares comunes y retórica simplona. Objetivo que se cumple con excelencia de manera sostenida y constante.

El mundo de Isabel –la alta burguesía– está sometido a una constante recriminación del sujeto femenino, siempre menor y anteponiéndose al castigo interiormente: “Ese aperitivo innecesario y absurdo que se me ocurrió” (63), “nunca podré aceptar el hábito” (64), “me arrepentí de inmediato” (107), y “tantas cosas absurdas cruzan la mente de una mujer abandonada” (109). Encontramos un sujeto femenino diezmado, en estado de discordia consigo misma desde lo cotidiano hasta las relaciones familiares, e incluso en el abandono de Jorge: “mi padre no estaba bien de salud y el dolor que le causaba su hija sería excesivo para él” (111). Ella encara la situación de madre soltera en Europa. En tal sentido, se confronta al espacio simbólico del castigo familiar que viene desde el espacio materno, quien a su vez representa la norma social de la clase acomodada: “No tuvo el coraje para preguntarme quién era el padre de su nieto (…) de todas las reacciones posibles, era esta la más castigadora” (114) y “le respondí una sola vez a sus interrogantes y la herí profundamente con la tajante solicitud de que no se metiera en mis problemas” (137). De esta forma, las relaciones femeninas se desarrollarán conforme a la normativa masculina con cierta aprensión y preocupación.

Finalmente, Tiempo quebrado opera de dos formas: primero el sustento parece estar determinado por la máxima “el adjetivo que no da vida, mata” y, segundo, la excesiva información es una constante. Lejos de cualquier pertinencia y precisión, la novela lleva a lo más alto la idea de que el destino pone en un trance histórico a personajes que irremediablemente deben confrontarse. Una ficción con la que debes convivir, donde la problematización se debe anular y posteriormente arrepentirse, una voz adherida a la Concertación noventera, quienes regresaron del exilio para emborracharse con el mercado. Olvidar es la consigna, la memoria supone un desconsuelo que es dañino.

Tiempo quebrado

Pedro Staiger

RIL Editores, 2016

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Es además crtítico literario del diaro El Insular de Chiloé: http://www.elinsular.cl/.

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Los hilos de la memoria

por Gonzalo Schwenke

img_7043-copiaLa Resta (2015) es una novela intercalada por capítulos donde las voces son Felipe e Iquela, dos jóvenes que bordean los treinta años y que tienen en común su infancia, la indagación de una memoria en cuestionamiento y la resistencia política de sus padres frente a la dictadura cívico-militar. Ellos van construyendo mundos paralelos pero complementarios que observan cómo abordar esta herencia de sus predecesores y que los problematiza al hacerse presente en todas las esquinas.

 En la narrativa de Trabucco Zerán (1983), Santiago aparece como una ciudad inconveniente y apocalíptica, lo que provoca complicaciones en el vuelo de la tercera protagonista de la historia, Paloma. Cuando regresa de Alemania para celebrar los ritos fúnebres de su madre Ingrid Aguirre (exiliada y compañera de resistencia durante la dictadura junto con la madre de Iquela), el avión que trae los restos termina en Mendoza, por lo que la tarea de los jóvenes es buscar y enterrar a los muertos. De esta manera Paloma, Felipe e Iquela inician la forzosa travesía de cruzar la cordillera en la carroza llamada “la generala” para traer el ataúd de regreso.

El primer recuerdo de Iquela es el día del triunfo del “No”. En aquella ocasión Ingrid Aguirre, Hans y su hija Paloma visitan la casa de los padres de la narradora; Consuelo y Víctor. Durante los resultados del balotaje y el tránsito de los padres en la casa, ella relatará con resquemores su primer cigarro, no así su primer beso con alguien de su mismo género, con tal naturalidad y soltura que no existen reparos ni aprensiones. En tanto, Felipe recordará su crianza en el sur junto a su abuela, la relación de la casa con las mascotas y los animales, la profunda necesidad de recordar y la evocación de su infancia en la capital junto a Iquela y la madre de ella, Consuelo.

Iquela es la que da el temple a los capítulos. Introspectiva y en permanente búsqueda del detalle fascinante de la urbe, una perspectiva fragmentaria de la ciudad que la distancia del horror de su contraparte. A Felipe le disgusta y la nombra con enfado: “no ve nada: ella va paveando, comentando el reflejo del sol en los ciruelos, describiendo cómo se estiran las sombras de los edificios sobre el piso” (43). Él se caracteriza por ser obsesivo, delirante y ordenado, tiene la característica de hallar muertos en la calle o en el río Mapocho.

Mientras hacen memoria sobre la experiencia del triunfo del “No” en 1988. Los jóvenes ven con extrañeza un país que les parece ajeno e irán aproximándose a lo que significa la palabra patria: “los restos del carrete del fin de semana u otro que ya no pudo con el calor de mierda santiaguino” (28). Por lo tanto, esta construcción social es abordada por los hijos de exiliados y opositores a la dictadura a medida que se van cuestionando su pasado mientras reparan en el Santiago sucio y descuidado.

Finalmente, la obra presenta características en distinto orden que determinan su valía. Una novela estructurada y programática en su construcción, que presenta una visión liberal donde emergen situaciones lésbicas para mostrar que siempre han estado presentes, el ritmo se sostiene en ambas voces de forma armoniosa, en la que se aprecia la integración de recursos de estilo y constantes analepsis que participan convenientemente en el desarrollo de su lectura. Además, la trama tiene una orientación distintiva: el camino de los personajes es el ejercicio de hacer memoria. De lo anterior, el pasado individual es articulado como identidad mediante lo colectivo. Para el país, recordar siempre es un acto de justicia social. De otro modo, los jóvenes se refieren a lo ocurrido, lo cuestionan y lo hacen suyo para continuar y comprender la historia trazada por los padres. En el mismo ámbito, los muertos hallados en todas partes por Santiago avanzan hacia el descanso, lo que simboliza la síntesis del ayer reciente.

La resta

Alia Trabucco Zerán

Tajamar Ediciones, 2015

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Es además crtítico literario del diaro El Insular de Chiloé: http://www.elinsular.cl/.

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