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Schwenke y Nilo, o la resistencia cultural del sur

por Gonzalo Schwenke

GRUPO SCHWENKE Y NILO ......RAUL BRAVO   EL MERCURIO....27/10/99Tras la muerte de Nelson Schwenke el 22 de junio de 2012, se han suscitado múltiples homenajes en Valdivia, Quillota y Santiago. En todos ellos, es inevitable rememorar los inicios de Schwenke y Nilo, desde 1979, en Valdivia.

Durante los ochentas, Nelson Schwenke entra a estudiar Antropología y Marcelo Nilo, pedagogía en Educación Musical en la Universidad Austral de Chile. En el trajín de la generación quebrada por el golpe militar, se integra Clemente Riedemann, quien sale de la tortura a manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) e ingresa a la Universidad a estudiar Antropología. Estos hechos no son fortuitos, están situados en contexto con la dictadura y la imperiosa necesidad de la juventud por superar el toque de queda y ejercer la libertad de expresión.

Es en el sur de Chile donde emerge Schwenke & Nilo, pero no fue un grupo aislado sino que el contexto generacional posibilita la aparición del dúo. La existencia de colectivos artísticos que dialogaban críticamente, la vinculación de una u otra manera en un territorio geográfico acotado (X Región de los Lagos y actual XIV Región de Los Ríos), el compañerismo y la solidaridad en estos años de emergencia son algunas características propias de la escena y que se vinculan con lo realizado en años anteriores. En 1964 aparece el Grupo Trilce, durante los ochenta destacan los artistas visuales del Grupo 7, los talleres literarios Aumen, Matra, el Taller Murciélago, Chaicura e Índice, solo por nombrar a algunos. Es importante destacar que esta generación congregada con el objetivo de construir resistencia frente a los horrores de la dictadura, convergió en Valdivia desde varios lugares del país y muchos de ellos continúan realizando labores creativas y de estudios, ya sea en literatura, artes visuales, edición, música o los DD.HH.

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Afiche de Roberto Arroyo para un recital de 1986

Si bien en Santiago se habla de apagón cultural y del emblemático Café del Cerro, durante aquella época en Valdivia las manifestaciones artísticas eran escasas y coartadas por las autoridades ligadas a la dictadura: los conciertos eran boicoteados por avisos de bomba, hubo exposiciones de artistas visuales que se realizaron en el sótano de la Municipalidad, y el Rector designado destituía académicos y estudiantes que participaban de eventos culturales dentro de la UACh.

Hoy en día sucede algo muy similar. La dictadura neoliberal invisibiliza expresiones culturales, y aquellas que absorbe pertenecen a construcciones que están dentro del perfil de mediatización de la cultura televisiva, como la cultura entretenida que se basa en el contenido reduccionista y produciendo la cultura del desecho, promoviendo un discurso crítico nulo y vacío.

Antes de irse a Santiago, Schwenke & Nilo graban el cassette Elegía por la muerte del chancho (1980), concierto realizado en el ofertorio de la Iglesia Católica de calle Picarte, Valdivia. El respaldo de dicha institución se puede apreciar en fotografías y comentarios realizados por Marcelo Nilo en el documental El sentido de la vida, rescatando del olvido nombres que los acompañan en conciertos, como Gladys Briceño en chelo, Iván Briceño en teclados, Raimundo Garrido en percusión, Jorge Vio en sonido, Claudio Miranda en viola, Roberto ‘galo’ Arroyo en violín y Clemente Riedemann en las letras, junto a los poetas Sergio Mansilla y Jermaín Flores. También aparecen nombres como Jaime Vivanco, Jaime ‘Chino’ Vásquez, saxofonista y flautista, estos últimos vinculados al Grupo Fulano.

Clemente Riedemann señala en el libro El viaje de Schwenke & Nilo: “Entre enero y abril de 1980, trabajamos diría, presionados solo por nuestro propio entusiasmo. Produjimos alrededor de una quincena de canciones de las cuales Nelson y Marcelo seleccionaron doce. El concierto Elegía por la muerte del chancho lo presentamos a fines de abril en un escenario improvisado sobre mesas en el ofertorio de una Iglesia Católica ubicada en calle Picarte. La dirección de asuntos estudiantiles de la UACh nos había quitado, en la víspera, la autorización para celebrar el recital en el interior del campus. El censor político de turno dijo que las canciones eran ‘muy tristes’” (14).

En Santiago, Schwenke y Nilo participan del segundo Festival de la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), en el Teatro Caupolicán a fines de 1979. La grata recepción por parte del público del tema “El Viaje” los incita a continuar trabajando con mayor ahínco. En 1983, obtienen el premio Alerce con el tema “Lluvias del sur”. El sello discográfico Alerce, que trabaja con todos los artistas del Canto Nuevo, permite la grabación y distribución de siete discos entre 1983 y 2004 (1), además del DVD recopilatorio Schwenke & Nilo, 30 años, registros de un viaje.

Con nueve discos y varias colaboraciones con el Canto Nuevo y la Trova Nacional, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo son sin duda uno de los referentes musicales más importantes del sur de Chile. A través de sus letras, representan no sólo la historia valdiviana de la segunda mitad del siglo XX, sino además el cotidiano vivir de las comunidades sureñas, ligadas a la conversación y al encuentro en torno al calor de la estufa, en permanente convivencia con el mate y las sopaipillas en las casas, dando cuenta de territorios económicamente explotados y fetichizados por quienes invaden durante las vacaciones dichas estancias.

Pese al deceso de Nelson, Schwenke & Nilo se mantiene vigente en los escenarios del país, al margen de los registros televisivos y protegidos con la ternura de los amigos. Continúan tocando en centros culturales y espacios comunitarios como lo han hecho desde siempre.

Notas

(1) Schwenke & Nilo Volumen 1 (Alerce, 1983); Schwenke & Nilo Volumen 2 (Alerce, 1986); Schwenke & Nilo Volumen 3 (Alerce, 1988); Schwenke & Nilo Volumen 4 (Alerce, 1990); Schwenke & Nilo Volumen 5 (Alerce, 1993); Schwenke & Nilo Volumen 6 (Alerce. 1997), 20 años. Crónicas de un viaje (Alerce, 2000). Por último, el disco Schwenke & Nilo Volumen 8 (Fondart, 2004).

Referencias

Riedemann, Clemente. El viaje de Schwenke & Nilo. Santiago: Tamarcos, 1989.

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Diplomado en Periodismo Cultural, Crítica y Edición de Libros (U. de Chile 2016). Actualmente cursa el Magister en Estéticas Americanas (PUC). Es además crítico literario del diario El Insular de Chiloé: www.elinsular.cl.

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Postales nocturnas. “Labios ardientes”, de Emilio Ramón

por Gonzalo Schwenke

labios-ardientesLabios Ardientes, la opera prima de Emilio Ramón (1984), es una novela basada en abismos y superioridad moral desde lo degradado y que en su estructura tradicional destaca por la minimización de recursos de estilo.

En las primeras páginas, el autor deja entrever cómo vendrá el nudo y el lector se cuestiona si hacia el final de la novela el protagonista logrará salir del abismo en el que ha sumido su cotidiano. Nada nuevo bajo el sol. En adelante, serán incontables las exhibiciones hedónicas del narrador. Éstas serán presentadas con igual relieve al mérito de ser un estudiante destacado durante la educación media que está preparado para las exigencias de la vida universitaria y las obligaciones económicas que se imponen para estudiar dirección de cine y televisión.

Pablo Tapia emigra a la capital con el fin de convertirse en cineasta, pero al poco tiempo debe congelar la carrera debido a las estrecheces económicas. Empieza a buscar empleo y encuentra uno como cuidador de un cine porno. En tal situación y a diferencia de la mayoría de los escritores de Santiago, el protagonista observa una ciudad donde lo que resalta es la pobreza y la marginación social, lejos —incluso— de la preemergencia ambiental y de la maquinaria trabajadora que recorre las calles durante el día. De esta manera se configura un entorno de degradación social: “Y caminar por el centro de noche es un espectáculo digno de ver. Santiago parece otra ciudad, como si las alcantarillas se tragaran al ciudadano diurno de traje y corbata y vomitara a las putas, a los locos y a los angustiados, a los vagabundos y a los deformes”(10).

En aquel cine, el administrador del local, don Marcelo, apodado “el Gorila”, quien representa la decadencia de su negocio, le solicita a sus empleados hacer turnos dobles. Esto significa no sólo operar el local sino también satisfacer sexualmente a su mujer Gloria, una exprostituta ninfómana que su marido complace en todos sus caprichos.

El argumento de la obra coincide con la aparición de Natalia, una clienta habitual que llega a reemplazar al recién fallecido Claudio González (cortador de boletos y amante de las pistolas), muerto por propia mano. Esta circunstancia provocará que Natalia participe con una inesperada preponderancia en la vida y en el departamento de Pablo, revelando su cotidiano y su forma de ver la vida, donde ninguna relación humana debe tener importancia sino sacar el máximo provecho de las personas: “me doy cuenta de que todo el rollo del velorio no es por la comida o el vino, sino para conocer a paltones con una buena billetera y llevárselos a la cama” (51).

Pablo Tapia es un perdedor y un misógino irremediable con delirios de grandeza. Su odio hacia las mujeres —basado en el permanente recuerdo de los reproches de su expolola durante la universidad—lo utiliza como motor para demostrar que él ha avanzado en la vida y ha logrado algo. De igual manera, apela a la creencia de la superioridad de género, es decir, la mujer como ser inferior; mucho más si la categoría de mujer subyace en una trabajadora sexual: “Intento pensar en otra cosa, pero no puedo, y se me viene a la cabeza la idea de la venganza, de hacer algo que la haga sentir más abajo que yo, algo que la avergüence.” (82) Sin embargo, continúa en el mismo sitio, estancado, sin ánimos de salir. Es más, regularmente piensa que su única salida es el suicidio. Igualmente, reparará en su amistad con Natalia, pero pese a que le genera más problemas que amores, asume que le conviene que ella transite por su departamento para convencerse a sí mismo de que ha avanzado en la vida, aun cuando su situación haya pasado de la soledad y la desdicha a una amistad por conveniencia no sexual: “Y la prefiero cerca. Cerca y a la vez absolutamente inalcanzable y dejándome caer a la mierda una vez más. Como la vida misma” (53).

En resumen, la narración busca recurrentemente plasmar la superioridad de un sujeto sobre otro, de lamerse las heridas de un pasado que no se puede subsanar. Esta moralina pechoña, miserable, de confort, nunca en riesgo, escurridiza y conservadora, es la misma que revela una trama floja, sin saltos temporales, y una escritura de primero medio. Si la obra es la visión de mundo de un autor que exhibe una sociedad machista y pueril, me quiero bajar del vagón.

Labios Ardientes

Emilio Ramón

Santiago-Ander Ediciones, 2016

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Gonzalo Schwenke (1989). Es Profesor de Lenguaje y Comunicación por la Universidad Austral de Chile. Es además crtítico literario del diaro El Insular de Chiloé: http://www.elinsular.cl/.

CC licencia

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Ana, o la destrucción del personaje

 

por Francisca Santibáñez

ana_das-kapitalAna: Reimaginando El diario de Ana Frank es un libro escrito por Marjorie Agosín e ilustrado por Francisca Yáñez que fue publicado el 2015 por editorial Das Kapital siendo parte de la colección infantil Pelota de trapo. En él se hace un homenaje a Ana, perfilándola, según lo explica la autora, como una niña común y corriente que toma helados y anda en bicicleta, entre otras cosas. Para lograrlo, debe modificar un poco los tiempos: mientras el libro original comienza el día del cumpleaños número trece de la niña –día en que recibe como regalo el diario de vida–, el libro de Agosín comienza un poco antes y el cumpleaños se ubica más o menos en la mitad del libro, pasando a una segunda parte confusa y vertiginosa en donde los acontecimientos hasta la muerte del personaje son rápidos y poco profundos.

 Ana y las situaciones a las que estuvo sometida, sin duda, nos conmueven a todos y todas. Entiendo que lo que busca la autora es darle un respiro al personaje histórico de forma simbólica a través de la literatura. Es una especie de acción de sanación personal y colectiva que me hace recordar otros casos, por ejemplo, el del poema 48 de La Cuidad de Millán, en donde lo ocurrido retrocede y desaparece, como tantos chilenos hemos deseado. En suma, el gesto de Agosín es muy noble, pero se queda en la intención porque lamentablemente no lo logra.

A principios de este año, el clásico de la literatura universal estuvo envuelto en una polémica cuando la propia Fundación Ana Frank declaró que el padre de la niña –Otto Frank– fue co-autor del libro. Si bien, a mi juicio, este asunto no es más que un problema de derechos de autor, en el acto se abre un cuestionamiento aún más interesante: este libro es un patrimonio cultural potente y una referencia obligada al hablar sobre la Segunda Guerra Mundial. Una enorme cantidad de personas alrededor del mundo lo ha leído y ha marcado generaciones. Su peso no radica solo en ser un documento histórico, sino que en su calidad literaria, porque conmueve, divierte, genera empatía y abre espacios de reflexión fundamentales. Este libro ¿Pudo haber sido escrito por una adolescente de trece años?

En lo personal creo que sí, porque la protagonista es verosímil, tiene la fuerza y la vehemencia de una persona de trece años y es completamente posible que el texto literario refleje, sin edición de por medio, el sentir y el actuar de esta persona. Ana es en ocasiones apacible, sensible, solidaria, pero en otras es también oscura y triste. Tiene episodios de ira importantes en donde le desea secretamente lo peor a sus compañeros de refugio. Reflexiona muchísimo sobre la humanidad y entrega datos duros sobre la guerra en todo momento, demostrando que es un tema central. Tiene fuertes conflictos, dudas e impulsos en el plano sexual y afectivo. También hace comentarios irónicos deliciosos, esa es la mejor parte. Y si su memoria recuerda erróneamente a Ana como un vaso de leche, tal como le ha pasado a muchos nostálgicos, lo invito a que relea sus páginas, porque ella está muy lejos de serlo.

El texto de Agosín es poético, tiene imágenes bellas, sensibles e inspiradoras. Pero es solo eso y, quizás, hubiese funcionado como un texto independiente de esta intertextualidad con Ana Frank, porque evoca de forma débil a la adolescente irónica e irascible que conocemos. Lo que nos muestra es un personaje plano, un poco patético, demasiado amable: inverosímil. En ocasiones parece artificial, tiene un tono dulzón que hostiga. El error está en quitarle las emociones fundamentales al personaje, porque eso contribuye a la construcción del estereotipo de la niña-judía-buena-inocente-víctima pasiva del holocausto.

Las ilustraciones de Francisca Yáñez evocan una propuesta estética muy propia de los años cuarenta. Se trabaja, entre otros elementos, con los conceptos de seriación, a través de papel tapiz, pisos, papeles de regalo, etc., e invisibilización, dibujando líneas punteadas en los bordes de las cosas y las personas. También utiliza algunos símbolos como la estrella de David y la menorá. Me parece que la ilustración, a pesar de ser bastante nostálgica, logra captar el espacio de tensión y conflicto que presenta El diario de Ana Frank mucho mejor que el texto escrito.

Por las características físicas del libro y la cantidad y contenido del texto, creo que está pensado para niños y niñas desde los diez años. Teniendo a lectores y lectoras con un poco más de experiencia, con mayor razón habría que mostrarle un personaje complejo, porque es mucho más interesante y es posible que se logre una identificación. El problema es que muchas veces como adultos subestimamos a los niños y las niñas pensando que no van a entender o no van a soportar ciertas cosas y las escondemos. Pero es bien sabido que eso es producto de nuestra idealización de la infancia: los niños pasan por una enorme cantidad de emociones y pensamientos, no podemos invisibilizarlos.

Nosotros y nosotras estamos llamados a contribuir con el desarrollo de su recepción crítica, para eso estos problemas humanos deben reflejarse en la literatura. En este momento la industria editorial de literatura infantil y juvenil está llena de libros-instructivos-panfletos que tienen como objetivo incluso enseñar ciertos comportamientos, despreocupándose de la calidad literaria, “libros de autoayuda para niños” como diría la escritora María José Ferrada. Dentro de este panorama desolador, el libro de Agosín queda bastante bien parado si lo comparamos con otros. Sin embargo, sigue siendo prueba de que aún queda mucho por hacer en este ámbito, en especial dentro de la producción chilena de literatura infantil y juvenil.

Ana: Reimaginando El diario de Ana Frank

Marjorie Agosín, Francisca Yáñez (Ilustraciones)

Das Kapital, 2015

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Francisca Santibáñez Marambio (Santiago, 1985) Es Licenciada en Educación y Profesora de Castellano de la Universidad Católica Silva Henríquez, Diplomada en gestión cultural en la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2011 fue becaria de la Fundación Neruda. Al año siguiente fundó el Colectivo de Arte Cardumen. Recibió la beca de creación en poesía del Fondo Nacional del Libro y la Lectura convocatoria 2016.  Actualmente es estudiante del Diplomado de Apreciación Estética de Los Libros Infantiles y Juveniles de la Pontificia Universidad Católica de Chile y se desempeña como Profesional de Apoyo de la Coordinación de Fomento Lector y Escritor de la Biblioteca de Santiago.

CC licencia

 

 

 

 

 

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