Archivos Mensuales: mayo 2014

Pájaros Salvajes o inténtelo de nuevo

 

por Daniela Pereira

 

pajarosalvajesPájaros salvajes se presenta con la desconfianza que produce cualquier libro (algunos más que otros, sobre todo a los neuróticos, a los que nos preocupa la edición, el tamaño, el año, etc.). La elección de la portada me lleva enseguida a pensar en esas cuidadas ediciones de poesía de la editorial UDP, donde descansan la Mistral, Lihn, Parra y de Rokha, entre otros. Entonces mi primera preocupación es desconocer en absoluto el nombre del autor: Ronald Gallardo Duarhtt. Dedico unos minutos a googlearlo, pero la búsqueda es infructuosa, no hay muchos datos sobre él. Así que me conformo con la información de la solapa, donde aparece una foto que me hace pensar en Claudio Bertoni y ese halo bukowskiano del viejo rancio que escribe. Es inevitable reírse y yo aprecio mucho los libros que me hacen reír. Veo el currículum de este señor y me asusto un poco, pues se ve importante y yo comienzo a cuestionar la amplitud de mi cultura literaria.

Lo que sucede a continuación es un poco extraño para mí, pues además de la portada, la foto y la información de la solapa, me encuentro con dos prólogos, uno de Edmundo Herrera (escritor) y otro de Máximo González Sáez (director de MAGO editores). El primero es como un resumen de las palabras poéticas de Gallardo, si es que una poética puede resumirse, y el segundo es la justificación de la edición del presente libro.

Creo que no ir directo al quid del libro es indicio de que lo que tengo que decir de él no resulte muy auspicioso. González afirma en su prólogo que Pájaros salvajes es “un poemario ágil, lleno de diálogos con los contextos sociales, políticos y culturales de los últimos años”. Esta idea de tomar la poesía antes como una pedagogía histórica que como poesía, es algo que no puedo compartir. Y el libro avanza como un enorme foco de luz halógeno que te encandila, y que se llama Ronald Gallardo.

Pájaros salvajes tiene tres grandes divisiones: “Vengo de la casa de Manuel Rojas”, “Azul de diamantes” y “Cabaret palabras malescritas”.Y prácticamente ningún poema se salva de tener un epígrafe.  Los hay muy variados, desde dedicatorias a personas desconocidas o literarias, hasta partes de letras del flaco Spinetta: “Me acuerdo de tardes enteras en el bar que estaba al lado del Teatro Astral con Pomo y Machi, cagándonos de risa, pensando en posibles nombres para este astronauta transido por las luchas de las eras…”. La verdad, me molesta el epígrafe, la dedicatoria gratuita e incluso la pedantería de hacerlo en ruso (p. 63), porque obstruye la fluidez de la lectura. El fechado de algunos poemas nos lleva a pensar que estamos frente a un diario íntimo, donde al sujeto le parece de suma importancia el que sepamos dónde, cómo, cuándo, por qué y a quién, razones que atentan directamente contra el poema que no tiene espacio para sostenerse, para respirar. Eso al final, sumando y restando se transforma en un cúmulo tipo collage donde se copian y pegan citas bonitas, nombres intelectuales y una serie de elementos que desnudan completamente al sujeto de alguna complejidad, lo que pareciera no dar cabida al cuerpo textual de los poemas. Pareciera más un ejercicio de exhibicionismo personal, que se condice mucho con la elección de la portada, los dos prólogos y esa foto que aparece en la página 29 de Gallardo sosteniendo un retrato de Manuel Rojas, a quien, me quedó muy claro, admira mucho.

Junto con la sucesión de epígrafes que se encuentran a lo largo de todo el libro, debo agregar que el lugar común amenaza constantemente con hundir la propuesta de Pájaros Salvajes, sobre todo cuando hace referencia a las implicancias políticas más explícitas como sucede en el poema Ángeles negros (p. 58): “Somos ángeles negros/ que caminan por Santiago/ sedientos de libertad./ Las calles se hacen chicas/ cuando extendemos nuestras alas.” No encuentro mayor explicación que citar los versos, pero la simpleza casi adolescente e ingenua hace que el poema se desplome solo por el hecho de ver vagar a estos seres signados en busca de la liberación del yugo dictatorial. También existen intentos de hacer rimar pobremente algunos poemas como “Demente”: “Parado en medio de la gente/ parado en medio de mi mente/ ya no veo a nadie ni siquiera con estos lentes/ empiezo a odiar a la gente/ que arruina todo creyéndose decente/” (p. 112).Y así sigue el poema, donde se busca una rima forzada y malograda a mi juicio. algo así como una canción punk hecha en clases de castellano. También detecto lo mismo en “Nada me ata”: “Que difícil se me hace/ convivir con cierta clase/ de personas que todo quieren comprar./ Hasta mi alma tiene precio/ si decide descansar/ en el fondo de todo/ está el valor que decide la felicidad.” (p. 86).

Finalmente, y algo que no nombré en un comienzo, es el subtítulo de Pájaros Salvajes, “palabras migratorias” donde tal vez radique lo que más se pueda rescatar del libro en general. Ese paseo por diversos lugares, como Valparaíso, Isla Negra, Santiago, etc.: “la lluvia cae sobre la ciudad de Valparaíso/ el espacio de la calle Condell se repleta de familias que agradecen a San Pedro” (p. 36) Y también este carácter epistolar de los poemas, con fechas, lugares y destinatarios, hace pensar más que en un viaje poético, o en un poeta que tenía que viajar y guardó apretadamente todos sus poemas en una maleta para que no se perdiera nada, sin importar en qué estado estuviesen esos textos. Todo en el libro pregona el nombre de Ronald Gallardo, pero su poética no logra sostenerse en pie, no camina sola.

Pájaros Salvajes es un intento de hacer coexistir poemas muy distintos en un mismo libro ─muchos de ellos a medias─ que no resulta, pues existe una voluntad exhibicionista que lo aplasta, un ego poético bastante evidente. El siempre necesario trabajo poético parece ausente, pues las anotaciones, los poemas-cartas, etc. parecen muy descuidados, sobre todo en cuanto a los intentos de rima, sin embargo esta falta de trabajo depurativo no solo es del poeta, sino también del editor. Este un libro anclado en aquella estética del revolucionario a medias durante la época de la dictadura, un escueto “fueron tiempos difíciles” que ya no convence a nadie, como el mismísimo discurso de la concertación (a.k.a “Nueva Mayoría”). Francamente no recomendaría su lectura, pues no podemos ponernos a decir que todo lo público es necesario o worthy de leer. Ahora bien, un escritor como Gallardo debe saber que este puede ser un intento fallido, no se trata de crucificarlo, ya que no será ni el primero ni el último que publique un libro malo, sin embargo, creo que el llamado de atención es al editor. No estamos frente a una poesía que abra paradigmas como lo fue Los gemidos, por ejemplo, como para justificar aquella flaccidez escritural o ese collage tan diverso y complejo imágenes. Creo que Pájaros Salvajes es tarea para la casa o bien un “inténtelo de nuevo” para Gallardo.

Pájaros salvajes

Ronald Gallardo Duarhtt

Mago, 2013

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Daniela Pereira (1990) Licenciada en literatura y ciencias del lenguaje por la Universidad Finis Terrae de Santiago. Actualmente directora del proyecto “Pablo de Rokha y siglo XX: el otro Pablo de las letras chilenas”, financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura 2014 en la región de Valparaíso.

 

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