Archivos Mensuales: abril 2016

El lumpen y su transición. Dolores o la inutilidad de todo, de Ignacio Borel

por Carolina Reyes

13078200_10208896591829404_1045250252_oDolores o la inutilidad del todo de Ignacio Borel (1978) es un conjunto de retazos testimoniales con los cuales escribe una ficción acerca de un asalto a un banco, hecho delictual tan en boga en los albores de la transición democrática (si quisiéramos ser más sinceros deberíamos llamarla posdictadura, término acuñado por Juan Pablo Cárdenas, director de Radio Universidad de Chile).

En nueve capítulos Borel hace esta puesta en escena, y nosotros caemos en la trampa de pensar el relato de una forma muy dramática al principio, con víctimas y victimarios definidos. Pero conforme transcurre la narración, esta división comienza a ser borroneada cuando comenzamos a tener más elementos sobre la mesa. La fragmentación se produce por la  organización de los capítulos  entre analepsis, flash backs y diarios ordenados a la inversa, entre otros recursos.

Luca y Romano Cordero son dos hermanos que quedaron a medio camino en sus vidas, con un padre delincuente muerto y una madre internada en el siquiátrico. Los Cordero quedaron a cargo de sus abuelos en Valparaíso. Como telón de fondo está la dictadura y el comienzo del primer gobierno “democrático” en Chile. Podemos ver las diferencias anímicas entre los dos hermanos, uno con más deseos de ser temperamental y otro más reflexivo. Luca quiere ser carabinero, pero no lo dejan por sus antecedentes y al tiempo decide entrar al servicio militar: “Glorita se acabó el duelo, me voy a presentar en el Servicio Militar y me voy a convertir en el mejor soldado que haya tenido el ejército chileno” (21). Lo intenta, pero no resulta, sufre un extraño accidente automovilístico en un camión del ejército, es dado de baja y con eso la esperanza de incluirse en la neo democrática sociedad chilena. Termina trabajando en una armería en Valparaíso, dirigida por su dueño, un fascista gerente de Banco llamado Ambrosio Bachman. Es él quien le propone a Luca hacer el asalto del mismo banco en que trabaja, ya que ha hecho algunos negocios y no han resultado como él quería.

Romano por su parte es de carácter más reflexivo e introspectivo, tenemos opción de ver algunos fragmentos de sus diarios en el transcurso del relato: “Tercera recaída, mucha paranoia, poquísima fe” (101). Pero el libro abre con Dolores, una mujer que para el tiempo presente del relato luce como una superstar no reconocida aun por la farándula: “¿Cómo luce Dolores Dávila esposada? Dolores Dávila esposada no parece una delincuente […] Dolores Dávila esposada más bien parece una fantasía erótica” (7). Enfrenta un juicio por ser parte de un atraco a un banco a principios de los noventa, donde ella alega inocencia. Para ese entonces ella es una emprendedora, tiene un café muy concurrido en Viña del Mar y unas inversiones en el extranjero. Ocurre lo de siempre, el dinero blinda a Dolores y al poco andar sale libre. Antaño Dolores era otra cosa, de una genealogía bastarda, hija de una prostituta con un cliente, se le puede ver como una sobreviviente.

Pero Dolores alguna vez fue parte de la vida de los Cordero, en particular de Romano, y si al principio todo esto se  ve como una traición, cuando llegamos a los retazos de su Diario de Muerte, entendemos que todo nunca fue mejor. Romano antes de cumplir los 18 años se convirtió en la pareja de Dolores, dejó el colegio y se fueron a vivir a Horcón. Y luego desde ahí partieron hacia España, pero allá la cosa empeoró de forma dramática: “Con hambre y Dolores llegué a Santiago luego de conocer el hambre, puedo afirmar que el hambre es aún peor que Santiago” (84). Romano y Dolores terminaron finalmente en el narcotráfico, posiblemente como dealers y adictos en La Coruña. La situación es desesperada. Por eso cuando Luca le propone a su hermano lo del asalto, él finalmente acepta, dado lo precario de su situación, y se devuelve con la chica a Santiago

Y comienzan a pensar en el atraco y la posibilidad de tener esos millones dentro de sus bolsillos. Pero algo sale mal. Bachman y Dávila pueden escapar, pero Romano cae preso y Luca debe huir, junto con otro compinche, del lugar. La desgracia termina de cubrir al resto de la familia Cordero. Romano, después de un par de años, decide suicidarse dentro de la cárcel pública y Luca, al principio con un gigante delirio de persecución y temor, se sumerge en la clandestinidad.

Lo de Dolores es más extraño y ambiguo. Aparentemente salen con Bachman del país, luego se le ve en Buenos Aires y finalmente –después de algunos años– está de regreso en Chile donde ocurre el intento de juicio que rápidamente sus abogados y millones detienen. Por último, hay una conversación final entre Luca Cordero y Dolores pasado todo el desastre de principios de los 90 que los involucró a los dos. Él le recrimina la traición que le hizo a su hermano: “No debiste traicionarlo en el momento de su muerte no debiste dejarlo solo” (118). A lo que ella contesta con una frialdad glacial: “La muerte de Romano me importa menos que tú, su vida fue interesante su muerte aburridísima” (118).

Dolores o la inutilidad de todo puede ser leída en clave alegórica. Una terrible alegoría de esta transición post dictatorial que aún no sabemos dónde nos dirige. Como si se tratara de una ley darwiniana, aparentemente los más hambrientos de vida y estabilidad sabrán sobrevivir. La hija de la prostituta, una camaleona existencial que pasa por drogadicta, sigue por pobre, transita como delincuente, y novia de delincuentes, que finalmente deviene en empresaria y madre divorciada con un hijo. Ella es la metáfora del tipo de sociedad en que Chile ha sido transformado a la fuerza. Por oposición, los Cordero son la hojarasca que queda desechada en los grandes procesos sociales. Los que entraron mal ubicados a la historia y nunca supieron cómo mejorar su posición, abandonados a su suerte escuchan distintos cantos de sirena, que solo les conducirán a la perdición.

Ignacio Borel

Dolores o la inutilidad del todo

Emergencia Narrativa, 2014

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Carolina Reyes (Santiago, 1983) es profesora de inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster en literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora haciendo crítica literaria en Revista Lecturas, Poesía y Crítica y Dos Disparos. También hace crítica de cine en 35 Milímetros. Ha publicado algunos de sus cuentos en Revista Sangría de Chile e Íkaro Magazine de Costa Rica. En la actualidad mantiene un blog de crítica cultural llamado Omnivoracultural:https://omnivoracultural.wordpress.com/.

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“Que el lenguaje no se apropie de ti”: Poemas para que no le tiemble la pera, de Renato Bertoni.

por Eduardo Farías A.

portada-final-corregida-BERTONIEl proyecto poético de Renato Bertoni en Poemas para que no le tiemble la pera (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2015) está marcado por la representación del habla marginal y de la experiencia, a modo de historia de unos jóvenes de clase baja, junto con el uso de la visualidad en la construcción poética. Ya desde la fotografía de cubierta podemos vislumbrar que este poemario apunta hacia la pobreza, hacia la marginalidad, que en este caso está representada por la comuna de Renca: “Acto terrorista quema las letras del cerro” (20). Esta referencia y otras a lo largo del poemario sitúan la historia que subyace en cada poema.

El habla marginal que representa Renato Bertoni va más allá de una simple alteración de la escritura; hay una apropiación de todo un registro, de una manera de hablar: “De abajo gritaban / no quemih el cerro loji / y tiraban loh medioh camoteh / a la oscuridad / menos mal se ascurrieron” (19). No es solo la supresión de un sonido que se ve en la escritura, es también la utilización de términos y frases que son verosímiles para lograr una representación adecuada de la manera de hablar que hay en Renca. Además, esta caracterización del habla marginal se basa justamente en el desconocimiento de la norma culta formal de la lengua, o como lo plantea el autor: “no tener idea del lenguaje” (12). Desde mi punto de vista, este proyecto poético no es novedoso ni desafiante, ya que, en términos literarios, la representación del habla marginal ya ha sido materializada por Juan Radrigán, por José Ángel Cuevas, recorrido que finaliza en Juan Carreño.

¿Poemas para que no le tiemble la pera es solo un mero ejercicio de representación? No. Este poemario se hace cargo de los sentidos que tiene representar, entonces la representación se usa no sólo en el sentido de volver a presentar el habla marginal, sino también como el acto de hablar por el otro, la representación de alguien en las esferas pública y/o privada. Este acto de hablar por el otro se enuncia por primera vez en el subtítulo del libro, el que aparece en la portada y dice: “(los delincuentes nunca estuvieron tan cerca de su lectura)” (5). Con esta declaración, este poemario fluctúa “entre una persona que funciona como apoderado de alguien y el retrato de ese alguien” (Spivak 7). Y con esta decisión poética empiezan los problemas.

En primer lugar, si los delincuentes van a leerse, implica que también leerán su forma de hablar, por ende, Renato Bertoni crea una igualdad entre habla marginal y el habla del delincuente, es decir, quien habla de manera marginal es un delincuente. Esta relación apela a la construcción de un estereotipo naif que el autor no se cuestiona, peor aun, mediante el cual reproduce la visión del sistema neoliberal, una visión totalmente simplificada y homogénea. Con esta relación, lamentablemente, el autor cosifica de la misma manera que lo hace el clasismo imperante a la gente de Renca, y esta reproducción resulta ingenua cuando consideramos que ya desde los años 90 Gayatri Spivak en su artículo “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” establece que la subalternidad es heterogénea, por tanto, la marginalidad en Renca como subalternidad también lo es: “no se puede dejar de insistir sobre el hecho de que el sujeto colonizado es irrecuperablemente heterogéneo” (16). Renato Bertoni falla justamente al identificar a un solo sujeto homogéneo en un contexto heterogéneo, al no mostrar los intersticios, las rupturas de su sujeto de representación. Este poemario calla la consideración de que existen personas en Renca que no son delincuentes y que hablan en un registro “marginal”, este poemario calla que muchos sujetos que visten  de terno, usan un corte de caballero y se afeitan, esos hombres de bien con poder económico, han sido los grandes delincuentes que han estado saqueando los bolsillos de todo el pueblo chileno.

En segundo lugar, la afirmación del subtítulo, “(los delincuentes nunca estuvieron tan cerca de su lectura)”, funciona como un punto de llegada, un objetivo poético alcanzado por el autor, el primero que logra que el delincuente se reconozca en sus poemas como en un espejo. Este objetivo logrado implica no solo la representación de una manera de hablar, sino también la representación de un sujeto, la visibilización, mediante la publicación, de un otro que no puede hablar por su posición subalterna. Pues bien, el libro también falla en este punto. ¿Quién o qué le da el derecho a Renato Bertoni a pretender que su proyecto poético sea el espejo, la voz que permita que el sujeto marginal de Renca se pueda identificar y sentirse representado? ¿Por qué su representación es más fidedigna y fundamental que la autorepresentación que puede realizar de sí mismo el sujeto subalterno? ¿Acaso será porque realiza talleres en dicha comuna o porque creemos que la representación literaria de la marginalidad es lo nuevo de lo nuevo en la poesía chilena y puede  otorgar un renombre al autor en el panorama poético actual?

Se podrá contraargumentar que el proyecto poético de Renato Bertoni es una ficcionalización de la marginalidad, que tras cada poema hay una historia ficticia del delincuente. Sí, por supuesto que toda literatura es ficción, es una realidad que solo sucede en la página, y el autor tiene consciencia de esto, ya que trabaja la relación entre marginalidad y literatura, la marginalidad como una forma literaria de enfrentarse al mundo y de ser en él: “de pronto // reconozco a la Soraya, quien a grito / abierto remarca: // SON LOS PATOS MALOS DE LA LITERATURA / LA INDUSTRIALIZADA METÁFORA / QUE VIENE A COBRAR LA PARTE / CON LOS SOLDADOS POET // MEJICANA // así que / ándate por la sombra / hua / cho / que por el sol / podís cocerte” (23). Sin embargo, ya el subtítulo de este poemario concibe al libro como la representación de un sujeto, más allá de la ficcionalización que el autor pueda realizar, es decir, la ficcionalización poética de la historia existe para que el sujeto marginal se pueda reconocer en ella. Además, prefiero pensar que la relación que establece entre marginalidad y literatura es una forma  en que Poemas para que no le tiemble la pera no sea considerado como una mera copia de toda la vertiente literaria en torno a la representación del sujeto subalterno, a pesar de que usa y se aprovecha del registro de habla marginal y la historia de estos delincuentes de Renca para realizar una relación entre literatura y subalternidad que no aporta en nada ni a la comprensión de la literatura ni a la marginalidad en Renca. Tampoco el recurso de la visualidad  resulta significante, ya que en la mayoría de los casos no aporta ningún sentido nuevo al poema, recordando así un dicho: quien mucho abarca, poco aprieta.

Para terminar, espero que no se perciba que mi punto de vista es el de ocultar o negar la existencia de la marginalidad en Renca, sino todo lo contrario, entender que la subalternidad, la marginalidad de esta comuna no solo está marcada por un tipo de habla y por un tipo de vida delictiva como nos quiere hacer creer Renato Bertoni, hay muchas más subjetividades que son parte de Renca y que no caen en esta cosificación, a estas alturas, absurda y miope. Y para escuchar esta multiplicidad de voces no hay que entrar en un libro como Poemas para que no le tiemble la pera, poemario que cosifica hegemónicamente reproduciendo prejuicios y estereotipos, tal como lo hace el sistema cuando entiende la periferia sólo como delincuencia.

Renato Bertoni

Poemas para que no le tiemble la pera

Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2015

Referencias

Gayatri Spivak, ¿Puede hablar el sujeto subalterno? Trad. José Amícola. Orbis Tertius 6, (1998).

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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