Archivos Mensuales: octubre 2015

“Eres tierra y barro”: estrategias de construcción identitaria en Mapurbe, venganza a raíz, de David Aniñir

por Nelson Zúñiga

Mapurbe_AniñirEl contexto sociocultural de ‘Mapurbe, venganza a raíz’
Como es sabido, durante el S. XX comienza el gran movimiento migratorio campo-ciudad. En busca de mejoras en su calidad de vida, muchos habitantes de las zonas rurales se desplazan a las ciudades, principalmente la capital. Lamentablemente, y esto también es sabido, la mayoría de ellos no solo no las encuentra, sino que además sus condiciones empeoran. No es necesario detallar los grandes problemas sociales que a inicios del siglo pasado fueron conocidos como “la cuestión social”. Lo que me interesa destacar aquí es que ese proceso social, que hizo evidentes las desigualdades sociales, tuvo una consecuencia que incidió en el cambio de la configuración geográfico-espacial de Santiago. Me refiero a las tomas de terrenos baldíos por parte de grupos de personas sin vivienda. Las grandes tomas de terrenos, que comienzan en los años 50, generarán en la ciudad no solo la reconfiguración del espacio urbano, sino también del imaginario social. Poblaciones hoy emblemáticas como La Bandera y La Victoria, junto a otras tal vez menos conocidas, surgieron como parte de una necesidad social, pero también como demostración del esfuerzo y la organización colectivas. Menciono esto porque dichas poblaciones, que nacieron como un desafío flagrante a la autoridad, generaron no solo un espacio, sino también una identidad particular. Se instala el imaginario de la población, lugar muchas veces catalogado de conflictivo, pero también espacio de contención y de elaboración de discursos (1).

Es en una toma u “operación sitio” de 1967 donde se origina la Población Intendente Saavedra, lugar al que llegan a vivir los padres de David Aniñir: Pedro Aniñir Millhual y María Guilitraro Puralef, procedentes de Cholchol y Fresia, respectivamente. Protagonistas anónimos de la historia de su tiempo, los padres de nuestro autor se instalan en lo que entonces era el límite poniente de la ciudad de Santiago, espacio limítrofe donde ya comenzaba a producirse la convivencia con el espacio rural (2). Esa espacialidad de la periferia santiaguina se verá fuertemente reflejada en los poemas de David Aniñir, no solo como una referencia geográfica, sino también como el lugar de ciertas prácticas sociales, el lugar de un habla particular.

El problema de la identidad: los imaginarios y las estrategias discursivas en Mapurbe, venganza a raíz

Antes de entrar directamente en la discusión de los textos de Aniñir, se hace necesario plantear una pregunta. Ya sea dentro del ámbito de la poesía chilena, o bien en conflicto con esta denominación, se habla de la “poesía mapuche”. En este caso, surge la misma pregunta que al hablar de “poesía chilena”: ¿Qué nos permite hablar de poesía chilena o poesía mapuche? ¿Dónde está la especificidad de dicha poesía? En el caso de la poesía mapuche, se pueden proponer criterios culturales, étnicos, lingüísticos… la discusión podría ser muy extensa. Existen, por ejemplo, autores que publican ediciones bilingües de sus textos, o bien los que incorporan el mapudungún en textos escritos mayoritariamente en español, y están también quienes solo escriben en una de las dos lenguas, aunque predomina, por cierto, la escritura en español.  Por supuesto, no es mi intención delimitar qué es y qué no es poesía mapuche. Mi interés está, justamente, en el límite de esas dos nebulosas áreas. Invariablemente, la pregunta anterior habrá de llevarnos a la pregunta por la identidad.

Sin embargo, la construcción de la identidad al interior de un pueblo en sí mismo diverso, que constituye un universo político y cultural con el cual el Estado chileno se ha mantenido en conflicto desde el S. XIX, no solo en lo concreto-territorial, sino también como representación simbólica y discursiva, es un proceso complejísimo, ya que toda construcción identitaria no solo considera lo que un individuo o grupo de individuos piensa de sí mismo, sino que en ese discurso intervienen discursos ajenos que, positiva o negativamente, influyen en la construcción de la identidad propia.

A mediados del S.XX, el escritor y periodista Joaquín Edwards Bello publicaba  semanalmente, en el diario La Nación, sus comentarios respecto de algún tema de actualidad. En esa época, publica un artículo titulado “La verdad sobre los indios”, donde expresa que: “El indio tenía todos los vicios imaginables, menos el de la ambición; vivía al día, del merodeo; pasaba hambres durante semanas, de puro flojo, y luego, con ansias selváticas se lanzaba en pos del alimento –generalmente el guanaco− que devoraba crudo en una borrachera familiar” (38).

En primera instancia, el célebre cronista no distingue quiénes serían estos “indios”, pero no es muy relevante, ya que para él todos compartían las mismas características: vicioso, negligente, flojo y borracho. A pesar de que Edwards Bello imaginaba así a los “indios” en tiempos de la conquista española, no temo equivocarme demasiado si digo que la imagen que muchos santiaguinos tenían de los migrantes mapuche en la época en que los padres de Aninñir llegan a la capital, no debe haber distado tanto de la descripción entregada por el autor de El roto. Si la sociedad de un país, como un espejo, devuelve esta imagen a los miembros de una comunidad, ¿cómo es de esperar que sea la reacción de dicha comunidad? Es decir, ¿qué estrategias tienen a su disposición los individuos que sufren este tipo de estigmatización? Las respuestas pueden ser muy variadas, pero una cosa es segura: la segregación, tarde o temprano, se traduce en violencia de algún tipo; racial, de clase, intrafamiliar… o violencia del individuo contra sí mismo. Salazar y Pinto señalan que “Entre 1970 y 1990, 31.587 personas solicitaron cambio de nombre en Chile. De ese número, más de mil solicitudes correspondieron a sujetos mapuche, que deseaban eliminar su nombre propio o su apellido, aduciendo menoscabo moral, ridiculez o risibilidad” (Historia contemporánea de Chile II 172)  Esta violencia del individuo contra sí mismo, contra su propio nombre, es un síntoma de que la imagen externa de la sociedad chilena ha incidido negativamente en la propia percepción de los mapuche, en la construcción de su identidad frente a la sociedad chilena. Como plantea Gabriel Castillo, uno de los procedimientos más relevantes en la construcción identitaria es la nominalización: “El primer gesto de significación de la diferencia es su nominación. Nombrar: He aquí una primera función de identidad. Se nombra lo que posee un límite y los límites de lo que se  nombra marcan el espacio entre un nombre y otro” (“Santiago, lugar y trayecto” 71).

Al nombrar al otro, al que yo percibo distinto de mí, lo limito, y al mismo tiempo palpo mis propios límites. Nominalizar no es entonces solo delimitar, sino también poner en relación dos territorios simbólicos, dos esferas de realidad que se tocan y entran en relación. Si volvemos un momento a la nominalización que hace Edwards Bello de ese “indio”, flojo y borracho, podremos dimensionar, al menos en parte, cómo a la segregación social y geográfica va unida a una segregación en el lenguaje; de hecho la segregación lingüística también expulsa al sujeto, lo vuelve “otro” en el espacio simbólico, espejeando y reproduciendo las lógicas de la estigmatización.

Es en este contexto, marcado por la marginalidad periférica, en sus implicancias sociales, económicas, lingüísticas, etc., donde surge la escritura de David Aniñir. En sus poemas, el problema de la identidad no aparece como una referencia a un imaginario fijo o arcaico, mucho menos como un canon mítico. Sin embargo, este imaginario no está del todo ausente. El libro se abre con un poema “Yeyipún” y escrito totalmente en mapudungún:

Marri-marri wenu kuze

Marri-marri wenu fvcha

Marri-marri newen ñuke mapu

Marri-marri kuifi keche mapuche

Marri-marri kom pu che mapurbe

(…)

lemoria pú lonko, Pú machi, pú weichafe, Pú werkén (21)

El poema nombra y se nombra, generando de esta manera una tensión y un límite con el lector. El hecho de estar escrito en su totalidad en mapudungún puede significar un escollo, una dificultad que se alza como pequeño rito de paso que, en consonancia con el título del poema, nos pone una prueba antes de dejarnos entrar en su espacio discursivo. Si volvemos al concepto de nominalización, podemos ver que este poema constituye, precisamente, un procedimiento nominalizador que construye un espacio de identidad textual. El texto “abre” el espacio del libro, al nombrar a los antepasados y miembros de la comunidad, se nombra a sí mismo, establece sus límites por oposición. Sin embargo, esa identidad no será armónica ni condescendiente. Se plantea más bien como una búsqueda constante, un proceso que, lejos de carecer de conflictos, los enfatiza. Así sucede, por ejemplo en “Hacerla cortita”, texto que de alguna manera define la poética de Aniñir y de Mapurbe:

ir al hueso

sin asco, con ajo

puñalada certera

a la médula

a la hiel

con verso punzante  (25)

El poema se inicia con la postura del hablante de no perder el tiempo en discursos adornados. El poema se concibe como un arma (3) que ha de herir de alguna manera al lector. Esa especie de violencia textual explícita apela a un discurso que quiere hacerse escuchar  a como dé lugar, sin ambages ni miramientos. En este texto, se pasa de la simple nominalización a una palabra-acción, con una vehemencia que es transversal a todos los textos del poemario. El hablante señala que el verso es una “puñalada certera”, una herida que se abre en el lector “sin asco, con ajo” aludiendo a cierta costumbre de impregnar las armas blancas con este elemento para evitar que la herida cierre. El hablante apela a herir con sus versos, a provocar una reacción con una acción discursiva tan violenta como una herida que no cierra. Esa herida puede verse también como el encuentro, en principio violento, de los espacios que Mapurbe pone en juego.

El imaginario asociado a la sangre y a la herida está presente en otros textos del poemario, y funciona como un eje transversal que otorga coherencia al discurso. En el poema “María Juana la Mapunky de La Pintana”, la sangre y la herida sirven al hablante para elaborar la construcción identitaria de una muchacha de los barrios periféricos de Santiago:

Eres tierra y barro

Mapuche sangre roja como la del apuñalado

Eres mapuche en F.M (o sea, Fuera del Mundo) (32)

En estos versos se reitera la imagen de la sangre como conformadora de identidad. El verbo ser en la segunda persona singular del presente, cumple con la función de constatar un hecho: La Mapunky de La Pintana es, concreta y simbólicamente, tierra y barro. Imágenes míticas de la creación en el sistema judeocristiano de creencias, pero también elementos concretos propios de la periferia santiaguina: la tierra y el barro como materias residuales de un desarrollo a medias, intersticios de ruralidad en medio de una urbe pretendidamente moderna. Pero la imagen de la tierra no se agota ahí. Más adelante, en el mismo poema, la tierra adquiere el sentido de demanda política:

Oscura negrura of Mapulandia Street

sí, es triste no tener tierra

loca del barrio La Pintana (33)

Como vemos, el hablante apela directamente al problema de la posesión de la tierra, uniéndolo al sentimiento de tristeza. En estos versos, el tono vehemente es reemplazado por una especie de atmósfera nostálgica. Sin embargo, se evita cualquier referencia a lugares fuera de la ciudad. El poema no busca un centro mítico ni una tierra originaria sobre la cual concretizar su demanda de posesión. En lugar de eso, enfatiza el carácter urbano y periférico de la imagen. Junto con esto, incorpora el uso de palabras en inglés. Esta mezcla de español, mapudungún, inglés e incluso del coa, son también una marca de estilo muy presente en la poesía de Aninñir. Estas incorporaciones multiculturales son también parte de una construcción identitaria, donde se reflejan las distintas influencias que, a nivel lingüístico, dan cuenta de una identidad móvil. Según María José Barros: “Los mapuches urbanos son sujetos que viven en tensión: desean mantener su cultura tradicional, luchar a favor de la demanda indígena, a la vez que se apropian de elementos mundializados, muchos de ellos útiles a su causa” (42). En este sentido, el poema “María Juana la Mapunky de La Pintana”, ya desde el título incorpora elementos disímiles, pero que cobran sentido en las referencias al imaginario propio de las comunas periféricas de Santiago (4).

El poema prosigue en su construcción de la identidad de los mapuche urbanos, los mapurbe, por una parte en la mencionada confluencia de factores culturales y lingüísticos, pero también por oposición a los sistemas de control y disciplina de la urbe: “Lolindia, un xenofóbico Paco de la Santa Orden / engrilla tus pies para siempre” (33). En un solo verso se reúnen las características de ese grupo otro contra el cual el hablante de Aniñir erige su discurso nominalizador: la xenofobia, la policía (Paco) y la religión cristiana (Santa Orden). Siguiendo a Castillo, se establece por medio de esta nominalización una limitación de los territorios simbólicos en relación conflictiva. Sin embargo, Aniñir, a mi juicio, va un poco más allá de la mera nominalización. En las estrofas finales del poema, el hablante apela directamente a los mapuche urbanos, con lo que no solo diferencia un territorio simbólico, sino que llama a los sujetos a su apropiación de un espacio interior, libre de opresiones, un espacio que, al identificarse con los sujetos, es también un espacio móvil:

Mapurbe;

la libertad no vive en una estatua allá en Nueva York

la libertad vive en tu interior

circulando en chispa de sangre

y pisoteada por tus pies

Amuley wixage anay

Mapunky kumey kuri Malén (5)

LA AZCURRÍA ES GRATIS (34)

En estos versos finales del poema, el hablante interpela directamente a los que considera de su misma comunidad, los mapurbe. Intenta generar en ellos la convicción de una libertad cuyo centro no es una referencia lejana a la cual observar de lejos o añorar. De esta forma, la situación geográfica periférica intenta ser anulada por la constitución de un nuevo centro. Pero no se trata de una situación física; es el sujeto mismo portador de su propio centro, pero primero debe acceder a él mediante un proceso de toma de conciencia, tal como propone el verso final del poema. La identidad se construye aquí hacia adentro de los sujetos mapuche urbanos. Al carecer de una territorialidad física permanente y segura (“es triste no tener tierra”), la solución es hacer de cada uno la tierra (“eres tierra y barro”), pero además esa tierra es libre, se lleva en el corazón. Recurre el hablante, al final del poema, a dos versos en mapudungún que incitan a la Mapunky a levantarse, y al coa, al proponer que la “azkurría” –el darse cuenta, tomar conciencia− es gratis. Es decir, no es necesario un gran esfuerzo para comprender la verdad que el hablante ha enunciado.

A modo de conclusión

En este breve acercamiento a algunas estrategias y procedimientos utilizados por David Aniñir, es posible notar la construcción de una identidad mapuche urbana de carácter móvil e intercultural. Si bien es cierto el discurso de reivindicación étnica y política es transversal a todo el poemario, es posible notar también la apropiación de elementos diversos, que van desde las referencias a algunos componentes considerados “tradicionales” de la cultura mapuche, hasta el uso del inglés y la construcción de neologismos.

También es posible identificar que en la construcción identitaria confluye la oposición centro-periferia, pero que al mismo tiempo el hablante construye y abarca la construcción de un territorio que, finalmente, se asimila al sujeto. Es decir, como plantean Salazar y Pinto, el hablante de Mapurbe incorpora elementos disímiles con los cuales se identifica (143) en su proceso de búsqueda y construcción identitaria.

Sin embargo, esta construcción está lejos de ser un proceso armónico, ya que las tensiones que se establecen con la ciudad de Santiago y los elementos identificados (nominalizados) como amenazantes u opresores, ponen de relieve le carácter conflictivo y violento que necesariamente conllevaría esta nueva identidad mapuche urbana. Ante esta amenaza, es posible reconocer la posibilidad, planteada en el poemario, de recurrir a un excentramiento hacia la interioridad de los sujetos; se propone un punto de fuga que territorializa a los mapuche urbanos, proponiéndoles una identidad móvil, nómade. En palabras de Gabriel Castillo, un sujeto nómade es aquél que “no tiene puntos, ni trayectos, ni tierras, aunque las tenga de toda evidencia. Nómade es el desterritorializado por excelencia; aquel que en la desterritorialización se territorializa” (73) Entonces, David Aniñir, al proponer una libertad interior a los mapuche urbanos, les está proponiendo la construcción de un territorio social, móvil y fluido. Y con ello, una identidad que se autonomice de una territorialidad dependiente y subalterna, obligada por la marginalidad de las comunas periféricas de la ciudad. Por supuesto, Aniñir no renuncia a la demanda territorial en términos políticos, sino que apunta  a la conciencia de libertad individual y, al mismo tiempo, a construir una identidad y una pertenencia en el nomadismo y la diáspora, recobrando y reivindicando también la idea de nación, pero todo esto a partir de la consecución, primero, de una conciencia de ser.

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Nelson Zúñiga González (Santiago, 1977) Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Estéticas Americanas y Diplomado en edición y publicaciones por la misma universidad. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La ciencia del silencio (Gramaje Ediciones, 2013). Es fundador y gestor de “Poesía y Crítica”.

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NOTAS

(1) Muchas de estas poblaciones, sobre todo las que surgieron de las primeras “tomas”, celebran todavía sus aniversarios, y quienes participaron en dichos procesos históricos son percibidos como verdaderos líderes o próceres locales.

(2) Cfr. José Ancán Jara. “El poema a la vena entra lloviendo por el paisaje”, prólogo a Mapurbe, venganza a raíz.

(3) De hecho, el poema utiliza el recurso del caligrama y reproduce la forma de un puñal o una punta de lanza. Por evidentes motivos de espacio, es imposible reproducirlo aquí en su totalidad.

(4) De hecho, el mismo autor, en un glosario al final del libro, define la palabra Mapunky como: “mapuche punx, especie natural de los suburbios” (95).

(5) “Levántate, despierta / Mapunky estás bien, morena joven” (Glosario, ibíd.).

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REFERENCIAS

Aniñir, David. Mapurbe, venganza a raíz. Santiago, Pehuén; 2009. Medio impreso.

Barros, María José. “La(s) identidad(es) mapuche(s) desde la ciudad global en Mapurbe Venganza a raíz de David Aniñir”. Revista Chilena de Literatura N° 75, Noviembre de 2009. Medio impreso.

Castillo, Gabriel. “Santiago, lugar y trayecto: La dialéctica del centro”. Revista Aisthesis N°34. Santiago, Instituto de Estética PUC: 2001. Medio impreso.

Edwards Bello, Joaquín. La deschilenización de Chile. Santiago, Aconcagua: 1977. Medio impreso.

Salazar, Gabriel y Julio Pinto. Historia contemporánea de Chile II. Actores, identidad y movimiento. Santiago, Lom: 1999. Medio impreso.

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“Te maldigo a tacto lento”: Los Esperantos, de Carlos Bennett Ballacey

por Eduardo Farías Ascencio

Los esperantos de Carlos Bennett Ballacey_3El movimiento editorial independiente que hay en Chile ha permitido que la poesía contemporánea se desarrolle sin la preocupación por la escasez de espacios de publicación. Gran parte de las editoriales independientes incorpora en sus catálogos la poesía, la que proviene, al menos en Santiago, de un campo cultural bastante restringido y amplio a la vez, aunque suene contradictorio. En otras palabras, en la edición independiente chilena no se publica a cualquiera, por lo que la calidad literaria y el posicionamiento del poeta en el campo cultural son los parámetros que posibilitan la publicación de un poemario, por lo que la difusión de poéticas periféricas, marginales, adjetivos sin su denotación política y teórica-literaria, no es un fenómeno en la edición independiente. A veces resulta necesario ver afuera de los muros de nuestro campo literario y Ediciones Oxímoron lo ha hecho y ha publicado Los esperantos (2014) de Carlos Bennett  asumiendo un riesgo editorial al mostrarnos una voz nueva, un autor que es una figura periférica, que gracias a un trabajo silencioso ha construido un espacio alejado del centro de la poesía chilena, aunque no por ello menor.

El título ya alude a la lengua auxiliar creada por el polaco Ludwik Lejzer Zamenhof en 1887. Este poemario muestra el esperanto en sus títulos, mientras que todo el resto del texto está en español. Si bien la propuesta de escribir a partir de dos lenguas es admirable, el problema de estructura literaria es que no cumple con su cometido: “nombrar / las cosas / con otros apellidos” (14). En otras palabras, no cumple con su poética, no va desde una lengua a otra, el esperanto solo es usado para titular, lo que genera una estructura evidente. Las posibilidades de realizar un libro que circule entre dos lenguas son múltiples, la más común es la traducción bilingüe. También pienso en la posibilidad de transitar en el poema entre el español y el esperanto, o de ir cambiando de lengua. Pese al problema en la estructura del libro con relación a la dualidad lingüística, es un buen libro en términos poéticos: bien escrito, con un mensaje y horizonte claros. Así Los esperantos es la construcción de un hablante meditativo, el que inquiere sobre muchos temas; sin embargo, se aprecia que la voz está marcada por el amor, por la presencia-ausencia de la mujer: “pero gracias / del mismo lado / al dolor que vino a sembrar su sano juicio / a la pena que dejó alegrías / gracias / al instante en que pude verte / a ese diminuto dios que se rió conmigo” (35). Además, algunos poemas conviven con dibujos hechos por familiares del autor, lo que permite que el libro funcione en el ámbito de la visualidad, lo que sin duda enriquece la lectura.

Carlos Bennett Ballacey

Los esperantos

Oxímoron, 2014

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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