Archivos Mensuales: enero 2016

La potencia del nombre. Desbautízame, de Ismael Rivera

por Luis Aránguiz

Desbautízame_Rivera“Desbautizame” es un poemario que ya desde el título llama la atención de un lector avisado. De inmediato nos recuerda el bautismo, ese solemne sacramento cristiano en que el niño es presentado ante Dios y la comunidad, o aquel arcano gesto en el que los antiguos le otorgaban un nombre significativo. De entrada, pareciera que se trata de un texto que pretende ponerse en contra de una u otra cosa. Podría sonar “anti-crístico” (o anticristiano), como dijo un amigo acerca de ese tipo de poesía. Desbautizarse parece ser el doble gesto de rechazar el sacramento y rechazar el nombre. Pero esta doble oposición, integrada en el corazón mismo del poemario e indisoluble con el propio autor, es la que permite situar esta obra más allá de lo meramente anti-crístico.

A lo largo del poemario pueden apreciarse distintos epígrafes que evocan a grandes como Arthur Rimbaud y, más cercanamente, al maestro Mahfud Massis y al presidente socialista Salvador Allende. Eso ya nos da clara muestra de las inquietudes del autor. Hay una tensión que queda muy claramente explicada en estos versos: “Allá arriba plazas y parques / juegos vacíos acompañados / por el óxido. / Allá abajo / ni plazas ni parques: / solo tierra baldía // y un enjambre de niños / jugando a ver un parque / entre los años del polvo” (17). Este poema nos muestra una realidad escindida. Por el contexto, puede deducirse la clara diferenciación entre el Santiago de los ricos y el de los pobres, entre el Parque Bicentenario y una plaza perdida en los barriales de Cerro Navia. Pero el nombre de este poema termina por decirnos todo: “Edén en ruinas”. Con ese nombre se nos invita a pensar en el verso de nuestro himno nacional en que se dice que Chile es “la copia feliz del edén”, acaso sea una copia mal escrita. Pero en otro nivel, teológico diríamos, nos invita a pensar en el  sentido que esto entraña como desbautismo: un Edén que en otro tiempo fue habitado por la perfección de Dios y el hombre, del que luego de la caída adánica no quedaron sino ruinas, y que se proyecta sobre toda la historia de la humanidad. Un Edén en el que no vale la pena creer. Este es un desbautismo de lo propiamente religioso, de la innegable influencia cristiana sobre el sujeto.

No obstante el desbautismo de la tradición, en el poemario también existe una clara alusión al propio nombre del autor. En el poema “Letras en la Llaga” encontramos el epítome “mi nombre está marcado” al comienzo de todas las estrofas. El poema termina con estas palabras: “¡Agar madre esclava! / No pudieron con tu fuerza / nada consiguieron con el destierro / de una madre y su hijo / tigres fuimos / somos tigres / habitamos el desierto” (14). En las cuatro estrofas anteriores se habla de orfandad, guerra, errancia e identidad, estas cosas marcan el nombre. ¿Pero qué nombre es aquel, sino el nombre del hijo de Agar y Abraham, condenado a estar siempre contra todos y todos contra él (Gen. 16,12)? Ismael, acaso sea el desbautismo su destino. El yo que enuncia y el autor parecen fundirse en una sola persona, los bautizados en el cristianismo dirían que parece una encarnación. El poema es una afirmación de vida radical. Pero si consideramos la naturaleza encarnativa de este hablante, es también una negación de la muerte del autor. No es solo que Ismael, el rechazado,  forje su destino, sino que rechaza el ofrecimiento de otra vida distinta de la que ya tiene. El bautismo es nueva vida. Él no quiere eso, reafirma su radical existencia.

En otra dirección, el doble gesto del desbautismo es también una paradoja. En uno de sus versos, el encarnado afirma: “Me niegas la caída al pozo / condenas el autosacrificio / a manos de este yo cansado” (12). Así comienza el poema “Desbautízame”. En tanto que el bautismo es garantía de vida, el desbautismo es señal de muerte. Desbautizarse es un volver a la muerte. No cualquiera: un suicidio. Es la negación de un mundo ideal, la resignación a un Edén en ruinas y la aceptación crítica de esa existencia. Desbautizarse es desnombrarse. Es un acto de clara rebeldía, pero una rebeldía justificable. Sin embargo, Ismael en particular es un nombre paria, desnombrarse de Ismael es también desnombrarse de esa propiedad inherente. Así, desbautizarse de un nombre como este no es lo mismo que desbautizarse de cualquier otro. Aquí está la paradoja que dota de una singular riqueza a este poemario: que en el intento de rebelarse contra el bautismo del nombre, al desbautizarse no encuentra sino la apertura radical hacia el ser contra el cual nos hemos rebelado. Esto no implica, obviamente, que aceptaremos acercarnos a él. El desbautismo trae la amplia posibilidad de recibir un nuevo nombre que, venga de Dios, de los padres o sea auto-impuesto, es un nombre que ha reclamado su libertad de existir.

En el decir poéticamente la palabra “desbautízame”, se ha producido una traducción de un conjunto de vivencias, observaciones y reflexiones. Ha ocurrido, como Walter Benjamin diría, “la traducción de aquello que no tiene nombre al nombre” (102). Este nombrar poético (que es donde genuinamente el hombre es Dios) entraña una actitud humana, la de la disconformidad, y es también la palabra que enuncia un acto en que se involucra directamente a Dios. Pero si vamos ahora a la otra dimensión, la del nombre propio,  ¿Qué es Ismael? Desbautizarse, en cualquiera de los dos sentidos que hemos dicho, es estar cara a cara con Dios no como un hijo y un padre, sino como un hombre frente a un hombre. Y como el bautismo es cristiano y no judío, desbautizarse no es estar frente al Dios Todopoderoso, el terrible juez, sino estar cara a cara con un igual, ante el Dios encarnado, un hombre. De este modo, el doble gesto desbautizador es una afirmación de libertad, pero al mismo tiempo la afirmación de un pasado imborrable. Y es esta, creo, la marca del nombre. No que se lo tenga, sino que aun al negarlo, lo pronunciamos eternamente como una huella de una impostura de nuestro devenir.

“Desbautízame” es un poemario que requiere una lectura atenta. Aunque las proyecciones de su contenido son de mucho mayor alcance y podría haber sido aún más rico, con todo, es una pieza que no solo resultará interesante por el uso de sus metáforas y alegorías que buscan un lector avisado, sino también porque ella misma da cuenta de un proceso de vida que está lejos de pertenecer al autor. Pertenece a una generación, pertenece a todos los que se han hecho la pregunta por Dios, el mundo, sus vidas. Esta es la eterna paradoja compuesta por el ser divino y el hombre, cualesquiera sean sus nombres.

Desbautízame

Ismael Rivera

Oxímoron, 2015

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl.

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Referencias

Benjamin, Walter. “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres”. Conceptos de Filosofía de la Historia. La Plata: Terramar, 2007.

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EL QUIEBRE DE UN MUNDO: UNA MUJER SOLA SIEMPRE LLAMA LA ATENCIÓN EN UN PUEBLO, DE NATALIA FIGUEROA

por Cristhian Torres

Una mujer sola siempre llama la atención en un puebloUna fuerza viva contenida, un erotismo apenas insinuado, recuerdos quebrados por el tiempo y notas de un viaje a bordo de sí mismo, son apenas algunas de las temáticas de Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo (2014) de Natalia Figueroa, publicado por DasKapital Ediciones. Hay en sus poemas un torrente natural, una impetuosa avenida difícilmente controlada por las palabras: “piensa, si aprendo a conjugar todos los verbos / puedo arruinarlo todo” (66). Se trata del testimonio de un quiebre entre el hombre y la naturaleza, como bien lo describe el hablante en el poema “Symi”, al ser testigo del corte de un árbol:

Yo comenzaba a sentir tristeza

por el momento cada vez más próximo

en que el tronco cedería al empuje de la grúa

y sería materia sola

interrumpido el ciclo del agua en su savia

sin comunicar ya la luz del cielo

con lo oscuro.

Como si se quebrara una columna vertebral (8).

Acaso el poeta no sea sino el testigo impotente de un mundo que se quiebra. De esa Cuaternidad perdida de la que hablara Heidegger: la necesidad de asumir el mundo desde la armonía con la naturaleza, desde su cuidado. El sujeto poético de estos poemas sabe de la fisura, es consciente de ese ciclo interrumpido entre los elementos; de ese tejido de correspondencias que vive más allá de las palabras. Una columna vertebral totalmente fracturada y rota: es esta la metáfora de un mundo que se expande de espaldas al dolor. Sin embargo, el poeta es también la mano que corta, je est un autre, diría el enfant terrible: “mis manos eran fuertes y seguras / al manejar la pala que empujó finalmente el tronco / al costado / donde también yo caía.” (8) El sujeto poético es parte del entramado: es, al mismo tiempo, el espectador aterrado de un crimen, el criminal y la víctima. Al poner el tronco a un costado el sujeto se identifica con el ser herido de muerte. En este orden de ideas, cada espectador de esta muerte lenta camina sobre una silenciosa masacre: “Si pasara de nuevo por ahí / no sabría que camino sobre un árbol cortado.” (9)

De la mano de esta fuerza natural quebrada, hay un erotismo que asoma a través de las figuras de los árboles, del caracol, entre otros. No obstante, estas imágenes son mucho más que referencias a la sexualidad: “mi caricia le gusta / llena mi mano de baba / y casi sale por completo de su concha” (44). Estos versos son apenas algunos ejemplos de la delicadeza del lenguaje decantado de Natalia Figueroa. El caracol se convierte en una figura reiterativa, un leitmotiv que encarna la imagen del exilio, del viajero cuya única morada es su propio cuerpo. Pero también es el símbolo de un tenue erotismo, como los movimientos de un caracol que, aún cuando huye con todas sus fuerzas, no puede dejar de ser lento. Sin embargo, la metáfora del molusco también se quiebra: el hombre pierde el cobijo del mundo y se convierte en huérfano; el viajero se sorprende al encontrar que su cuerpo también sufre la fragmentación; ni siquiera el eros puede sobrevivir a la fractura de nuestra propia columna vertebral: “Y por mí se trizó su concha hasta que fue inútil sellarse” (46), se lamenta el hablante en el poema “Nano”. También sirve a los efectos del gran quiebre la tortuga del caparazón roto en el poema “En el veterinario”, cuyo pronóstico sintetiza algunas de las ideas ya expresadas: “Nada se puede hacer / tendrá / una muerte lenta” (13).

El libro cierra con el poema titulado “Primavera”, y aunque desde una lectura superficial se podía decir que los poemas sostienen un tono pesimista, en realidad se trata sólo de un artificio, pues todos ellos se instalan desde una defensa vital que mantiene la calma como ”El calor de una vida en llamas” (40). “Primavera” puede ser leído como un arte poética donde las orquídea son como los poemas: “Capaces de engañar a las moscas / soltando olor de cadáver / y de atraer a las abejas con fragancias idénticas a / las de sus hembras” (70). El poema, como la orquídea, puede engañar al lector: hacerlo sentir el olor de la muerte o enamorarlo con su perfume, parafraseando a Baudelaire. El poeta debe conocer las necesidades del poema, cuándo necesita agua o calor e, incluso, cuándo necesita ser completamente abandonado: “no es fácil cultivar una orquídea / aprender a darle vida a una planta / que recién al tercer año dará la flor. El exceso de cuidado la arruina.” (71) No obstante, siempre es posible el efímero resultado, el clímax de la experiencia estética, ese eros contenido, “la intuición del instante” (Bacherlard). Siempre es posible “Asistir a la vibración final / ese ajuste liberado en el aire” (71).

Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo

Natalia Figueroa

Das Kapital, 2014

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Christian Torres (Bogotá, 1982), escritor, músico aficionado y profesor. Autor del libro Relatos sin calibre (2014), ganador de una mención meritoria por parte de la Universidad Nacional de Colombia y publicado por la Editorial de la Facultad de Artes de la misma universidad. Algunos de sus poemas han sido recopilados, entre otras publicaciones, en el libro En tierras del cóndor: muestra de poesía, Colombia – Perú, publicado por Taller de Edición ROCCA en el 2014. Docente y promotor de lectura en diversas instituciones colombianas y chilenas. Es candidato a doctor por parte de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vive actualmente en Santiago.

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