Archivos Mensuales: junio 2014

“Los escritores están atrapados entre dos tapas de un libro, pero la gente no”: entrevista a Jorge Baradit

por equipo PyC

Desde hace algún tiempo, el nombre de Jorge Baradit viene sonando con fuerza en el mundo de la narrativa chilena. Su trabajo, relacionado con el cine, la tecnología y cierta capacidad de especulación histórica, hace que algunos lo vean como un ‘bicho raro’. Sin embargo, este diseñador de profesión tiene una cantidad de lectores que ya se quisiera cualquiera de las más consagradas plumas nacionales. Al parecer, su capacidad de descubrir los monstruos que nos habitan tendría algo que ver… 


Baradit_4Jorge, me gustaría partir por lo más reciente en tu trabajo. Hay una buena recepción del público. Estás en la listas de libros más vendidos, lo cual es bastante difícil de ver en un autor chileno y de ciencia ficción, si podemos llamarlo ciencia ficción lo que tú haces…

 Discutible pero… (risas).

Es discutible, pero lo podemos conversar. También estás nominado al Altazor ¿te sientes un  escritor exitoso?

La pregunta es anterior, incluso. Es si me siento un escritor. Y no es la pará del pudor falso ni mucho menos, sino que efectivamente yo empecé a escribir recién el año 2005.  Todavía no tengo diez años en esto, empecé tarde, nunca fui escritor joven, ni promesa, ni nada de eso. Creo que hace un par de años pude escribir en algún curriculum la palabra “escritor”.  Yo creo que hoy día, 2014, ya puedo decir que me siento escritor… he escrito por lo menos dos novelas de las que me enorgullezco y un par donde por lo menos demuestro que el oficio lo tengo, que puedo contar una historia en trescientas páginas, un cerro de artículos, un cerro de reportajes y algunos cuentos por ahí. Diría que sí, soy escritor. Ahora, “exitoso” es un término súper elusivo, es muy complejo de definir. Para mí el éxito va a aparejado a qué tanto uno está feliz. La felicidad es una especie de equilibrio interior, va a sonar muy new age, weón, muy raro, muy chanta, pero la definición de felicidad tiene que ver con ser lo que uno es. Cuando uno es un conejo y salta, está feliz. Cuando uno es un águila y tiene que correr saltando, no es feliz. Entonces, que el águila vuele, que el conejo salte, que el perro corra y se rasque las pelotas y toda esa weá.  Entonces yo voy a ser feliz en la medida en que haga lo que puedo hacer, en que me sienta cómodo nadando si soy pescado y pueda ejercer hasta las últimas consecuencias las cosas que me gustan. Eso incluye no solamente ser escritor, incluye ser papá, incluye ser dibujante, incluye ser diseñador, ser aficionado a las artes visuales… y si más encima todos esos aspectos los puedes estructurar o los puedes conectar en una obra o en un conjunto de obras, mejor todavía. Entonces la respuesta a si me siento exitoso, digamos que…vamos bien (risas). El éxito no es un lugar que uno llega. Es igual que nadar, si tu paras, te hundes. Entonces esta cuestión es como surfear, mientras la ola está arriba está todo la raja pero tienes que tener claro que la ola va a bajar, que vas a tener que volver a patalear, te vas a tener que volver a subir y a lo mejor la ola que viene no va a ser tan buena. Eh…dejemos la pregunta en blanco (risas).

Además de escribir novelas, mantienes un blog permanentemente, lo que da cuenta de una intención de mantenerte en contacto con tu público ¿Cómo es esa relación y cuánto de eso influye también al momento de escribir?

Muchos escritores, o en general la gente del mundo del arte tiene prejuicios con esta relación directa con el espectador, con la persona que se encuentra con tu trabajo. Supongo que tiene que ver con que el arte en general es una pega súper introspectiva, en particular la del escritor es muy solitaria además. O sea un actor de teatro por lo menos se tiene que reunir y trabajar en grupo, el escritor puede estar encerrado dos meses sin ver a nadie. En mi caso creo que tiene que ver con mi trabajo como diseñador. Como tal,  tengo que trabajar para gente, tengo que interpretar lo que otras personas quieren y tengo que buscar el contacto directo con las personas porque son cables a tierra que me permiten medir, y en el fondo ser capaz de generar vínculos pa’ aprender lo que quieren, lo que no quieren. Esto no significa que yo utilice esas métricas o ese contacto pa’ generar lo que yo produzco. Yo tengo una especie de esquizofrenia interna, que es muy propia del diseñador. El diseñador trabaja con arte y con consumo, es decir que el diseñador aprende desde el mundo del arte, que es absolutamente ombliguista y que primero hace lo que quiere hacer y después ve cómo le afecta a las personas… si quiere.  A diferencia del consumo, que uno tiene que ver lo que la gente quiere pa’ ver que es lo que hace. Esto es como un doble embudo. En mi caso mantengo esa esquizofrenia interna y es el loco interno el que produce el arte y tengo esta otra dimensión que es el diseñador o el comunicador que busca mantener contacto con las personas para que ese producto artístico llegue de la mejor manera. Son compartimientos estancos, si no, estaría escribiendo novelas sobre…no sé po’, gays, o novelas sobre otras cosas que venden más. No, yo recibo este ladrillo extraño del loco que está dentro mío, lo miro, suspiro y digo: “¿cómo cresta vendo esta weá?” Ahí entra en acción ese otro aspecto que es el de comunicarlo.

Volviendo al tema de tu página. No solamente hay escritura sino que también hay bastante información visual, archivos multimediales, música, a propósito de tus novelas. Es muy poco común en los escritores manejar este tipo de plataformas para presentar  su trabajo. ¿Cómo nació esta inquietud de ser una especie de portal multimedial? ¿Tiene que ver con tu estética? ¿Tiene que ver con aprovechar las tecnologías del momento para llegar al público que ocupa esas plataformas sociales o  hay una concepción del libro que va más allá del libro?

Lo primero que siempre me gusta aclarar es que yo no le cobro esta actitud al resto de los escritores, esto es una decisión personal y tiene que ver con mi historia personal. Tampoco le cobro a nadie que esta sea la manera correcta de relacionarse con los lectores ni mucho menos, que todo el mundo haga lo que quiera hacer y yo no quiero apuntar con el dedo a nadie, esto es lo que me tocó y me tocó porque vengo de una educación que es amplia en ese sentido; yo me eduqué en arquitectura, en arte,  en diseño, y fui muy lector desde niño. Entonces, en el fondo el bagaje que tengo es de alguien que hace mucho rato sabe que la narración viene por muchas vías. Cuando chico leía mitología griega y para la historia de Cronos y el asesinato de sus hijos, el editor ponía el texto y al lado el cuadro de Goya. Esa dualidad entre imagen y texto me acompañó hasta mi educación académica. Como diseñador, descubrí que el libro es… ¿cómo decirlo para que no suene mal? El libro es un vehículo bastante poco apropiado, bastante pobre… incluso nuestro lenguaje es extraordinariamente pobre. Son 26 caracteres, un número de palabras reducido, nuestras palabras caben en un libro, es una cuestión muy rara. Entonces, como todo buen arte, el oficiante, el artista, ha tenido que estrujarlo, torturarlo, torcerlo, crear tropos literarios extrañísimos y combinaciones muy, muy raras para comunicar lo que quiere decir y en ese esfuerzo se produce arte,  y arte maravilloso y libros alucinantes. Pero no es la única forma de narrar. A veces siento que los escritores −y esto de nuevo es personal− están atrapados entre dos tapas de un libro, pero la gente no. Fíjate que cuando originalmente un cuentacuentos en una tribu te narraba una historia, el tipo generaba un espacio alrededor de la fogata, utilizaba silencios, esperaba que todos se quedaran callados, utilizaba el volumen, crecía el tono de su voz y de pronto utilizaba efectos especiales…  ¡pum! y se paraba, y utilizaba la sombra que proyectaba la fogata… es decir, estaba utilizando multimedios para narrar. Cuando cualquiera hace diez años, mandaba un correo para contar algo que le pasó, no sé, “fui a un recital”, ya no solo lo contaba, sino que además incluía un link,  pegaba una foto y los que tenían más cuento adjuntaban un audio, y eso a nadie le parecía raro. Sin embargo, todavía hoy, diez años después nos parece súper rompedor y revolucionario que un libro tenga un soundtrack  y que tenga fotos y uno dice “ah, bue…” esta cuestión se viene haciendo hace mil años y gracias a la web se está haciendo hoy, la gente lo está haciendo y ha superado, en ese sentido, a nuestros narradores, hace diez o quince años. Entonces, no encuentro nada raro en esto, no me parece anda extraño, me parece lo más natural del mundo y creo que aporta. Yo no descuido el libro por preocuparme del video, no descuido la prosa por estar tomando fotografías que pueden ser un aporte y tampoco creo que cada uno de esos productos, el soundtrack, las ilustraciones, el blog, los  documentales, los cortos sean productos que apoyen al libro; son objetos artísticos por sí mismos. Siempre me ha molestado cuando ven, por ejemplo, la idea del booktrailer,  de los clips y del soundtrack como un sol, que es el libro, y unos planetitas girando alrededor, que son el booktrailer y todos estos productos afines. Mi idea de libro es amplia: el objeto libro es un componente, el documental es otro, el soundtrack  es otro, cada  uno es autovalente, cada  uno tiene su propio relato y se conectan entre sí a la manera de una molécula, no como un sistema solar, y esa  molécula  suspendida en el aire, que tiene como componentes un libro físico, música, una página web, qué se yo, incluso un juego, finalmente son la obra. Por eso es que me arriesgo a sonar cursi o cliché, pero me interesa ser más narrador que escritor; ser escritor es un aspecto de la narración y tengo mucha hambre por estas otras dimensiones.

Baradit_5En tu última novela, Lluscuma, partes de un episodio bastante extraño de la historia reciente de Chile: el caso del cabo Valdés; una supuesta abducción ovni, y la cruzas con el contexto político de la época.  ¿Cómo nace la motivación, cuál fue tu propia experiencia al investigar sobre este caso y cómo lo fuiste tramando para unirlo?

Mi batería de intereses, mi formación, es heterogénea, por no decir promiscua. Yo no tengo una formación académica, no estudié literatura, no tuve alguien que me dijera “esto está bien que lo lea, esto está mal que lo lea”. No tuve  un modelo que me dijera “por Dios, deja de ver películas de superhéroes, ve a Ingmar Bergman” Yo veía a Bergman y veía Star Wars y no tenía ni un problema. Leía… mi papá era chofer y tenía acceso a los fardos de libros de la editorial universitaria de Valparaíso y como a mí me gustaba leer −yo tenía seis, siete, ocho años− él todos los días salía de la pega y sacaba un libro, el que fuera, y de repente él llegaba con Don Juan Tenorio,  de José Zorrilla, de repente llegaba con un libro de astronomía de Arturo Aldunate Phillips, con una selección de Los Cuentos de Canterbury, erotismo medieval, ¡cacha! Después llegó con Altazor, con Los altísimos, después llego con Todos los fuegos el fuego, ¿cachai? Y yo  los leía…

Un espectro bien variado.

Claro, entonces, como te digo, mi formación está llena de agujeros. Está hecha de palos, fierros encontrados en la calle, materiales de buena calidad y también latas, están amarrados con alambres y esta torre es muy enclenque y muy amorfa, no la hizo un ingeniero ni un arquitecto. Incluso los productos que salen da ahí, de esa máquina, son  más o menos equivalentes. Me interesa el folclor urbano, me interesa la idea de  rescatar estos episodios oscuros de nuestro folclor urbano como una manera, una intención propia de rescatar estos pasajes de nuestra historia para reflejar un momento de nuestro pasado. A mí me tocó vivir la dictadura de Pinochet, me tocó ser parte de la resistencia, me tocó vivir el abandono cultural, me tocó vivir la ceguera en la que vivía el país en esos años, me tocó escuchar a los Sex Pistols sin siquiera saber cómo se llamaban porque el tipo que tenía el cassette tampoco sabía cómo se llamaba eso que estaba sonando. Me tocó escuchar en un cassette a Rick Astley, después Motorhead, Metallica, Reign in blood de Slayer… todo era fragmentario, todo era alucinado, todo era deforme, todo era de origen dudoso. Entonces lo que yo hago ahora responde a eso. No tuve ningún filtro, ninguna educación ni refinamiento que impidiera que produjera estas weás ¿cachai? Quizá el haber leído mucho me dio una  prosa aceptable que me permite pasar los comités editoriales, pero Lluscuma nace de mi fascinación por estos eventos… por los curanderos, los videntes, por los avistamientos ovnis, por los continentes perdidos, por todo ese lado B de  nuestra historia que hoy se caricaturiza por los Ingen Aliens. No soy muy cercano al mundo ñoño propiamente tal, pero me parezco harto (risas).

Volviendo a la metáfora que hiciste de una persona como una estructura un poco enclenque y las cosas que salen de ahí, ¿Cuáles crees tú que son las influencias más grandes para tu trabajo?

Mira, lo primero son las películas de terror que vi cuando chico, pero hubo varias vertientes. Me regalaron un libro de astronomía, eso me mostró el tamaño insondable del universo, me dio una perspectiva cósmica muy angustiante. Después, tuve acceso a mucha literatura, mitología, la grecorromana en particular. Eso me dio una dimensión de los monstruos que habitan al interior de la psique humana. Jamás se me ocurrió que el Minotauro pudiera existir, sabía que eran pesadillas. Después de eso tuve acceso a mucho cine de terror, que me dio una perspectiva moderna de estos monstruos, descubrí que esto había acompañado al hombre desde siempre, desde sus inicios. Había un mundo debajo del sótano insondable como el cosmos, poblado de monstruos, y era un sótano que cada persona cargaba dentro; todos los que ves caminando por la calle tienen un saco interior lleno de monstruos, asesinos, criminales, minotauros, supernovas… y caminamos muy tranquilos por la calle, conversamos… y al interior hay batallas celestes, monstruosas, eternas. Y después apareció −todo esto por error, por simple choque, por colisión− Borges por un lado, Las mil y una noches, por otro, apareció Swedenborg por un tercero, Antonin Artaud. Y cuando llegó mi adolescencia, toda esta formación heterogénea, que me hacía vestir una chaqueta de cuero, con un parche de los Dead Kennedys atrás, tener mi banda de punk rock, pero además andar con las Iluminaciones de Rimbaud en el bolsillo y con una Fangoria en el bolsillo de atrás… ¿Qué cresta tenía todo esto en común? Chile estaba congelado en la modernidad, Pinochet lo había congelado en los años 60 o 70, esa fue una de las cosas que hizo Pinochet también, nos impidió la explosión punk, la ruptura, el quiebre con este sueño de que el mundo avanzaba, que el mundo y la gente avanzaban en una línea de progreso ascendente hacia una mejor humanidad. Todo este quiebre que se produce en los 70, Pinochet lo congeló. Nosotros seguíamos pegados en esta idea de que había una forma correcta de hacer las cosas, de que había un objetivo correcto, de que había una manera adecuada de enfrentar la situación. Yo pensaba que yo era un mutante, un Cuasimodo, y no veía valor en lo que me pasaba,  en esta monstruosidad que acarreaba. ¿Y qué podían tener en común Star Wars con  los Edda de Sturluson, o con el Cantar de los Nibelungos o Borges?, ¿Cómo, por qué esa lista de gustos? Artaud fue el tipo que más daño mental me hizo y me sigue haciendo.

Y es mi bandera calcinada, como decía  Breton. Y lo que tiene es que me interesa,  como también decía Breton: “hay otros mundos, pero están en este”. Me interesaban esos otros mundos, este mundo me vale madre, este mundo es un jardín consensuado y detrás hay monstruos, esta plaza en la que estamos es una caricatura linda, cuando los que están pasando por acá se quieren matar. Hay gente que tiene psicópatas dentro, súper controlados, hay cajas de metal que pasan a 90 kilómetros por hora  y la gente está parada al lado paseando. Sobre nuestros cielos hay asteroides a kilómetros de la tierra todo el rato, estamos al borde de la extinción, todos olvidamos que nos vamos a morir, que nos van a matar, que vamos  a tener una enfermedad espantosa. Todos vivimos en un punto ciego que nos hace no volvernos loco. Bueno, ese punto ciego ya está, no me interesa, me interesa lo otro, me interesa ver qué hay un poquito  más allá, escarbar debajo de la piel, hacer un hoyo y ver qué hay debajo. A lo mejor hay detenidos desaparecidos, hay torturadores, monstruos, minotauros, sangre… no sé. Me interesa la mostruosidad.

Según lo que tú planteaste, como por ejemplo la idea de modernidad, tú última novela primero fue apareciendo como los antiguos folletines…

¡Y en un diario de derecha! Así, de ultra derecha.

Baradit_2Justamente una práctica del S. XIX ¿verdad? …retomando algo que hablamos al principio que es el tema del estilo. Quizá no sea necesario definir un estilo, pero tomando el tema de la modernidad, tomando el punk, el Cyberpunk, el Steampunk que retoma mucho de la maquinaria del XIX ¿con cuál te sientes más cómodo o por dónde va el estilo de Jorge Baradit?

Siempre son otras personas las más apropiadas para decir esto, pero fíjate que más que retomar el folletín, lo que yo quería hacer era una serie de televisión. Cuando hablé con la gente de La Segunda, lo primero es decir que respetaron mi creatividad, hubo respeto por mis ideas, por mis propuestas a puntos bien extremos, o sea, incluí en la novela una frase que a ellos les duele. Escribí en un punto en la novela “los mataron como ratas”(1). Incluí juicios muy duros contra la derecha, tuvieron que aguantarse poner una ilustración a toda página de un torturado por la DINA en pau de arara(2). Se comieron muchos palos y fueron muy respetuosos. Una sola vez me pidieron como favor eliminar una frase y habían sido tan buena onda que la eliminé, no era relevante. Y en realidad, cuando les vendí el proyecto, cuando ellos me pidieron que fuera porque querían trabajar conmigo, ellos querían que yo escribiera cuentos, pero yo tenía en la cabeza el formato serie muy pegado. Hace mucho rato que la serie es mucho más interesante que el cine, es un lugar común ya, pero como hacer  series requiere mucho tiempo y mucha plata y como yo no tengo tiempo ni  plata pero quiero hacer las weás, dije ya, “hagamos una serie”. Imagínate, si te fijas, Lluscuma tiene 26 capítulos,  la cantidad estándar de una serie de televisión norteamericana y la idea era que cada capítulo tuviera tres arcos, un gran arco, y que cada capítulo fuera  autovalente y terminara en un cliffhanger. Tiene títulos, temáticas y se trabaja en ese sentido. El que estuviera  en un diario fue un accidente, yo lo relacionaría más con el formato serie que con el formato folletín. Ahora, con qué estética me siento más a gusto, pucha… en mis novelas como que me he paseado por varias: he hecho steampunk, retro futurismo, cyberpunk, atompunk y un montón de denominaciones, algunas que no conocía cuando las estaba haciendo y en general me doy cuenta de que el interés que hay tiene que ver con el transhumanismo, que es un concepto muy elusivo, muy amplio también y que tiene que ver con la persona y sus capacidades extendidas. Es decir, cuando  a ti te hablan de que te van a poner un chip en la oreja y  que vas a poder escuchar más lejos, que te vas a poner, no sé, los google glass y vas a ser capaz de leer ciertas cosas, estás haciendo un transhumanismo extrópico, es decir, te estás poniendo cosas por fuera para expandir tus capacidades. Se supone que vamos pa’ allá. El supersoldado que está preparando Norteamérica va pa’ allá, sin duda. Es un weón  inyectado en estimulantes que es capaz de ver vía satélite más allá, tiene visión nocturna, etc. Eso comenzó desde el inicio de los tiempos, este ser humano que quiere ser más. Desde 2001, cuando el simio agarra un palo, eso ya es  una extensión del brazo, cuando yo ando en mi moto, es mi cuerpo con  un motor andando a cien kilómetros por hora, llevo atrás un laptop que tiene una memoria a la que yo no puedo aspirar y que me conecta con una inteligencia  planetaria  y un celular con  el que puedo escuchar a distancia. Entonces, ya somos superhombres de alguna manera. Lo que me interesa de la tecnología no es qué tan de punta sea, sino esa capacidad que tiene en convertir al ser humano en un monstruo… de nuevo aparece la palabrita. Me interesa esa capacidad que  tiene la tecnología de extenderse más allá de las capacidades  y convertir a la persona en un santo, en un superhéroe, en un monstruo. Es decir, llevarlo más allá de su condición.

Para terminar este recorrido, centremos la mirada en el Chile de hoy con todo lo que está pasando. Según tu visión Jorge ¿Chile hoy está más cerca de una ucronía o de una distopía?

Como escribí en Synco, hay un juego de revés. Chile pareciera estar metido en un loop donde siempre está repitiendo sus mismos errores. Está esta idea de que Chile cada cuarenta años tiene una explosión social que es aplastada ¿no? Es decir, después de 1810 tienes la Sociedad de la Igualdad en 1850, la revolución de Martín Rivas… ¡Pam! Aplastada. Después 1891, de nuevo. Después en 1930, de nuevo la anarquía y esta idea de asamblea constituyente mula que terminó poniendo adelante Alessandri. Después, en 1970 ocurre este maravilloso milagro en un fundo, se organizan de alguna manera los inquilinos y logran poner a la cabeza del fundo a un representante de ellos, es un milagro insólito que de nuevo es aplastado por los dueños del país que, en el fondo siguen siendo los dueños… nosotros vivimos en sus jardines, en sus patios exteriores, y después, 2011, cuarenta años después, hubo una revueltita muy bonita, muy poderosa que también nos pone de nuevo en esta  intríngulis. ¿Somos capaces de dar el salto? ¿Somos capaces de construir una sociedad mejor? ¿O de  nuevo van a llegar esos poderes eternos que penden sobre nuestra cabeza aplastar el sueño y volvernos a fojas cero? Parece  que esta vez el horno no está para bollos, en términos de golpes militares o intervenciones religiosas. Están muy preocupados de sus propios problemas los militares, además la Concertación los dejó maravillosamente bien en términos económicos, aprendieron. Y los curas están demasiado preocupados de sus pedófilos como para meterse en problemas y al parecer no hay agua pa’ la piscina, es por eso que están tan desesperados en la derecha, están urgidos. Por supuesto, Bachellet no va a dejar contento a nadie, no va a dejar contento ni a los conservadores ni a los radicales porque está tomando un camino intermedio que le permite gobernabilidad. Tengo la impresión de que es un panorama completamente nuevo, un panorama que no hemos visto nunca antes, que nunca habíamos visto realmente. Aunque los más radicales critican con razón el programa de gobierno, yo creo que nunca se había tomado directamente de las pancartas de la calle un programa de gobierno, con más o menos matices, nunca se había sido tan literal  en tomar las necesidades de las personas y llevarlas a un programa de gobierno. No llevamos ni un mes todavía (3), hay que tener cautela. Tengo la impresión de que es un panorama completamente distinto al que hemos vivido en los anteriores ciclos de cuarenta años, y fíjate que soy bien optimista, tengo la impresión de que esto es un paso. Toda nuestra historia hemos avanzado tres pasos y hemos retrocedido cuatro. Tengo la impresión de que por primera vez estamos pisando firme en algo, no sé en qué, no cacho como va a seguir, no sé de qué manera podrían respingar los que siempre respingan. Tengo la impresión que es algo nuevo, si tú me preguntas, soy muy optimista… y no se puede ser de otra forma, si no, no hay nada que hacer, pégate un tiro ¿cachai? Yo soy optimista y tengo la impresión de que este es un primer paso de una caminata bien larga, pero como primer paso está bastante decente.

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Notas

(1)Titular de la segunda durante la dictadura destinado a encubrir la Operación Colombo que tuvo como resultado la desaparición de 119 militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El titular y la noticia hacían referencia a falsos enfrentamientos de los revolucionarios con fuerzas de seguridad extranjeras y fallecimientos producto de luchas internas.

(2)Forma de tortura empleada por la DINA que consistía en colgar a la víctima cabeza abajo de una barra situada detrás de las rodillas y delante de los codos. Las muñecas y tobillos se ataban juntos. Esta tortura produce intensos dolores en articulaciones y músculos, además de mareos y desorientación. Se cree que el término se originó cuando los traficantes de esclavos portugueses usaban esta tortura como una forma de castigar a los esclavos rebeldes.

(3)Entrevista realizada el 1 de abril de 2014.

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