Archivos Mensuales: noviembre 2015

“Despedirse del cuerpo con besos complicados”: Tachar donde dice Beatriz, de Eugenio Castillo

por Francisco Martinovich

Tachar donde dice BeatrizSobre la obra

En su disposición sin capítulos ni pausas a lo largo del texto, los 42 poemas que conforman de Tachar donde dice Beatriz (Camino del Ciego, 2014) dan cuenta de un ejercicio enraizado en lo más profundo de lo humano: expurgar la pérdida, velar el dolor, sobreponer la integridad y materialidad del ejercicio verbal (y poético) por sobre el inevitable desgarro que es la muerte, en este caso particular, autoinfligida.

Sin oxígeno ni separación entre el verso contenido y la prosa poética, los textos que constituyen el primer libro de Eugenio Castillo representan, para quien se enfrenta a su primera lectura, un desafío: tendremos que saber o disfrutar de su anómala integridad o hacernos nuestro propio panorama sobre los distintos temas y formas empleadas en el libro. Es quizás en honor a este ejercicio que surge la siguiente lectura.

La maldición de ser estrella y de ser inmensa

El cuerpo humano es una máquina sabia, autosuficiente en base a su propio instinto. Esto hace que ante la presencia del dolor o el mal en su interior, naturalmente nos inste a vomitar: a sacar forzosamente lo malo en pro de recuperar la salud previamente ostentada.

Un gran número de textos, los que podemos identificar por una destemplada prosa poética, hacen eco a esta pulsión. A través del lenguaje, intentan sacar a la fuerza el dolor originado por la pérdida. Este ejercicio, no desestimable en primera instancia, termina en textos cargados de imágenes y, más todavía, de una convicción narrativa que trasgrede toda distinción de género literario (siempre muy correctas y adecuadas, pero particularmente inútiles de asumir para la ocasión).

De la pérdida florece una avalancha de palabras que podríamos describir como informe, violenta y sin un hilo conductor temático o formal. En muchos casos, la voz del hablante se convierte en el narrador de conclusiones poco poéticas, abrazadas a una sabiduría atemporal y universal que transforma la intimidad del dolor en “una aspirina”: un remedio multifuncional que sirve para todos. Muchos versos terminan con la apariencia y el fondo de una frase hecha, barata y muy distante de la profundidad que el dolor merece: “El cielo es un pescado recostado sobre el mar y el sol de oriente es el ojo que le vemos de perfil” (10) “Esta vida no es para mí más que una buena razón, y yo ya no me quiero defender” (32).

El imaginario que abunda en estas prosas es uno con alusiones directas a personajes y episodios bíblicos, emulando de cierta manera el dolor de la pasión de Cristo a aquel generado por la muerte del (casi) anónimo referente de estos poemas. De alguna manera este paralelo tiene sentido: el protagonista de los evangelios bíblicos recorre en ellos el camino hacia su muerte con plena conciencia y sumisión ante ella. Un suicidio planificado por otro cuerpo en otro mundo: “Y una a una te fueron extrayendo las espinas, y antes de ponerte la preciosa corona, el Dios padre te extrajo el último pedazo de la última espina que te quedaba […] ¡Hágase la voluntad de uno de tus días!” (36).

Junto con su vocación narrativa incuestionable, las prosas poéticas de Castillo y su motivo dejan otra interrogante para el lector: el hablante expurga el dolor no por medio de un elogio o crítica del otro desaparecido, sino a través de la búsqueda y persecución del yo.

La autodefinición por medio de un constante guiño al nacimiento (al reafirmar el origen del hablante en la figura de la madre muerta) genera una contradicción que puede explicar la ambigüedad latente en estas prosas: mientras más se busca eliminarlo, más se vuelve a experimentar el dolor: “Cuatro primos, hijos de cuatro hermanas que se suicidaron en grupo; ¿sienten cómo llegan las culpas de mujeres por arriba y por abajo?” (18).

El afán constante de explicar esta contradicción por medio de imágenes poco gráciles pero no lo suficientemente feas, sumado a la circularidad de la vocación narrativa en cada fragmento, le da poca movilidad y progresión a los textos.

La música

Otra historia es aquella de los textos en un verso más medido. Intercalados y alternados con las prosas previamente comentadas, los poemas en un metro más contenido son el punto alto de este libro.

Entre intentos de plegarias, vaticinios, añoranzas y reclamos, el verso contenido es el mejor registro en el que Eugenio Castillo logra moverse en el libro, logrando hacer de la contención el mejor espacio para ese dolor que la verborrea no logra eliminar del hablante: “El cuerpo empieza por la punta de los pies, / el fuego pisa,/ primero soy yo,/ luego cunde la hoguera” (55).

Ante esta imposibilidad de sacar el luto, los versos breves dejan al lector la impresión clara de que quien asume ese dolor es aquel más cercano a dejarlo atrás y llevarlo consigo por el resto de la vida: “Y aunque clame mi madre porque no sea verdad,/ ¡quiero al Cristo partido por la mitad!/ ¡No le iré a la muerte con toda mi vida!, ¡Le digo: muere más, al que tan sólo moría!” (31).

Como se manifiesta en la última cita, en los poemas en verso siguen abundando las imágenes en referencia a Dios y el imaginario bíblico, pero en una forma que las potencia, las encauza y las hace más fuertes y relevantes para la integridad de cada texto: “Tal vez Dios persone por amor al arte/ el alucinado suicidio de la que fue mi madre. / Aunque llevaba en su vientre mi olor de nacido/ se reventó el cuerpo, como si no fuese mío. / ¡Qué daría yo por perdonar lo poco!” (49).

Sobre la edición

La factura rústica del libro responde a las expectativas de los textos. Mal que mal, en términos de su configuración no piden mucho más de lo que la edición misma muestra. Repararé, de todos modos, en un detalle poco importante, pero digno de tener en cuenta. La incorporación de ilustraciones en el libro es totalmente irrelevante y prescindible. Estas no generan diálogo alguno con los textos y su aparición errática en mitades de página o tres cuartos de página, siempre en alineaciones que exceden el margen del texto son un argumento contra su presencia en cuanto quitan armonía al libro como objeto.

Además (mal de libros) el tiempo y el clima le juega en contra a estas ilustraciones pues en aquellas páginas a las que la impresión encara de frente a otro texto quedan marcas de los residuos de tinta. Esto ensucia los textos de forma incómoda e innecesaria. Como contrapunto, la selección del título y de los versos de contraportada son un gran acierto al que, como se ha intentado establecer en esta breve crítica, el texto no responde del todo.

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Tachar donde dice Beatriz

Eugenio Castillo

Camino del Ciego, 2014

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Francisco Martinovich Salas. Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado “Lidia” (Yogurt de pajarito, 2013), “Sospecha de Nada” (Gramaje Ediciones, 2014) y co-editado el libro “Obra Poética. Juan Marín” (Cuarto Propio, 2014). Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios. Actualmente dirige el Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112, es editor en Cerrojo Ediciones y co-organiza el ciclo “Lecturas  Mistralianas” en el Museo de Arte Colonial de San Francisco.

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“Ya no basta con rezar, tampoco basta con protestar”: Igualdad, Agustín Squella

por  Manuel Vallejos

Igualdad OKEn Igualdad (Universidad de Valparaíso, 2015), Agustín Squella, profesor de filosofía del derecho y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2009, propone en formato clásico —el ensayo, el tratado, el manifiesto—, un tema de vital actualidad: los alcances de la palabra “igualdad” en nuestro contexto social más inmediato.

Squella parte de lo que Lipovetsky señala como la condición de las palabras en la contemporaneidad: “un lenguaje eufemístico y tranquilizante, un lifting semántico” (La era del vacío 22), constituido para domesticar al individuo. Parte —es un decir—, puesto que el autor va más allá y ejerce un develamiento, una crítica del uso aséptico de la palabra “igualdad” en el contexto político, económico y mediático contemporáneo. Así, a la manera de Claudio Guillén, nos muestra que a partir de una sola palabra se puede ingresar en el mundo con mayor precisión y alcance: una hebra lingüística con la que deshilvana la madeja de usufructos y disputas que el término igualdad ha suscitado. A propósito nos dice: “¿Ocuparse de las palabras? ¿Ocuparse de una palabra en particular, por importante que sea? Sí, ocuparse de las palabras puesto que pensamos con ellas. Verse la cara con las palabras es vérselas con el pensamiento” (13). De esta suerte, Squella nos hace perseguir el siempre difuso sentido de las grandes palabras con las que organizamos nuestros principios y valores sociales pero a las que rara vez dedicamos alguna reflexión.

El autor, desde la filosofía política y jurídica, demarca algunos sentidos de este término vinculándolos a diversos niveles en los que la igualdad se manifiesta en términos políticos, sociales e individuales. A la vez, hace patente su diferencia con jibarizaciones del término tales como­ “equidad” e ­“igualdad de oportunidades­”  y  cuestiona la supuesta oposición de esta palabra a otras categorías como ­“diversidad” o ­“pluralismo”: “Lo opuesto a ‘igualdad’ no es ­‘diferencia’ sino ­‘desigualdad’” (52).

De este modo,  la incisiva y amena argumentación por la que Squella nos guía, posiciona a este manifiesto como un imprescindible en el debate actual no solo de la educación, sino también de los escándalos de colusión económica que agitan las aguas chilenas. Si a ello agregamos  la cuidada edición a la que la Editorial Universidad de Valparaíso nos tiene acostumbrados, entenderemos el por qué esta obra se encuentra en su segunda edición a menos de un año de su publicación.

Igualdad

Agustín Squella

Editorial Universidad de Valparaíso, 2015

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Manuel Vallejos Carrasco (Santiago, 1985). Magíster en Letras, mención Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Premio Especial Roberto Bolaño 2009, mención poesía y Becario de la Fundación  Neruda el mismo año. Actualmente dirige el catálogo de poesía de Gramaje Ediciones.

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Referencias

Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. Trad.  Joan Vinyoli y Michele Pendaux. Anagrama, Barcelona: 2010.

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“Meter las manos a la memoria”. Mapa de Guerra, de Eduardo Serrano

por Luis Aránguiz

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Mapa de Guerra es un libro de poesía escrito por Eduardo Serrano. Está dividido en cuatro etapas que son descritas como “alas” de un recinto. Cada una de ellas remite a espacios determinados relacionados con la guerra: I. Hospital Trinchera, II. Trinchera Disco, III. Llanuras árticas y finalmente IV. Posguerra. Así, si bien son etapas con contenidos diferentes, todos ellos están vertebrados por la noción que titula al libro: la de un mapa de guerra.

Se trata de un texto polimórfico. Cada etapa viene acompañada de imágenes complejas que exigen atención. Con un verso libre pero no por ello desprovisto de cadencia, Serrano profundiza en nociones como mapa, memoria, cuerpo y ciudad. Quizá, como en todo libro de esta naturaleza, el epígrafe ofrezca una pista de lectura importante. Se trata de una cita del argentino Osvaldo Lamborghini: “Te escribo desde el descredito. /Yo no hice una obra, hice / una experiencia” (9). De algún modo, estamos frente a una tensión en la que el texto pretende ser la plasmación de una experiencia.

El hablante se presenta con dos estrofas significativas: “hacernos un mapa de guerra / en todo el cuerpo / entonces parecía ser el método // la manera más efectiva de inyectarnos / la cartografía en las retinas” (15). A lo largo del poemario, en todas sus etapas, encontraremos en reiteradas ocasiones el motivo del cuerpo como un espacio cartográfico. En él no solo se registra el mapa, también la ciudad. Pero la cuestión que importa más es la que dice relación con la necesidad de registrar la vivencia, o en otras palabras: no ser destrozado por el olvido. De ahí los versos: “para recuperar los recuerdos / y recomponer la realidad / destrozada por el olvido / debo asumir una ardua actitud de limpieza / y comenzar a recoger por partes / todos los pedazos dispersos: ir a través de los pantalones / arrugados sobre la silla / y encontrar gotas de noche en los bolsillos” (19). Lejos de ser el cuerpo un mero objeto de la conciencia, parece ser el principal referente en el que se almacena la memoria. No se la busca en lo cognitivo, se la busca en las marcas de lo vivido. Después de todo, ¿acaso no necesitamos de un referente para recordar? ¿Y no puede ser ese referente nuestra propia corporeidad, la vivencia esculpida en ella?

El hablante dice: “voy  escribir con vidrios rotos / toda mi derrota en las murallas” (21). Hay en su voz la necesidad de existir, pero también de dejar huella fuera de él. Las murallas son señales para otros. El cuerpo por su parte, en tanto objeto de la marca, nos revela la intención de dejar una huella para sí, y en esta dirección recuerda la afirmación de un joven Walter Benjamin: “la experiencia resultará dolorosa para quien busca en ella, pero difícilmente le dejará sin esperanza” (95), experiencia que no es otra cosa que conocerse, o podríamos decir “mapearse” a sí mismo. El libro parece ser un recorrido, una metanarrativa de la experiencia de la guerra contra el olvido. El cuerpo mapeado en guerra es la mejor prueba del ser. Marcado, doloroso, herido. Pero vivo. Ciudad y cuerpo están ahora unidos por el mapa de guerra.

En la etapa de Posguerra no hay poema. Solo una imagen. La palabra no es necesaria. Meter las manos a la memoria no será otra cosa que encontrar paz en una guerra que ya ha terminado. O para decirlo con Benjamin, al meter la mano en la memoria, en la experiencia, para buscar en ella, sentiremos dolor pero no desprovisto de una esperanza aun cuando se esté “a los pies de la ciudad que naufraga” (61).

Mapa de Guerra

Eduardo Serrano

Das Kapital, 2014

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la UDP.

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Referencias

Benjamin, Walter. La metafísica de la Juventud. Barcelona, Paidós, 1993.

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