Archivos Mensuales: mayo 2015

“Todo río contiene un corazón de engaños”: Río Herido, de Daniela Catrileo

por Eduardo Farías Ascencio

Río Herido de Daniela CatrileoSegún un poeta, el título corresponde a la traducción del apellido Catrileo. O río cortado. O Catrileo. Sin duda, Río Herido (Libros del Perro Negro, 2014) es un tremendo título −Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre son, sin duda, referencia obligada− y, en este caso, el río está adjetivado, entonces lo que está herido en el río, en la vida adquiere la forma de trauma, de dolor y de la presencia de una mirada trágica. El mismo título impone sus desafíos. En alguna medida, el epígrafe de Juana Molina soluciona la sospecha: “Mi corazón roto ha venido, / me habla y dice que / no le ha quedado nada, / que él está vacío / me dice que todo / se ha marchitado y yo / no tengo más que un río” (5). El que va a dar a la mar, que es el morir.

Este viaje implica una contradicción, así lo dice la autora: “Este no es mi viaje. / Este es mi viaje” (11). La primera negación que da pie a la contradicción, es la forma de entender que en su viaje está el otro; su padre, su madre, la familia. La muerte de la madre es el principio del viaje: “la madre que muere gimiendo / en un charco aún más profundo / que tus pies descalzos sobre el zanjón. // Esto es el comienzo / de lo que llamaremos viaje” (16).

La hablante, además, reflexiona sobre qué es el río de manera racional: “Nuestra relación con los ríos nunca fue fácil. / Pueden darnos todo, / como podemos perder todo” (12). O de manera poética en el poema “Todo río contiene un corazón de engaños”: “Tengo dos pájaros en la cabeza que me sacuden para verlos / y decidir el cauce del río. / En sesenta minutos se puede escribir lo que nos queda de / vida, arrastrar esa pierna hambrienta hasta el horizonte, / nombrar nietos por orden alfabético. // Construir una realidad que pronto te abandona” (13). Esta cita nos permite observar lo compleja que es, para la hablante, la vida, la que implica abandono, hambre y  dos pájaros que son signo de imaginación, de locura en un mente perturbada.

La locura de  la hablante es, justamente, la pérdida del hogar y todo lo que cabe dentro de él: “Somos periferia Somos // Y algún día bastaba correr / por el verde mohoso de los cerros, / acarreando bueyes tras un espejo” (18). De tal forma, la construcción de su voz, como poeta mapuche, es la pérdida y la sumisión a estas alturas asumida de la relación que se establece con la naturaleza, relación mediatizada por un objeto tecnológico occidental. Ya el uso del concepto ‘periferia’ habla de una posición occidental de la hablante, en lo que se vislumbra el problema fundamental de este poemario, la destrucción de una identidad indígena por la sustitución de una identidad occidental.

Estos tres temas son significativos en el primer momento de Río Herido. Momentos que están divididos por epígrafes. El segundo momento comienza con uno de Elías Canetti: “Descomponer un río en sus arroyos. Entender a un hombre” (22). A través de esta cita podemos apreciar que el foco cambia desde la problemática personal y familiar, hacia el amor, expresado en la figura del hombre. En el poema “La herida somete la carne” el amor se complejiza, se define primero por la percepción transgénero de la hablante y, segundo, por la presencia del padre: “Desde la primera pieza de Santiago / me he vuelto masculinidad, me ha marcado la sangre / que derramaste al fecundarme. // Soy tan tuya padre” (24). El incesto en el amor se hace evidente al declarar que ella pertenece al padre en la fecundación, y tal circunstancia nace desde la llegada a Santiago, desde el paso de ser mapuche a ser un habitante de la periferia santiaguina. Por ello, en el mismo poema Catrileo dice: “Tengo las escenas del imperio” (24). Este imperio se aprecia en la figura de la cruz y del bautizo, y cuando dice “malditos nacimos, con la herida de nuestra marca nativa” (32). Marca que diferencia negativamente y que se vuelve objeto de discriminación. Y ese imperio es periferia, es la reflexión sobre el río herido en el cuerpo que realiza la hablante transgénero: “Tengo colgando mi periferia / como el fragmento de toda historia. / Herido tengo el fósil y mi llaga / es un horizonte en su discurso” (25).

El río se repite como una presencia inevitable en la relación de la hablante con el otro: “Le digo que la feria es como el río, / y nosotros animales / olvidados en el centro” (23). También es un camino propio que para la hablante está marcado por el nacimiento en el cemento y la desaparición de la india: “Tengo un río herido / en forma de zanjón, / que grita india y me tira a la calle” (26), o “Sola en mi habitación, / imagino todas las vidas / que dejé en días anteriores” (44).

Finalmente, Río Herido muestra las temáticas que se desprenden de la traducción del apellido de la autora, temáticas que giran en torno a la experiencia de la pérdida de la cultura mapuche, la cultura materna de la autora. Río que es un proceso conflictivo y su cauce que es el apellido del padre, figura fundamental en la construcción del amor y del incesto. Estas temáticas construyen un poemario coherente, pero con un problema, el que afecta la calidad total de la obra. Lamentablemente, Daniela Catrileo no sumerge el cuerpo en su río, no muestra todas las piedras contra las cuales choca. Solo podemos apreciar una superficie compuesta de significativas pinceladas. Se nota la falta de la exposición cruda del trauma, del dolor como para que el lector sienta que es arrastrado por este Río Herido o Catrileo.

Río herido

Daniela Catrileo

Libros del perro negro, 2014

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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