Archivos Mensuales: junio 2016

Imágenes con aroma a Cafeína

por Jorge Lorca

12674414_10154528621987785_1289850882_nEl libro de Cristóbal Valenzuela Berríos lleva por título La ciudad se llama cafeína, un nombre estimulante y sugerente para una colección de fotografías que en su gran mayoría fueron registradas durante sesiones nocturnas, entre los  años 2012 y 2014. Retratos donde la falta de luz natural es impostada por la luminiscencia artificial de la ciudad, la que aporta a los objetos una investidura diferente, carente del brillo orgánico de la iluminación solar. Fotografías que adolecen en algún sentido de fotofobia, con un fondo sombrío desde donde parecen emerger, en cada caso, de aquel lugar que resulta ser una noche sempiterna que se repite, sin tiempo y sin porvenir, desde el origen mismo de la trasnochada historia de una urbe.

La luz se presenta en las fotografías de Cristóbal Valenzuela Berríos como una mancha reincidente que hace brotar figuras a contrapunto desde un fondo abisal; desde una suerte de subconsciente urbano, en que un territorio a medias colonizado por la mirada mezcla difusamente lo real con lo onírico. Ese flâneur noctámbulo que con su mira a cuestas, sale a cazar historias o pequeñas viñetas que narran; cada una desde su propio espacio acotado, cómo esa noche santiaguina se resiste al descanso.

Algunos casos puntuales de imágenes que podemos individualizar en relación con lo anteriormente dicho son, por ejemplo: “Pasajeras en el Metro de Santiago. Noche de año nuevo, 2014” (17), “Air Guitar en bar de calle Monjitas. Octubre, 2014” (31), “Gusi en Avenida Macul. Junio, 2013” (69), “Mujer en local chino. Santiago Centro. Noviembre, 2013” (71) o “Barrio Patronato de madrugada. Septiembre, 2012” (89), donde cada uno de esos registros refleja, en sintonía, un espacio híbrido de transferencia entre intimidad y publicidad citadina. Ya sea un insignificante (des)encuentro festivo la noche de año nuevo, seguramente irrepetible, entre dos jóvenes muchachas desconocidas en el tren subterráneo de la capital. O el ser arrebatado repentinamente de contexto por parte de un parroquiano amante de la música en un bar santiaguino; estando inmerso en la escucha de una de sus canciones favoritas, con audífonos, los ojos totalmente cerrados y un mensaje perteneciente a la cultura de los medios transnacionales de producción, el cual señala, pertinentemente, “solo hazlo”. La mirada cómplice y seductora de una hermosa señorita que se nos presenta casi como una aparición, mientras arregla coquetamente su pelo frente a la cámara en un paseo nocturno por avenida Macul. El momento de relajo y distracción de una joven oriental sobre una silla en un local de ventas, observando embebida su celular en medio de una tienda de artículos exóticos. O un barrio popular como Patronato, donde la calle presuntamente solitaria se estira al ritmo centellante de las luces municipales, murmurando su secreta muerte advenediza, que dura solamente hasta la nueva aurora. Todas estas son pequeñas viñetas nocturnas travestidas a veces en hermosas postales citadinas, donde el silencio es cada vez más de paso, donde la luz eléctrica se apodera del letargo y donde la voz se apaga cediendo su espacio a los ladridos, a los golpes sordos y a un cielo cada vez menos astronómico.

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“Papel encontrado en la calle, 1 de enero del 2013”

Un espacio pertinaz, en que tal como nos enseña la fotografía “Papel encontrado en la calle, 1 Enero del 2013” (83), en cuya doble conciencia proyectiva se señala primero, performativamente, que se duerme, pero donde en realidad lo que se lleva a cabo es el acto de escribir dicho mensaje estando despierto, para que luego otros, cualquier otro, en un acto desfasado en el tiempo, no interrumpa la verdadera promesa profética y reincidente del descanso. Con ello se nos patentiza un doble juego entre lo literal y lo representado, tal como sucede siempre en la fotografía, es decir, creemos ver por vez primera aquello que se nos presenta, pero lo que sucede en realidad es que ese mundo registrado y vuelto objeto de contemplación, ya no existe, ¿por qué?, porque ha cesado de acontecer y ahora sólo comparece como objeto estético de representación, bajo un efecto también de paralaje (1) temporal.

La fotografía, en su cura parcial contra el devenir y contra la destrucción de la presencia concreta; como objeto y efecto de conjuro protésico, persigue combatir la mortalidad y el paso irrevocable del tiempo, lo mismo que con su inevitable alteración por impostación mecánica, cae en la ilusión de mostrarnos la realidad tal como es.

Valenzuela Berríos se afana persistentemente en mostrarnos la vida nocturna de la ciudad, tratando de mirar y reflexionar en torno a la figura de la urbe pensada como reducto y enjambre vivo, donde objetos y personas se ponen en relación, no sólo entre ellos, sino también con la luz y las sombras que les rodean. Cristóbal sale de cacería nocturna y a veces logra, acertadamente, llegar con una buena presa a puerto, otras veces en cambio, se pierde divagando en esa obscuridad que tanto le fascina y que le hace perder a ratos su sombra.

Cristóbal Valenzuela Berríos

La ciudad se llama cafeína

Ediciones del Desierto (2015)

20 x 23 cm., 112 páginas.

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Jorge Lorca Leiva (1974) Ensayista, investigador, curador, archivista, docente y esteta. Doctor © en Filosofía por la Universidad de Chile y Licenciado en Educación y Profesor de Filosofía por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). Tiene además un postítulo en Estética y Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Se ha adjudicado la beca “Capital Humano Avanzado” para Doctorado Nacional, por la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología CONICYT del Gobierno de Chile y el Fondo del Libro del CNCA, Convocatoria 2016, en la Línea de Creación, Ensayo. Es colaborador permanente de la “Revista de Teoría del Arte” de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, miembro del comité editorial de la Revista Internacional de Filosofía “Mutatis Mutandis” y árbitro revisor de la “Revista Enfoques” de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central. Ha participado a su vez como mediador artístico en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile y como curador en importantes galerías y espacios de difusión de la cultura y las artes.

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NOTAS

(1) Por paralaje simplemente me refiero a una variación que produce un tipo de desviación angular aparente en la observación de un objeto.

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Al sur de la palabra: Fractal, de Roberto Soto

por Valeria Fuenzalida

Fractal_Roberto SotoFractal es la primera publicación del poeta chileno Roberto Soto, proveniente de la ciudad de Los Ángeles, editado por Camino del Ciego Ediciones.

En una primera instancia, la escritura del autor pareciera transitar tópicos comunes de la literatura, que han sido visitados y revisitados por los poetas. Los títulos de cada pieza poética evocan estos clásicos: “Amor”, “Eternidad”, “Destino”, “Utopía”, “Develación”, “Tentativa de revolución”. Sin embargo, a medida que la lectura se adentra en el poema, la certeza del tópico se desdibuja, en imágenes disímiles, parciales, fractales, donde finalmente el “lugar común” es desmenuzado y fragmentado, reinventándolo desde lo particular y desde lo cotidiano, sorprendiendo al lector y encontrando lo universal en su diaria contradicción.

Es preciso detenernos en el poema que abre el poemario y que se titula “Boceto Manifiesto”. En una suerte de declaración de principios, el hablante se sitúa al sur de la palabra: “Me ubico al sur de la palabra, en el Linhde de la provincia lárica” (7). Al sur de la palabra, o sea, al sur de la literatura, en el linde o límite de esta. Desde aquí el autor afirma su compromiso con Linh (“en el Linhde”), además, se des-cuelga de la poesía lárica, ética y estética fundada por Jorge Telleir, que busca afirmar el orden inmemorial existente en la provincia y los campos, en oposición al caos citadino. Culmina señalando: “Acudo a la muerte de los malditos, escondido detrás de los visillos y cortinas” (7). Siempre desde el límite, desde el visillo, desde el linde, se nos presenta como un hablante fronterizo.

Por otro lado, el poema titulado “Certeza”, nos instala inicialmente en ese encuentro privado con nosotros mismos, comúnmente frente al espejo del baño, común, cotidiano, íntimo. Es ahí donde, en un esfuerzo consciente, la existencia se despoja de las relaciones materiales que la envisten:

“Dar un portazo al universo que formó mi cuerpo (…)

Sin aves, sin marías, sin rezos

sin dioses, adioses, ni rencores

sin epifanías ni epifenómenos

el hombre frente al hombre” (8).

El cuerpo se sitúa en un existir “fuera del mundo”, despojado de todo, para luego el cuerpo mismo desgajarse, desmigarse, hasta pasar a ser sólo una “convergencia de fluidos” (9), donde solo se mantienen, débiles, los recuerdos que forman al poeta como ser:

“el piano de Rachmaninov

cuentos desperdigados de Bioy

la voz de Bolaño” (9).

Como este, las obras que componen este poemario oscilan entre lo cotidiano y lo abisal, lo corporal y lo etéreo, en un ejercicio desenfadado y lúdico que tiene como resultado una lírica compleja y atractiva.

El poemario recorre sucesos y relatos de nuestra cotidianeidad, el amor, el destino, el dolor, reescribiéndolos desde las miradas particulares y el lugar privado. Como observando desde un fractal, asistimos a diversas experiencias: la voz desvariante de un enfermo, la confusión de una uniformada protocolar al perder su embarazo, los ex revolucionarios enfrentados al sin sentido posmoderno: “Si nos allanan encontraran el triciclo de nuestra hija / y unas sábanas que tocan tu cuerpo una vez a la semana” (54). Los tópicos trascendentales son desafiados a su devenir irreversible en la escritura de Soto, convirtiendo este poemario en un ejercicio literario contemporáneo y necesario.

Roberto Soto

Fractal

Camino del Ciego Ediciones, 2014.

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Valeria Fuenzalida Vargas (1990), es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica, mención Literatura, y Profesora de Educación Media, en Lenguaje y Comunicación (UChile). Ha participado como organizadora en las Jornadas de Literatura Latinoamericana “Palabra Abierta”, donde también se ha desempeñado como expositora.

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Memorias, hablas y lugares: Animitas, de Yeny Díaz Wentén

por Daniela Stevens

Cubierta AnimitasRememorar a las personas que han sufrido una muerte trágica, violenta e inesperada es una práctica habitual a lo largo de nuestro país. En diferentes espacios públicos del campo y la ciudad, se levantan pequeñas casitas que albergan fotografías, adornos y flores. Según el caso, se transforman en templos populares para el fallecido. Este mismo ejercicio de memorialización compone el trabajo poético de Animitas, correspondiente al segundo poemario de Yeny Díaz Wentén (Los Ángeles, 1983). Dicho texto, publicado por Gramaje Ediciones en 2015, inicia con un enunciado clave para la lectura: “A la orilla de la carretera hago de’o pa’ que me lleven al cielo” (10). El epígrafe anterior, en tanto introducción, posiciona la carretera como un espacio fundamental, donde autopista y poemario se igualan para levantar la memoria de cada experiencia. Animitas funciona como el lugar discursivo, cuyos muertos vivientes deambulan, desamparados, a la orilla del camino. Más que lectores, este libro nos convierte en testigos de distintas voces marginadas de la cotidianeidad: “mientras los bares reciben a los solos y se prenden los/ faroles,/ nosotros esperamos que Dios nos quiera ver” (11). Este primer poema es el punto de partida para esa pluralidad de hablas que esperan su reconocimiento, y que surgen “Cuando el gallo canta a media tarde/ y las señoras bordan los pañuelos de sus esposos” (11).

Además de la multiplicidad que caracteriza el lenguaje de este libro, existen relatos y experiencias individuales. La mayoría de los poemas nos ofrece una estructura muy propia de la animita, contextualizando la manera en que fallece cada persona:

“Calista Arminda Rivero Rojo, 16 años,

camino al colegio, atropellada por motociclista –se dio a la fuga.

La vemos preocupada y dice “pronto

tocarán la campana”.

Sus compañeros pasan,

le piden buenas notas a su animita,

llena de recuerdos y corbatas” (39).

La atropellada, la malparida, el hijo ilegítimo o el campesino asesinado por escopeta encuentran su reconocimiento por medio del texto. La fineza de esta escritura logra que escuchemos el hablar de las animitas, mediante el entrecruce de las memorias. Así, quienes se introduzcan en estos poemas apreciarán, en medio de su lectura, un fantasmagórico murmurar: “rezamos con el diablo para cuidar a los no queridos, abandonados y enfermos rezamos/ pa’ que se acuerden los astros de nosotros, / los muertos vivos junto al camino” (61). El valor de estos poemas, además de su rigurosa y delicada construcción, es apiñar las memorias vivientes de los muertos. Cada nombre y cada muerte trágica que aparece en Animitas, representa las experiencias de una marginalidad física, política y rural. El mismo sentido de colectividad que va hilando estas distintas hablas, cumple un doble gesto al interior del libro. Se construye, en primer lugar, un lenguaje estéticamente espectral que nos aproxima hacia el murmullo de las animitas. Y en un segundo momento, se logra la radical salida del yo tan sostenido y sacralizado en el oficio poético. La escritura de Díaz Wentén, en este sentido, viene a ejecutar un proyecto complejísimo al interior del campo literario actual, dejando de lado –por fin– el lloriqueo intimista de la poesía chilena.

Yeny Díaz Wentén

Animitas

Gramaje, 2015 (88 págs.)

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Daniela Stevens (Santiago, 1991) Es Licenciada en Literatura y Profesora Media en Lengua Castellana y Comunicación (UDP). Ha asistido a diversos talleres de poesía, dirigidos por Teresa Calderón, Rafael Rubio y Raúl Zurita. Desde el 2008 participa en diferentes encuentros poéticos de Santiago, como “Los Desconocidos de Siempre”, “Lectura para Pájaros” y “La poesía se fue al Chancho”, en el Bar Chancho Seis. En el 2011 es becaria y tallerista de la Fundación Pablo Neruda. Ha publicado artículos y crítica literaria en diversos medios web, como Revista Cólera y Poesía y Crítica. Próximamente, parte de su trabajo poético será publicado en “Parias, poetas y borrachos: Antología poética y contracultural” a cargo del Movimiento Anagénesis y Colectivo Poético Agua Maldita. En la actualidad, cursa el segundo año del Magíster en Arte, Pensamiento y Cultura Latinoamericanos (IDEA-USACH).

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