Archivos Mensuales: septiembre 2014

Cuentos en ascenso

por Luis Caroca

portada diez cuentosEl libro Diez cuentos para dormir mal, de Ricardo Rosas, nos muestra diez relatos ambientados en diferentes realidades, pero que comparten la idea de inquietud y desasosiego. El libro va de menos a más  y aunque no deja de ser satisfactoria la lectura de los primeros relatos, hay ciertos ripios y anquilosamientos de estilo, ¿demasiadas enseñanzas de taller literario? Incluso dentro de estos primeros textos se halla uno que fue finalista de un conocido concurso de la escena literaria nacional. Pero vamos por parte.

El primer cuento se titula Sombras y sus personajes centrales son dos radiólogos rivales. La descripción de la consulta que ambos comparten y el quehacer propio de la especialidad médica están muy bien tratados, provocando que el lector (que conoce de esos lugares) los evoque fácilmente: “Lo mismo las reproducciones de cuadros, baratas, y los diplomas de congresos y universidades que cuelgan como medallas en la pared mal pintada. Los sillones imitación cuero” (p.11). El narrador omnisciente hace gala en el relato: “No obstante, se sentía conforme con sus logros, aunque, no entendía bien por qué, no con su vida. (p.18). La trama seduce, aunque el final resulta demasiado previsible. El segundo cuento es El hombre sin rostro, el cual nos da cuenta de una inusitada visita a un columnista de diario sensacionalista. Es un interesante relato, de hecho, es justamente el que fue reconocido por un famoso concurso nacional (revista Paula), pero que pierde notoriedad en relación a los que vienen después. En El Piano, tenemos a un afinador de pianos de las grandes ligas que está aburrido de la vida hasta que visita a un cliente común, demasiado común y, por lo mismo, bastante atrayente para él. El narrador, de nuevo omnisciente, manifiesta sus impresiones a cada instante: “Sabía, en el fondo de su alma, que el paso definitivo no lo daría nunca. Que lo suyo era parte de la fantasía obligada del depresivo que considera su vida completada. Pero le gustaba la fantasía. Era un acto onanístico de sustitución del objeto más temido.” (p.40). Sin duda, el hecho que el autor sea académico de una escuela de psicología se percibe en su escritura (lo que me parece lógico y para nada despreciable), a diferencia de lo que piensa Pablo Simonetti, monitor de uno de los talleres a los que asistió Rosas, quien manifiesta en la contraportada del libro: “La consistencia psicológica de los personajes que pueblan estos cuentos se consigue sin necesidad de análisis introspectivos ni alardes metafóricos. El autor se vale nada más que de los actos, la biografía y los pensamientos pasajeros de cada uno de ellos. Gracias a esa habilidad, estas historias perversas adquieren una amenazante cercanía para el lector”.

En Mujeres de Negro tenemos una entretenida historia, clásica por su repetición social, pero no por eso deja de obtener la atención del lector. Homosexualidad y sofisticación mezclado con rusticidad y venganza. Se aprecia uno que otro ripio en la escritura: “¿Yo?, yo…creo que sí…-creo que respondí-.” (sic, p.65) y un final algo débil. Déjame vivir en paz de una vez nos da a conocer a un viudo que desea matar a la esposa ya muerta. Es una historia sobre la frustración de un hombre por causa de una entrega absoluta al ser amado. El Mensaje es uno de los platos fuertes del libro. El lector, a medida que va leyendo, va captando una atmósfera borgiana que al poco andar se muestra de manera explícita, a pesar de que hay deslices en el estilo narrativo, decimonónicos si se quiere y que le quitan cierta verosimilitud a la manera de hablar de un hombre: “Su padre pensó no en un libro, sino en un recorrido de lecturas. Él me lo planteó una fría tarde de julio” (p.86). Este cuento atrapa y justifica en “algo” el título del libro. Encuentro en Granollers describe una cita amorosa en Europa donde se aprecia el entusiasmo masculino y una actitud femenina que desconcierta al hombre. Ambos son seres de mediana edad. La historia poco a poco va cautivando al lector, el cual, lo más probable, a mitad del texto se formule la pregunta ¿qué va a pasar aquí? En los preparativos del encuentro se muestran escenas vividas por todas las personas: “Ya casi está llegando, y aún no sabe que se pondrá. Por las dudas, ha traído una enorme maleta con diferentes combinaciones posibles. El problema no es tanto decidir la ropa, como el personaje que le gustaría representar esta noche (…) Un vestido de seda verde musgo, de media pierna y muy escotado.” (p.103). Pie forzado en París es otro de los cuentos destacados del libro. También nos cuenta la historia entre un hombre y una mujer, ambos relacionados con el mundo de la literatura. Él, un profesor y crítico literario y ella una doctora en letras. En el texto hay pasajes notables: “Siempre había sido un trasgresor, y le divertía poner en aprietos a esos muchachos imberbes, llenos de teoría literaria, que no sabían qué hacer con una intervención no canónica.” (p.115).  Y más adelante:

“–Josephine –dijo, extendiendo la mano.

–Esteban –respondió, no pudiendo evitar mirar su atractivo escote.

–Ahí vas a encontrar la mitad del placer que en mi conversación –espetó ella, entre divertida e irónica, mientras él se ponía imperceptiblemente rojo.” (p.116).

En Ojos Verdes, otra vez está presente la relación hombre-mujer. Es un cuento efectivo, aunque con un final abrupto que no logra remecer al lector, el que queda con la sensación de que faltó un buen remate. Escenas bien logradas como: “Típico departamento de separado (…) El mobiliario era, después de tres años de separado, el de alguien que se va a vivir solo con lo puesto (…) No me avergonzaba de mi espacio. Sí de mí en él con ella.” (pp. 142-143). De Palermo a San Telmo, nos da cuenta de un taxista y la conversación con su pasajero. Se pasa del rechazo a la plática al interés por lo que dice el viejo chofer y siempre con el eterno femenino como tema…

Concluyendo, Diez cuentos para dormir mal de Ricardo Rosas, como ya se dijo más arriba,  va de menos a más. El autor a medida que avanza el libro parece arriesgarse más a soltar la pluma. Se nos muestra la sorpresa en la cotidianidad, las vacilaciones del hombre de mediana edad y, como tema reiterativo, el fin de la relación amorosa. Tal vez se pueda considerar que el título no sea el más adecuado, pues no provoca ni un atisbo de insomnio en el lector ni mucho menos una pesadilla. No obstante, es un libro que merece ser leído.

Diez cuentos para dormir mal

Ricardo Rosas

Chancacazo Publicaciones, 2013

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Luis Caroca Saavedra (1970) es escritor y profesor de castellano de la UMCE. Ha sido antologado como cuentista en Mago Editores.  Ha publicado artículos sobre literatura en la Revista Water-Neon, Francia.

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