Archivos Mensuales: abril 2012

La enredada mano de Gastón Biotti

por Eduardo Farías A. *

Laenredaderamano(Editorial Pfeiffer, 2012) es el primer poemario que publica Gastón Biotti. El título del poemario nos remite directamente a la escritura al aludir a la mano, y el adjetivo  previsualiza, de alguna manera, la complejidad de la escritura de Gastón. Dicha complejidad en la enredadera de este poemario no es azarosa ni producto de la casualidad, sino que, por el contrario, es fruto de una mano conciente de la escritura y del oficio poéticos. Además, esta mano fija sus límites escriturales, principalmente, en la utilización de formas métricas tanto clásicas como populares (soneto, sextina, cueca, etc.) y de figuras literarias, como la aliteración, para construir el ritmo de cada poema. En consecuencia, Laenredaderamano es un poemario que evidencia una preocupación tanto por el contenido como por la forma. Además, es un poemario mínimo: el lector se encontrará con sólo 17 poemas que tendrá que releer.

La complejidad poética se aprecia desde el primer poema, el soneto Voyyvuelvo: “Porque de tanto andarme a la redonda / pies pedaleando piedras me despierto: / […] callado al ir cayendo yo encallando” (17). La complejidad conceptual deviene del tratamiento del tema y del objeto poético de cada poema. Además, en el segundo y tercer verso de este soneto se aprecia la importancia de la musicalidad y del ritmo por medio del uso de la aliteración. La manipulación de los versos para que ingrese la musicalidad se aprecia también en otros poemas, por ejemplo: “o en calle seca encalle en cada loza” (26), “que el ruido ronco enrosca todo el cielo” (28), o “de bostezos brotes brutos” (39).

La complejidad conceptual también puede apreciarse cuando existe una acumulación de imágenes y acciones en torno a un objeto poético. De tal manera, Laenredadera mano es un “vaivén que más vaivén desata” (23), como por ejemplo, en: “Cuando recorre el perro, resoluto, // lloviendo como nubes barro en bruto / los charcos para arriba se hacen mata / que flora en verde oleaje un lomo hirsuto” (23). Además, la complejidad se incrementa cuando se altera la sintaxis del verso: “que un sol de rayo ronco es cada calle” (19), en “mera de madera mesa” (43), o en “Ser el comer relleno” (43). También sucede cuando se desarrolla una imagen conceptual, por ejemplo en el poema Ramales se encuentra la siguiente enunciación lógica diferida entre versos: “la que era rama arriba abajo se hunde / […] la que era rama abajo arriba se hunde / […] lo que era arriba abajo arriba se hunde.” (29). Por otra parte, la complejidad conceptual en Laenredaderamanoconvive con escasos momentos de claridad verbal, como en el poema Pedradas: “Más me gusta sentarme en la cuneta, / sea grande, mediana, más bien chica.” (21), o en Rocío: “¿Trepa en tu pecho a oír / cómo es que ladra / el perro que desvela / toda la cuadra” (37).

Temáticamente, Laenredaderamano discurre sobre la cotidianidad a partir de referentes concretos, y en sus poemas podemos encontrar: la bicicleta, la cuneta, el perro, el gato que ronronea, la basura de los bolsillos, el baile, etc. De tal manera, la ausencia de los “grandes temas” de la literatura refresca la posibilidad de la utilización de estructuras métricas en referentes cotidianos.

Por otra parte, en Laenredaderamano se aprecia el uso de un registro formal con ocasionales  inserciones de palabras y frases pertenecientes al registro informal: “patas” (19), “me saques pica” (21), “el que anda a pata” (25), “tuto” (39), “Tonta lesa” (43), “la guata” (43). De tal manera, no se podría pensar Laenredaderamano como un poemario académico o academicista por el uso de estructuras métricas, ni tampoco podemos adjetivarlo como popular por el uso de coloquialismos.

Con este poemario, Gastón Biotti camina con una mirada poética propia el mismo sendero literario que han recorrido, en el último tiempo, Rafael Rubio y Juan Cristóbal Romero. Es posible vincular a Gastón con estos dos autores, en cuanto hace uso de estructuras métricas y estróficas tradicionales. A su vez, se diferencia en la extrema complejidad de su escritura -lo que puede desanimar a más de algún lector- y en los referentes concretos que incorpora, así como por la combinación de registros.

Por otra parte, Laenredaderamano es un poemario que calza muy bien en la colección Portal y en la línea editorial de Pfeiffer, pues corresponde a la visión de la poesía chilena que entrega esta editorial, y que se fundamenta, justamente, en el oficio y el trabajo poético riguroso. Laenredaderamano es un poemario que aporta al desarrollo de ese espacio específico en la tradición poética en Chile.

Delaedición

El libro resalta por la versatilidad que entrega para la lectura. Laenredaderamano se adapta a diferentes contextos, incluso se deja leer en ocasiones poco aptas, como un viaje de pie en el metro, por ejemplo. Resalta en la edición la cubierta tipográfica, es decir, no hay imagen que acompañe la información esencial de una cubierta. A partir del color verde de fondo, la tipografía utilizada, la posición del logo editorial y de la colección, se puede apreciar como una cubierta a la vez clásica y contemporánea: en ella, el título y el nombre del autor están construidos visualmente en relación al concepto de ‘enredadera’, palabra que se encuentra destacada.

En la diagramación de este poemario podemos encontrar aciertos y errores; por una parte, la utilización de una tipografía para el poema y otra para el título del mismo, es un acierto, porque enriquece visualmente la lectura. Esto puede pasar inadvertido, pero luego de una revisión más detallada se aprecian las diferencias entre una y otra tipografías. Otro acierto es la lógica de  diagramación, ya que es coherente con las necesidades del libro. Esta se basa en la relación entre la cantidad de texto y la cantidad de páginas, es decir, solo las páginas impares están impresas, dejando las pares en blanco (1). Esta lógica es coherente con la necesidad de transformar un conjunto mínimo de poemas en un libro (2). De este modo, Laenredaderamano, un conjunto de solo 17 poemas, se transforma en un libro de 56 páginas.

Sin embargo, existen tres errores puntuales en la diagramación. Primero, cuando no hay texto en la página par, ésta debiese estar completamente en blanco. Pese a esto, en Laenredaderamano se introduce el número de página, el nombre del libro y del autor, aún cuando no existe texto poético impreso en ella. Esto resulta una falta de oficio para una editorial que en el título anterior de la colección Portal (Misaldevelado de Sebastián del Pino) no comete tal error en la diagramación. Segundo, al final del libro quedan dos hojas vacías. Un editor debe ser capaz de solucionar este problema. Más de una hoja en blanco al final se transforma en un ripio de la edición, pues el lector percibe una falta de cuidado en el libro que tiene en sus manos. La solución a esto hubiese sido incluir un índice, sección ausente en este libro. Tercero, el primer poema aparece numerado en la página 17. Si confiamos en esa información, el libro en total tendría 56 páginas. Sin embargo, el primer poema aparece realmente en la página 9, con lo que el libro no tiene 56, sino 48 páginas. Ante esto existen dos posibilidades: o ha sido una decisión deliberada de Editorial Pfeiffer, entregando así información errónea de un libro, o bien Imprenta Atenas realizó una compaginación poco cuidadosa. En ambos casos implica un perjuicio para el lector-comprador y para la reputada imagen de esta editorial.

La enredadera mano 

Gastón Biotti

Editorial Pfeiffer, 2012

Eduardo Farías Ascencio es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

NOTAS

(1) Salvo en el caso de un texto que comienza en una página impar sea lo suficientemente extenso para continuar en la página siguiente, que es par. Solo en estos casos, la página par está impresa e incluye también el número de página.

(2) Un libro como Laenredaderamano, a pesar de su brevedad, no podría estar constituido por 20 o 25 páginas. Para el lector, nos guste o no, es importante la cantidad de páginas que tiene un libro, y esto incide en la percepción del costo versus la cantidad de páginas, puesto que el libro, al ser comercializado, ingresa en un mercado, y se transforma en un objeto de consumo.

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La enredada mano de Gastón Biotti por Eduardo Farías Ascencio se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en poesiaycritica.wordpress.com.

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Escribir en la ciudad: análisis editorial de “Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela”

por Eduardo Farías A.*

Generalmente se entiende por crítica literaria un texto que entrega entradas de lecturas de un libro, que desarrolla evaluaciones estéticas y apreciaciones desde la crítica cultural y la teoría literaria. Una crítica literaria desentraña un corpus literario, que sería la lógica de la crítica de un poemario, de un cuento, de una novela, etcétera. Me parece que realizar una crítica literaria de una antología, desde esa perspectiva conceptual, no es viable. Si se escribe crítica literaria de una antología, necesariamente se atiende a una generalidad que conocemos como antología. De tal manera, en este caso prefiero escribir un análisis editorial sobre Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela. Es decir, analizaré ―junto con evaluar de manera crítica― la construcción editorial y literaria de esta antología, desde la selección y su enfoque hasta la construcción como libro.

Esta antología publicada en Lima por Paracaídas Editores enfrenta a poetas contemporáneos de origen chileno y venezolano. Como lectores, este gesto lo podemos pensar como una disputa implícita, si nos preguntamos válidamente: ¿en qué país se encuentra una poesía más sólida, de más peso poético? Sin embargo, leer esta antología desde ese lugar es una pérdida de tiempo, pues tanto en Venezuela como en Chile podemos encontrar excelentes y/o pésimos poemas, y una antología no puede pretender esbozar una respuesta a aquella pregunta. Desde mi perspectiva, esta antología expone, en primer lugar, poéticas contemporáneas de ambos países elegidas según una temática, tal como se plantea en la nota preliminar: “Esta antología […] expone una visión de los cantos que surgen a partir del habitante de una ciudad cualquiera, puede ser Santiago, Coro, Caracas”. La ciudad es el tema que se busca en la poesía contemporánea de cada país, como da cuenta Marcel Kemadjou en el prólogo del libro. Así, los poetas se eligieron, para esta antología, según la experiencia de la ciudad que construyen por medio de la palabra.

De tal manera, los compiladores no buscan exponer, en primer lugar, la calidad poética que se puede encontrar en la poesía contemporánea de cada país. Aunque por ser lectores de poesía sí lo hacen, de forma más o menos implícita. A mi juicio, la calidad poética debe ser la base para construir una antología poética, que no es más que un libro que reúne poemas, ese objeto artístico-lingüístico elaborado por el poeta.

Además, como consecuencia de este ‘enfrentamiento’ entre escrituras poéticas de dos países, esta antología evidencia qué tan cercanas o distantes se encuentran entre sí, tanto en sus temáticas, como en la construcción de los poemas, etc.

Otro aspecto importante es que no estamos frente a cualquier antología. Esta antología da cuenta de su lugar, de su naturaleza, es una brevísima antología arbitraria. Las 136 páginas de este libro nos permiten advertir qué tan brevísima es. Y cumple, en parte, con la representatividad poética de cada país.

Por el contrario, la arbitrariedad de esta antología, a mi parecer, constituye un problema en la compilación que se puede realizar del espectro poético de Chile y Venezuela. Toda antología es arbitraria, subjetiva. Sin embargo, el compilador busca y elige poemas desde el reconocimiento de la calidad literaria que, a su juicio, puede existir en ellos. Y, como consecuencia de la arbitrariedad, no se elige, no se compila necesariamente desde ese parámetro. Asumo que un lector de poesía especializado puede darse cuenta cuando un poema no está tan trabajado, cuando posee ripios, o al contrario. Esa perspectiva no es, en un 100%, la utilizada por los compiladores. Respeto la opción elegida, pues es honesta en su cometido, y aún así leen y eligen de manera consciente el corpus poético de acuerdo a su lectura personal.

Como dije, la selección de los autores y los poemas se ve afectada por la arbitrariedad. Y la compilación, obviamente, afecta la construcción total de la poética del libro, es decir, el tema de la ciudad.

La selección de la poesía chilena hecha por Gladys Mendía demuestra una construcción conciente de la escena poética contemporánea en Chile, pero en su arbitrariedad incorpora registros poéticos que están fuera del tema propuesto por la antología. Por ejemplo, es el caso de los poemas de Galo Ghigliotto y Nelson Zúñiga. Los poemas antologados de Galo no se relacionan directamente con la temática, sin embargo, la intertextualidad con Bonnie y Clyde y la construcción poética enriquecen la compilación de Gladys. Lo mismo sucede con los poemas de Nelson Zúñiga; la construcción poética de la muerte no se relaciona con el tema de la ciudad, pero la utilización métrica del soneto, la muerte y la voz construida en ellos, constituyen poemas que también enriquecen al libro.

En su compilación, Gladys Mendía logra una mirada amplia, a nivel de escrituras, dentro de lo que conocemos como poesía contemporánea en Chile. La inclusión de Anita Montrosis es producto, junto con la calidad de los poemas de un hablante lírico muy particular, de esta visión amplia. La inclusión de poetas contemporáneos como Galo Ghigliotto, Enrique Winter, Raúl Hernández, Gustavo Barrera Calderón, Gladys González, Christian Aedo, Nelson Zúñiga, Marcelo Arce y Cristóbal Gómez da cuenta de la mirada que tiene Gladys Mendía de nuestra poesía. Gladys demuestra ser una lectora sagaz y madura de nuestra poesía al dar cuenta de su diversidad. Más aún, en su compilación exhibe momentos poéticos importantes en nuestra tradición poética reciente: en Gladys González está representada la novísima, la que también se encuentra, en cierta medida, con la inclusión de Marcelo Arce Garín, ya que su poemario Exhumada fue publicado por Mantra Editorial, que pertenece a Héctor Hernández Montecinos. La inclusión de la novísima como inicio histórico de la antología se contrapone, por ejemplo, al uso del soneto mortal de Nelson Zúñiga. La ausencia de los poetas de los 90 se nota, pero resuena como eco en los poemas de Nelson Zúñiga y de Enrique Winter. Junto a estos dos autores, la compiladora muestra la diversidad que existe en la poesía post-novísima al incorporar en su corpus poético a Raúl Hernández, Gustavo Barrera Calderón y Christian Aedo. Gladys Mendía es, sin duda, una lectora de poesía chilena con una vasta experiencia, y una lectora que también es conciente del trabajo que implica la construcción de un poema, pues también ella es poeta.

Por una parte agradezco, como lector de poesía chilena, haber encontrado los tres poemas de Felipe Moncada incluidos en la antología. Y, por otra, entiendo la elección de los poemas de Cristián Berríos, pues en ellos se aprecia una mirada sobre la ciudad, la calle San Diego y el teatro Caupolicán -es decir, el tema existe en sus poemas- pero, desde mi punto de vista, no justifica la inclusión de estos textos, pues su calidad poética no está a la altura de las de los demás antologados. No afirmo que Cristián Berríos sea un mal poeta, es obvio que a partir de tres poemas no se pueda plantear aquello, afirmo que estos tres poemas no poseen la misma calidad que el resto, y, por ende, me hubiese gustado haber leído otros.

En la compilación de Ennio Tucci se nota mucho más la arbitrariedad que en la compilación de Gladys Mendía. Ennio Tucci elige, creo, de manera más caprichosa. Su compilación está centrada en el grupo Musaraña, del cual él mismo forma parte. Su mirada como compilador es política, ya que utiliza su labor de compilador como una forma de posicionar a su grupo en el campo cultural. No creo que el grupo Musaraña y Ediciones Madriguera sea lo único interesante en la poesía venezolana actual. Algunos autores que componen este grupo y que aparecen en la antología son Ennio Tucci, Marina Lugo, Jenifeer Gugliotta, Dilmer Duno y Mariana Chirino. Comprendo que la antología sea arbitraria, pero en la compilación venezolana se utiliza esto de forma algo más antojadiza, donde lo que importa no es precisamente la calidad del poema. Pese a lo anterior, agradezco haber conocido una pequeña parte de la poesía de Anthony Alvarado, la particularidad poética de la Prosa jíbara de Antonio Robles, la construcción poética desde una voz femenina de Jenifeer Gugliotta, la diversidad poética de Mariana Chirino ―su Poema cursi es un texto interesante que tiene que ser pulido― y, sin duda, la poética de Norys Odalía Saavedra en sus tres poemas. Y de Ennio Tucci, de Dilmer Duno, de Marino Lugo (todos del grupo Musaraña), de Gabriel Figueredo y de Jhomar Loiza hubiese preferido haber leído otros poemas. La calidad poética de sus textos difiere mucho de la del resto. Estas son, a grandes rasgos, las principales características de Me Urbe.

Para terminar, me parece necesario felicitar a Paracaídas Editores por el trabajo de edición presente con este libro. Primero, que se difunda poesía chilena y venezolana desde Lima me parece una iniciativa más que notable. En segundo lugar, salvo por ciertos errores ortotipográficos y la ausencia del origen de cada poema (si es inédito o si está publicado), la edición propuesta por Paracaídas Editores da cuenta de una seriedad editorial. Como libro, esta brevísima antología arbitraria posee una doble naturaleza. Fluctúa dando cuenta, por una parte, del gesto cartonero en el sector editorial latinoamericano con la utilización de un cartón específico y, por otra, de la edición de lujo con la utilización de papel marfil de 83 gramos. Esta dualidad, junto a una diagramación armoniosa y un diseño de cubierta y contracubierta actual, dan cuenta de la seriedad de Paracaídas Editores.

Gladys Mendía, Ennio Tucci, compiladores

Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela

Paracaídas /Los poetas del cinco, 2011

* Eduardo Farías Ascencio es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

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Hacia una épica del delirio: una visita a Colonos, de Leonardo Sanhueza

Por Nelson Zúñiga G. *

Lo primero que llama la atención de Colonos, de Leonardo Sanhueza (Editorial Cuneta, 2011) es que el poemario comienza con un relato: es la historia del joven ingeniero belga Gustave Verniory (1) y sus sucesivos intentos por emigrar a América. Es este relato lo que va a marcar la forma en que se presenta la segunda parte del libro –los poemas- ya que el lector tendrá siempre presente la figura de Gustave, pero sobre todo sus anhelos, sus imaginaciones y expectativas con respecto a la América que él espera encontrar, e irá descubriendo progresivamente el real escenario con el que se encuentra. Por supuesto, lo que Verniory encontrará en el sur de Chile dista mucho de lo imaginado. A través de una discursividad justa y sin exageraciones presente en todo el poemario, Sanhueza elabora imágenes a la vez crudas y evocadoras de una tierra prometida llena de exultante belleza, pero también plagada de violencia, traición y venganza. Uno de los aspectos interesantes de este texto es que la mencionada violencia no constituye, a mi juicio, el ‘tema’ del poemario, sino que es más bien un elemento, digamos, narrativo, un recurso más con el que el autor construye esta especie de tapiz a ratos delirante que es Colonos.

Gustave Verniory

Gustave Verniory

La mayoría de los poemas está ‘protagonizado’ por un personaje, o bien ese personaje asume la voz principal en el poema. Algunos de estos personajes volverán a aparecer, a su vez, en otros poemas; se teje así una especie de ‘retrato en ausencia’, una aproximación polifónica a un pasado que no se puede visitar más que en la palabra. Cada personaje toma la palabra en su poema, los que se mueven con facilidad en esa difusa zona entre la narración y el lenguaje propiamente poético (2). De alguna manera, el autor pone en el tapete una discusión de larguísimo aliento: la diferenciación entre narrativa y poesía. No voy aquí a hacerme cargo de tan aguda y extensa problemática, pero sí voy a señalar que Colonos puede verse también como un poemario que intenta restituir al poema una de sus funciones más ancestrales: contar y recontar la memoria de los pueblos, manteniéndola viva, como si el tiempo no pasara, o más bien, manteniéndola en un tiempo fuera del tiempo, un espacio mítico donde todo vuelve a ocurrir cada vez que alguien lee o escucha el poema. Sin embargo, en Colonos esta restitución de la memoria no es un mero acto mecánico, ya que el autor aporta una mirada excepcionalmente aguda, irónica y personal de los hechos. Allí donde lo que podríamos llamar la ‘leyenda rosa’ de la colonización de la Frontera se vuelve una imagen folclorizante y turística, Sanhueza mira a contraluz para desatar un torbellino de imágenes pesadillezcas y a ratos surreales, pero siempre vívidas y frescas.

Con una técnica impecable, Leonardo Sanhueza construye una especie de épica de la historia cotidiana, donde no están ausentes la reflexión sobre el proceso mismo de la colonización, ni tampoco sobre el lenguaje que permite articular relatos y poemas. Por ejemplo en el poema Louis Schmidt el lenguaje se concretiza en los tipos de imprenta, que en la Araucanía de fines del S.XIX no sirven sino para ser munición de escopeta: “armados con escopetas de inagotable munición / que a falta de perdigones cargan con tipos de imprenta /para detonar abecedarios completos en la nada (…) Un día matarán a alguien con sus ráfagas de letras”(p. 38)

Es particularmente difícil destacar uno o dos poemas en una obra en donde todos los textos evidencian un trabajo tan orgánico, una estructura entretejida donde cada poema complementa a los demás, pero no de forma unívoca, sino en una multiplicidad acorde al tema que el autor se propone abordar. Sin embargo, me parece justo destacar el poema Máscaras, texto que constituye uno de los retratos más descarnados de los que forman este poemario. En él, Sanhueza aborda la definitiva imposibilidad de los colonos para adaptarse realmente al lugar en el que se encuentran: “Huir del sentido para encontrarlo, / ponerse una máscara tras otra, probar / todas las combinaciones: eso nunca/ lo aprendieron los colonos/ y siguieron siendo lo que eran” (p.58)  Siempre sobrepasados por su circunstancia, los colonos de Sanhueza convivirán con el horror de manera cotidiana, pero sin mayores aspavientos, como aceptando en silencio un destino desgraciado. Por eso, tal vez, cuando encuentran un cadáver con el rostro desollado (en el ya citado poema Máscaras) solo atinan, algunos, a cubrirse el rostro con sus manos.

Leonardo Sanhueza

Colonos

Editorial Cuneta, 2011

*Nelson Zúñiga González es Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La Ciencia del Silencio, de pronta publicación. Es gestor de “Poesía y Crítica”.

NOTAS

(1) Gustave Verniory, ingeniero belga contratado en 1889 por el gobierno de Balmaceda para la construcción de la línea férrea que uniría la Araucanía con el resto del país. Los diarios íntimos de Verniory se publicaron en 2001 con el nombre de Diez años en la Araucanía, por Ed. Pehuén, con prólogo de Jorge Tellier.

(2) Convendría tal vez hablar más de lo metafórico, ya que Colonos juega también a poner en jaque la rigidez con que se ha caracterizado a los géneros literarios, devolviéndole a la escritura –y a la lectura-  la flexibilidad y la plasticidad que la colusión Escuela-Mercado editorial le han quitado.

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