Archivos Mensuales: septiembre 2013

Poesía del cese: Una revisión a Despoblados de Carlos Henrickson

por Guillermo Mondaca

despoblados EDITORIAL FUGACuando Jacques Derrida imaginó, desde el ejercicio racional, la escritura como una generación de la forma de todo posible sentido, aun pre lingüístico, se encontró con la trampa ontológica y teológica de pensarla como un origen simple, es decir, estática y preñada de toda la significación, a la manera de un motor inmóvil aristotélico. Para anular este error, descartó toda noción de naturalidad, tanto en la escritura como en sus manifestaciones múltiples, el lenguaje, por ejemplo. Así, dio paso a un concepto que daba cuenta de que aquel supuesto origen (la escritura), no es sino y en sí mismo un no-origen constante. Este concepto es la diferencia o la huella: “La inmotivación de la huella debe ser ahora oída como una operación y no como un estado, como un movimiento activo, una des-motivación, y no como una estructura dada.” (p. 65).  Pues bien, en un sentido general de lectura ―estas líneas no esperan lo contrario― se puede decir que el poemario Despoblados (Fuga 2010) de Carlos Henrickson, es la suspensión, el letargo, la cámara lenta de esta operación de clausura de significado, de corte, de tachadura en relación con lo otro, con lo demás, lo circundante; vale decir, con todo lo que implica una posible identidad o un posible sentimiento de pertenencia. Sin embargo, no es una poesía de un estado ya finalizado de desmotivación, sino más bien una poesía de su realización, su llevar a cabo, en una lógica de acción durativa.

Ya desde el título se accede a un ámbito escritural de lo desertificado. Ahora bien, y como se ha anunciado más arriba, al leer el conjunto de textos, más que adentrarse en lo baldío, se puede intuir una poesía del cese, pero no su descripción estática, sino que una poética del apagándose y del desaparecerá. Esto se ve más claramente en los poemas que llevan como título una partícula nominal: Valdivia, Marx, Allende, Oda a Stalin, 2006; Es que Dios ha muerto, Los operarios, Los Nietos, etc., donde, por ejemplo, en este último texto se puede leer al comienzo: “Los abuelos de los muchachos / de la Población Emergencia pisaban / orgullosos el cemento amanecido.” (p. 34) Lo que da cuenta de un momento enunciativo, un ahora discursivo, que se desplaza hacia lo que fue, hacia un pasado, el cual se encuentra inexistente en el cronotopos del poema y al cual sólo se puede acceder a través de la remembranza de su propia muerte o de su no-existencia.

Por lo tanto, la voz enunciativa se construye desde lo que ha anulado el pasado vital sobre el cual desea fundarse el poema: “¿alguien / acá  en la sala los vio, les escuchó en la cotidiana / marcha? Nadie ya recuerda: el tiempo se dio el lujo / de su seco temblor, y en la Población Emergencia / […] pasan los taxis toda la noche.” (p. 34) Como se ve, el texto realiza una proyección desde lo desaparecido y desplaza aquel fue hacia el ahora discursivo de la enunciación, el cual, a su vez, también se encuentra en el desapareciendo, en una especie de des-motivación constante que da paso a la transfiguración, en este caso, de un espacio cultural concreto, un  territorio urbano: pertenencia descentrada, desenfocada de su matria; expulsada de toda natalidad consciente. Ahora bien, el pasaje que mayormente da cuenta de este proceso literario adquiere mayor tensión en cuanto que no es originario de un tiempo proyectado desde fuera del poema, como el citado más arriba, sino que es el tiempo del poema el que desaparece y el que muere; es decir, el tiempo del lenguaje con el cual el texto se lleva a cabo y existe en sí: “Los muchachos reparten la merca / para las fiestas de los nietos de los hombres / de empresa. Lloran en las plazas / las viejas señoras al ver esta plena miseria / […] La droga ya es necesaria/ matando el doloroso paso del día y de la noche. / Es justicia lo que administran en sus mínimas dosis maleadas / los nietos de los honestos operarios. Para ellos no la policía: / sino el beso final de la Historia, amoroso.” (p.35)

De esta manera es que se despuebla un conjunto de sentido. Sin embargo, en el caso citado, existe un ámbito de origen, cargado de sentido y pertenencia (Los abuelos y la Población Emergencia de un antes) el cual se encuentra inexistente en el ahora y el que solamente puede existir como un ámbito fantasmático, que únicamente es como enunciación ya inexistente: el hálito nostálgico de aquel cese es parte del comienzo del poema y la remembranza.

Hay otros escritos que parten de una negación más explícita, de un pasado en cuanto capacidad vivificadora, posible incluso de haber existido en un antes pre locutivo. Es el caso de Balada de los Verdugos: “En un mal suelo nuestro –recurrente / como el hambre– los verdugos llegaban / a la aldea y había un solo lugar / donde esconderse. Aunque nunca / nos encontramos” (p.8). Esto lleva a que se corte toda posibilidad de relación con el (lo) otro, de pertenencia a un lugar de protección, ya que este espacio no fue sino el locus de la negación de lo alterno; el ámbito cultural del mutismo. Un espacio desplazado aun del murmullo y de señales. No hay sincronía ni diacronía, sino negación del sistema; no hay, por tanto, intimidad, sino únicamente el encuentro doloroso y constante con la huerfanía; poesía sin capacidad de decir, de representar: “Hoy, aunque lo intente, no podría entrar / en especulaciones metafísicas. El café / sabe a café, y el amor y las letras / y la guerra insisten en amarrarse, / secos, a su palabra designada.” (p.8) Donde se produce una escisión de la particularidad de las cosas, los entes, los diversos algos que pueblan el imaginario; se rompe su relación fisurando la conexión de la conciencia de continuidad en el sentido de lo otro, tanto territorial como lingüístico: “el amor y las letras / y la guerra insisten en amarrarse, / secos, a su palabra designada.” (p.8)

Es decir, el signo explicita su rotura con la cosa, explicita su designio sin motivación e incluso abandona toda promesa de representar o de comunicar. Por ello, en esta imposibilidad incluso  “La realidad es / una habitación vieja, abandonada, […] y hace mucho tiempo que no estoy / en ésa la realidad. A mi poesía ya llegaron, / ya están aquí, se quedaron a vivir, / obstinados y firmes, los verdugos.” (p.9)  Por tanto, aun la poesía como ámbito genérico-fundacional del texto está sombreada por este peso del cese, por esta permanencia y derrumbe constante de posibilidades de aperturas. Por eso cuando en el poema Nietzsche el hablante lírico afirma, con una aparente seguridad que “El mundo tiene esta justicia / meramente poética” (p.15), no es sino la poesía asolada por verdugos, la escritura que en su propia instancia se niega como origen y como fuente vivificadora y, paradójicamente, ello inscribe y concreta en una serie fragmentos, los cuales prefiguran el sentido de la orfandad: el despoblado como recinto que abarca las diversas desuniones y marcas de pérdida, en lo pasado, en el ahora de la voz poética y en cualquier contingencia, en cualquier azar donde se funde un lenguaje: “toda descendencia se quema, / se ahoga de mentiras, y Valdivia lo sabe, / y se muere y no para de morir” (p.14), a la manera de una cámara lenta, escritura de la agonía (el agón) y, en cuanto aquello, de una silenciosa herida que se moviliza y se representa en diversas figuras, sabiendo que dicha operación semiótica es un falsario, una prótesis del origen, en palabras del mismo Derrida.

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Bibliografía

Derrida, Jacques. De la Gramatología. México: Siglo veintiuno editores, 1971. Impreso.

 Henrickson, Carlos. Despoblados. Santiago de Chile: Editorial Fuga, 2010. Impreso.

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Guillermo Mondaca (Coquimbo, 1991)

Es estudiante de tercer año de Licenciatura en Literatura en la Universidad Finis Terrae. Actualmente prepara su primera publicación en poesía, titulada Nocturna.

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Por la razón o la fuerza: el resurgimiento de la lucha de clases

por Eduardo Farías A.

Protesta Estudiantes.Hoy es 11 de septiembre, fecha en que conmemoramos el Golpe de Estado y la caída del gobierno de Salvador Allende. En los días previos, el poder político ha estado mostrando su punto de vista sobre el asunto, que se caracteriza por el nunca más, esa mirada para cuidar justamente la democracia, ese preciado bien que esconde un fraude. A mí, el 11 me recuerda un proceso social que fue destruido a punta de balas, asesinatos, tortura y desapariciones. Me recuerda que este proceso social estaba marcado por un profundo amor a la humanidad y un anhelo de autonomía radical del sistema capitalista. Romper las cadenas que impone el capitalismo a través del dinero y del consumo de bienes, cadenas que se perpetúan hasta la actualidad, era la tarea propuesta bajo el lema Poder Popular. El 11 me recuerda una lucha que todavía es necesaria, fundamental e inevitable. Me recuerda que el Golpe de Estado significó la imposición de un sistema económico que funciona gracias a la esclavitud monetaria. Me recuerda que en el sistema neoliberal, la riqueza que crea el pueblo mediante el trabajo no es para el goce del mismo, ya que los propietarios de la riqueza son las grandes corporaciones empresariales. A cambio, el trabajador sólo posee un salario siempre miserable. El 11 me recuerda que los chilenos se han comprado el modelo, pues este satisface el consumo, la mayoría de las veces mediante la deuda, de bienes y servicios importantes para nuestra existencia, mientras crea, por medio de la publicidad, otras necesidades. Así, la tarjeta de crédito, el préstamo, y toda forma de negocio que realizan bancos y empresas para fomentar nuestro consumo, es un acto de violencia que miramos como un regalo. La deuda del pobre es la riqueza del banco o empresa, y los chilenos se han comprado muy bien su esclavitud a cambio de una vida en algunos casos miserable, en otros digna, y a veces afortunada, pero nunca libre.

La muerte de Allende me recuerda que la democracia sólo funciona cuando el sistema económico que la sostiene es el capitalismo, he ahí el fraude. Elegimos que un político, de por sí corrupto, que nunca nos representará y que protegerá su poder y el bienestar económico que consiga, decida sobre aspectos fundamentales de nuestra vida colectiva, favoreciendo un sistema económico que nuestro bienestar no desea. Por otra parte, cuando las empresas multinacionales y la burguesía local pierden el poder político y si en ese proceso social se pretende cambiar el sistema económico, sucede lo que sucedió: El capitalismo, con la colaboración de la CIA, junto con la burguesía local, planean y ejecutan como autores intelectuales el derrocamiento de un gobierno. Y volverá a suceder porque en Chile la policía y las fuerzas armadas son los guardianes del neoliberalismo, de la propiedad privada. Y mientras exista este sistema de opresión, existirá el revolucionario y la lucha de clases.

poder popularLa muerte de Víctor Jara y la de Allende me recuerdan a quienes están vivos, a quienes propagan las llamas de la justicia social. Me recuerda al punk chileno, a Fiskales ad hok, Los Miserables, La Floripondio, Marcel Duchamp, Estoy Hart@ y todo lo que se convoca en torno a una lucha en contra del capital y del Estado. Allende me recuerda a Salvaje Decibel, Portavoz, Guerrillero Okulto, Subverso y todo ese Hip Hop revolucionario. Me recuerda que la lucha de clases en Chile todavía no se ha acabado. Me recuerda que la Junta Militar fracasó en su intento de borrar el “cáncer” marxista y todo pensamiento libertario.

La muerte de Allende me recuerda el sucio manoseo de la política nacional, de quienes administran el enriquecimiento de una parte de la población y la marginación del resto, porque su trabajo es mantener el mismo status quo que repuso el Golpe de Estado, esta opresión que se esconde tras un velo de consumo y satisfacción. Me recuerda la cobardía y la corrupción que impera en la izquierda partidista entera, cómplices de un lento genocidio. No, no hay que ser huevón.

En este momento, en que recuerdo toda la basura que se esconde bajo la alfombra, la muerte de todos los revolucionarios de aquella época no fue en vano. Hoy persiste para terminar con la división de clases en pos de una socialización del trabajo, de los productos y de la riqueza. Hoy continúa la guerra contra un sistema económico que al pueblo sólo le deja sus migajas, y a todos ellos que anhelaban un mundo distinto, y lucharon por ese mundo contra el capitalismo, contra el mismo sistema económico que existe hoy en Chile, hoy los recordamos, a todos los que murieron desde el Golpe de Estado. La muerte de Allende y la aniquilación fallida de una población con ideología y consciencia de clase me recuerdan que la lucha está viva, que se encuentra en la violencia represiva de Carabineros en cada protesta, en los montajes contra el movimiento anarquista, en los presos políticos mapuches, en la guerra declarada por la CAM y en todos los encapuchados que con sus molotov y barricadas dan vida a la destrucción del capital y del Estado.

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

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Diario de Alina Reyes abre la puerta del fantástico sin limites de Cortázar

por Damien Saugeon

alina reyesEsta obra del colectivo singular es notable por su compromiso en crear un espectáculo en el puro estilo de Julio Cortázar, recontextualizándolo en una obra resueltamente contemporánea. El texto original se desarrolla como un cuento y describe bajo la forma de un diario la vida de Alina Reyes. Ella misma cuenta la historia de una mujer que vive en Budapest, cayó en la pobreza y que, casualmente, es igual a ella.

Sin embargo, el texto inicial y sus personajes no parecen tan el corazón del trabajo del colectivo ya que desde la entrada en sala hasta el final de la obra el dispositivo narrativo siempre se impone al espectador en primer plano. Además, los actores como artistas -no como personajes- y el proceso creativo de la obra son visibles durante el espectáculo, al revés de una obra que trata de crear la ilusión del tiempo de la vida de lo personajes. El colectivo singular prefiere apropiarse de los motivos poéticos del autor. La narración es fragmentaria, como si fuera un diario abierto en secreto por una persona desconocida. De hecho, el corazón de la experiencia es lo fantástico. La meta del colectivo sería plasmar una experiencia sensible y sensorial. Usando las técnicas de los surrealistas proponen un espectáculo interactivo construido casi a la manera de un cadáver exquisito. Mezclando el texto original, la participación del público y juegos íntimos entre los tres protagonistas de la obra -2 actrices y la directora- instalan un proceso narrativo de creación en vivo.

Los artistas del colectivo eligieron una sala parecida a una casa real, en donde el público forma parte del espacio. Esta propuesta muy sutil permite experimentar también la cuestión del doble, ya que el espacio se divide en dos partes similares. El público elige su punto de vista inmediatamente después de la entrada. Puede sentarse en el espacio a su derecha o a su izquierda. Entonces el público, casi frente a frente, se mira y sugiere que vea su propio doble.  El lugar evoca tanto una casa única, como un espejo, o dos mundos geográficamente distintos, tema muy importante en la literatura de Cortázar. Al igual que el tema del tiempo, que explota realmente durante la función. Hacemos un viaje al pasado del personaje y de su historia. Pero los juegos y la interactividad detienen el tiempo de la actuación y de la historia para volver al tiempo real -¿el presente?- y finalmente seguir con la historia del diario en el pasado. Encima de todo, el tiempo se puede repetir, ya que esto también forma parte de la propuesta. Una escena puede repetirse totalmente, o bien ser representada por la otra actriz. Y como no todas las escenas se actúan para ser vistas por todo el público, el tiempo general de la obra es virtualmente infinito. Tendríamos que ver la obra cien veces para disfrutar de todos los puntos de vista y de las probabilidades del diario.

Toda la locura fantástica del mundo contenido en el texto original surge en una adaptación que camina en los pasos de Cortázar y perpetúa su trabajo. El colectivo singular se compromete en la escritura de un poema dramático radical que busca la perturbación del tiempo, del espacio, de la narración y de las reglas de la representación teatral. Sin embargo, esta radicalidad me hace preguntarme si sería posible disfrutar la obra sin poseer las claves teóricas sobre Julio Cortázar.

Hasta el 15 de Septiembre

Viernes a Domingo, 20.00 hrs

Kernel House La Tola. Antonia López de Bello 157A (Esquina Bombero Núñez) Barrio Bellavista.

Adhesión  $3.000

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Damien Saugeon (1979 – Bordeaux – Francia )

Es actor y fundador del Collectif Quatre Ailes. Ha participado en diferentes obras de teatro, sobre todo en el registro del teatro multidisciplinario y el circo contemporáneo (reciente: l’oiseau bleu revisité o partition magnétique). Enseña teatro en Francia y da talleres internacionales para adolescentes, estudiantes y profesionales. Es también diplomado en ciencias de la información y de la comunicación.

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