Archivos Mensuales: marzo 2016

Creo en la página blanca. Urnas, de César Valdebenito

por Luis Aránguiz

portada 1

Con un total de 74 poemas numerados, la reedición del libro Urnas (2001) de César Valdebenito es una búsqueda infructuosa que ya nos anticipa su subtítulo: “O réquiem a la palabra”. ¿Ha muerto la ‘palabra’, la condición de la comunicación propiamente humana, pero también la materia prima del poeta? Sí, este poemario parece sugerirnos eso. Si el mismo es un réquiem, no extraña que esté poblado por temas tradicionales del relato cristiano como El Jardín, Dios, y la misma palabra.

Una de las afirmaciones más contundentes de este réquiem es: “Dios no existe. / La escritura quizá” (50). Con la negación de Dios, el hablante se hace parte de una vasta tradición de poetas que han afirmado eso. Lo mismo ocurre con el acto de instaurar la poesía –o la literatura– en ese espacio vacío. Pero el hablante no se detiene, aun cuando ha habido esta instauración, afirma luego: “Estoy solo ante Dios / estoy solo ante la literatura / voy hacia la dimensión de la ausencia absoluta de Dios y de la literatura” (65). En ese tránsito hacia la soledad absoluta, en que ni Dios ni poesía son suficientes, al hablante no le queda más que decir aquello que le pertenece: “Hablo del dolor / De la infancia / Del paraíso perdido que nunca llega” (89), la infancia, la añoranza de un paraíso nunca visto.

Puede decirse que cada poema es una búsqueda de la palabra, pero una búsqueda que, se sabe, no dará resultado. Los poemas están escritos en un lenguaje sencillo, sin embargo su forma, en ocasiones, decepciona. No es que sean malos, ni que su contenido sea insuficiente, sino que se trata de poemas que funcionarían mejor como prosa poética, pues aun cuando se pueda ser defensor del verso libre –como es mi caso–, la extensión excesiva de algunos versos, a veces seguidos de cortes drásticos o viceversa, produce la sensación de que se está más ante una corriente de la conciencia que de una construcción poética elaborada con el cuidado que merece lo poético.

Por otra parte, el objeto-libro es inusual dentro del género de las publicaciones de poesía. Por su longitud, el tamaño del libro resulta incómodo. Esto, junto con su encuadernación, que destaca por una cubierta de papel couché, lo presenta más como una revista o catálogo de ventas que como un libro.

Urnas, de todas formas, guarda dentro de sí un sentir que pareciera frecuente en la poesía chilena actual. La cuestión de la muerte de la palabra, la nostalgia del poeta. En este sentido, conviene leerlo junto a otros poetas que conviven con la misma pérdida.

Urnas

César Valdebenito

Ediciones C&M, 2015

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl.

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“He visto la eternidad en el fondo de las piedras”. Poesía Reunida, de Boris Calderón

por Eduardo Farías A.

portada_boriscalderonGracias al trabajo investigativo de Javier Abarca Medel, Ajiaco Ediciones ha publicado en 2015 la poesía de Boris Calderón, autor que nace en 1936 y comienza a publicar en 1954. El libro proyectado por Ajiaco es un libro de gran formato, de 23 cm de alto x 15,5 cm de ancho, y que alcanza las 220 páginas, en las que se despliegan los poemarios Estío en la materia, El libro de los adioses y Canciones para una niña que se llama Francisca. Además, al final del libro se incluyen artículos y notas de prensa sobre este autor. La escritura poética de Boris Calderón está marcada por la relfexión fúnebre de la vida y del amor. Ya en los poemas de Estío en la materia podemos apreciar el uso continuo de imágenes complejas y sobreadjetivación en cada verso, lo que al lector actual de poesía le puede parecer extemporáneo.Sin embargo, pese a la distancia temporal que se aprecia en su registro de escritura, en algún momento se dará la entrada en la poesía de Boris Calderón y ella conmoverá, deleitará o entristecerá, es la gracia de versar de lo universal a través de lo particular. Quedar indiferente a la sección “Los Muros Insasibles” de El libro de los adioses es imposible, por el afán comunicativo del hablante lírico al dirigirse a alguien específico, en este caso a su madre, para contarle sobre una mujer: “Madre, voy a hablarte de ella, / Quiero derribar el sombrío muro de tu sueño / En esta noche / Para hablarte con la voz de un ciego / Que levanta sus brazos en medio de la luz” (139).

Además, conocer el registro poético de Boris Calderón es necesario como parte de nuestra tradición poética, sus poemas nos permiten adentrarnos mucho más en la oscuridad. En último lugar, es posible advertir que no hubo una actualización ortotipográfica, por lo que el lector podría sentir usos lingüísticos como erratas, ya que en ninguna parte de la introducción se explicitan las decisiones a la hora de editar este libro. Sin embargo, es bienvenido el esfuerzo de Javier Abarca, junto al apoyo de Ajiaco, de poner en circulación una escritura poética olvidada hasta hoy.

Poesía reunida

Boris Calderón

Ajiaco, 2015

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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La construcción de una ausencia. Memorial a los detenidos, desaparecidos y ejecutados de Paine

por Daniela Stevens

A fines del año 2015, el caso Paine se tomó las noticias del Poder Judicial. Entre octubre y diciembre pudimos presenciar los nuevos procesamientos a funcionarios de la Escuela de Infantería de San Bernardo. Todo esto por los delitos de secuestro calificado de 38 campesinos detenidos y ejecutados en 1973. Además, y con el fin de contraponer las versiones de dichos procesados, en diciembre del mismo año se llevó a cabo una reconstitución de escena centrada en esta misma causa. Dichas diligencias demuestran un avance en esta situación, pero no logran romper con el círculo de la impunidad y la injusticia.

 1. La tierra como escenario político

La Reforma Agraria ha sido, históricamente, uno de los procesos políticos y sociales más complejos de nuestro país. Su origen se enmarca –de manera incipiente– durante el período presidencial de Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964), pero con muchísima más potencia durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva (1964-1970) y de Salvador Allende (1970-1973). Esta coyuntura proponía la forma de asentamiento. Es decir, ceder y establecer los terrenos a una comunidad de campesinos para que hicieran uso de la tierra y el agua, además de las semillas, los abonos y el dinero. De esta manera, la jerarquía se vio inmediatamente afectada en su estructura: el antiguo trabajador se vuelve, entonces, el legítimo dueño de la hacienda. Además, “La tierra para el que la trabaja” se transforma en el lema popular del momento: “El clima festivo y esperanzador que se abría para los sectores populares durante el primer año de gobierno de la Unidad Popular irradiaba hasta en los más apartados rincones del mundo rural. Todos querían ser parte y celebrar la conquista del poder popular” (Ocaranza 373).

En concordancia con lo anterior, la comuna de Paine, ubicada a 45 kilómetros al Sur de la capital de Chile y enraizada en el contexto de la Reforma Agraria (1965-1973) no fue una excepción del proceso. Hasta fines de los años setenta, su organización se establecía “en una sociedad altamente jerarquizada, en la que el patrón se encontraba en la cúspide, ejerciendo un fuerte dominio sobre los campesinos y sus respectivas familias, los que le debían obediencia” (Maillard et al. 7). A pesar de ello, esta antigua estructura social se vino abajo; el campesinado se hizo cargo de la tierra hasta la llegada del golpe de Estado y su posterior dictadura.

El 12 de septiembre de 1973, los campesinos que todavía se encontraban asentados en Rangue, pequeña localidad de la comuna de Paine, continuaron con sus labores cotidianas: “Jamás imaginaron que la dictadura militar terminaría de una vez y para siempre con sus ilusiones más profundas, abriendo paso en muy poco tiempo al terror y el desconcierto” (Ocaranza 383). En este sentido, era un hecho que aquellos acontecimientos, aquel problema político de la lejana ciudad de Santiago, se transformarían en una marca irreparable para las familias de cada uno de ellos. Además, las esferas dominantes que habían perdido los terrenos utilizarían esta instancia para su restauración.

Las técnicas represivas de la dictadura hicieron que la comuna de Paine se transformara en la zona con más detenidos desaparecidos del país, en relación al número de sus habitantes. Según la organización Germina, conocimiento para la acción, cuyo trabajo reúne diversos testimonios de mujeres, estas víctimas son todas hombres, jefes de familias y campesinos. También se encuentran en la lista comerciantes, profesores y estudiantes. Una gran parte de ellos sin militancia política reconocida.

A partir de esta situación, sus familiares, específicamente mujeres, comienzan una búsqueda incesante. Incluso, y considerando las precarias condiciones económicas, se trasladan a las diferentes prisiones de la capital para obtener alguna información sobre el paradero de sus parientes. Durante meses e incluso años, las autoridades de facto entregan pistas falsas y las dirigen hacia otros recintos con el fin de desorientarlas. A pesar de las dificultades, rápidamente se organizan: “Son ellas quienes en el año 1974 presentan el primer recurso de amparo en favor de sus familiares. A partir de estas acciones de búsqueda se crea la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados de Paine, activa hasta la actualidad” (Maillard et al. 8).

 2. La construcción de una ausencia

En el año 2008, la Agrupación inaugura el Memorial a los Detenidos, Desaparecidos y Ejecutados de Paine, una forma de rescatar y de rememorar la historia íntima y la lucha social de cada campesino ejecutado:

12835013_10153454762432960_1852305208_n“Mil postes de pino, a los que se han restado setenta, se yerguen en el [lugar] […] [L]os postes que faltan lo[s] ocupan mosaicos que, concebidos por cada una de las familias, están llenos de símbolos como tractores, sandías, azadones, guitarras y balones de fútbol. También hay símbolos políticos alusivos a la militancia de los homenajeados. Y hay varios mosaicos con imágenes de madres llorando o manos extendidas. Hace poco tiempo, nietos de los homenajeados en Paine han colocado en los mosaicos placas con sus propios mensajes” (Hite 3).

El gesto de realizar dicho memorial, se vuelve tremendamente complejo, pues la tercera generación partícipe de este acto y representada por nietos de los perpetrados, no poseen ningún recuerdo vivo o concreto para la aplicación del mosaico. En realidad, y como toda transmisión familiar, sólo tienen la posibilidad del discurso, a través de fotografías, anécdotas íntimas y testimonios. Esto significa que estamos frente a la construcción de una ausencia.

Ahora bien, si lo anterior es leído en términos generales, a la luz de cualquier contexto, lo cierto es que todos(as) hemos re-construido una presencia con el discurso oral de nuestros más cercanos. Sin embargo, lo delicado de este asunto es que nos encontramos con un memorial de ejecutados políticos, cuyos cuerpos –en muchos casos– no han sido verdaderamente devueltos: “Aquí las generaciones se definen en función del trauma del genocidio y de las familias que, habiéndolo sufrido, trasmiten, consciente o inconscientemente, sus experiencias a sus hijos y nietos” (Hite 4). Aquella re-configuración del recuerdo, que atañe al círculo familiar más próximo, también es parte de una de las memorias más recientes de Chile. Por lo tanto, y en concordancia con esta reflexión, es importante tener en cuenta las palabras de Halbwachs:

“La memoria de una sociedad se extiende hasta donde ella puede, es decir, hasta donde alcanza la memoria de los grupos […] La memoria colectiva […] es el grupo visto desde dentro y durante un período que no supera la duración media de la vida humana […] Presenta al grupo un cuadro de sí mismo que, sin duda, se extiende en el tiempo, porque se trata de su pasado” (218-9).

Las mujeres de Paine son las que extienden una lucha activa hasta el presente, mediante la búsqueda incansable de hermanos, esposos e hijos. Ellas mismas son las que prolongan aquel cuadro extendido en el tiempo. Lo anterior es apoyado sucesivamente por medio de testimonios, y de manera particular, por la elaboración de este memorial.

12835063_10153454764362960_1132939016_nPor otro lado, en cuanto a las manifestaciones que tienen como propósito la conmemoración, se puede decir que ya existe una apertura política y social. Sin embargo, “durante casi toda la década de los 90, la indisposición hacia el testimonio, la memoria, la memorialización y el memorial, conturbó a casi todos los tomadores de decisión” (Cáceres 54). Es importante reconocer que –en la actualidad– aquella indisposición se ha transformado en un constante y progresivo ejercicio de la memoria. Por lo mismo, es interesante establecer los propósitos y la diferencia clave que hay entre testimonio y memorial, pues ¿cuál es la lucha que verdaderamente ejercen? En un principio, la batalla del relato testimonial se enmarca como una forma directa de denuncia. Este objetivo se va convirtiendo, ya que “en líneas generales, los testimonios de los supervivientes se [desplazan] desde una posición de combate hasta [las] poéticas del recuerdo más atentas […] a reflexionar sobre el propio acto de recordar” (Peris Blanes 17).

En cambio, el caso del memorial es diferente: su propósito inmediato es el homenaje. De principio a fin, abre una permanencia frente a un acontecimiento traumático, crucial e histórico. Así, y siguiendo los pasos de la agudeza, aspira a salir de los márgenes y avanzar de manera paralela a la historia oficial. Su objetivo no es sólo exigir justicia frente a la distancia de los hechos, sino exponer una verdad a la que no se ha renunciado. Es una lucha trabajosa y compleja, precisamente porque es un proceso imposible de concluir. Los testimonios relacionados con el memorial de Paine son una materialización discursiva de la herida abierta.

Una de las definiciones que entrega el Diccionario de la Real Academia Española para la palabra “memorial” es la siguiente: “Haber perdido la memoria de algo y no saber dar razón de ello”. En alguna medida, esto es lo que sucede con las mujeres de esta localidad y con cada relato hecho por ellas: “Para mí ha sido el dolor más grande. A mí se me murió mi mamá, mi papá, mi marido, todo se ha superado, pero con mi hijo no. Es el dolor más grande que una tiene, pensar cómo murió, cómo fue su muerte, eso una piensa” (Flor González 17). De lo anterior, se puede decir que las familias, y específicamente las madres, nunca hallarán la razón de su perdida. No obstante, también es importante señalar que esta memorialización se construye bajo la premisa de que el exterminio político carece de reparación y justicia. Existe una cuestión inmutable y es que la condición de resistencia  se vuelve permanente. El gran error de la RAE consiste en aseverar la existencia de una memoria olvidada.

Los memoriales y su levantamiento, entonces, tienen un propósito reflexivo y también ceremonial. En el caso chileno, son uno de los pocos rituales que poseen las familias de detenidos, desaparecidos y ejecutados políticos para generar un punto de encuentro con sus difuntos(as). De esta manera, lo que podemos señalar acerca de estas manifestaciones es que:

“Solemne y testimonial […] el memorial suele ser diseñado para reconocer a sujetos afectados por la ocurrencia de hechos violentos. A diferencia de muchos monumentos, se trata de un homenaje que la sociedad le confiere a un colectivo antes que a individuos singulares. En el caso chileno, que fracciones de la sociedad hayan considerado un deber reconocer, de manera permanente y pública, a sujetos perpetrados, se explica por la violación a los DD.HH. digitada desde la dictadura” (Cáceres 55).

Es importante destacar que en tiempos de represión política, las memorializaciones tenían un sentido muchísimo más peligroso. Este consistía en desafiar a la dictadura. A pesar de lo anterior, el memorial como lo conocemos hoy en día, todavía pretende incitar. En una esfera más trascendental, se debe decir que su afán es desafiar al tiempo y su sentido más profundo es instalar una perdurabilidad en el espacio público. Un ejemplo de esto es el memorial de Paine:

“De sur a norte, los mosaicos están distribuidos en cuatro sectores, de acuerdo al lugar en que se ejerció la represión, siendo el primero el sector de Chada-Huelquén, el segundo 24 de Abril y Nuevo Sendero, el tercero Paine Centro y, finalmente, el sector de Aculeo. Al centro del memorial se extiende un ágora o plaza central que sirve como lugar de encuentro y descanso emocional, para la reflexión personal y para la memoria. Muchas personas utilizan el memorial y su mosaico como un lugar para la comunicación con su familiar, que en ocasiones reemplaza la tumba” (Maillard et al. 8).

Más que un acto político en sí mismo, esta obra de memoria termina siendo –o intenta ser– una acción reparadora y llena de justicia para las familias de este lugar. Además, comprende un aspecto importantísimo y es que se encuentra abierto hacia su comunidad. Se opone radicalmente a la memorialización del Cementerio General, “construido para rendir homenaje fúnebre a las víctimas letales del terrorismo de Estado, [cuyo] mármol de las láminas adosadas al muro principal fue continuista respecto de la materialidad dominante en la necrópolis” (Cáceres 60), y que termina siendo un acto simbólico que queda encerrado en el espacio de los muertos.

Lo interesante de estos mosaicos es que testimonio y memorial se unen para representar una vida privada. Dicha construcción posee una multiplicidad de sentidos, debido a que se instala de manera viva en la esfera pública y al mismo tiempo es confeccionado con las propias manos de los familiares. Por lo mismo, al momento de re-construir la ausencia, dicho trabajo se acerca al ejercicio de testificar, igualándose a la reconfiguración lingüística de los relatos testimoniales. Lo que se elabora en el mosaico, entonces, es una experiencia vivida en carne propia, un proceso traumático que no acaba nunca. En el caso particular de esta zona enraizada en la Reforma Agraria, el testimonio se ejerce re-configurando la presencia del pariente arrebatado. Este memorial permite re-ubicar las voces de una comunidad que fue desintegrada a la fuerza y desde sus bases más afectivas:

“Pusimos una media luna triste, con lágrimas que simbolizan la tristeza de los que quedamos esperando su regreso […] Las casas indican el pueblo de Paine y entre ella el supermercado MAPA que abrió en 1965, con el primer autoservicio de la zona […] Ahí dejamos plasmado para siempre el amor, el cariño, el respeto como homenaje para él, mi esposo, padre, abuelo, suegro y bisabuelo de tres hermosos bisnietos” (Sonia Carreño 31).

Es posible definir que la acción constante de cortar, pulir, reunir, pegar y fraguar, que necesita la hechura del mosaico, son los pasos simbólicos para reelaborar el episodio traumático del que ya no está. Así, este ritual alcanza lo que siempre fue negado: hacer que las piezas del último recuerdo, o bien, del último hecho relatado por las familias a sus hijos(as) y nietos(as), sean restituidos, devueltos y acomodados a la realidad, mediante la transmisión de la memoria familiar y colectiva de la comuna.

Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes de esta obra de memoria, y que carece de interpretaciones hasta el momento, es la oposición entre quienes vivieron los hechos en carne propia (en este caso, las mujeres más cercanas a los perpetrados) y quienes han recibido sólo el relato familiar. Estos últimos, que corresponden a la tercera generación, recuperan el recuerdo de su pariente, justamente para conocerlos como seres humanos. Se acercan mediante las imágenes y los relatos contados por la familia. Nietos y nietas cargan con los muertos de la memoria, aquellos que faltan en el retrato familiar de Paine. No existe, por lo tanto, una lucha estrictamente política por la justicia y la denuncia. La verdadera batalla de esta tercera generación se desplaza hacia la permanencia del recuerdo, y sin saberlo, ambas generaciones se bifurcan frente a las formas del rescate de la identidad y la memoria. A pesar de ello, la nobleza del memorial de Paine está en la re-construcción de una ausencia, cuyo carácter de ritual ceremonioso frente a la falta de tumbas, intenta recuperar –a pulso– estas memorias que sólo se cierran al olvido.

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Daniela Stevens (1991) Es Licenciada en Literatura y Profesora Media en Lengua Castellana y Comunicación (UDP). Ha asistido a diversos talleres de poesía, dirigidos por Teresa Calderón, Rafael Rubio y Raúl Zurita. Desde el 2008 participa en diferentes encuentros poéticos de Santiago, como “La poesía se fue al Chancho”, en el Bar Chancho y el ciclo de poesía “Poetas, Parias y Borrachos”, en el Centro Cultural Manuel Rojas. En 2011 fue becaria de la Fundación Pablo Neruda. Ha publicado artículos y crítica literaria en diversos medios web, como Revista Cólera y Poesía y Crítica. Actualmente cursa el segundo año del Magíster en Arte, Pensamiento y Cultura Latinoamericanos (USACH).

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Referencias

Cáceres, Gonzalo. “La construcción del memorial en la ciudad: inscripciones sobre los    derechos humanos en el Santiago (pos) dictatorial”. Revista Persona y Sociedad. 2012: 53-66.

Maillard, Carolina. et al. “Testimonio de Flor María González Soto”. Germina, conocimiento para la acción. http://www.germina.cl/secciones/publicaciones/relatos-con-historia-testimonios-de-familiares-de-detenidos-desaparecidos-y-ejecutados-de-paine.

Maillard, Carolina. et al. “Testimonio de Sonia Carreño Saldías”. Germina, conocimiento para la acción. http://www.germina.cl/secciones/publicaciones/relatos-con-historia-testimonios-de-familiares-de-detenidos-desaparecidos-y-ejecutados-de-paine.

Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva. Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. “Memoria histórica y memoria colectiva”. Resi 69/95: 209-219.

Hite, Katherine. “La búsqueda y la transmisión intergeneracional en Paine”. Política y arte de la conmemoración. Ediciones Mandrágora, 2009. Impreso.

Ocaranza, Nicolás. Historias del siglo XX chileno. “Rangue: del latifundio al Chile                    postdictatorial”. Ediciones B, 2008.

Peris Blanes, Jaume. Historias del testimonio chileno. De las estrategias de denuncia a las          políticas de la memoria. Quaderns de Filología. 2011.

 

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