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ANUARIO POESÍA Y CRÍTICA 2014

Queridos lectores y lectoras,
con mucha satisfacción les presentamos el trabajo del año 2014 en nuestro ya tradicional Anuario PyC que cada año preparamos para Uds. con mucho cariño. En él encontrarán las entrevistas, artículos, revisiones, reseñas y, por supuesto, críticas que publicamos durante el año que acaba de pasar. Agradecemos a las editoriales, colaboradores y lectores que han confiado en nuestro trabajo haciendo de nuestro sitio un espacio de reflexión que crece cada día.

En esta oportunidad les entregamos el Anuario 2014 en una versión pdf descargable.

¡Que lo disfruten!

Equipo PyC

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Pájaros Salvajes o inténtelo de nuevo

 

por Daniela Pereira

 

pajarosalvajesPájaros salvajes se presenta con la desconfianza que produce cualquier libro (algunos más que otros, sobre todo a los neuróticos, a los que nos preocupa la edición, el tamaño, el año, etc.). La elección de la portada me lleva enseguida a pensar en esas cuidadas ediciones de poesía de la editorial UDP, donde descansan la Mistral, Lihn, Parra y de Rokha, entre otros. Entonces mi primera preocupación es desconocer en absoluto el nombre del autor: Ronald Gallardo Duarhtt. Dedico unos minutos a googlearlo, pero la búsqueda es infructuosa, no hay muchos datos sobre él. Así que me conformo con la información de la solapa, donde aparece una foto que me hace pensar en Claudio Bertoni y ese halo bukowskiano del viejo rancio que escribe. Es inevitable reírse y yo aprecio mucho los libros que me hacen reír. Veo el currículum de este señor y me asusto un poco, pues se ve importante y yo comienzo a cuestionar la amplitud de mi cultura literaria.

Lo que sucede a continuación es un poco extraño para mí, pues además de la portada, la foto y la información de la solapa, me encuentro con dos prólogos, uno de Edmundo Herrera (escritor) y otro de Máximo González Sáez (director de MAGO editores). El primero es como un resumen de las palabras poéticas de Gallardo, si es que una poética puede resumirse, y el segundo es la justificación de la edición del presente libro.

Creo que no ir directo al quid del libro es indicio de que lo que tengo que decir de él no resulte muy auspicioso. González afirma en su prólogo que Pájaros salvajes es “un poemario ágil, lleno de diálogos con los contextos sociales, políticos y culturales de los últimos años”. Esta idea de tomar la poesía antes como una pedagogía histórica que como poesía, es algo que no puedo compartir. Y el libro avanza como un enorme foco de luz halógeno que te encandila, y que se llama Ronald Gallardo.

Pájaros salvajes tiene tres grandes divisiones: “Vengo de la casa de Manuel Rojas”, “Azul de diamantes” y “Cabaret palabras malescritas”.Y prácticamente ningún poema se salva de tener un epígrafe.  Los hay muy variados, desde dedicatorias a personas desconocidas o literarias, hasta partes de letras del flaco Spinetta: “Me acuerdo de tardes enteras en el bar que estaba al lado del Teatro Astral con Pomo y Machi, cagándonos de risa, pensando en posibles nombres para este astronauta transido por las luchas de las eras…”. La verdad, me molesta el epígrafe, la dedicatoria gratuita e incluso la pedantería de hacerlo en ruso (p. 63), porque obstruye la fluidez de la lectura. El fechado de algunos poemas nos lleva a pensar que estamos frente a un diario íntimo, donde al sujeto le parece de suma importancia el que sepamos dónde, cómo, cuándo, por qué y a quién, razones que atentan directamente contra el poema que no tiene espacio para sostenerse, para respirar. Eso al final, sumando y restando se transforma en un cúmulo tipo collage donde se copian y pegan citas bonitas, nombres intelectuales y una serie de elementos que desnudan completamente al sujeto de alguna complejidad, lo que pareciera no dar cabida al cuerpo textual de los poemas. Pareciera más un ejercicio de exhibicionismo personal, que se condice mucho con la elección de la portada, los dos prólogos y esa foto que aparece en la página 29 de Gallardo sosteniendo un retrato de Manuel Rojas, a quien, me quedó muy claro, admira mucho.

Junto con la sucesión de epígrafes que se encuentran a lo largo de todo el libro, debo agregar que el lugar común amenaza constantemente con hundir la propuesta de Pájaros Salvajes, sobre todo cuando hace referencia a las implicancias políticas más explícitas como sucede en el poema Ángeles negros (p. 58): “Somos ángeles negros/ que caminan por Santiago/ sedientos de libertad./ Las calles se hacen chicas/ cuando extendemos nuestras alas.” No encuentro mayor explicación que citar los versos, pero la simpleza casi adolescente e ingenua hace que el poema se desplome solo por el hecho de ver vagar a estos seres signados en busca de la liberación del yugo dictatorial. También existen intentos de hacer rimar pobremente algunos poemas como “Demente”: “Parado en medio de la gente/ parado en medio de mi mente/ ya no veo a nadie ni siquiera con estos lentes/ empiezo a odiar a la gente/ que arruina todo creyéndose decente/” (p. 112).Y así sigue el poema, donde se busca una rima forzada y malograda a mi juicio. algo así como una canción punk hecha en clases de castellano. También detecto lo mismo en “Nada me ata”: “Que difícil se me hace/ convivir con cierta clase/ de personas que todo quieren comprar./ Hasta mi alma tiene precio/ si decide descansar/ en el fondo de todo/ está el valor que decide la felicidad.” (p. 86).

Finalmente, y algo que no nombré en un comienzo, es el subtítulo de Pájaros Salvajes, “palabras migratorias” donde tal vez radique lo que más se pueda rescatar del libro en general. Ese paseo por diversos lugares, como Valparaíso, Isla Negra, Santiago, etc.: “la lluvia cae sobre la ciudad de Valparaíso/ el espacio de la calle Condell se repleta de familias que agradecen a San Pedro” (p. 36) Y también este carácter epistolar de los poemas, con fechas, lugares y destinatarios, hace pensar más que en un viaje poético, o en un poeta que tenía que viajar y guardó apretadamente todos sus poemas en una maleta para que no se perdiera nada, sin importar en qué estado estuviesen esos textos. Todo en el libro pregona el nombre de Ronald Gallardo, pero su poética no logra sostenerse en pie, no camina sola.

Pájaros Salvajes es un intento de hacer coexistir poemas muy distintos en un mismo libro ─muchos de ellos a medias─ que no resulta, pues existe una voluntad exhibicionista que lo aplasta, un ego poético bastante evidente. El siempre necesario trabajo poético parece ausente, pues las anotaciones, los poemas-cartas, etc. parecen muy descuidados, sobre todo en cuanto a los intentos de rima, sin embargo esta falta de trabajo depurativo no solo es del poeta, sino también del editor. Este un libro anclado en aquella estética del revolucionario a medias durante la época de la dictadura, un escueto “fueron tiempos difíciles” que ya no convence a nadie, como el mismísimo discurso de la concertación (a.k.a “Nueva Mayoría”). Francamente no recomendaría su lectura, pues no podemos ponernos a decir que todo lo público es necesario o worthy de leer. Ahora bien, un escritor como Gallardo debe saber que este puede ser un intento fallido, no se trata de crucificarlo, ya que no será ni el primero ni el último que publique un libro malo, sin embargo, creo que el llamado de atención es al editor. No estamos frente a una poesía que abra paradigmas como lo fue Los gemidos, por ejemplo, como para justificar aquella flaccidez escritural o ese collage tan diverso y complejo imágenes. Creo que Pájaros Salvajes es tarea para la casa o bien un “inténtelo de nuevo” para Gallardo.

Pájaros salvajes

Ronald Gallardo Duarhtt

Mago, 2013

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Daniela Pereira (1990) Licenciada en literatura y ciencias del lenguaje por la Universidad Finis Terrae de Santiago. Actualmente directora del proyecto “Pablo de Rokha y siglo XX: el otro Pablo de las letras chilenas”, financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura 2014 en la región de Valparaíso.

 

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Un pueblo que no es pueblo: Capitalismo tardío, José Ángel Cuevas

Por Nelson Zúñiga

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Con una cubierta en la que se evoca el reconocible estilo de Alfaguara, la editorial Mago lanzó en diciembre de 2013 Capitalismo tardío, el más reciente poemario de José Ángel Cuevas. Esta lógica de vender la obra a partir de la imagen del autor es una decisión editorial que pareciera ignorar la amplia carrera de Cuevas, ya que con más de 20 títulos publicados, el autodenominado ex poeta tiene más que ganado un lugar en el campo literario chileno, por lo que abarrotar la cubierta con una fotografía suya parece no tener lugar en el proyecto escritural de José Ángel Cuevas.

Capitalismo tardío está dividido en 5 secciones más un epílogo. Cada una de estas partes posee una línea temática que, a grandes rasgos, ordena los poemas de cada sección. Como conjunto, el libro retoma el gran tópico de la producción más reciente de Cuevas, como es la devastación cultural producto del maridaje entre los 17 años de dictadura y los 23 de posdictadura. Con algunos altibajos en la calidad de los textos, el poemario se centra en exponer la banalidad promovida por el mercado y su propaganda; esta banalidad se transforma en desolación total cuando se contrapone a la clara apología que el ex poeta hace sobre la vida de los sectores populares y estudiantiles previa al golpe de Estado.

Sin embargo, estas características, que ya integran de manera indisoluble la obra de Cuevas, son solo algunos de los aspectos que llaman la atención en Capitalismo tardío. En este libro se radicaliza particularmente uno de los elementos propios del trabajo del autor, como es el dialogismo, expresado aquí como una interpelación directa al lector por parte del hablante. Esto se traduce en que el poema, en cuanto construcción verbal, abre directamente los fuegos, iniciando o finalizando con apelaciones y preguntas al lector.

Estas preguntas no parecen cumplir aquí una mera función retórica, sino propiciar o abrir un diálogo –una reflexión− en el lector, ya que muchas de ellas se dirigen a que este último realice una evaluación, emita un juicio o, al menos, suscite una valoración de lo expuesto en el poema. De alguna manera, estas preguntas y apelaciones apuntan a un afuera del poema, hacia donde pretenden dirigir la atención del lector.

Esta función dialógica se vuelve más recurrente en la Parte dos del poemario, subtitulada Aparato público. La sección se inicia con el Poema 232: “Señor lector:/ ¿le interesaría a ud. saber a dónde fueron a parar/ las hojas de vida de afiliados, usuarios, anotaciones,/ expedientes, años de servicio y cálculos previsionales/ de las cajas de empleados públicos y periodistas (…) particulares? / ¿quiere saberlo?/ OK” (p.33). La interpelación al lector es más que un artilugio convencional; se vuelve un cuestionamiento respecto de la posición de cada lector frente a la situación política actual de Chile.

El dialogismo de los poemas se complejiza cuando, además de las preguntas y respuestas, estas últimas incorporan el uso de estructuras impersonales. Cuevas ejecuta aquí una fina ironía, al involucrar la presencia de terceras personas que, de forma fantasmal, inciden en la vida de la sociedad. Esto puede verse, por ejemplo, en el Poema 4, también perteneciente a la Parte dos: “Sus hogares llenos de niños/ llenos de mundo. / Empezarán a caer. / Porque a los deudores de la Banca se les aplica/ Repactación forzosa y Máximo interés convencional (p. 37). ¿Quiénes aplican estas medidas? Queda claro que los sujetos mencionados deben dinero a ciertas instituciones, mencionadas colectivamente como “la Banca”, especie de hidra de mil cabezas, pero paradójicamente sin rostro. A los deudores, dice el autor, se les aplican ciertas medidas… esta impersonalización oculta al sujeto, lo distancia de su acción, pero al mismo tiempo lo señala pragmáticamente. Este juego de ocultar y develar enriquece la lectura de los poemas de Cuevas, siempre políticos, siempre con un ojo en la historia, y hace que el lector se involucre en el diálogo con sus propios conocimientos y experiencias cotidianas. En el fondo, lo que parece sustentar este poemario ‒ y probablemente toda la obra del autor‒ es la constante referencia a una ideología, entendida esta no como partidismo, sino como la consecuencia propia de la persona que no transa sus valores y principios. De ahí tal vez que los poemas de Cuevas se dirijan con tanta vehemencia a un pueblo que se olvidó de que era pueblo y asumió ‒ dictadura mediante ‒ los anti valores de la clase empresarial.

El poema Fotografía de época fusiona el dialogismo con otra de las obsesiones recurrentes de Cuevas: el rescate del pasado. Pero no se trata aquí de un pasado en abstracto, como ‘idea’, sino un pasado situado materialmente, reconocible en sus vestigios. La fotografía evocada en el título parece cobrar vida mientras avanzamos en la lectura: “En las inmediaciones del viejo molino/ San Cristóbal/ se hacen presente montañas/ campos floridos/ ríos que fluyen// Hay poleas que suben/ y bajan a lo largo de la calle Exposición (p. 40). Podemos ver la acción: la producción del molino, situada en un Santiago donde el trabajo y la industria representaban la posibilidad de los trabajadores de alcanzar un porvenir  más próspero. La vida colectiva y un proyecto de país se evocan aquí por medio de la imagen de la producción y el trabajo. Sin embargo, un silencio se teje sobre esta imagen, el silencio del lector, tras la pregunta que cierra el poema: “Ud. ¿sabía eso?” (p.40)

En otros casos, las preguntas funcionan resemantizando el cuerpo del poema. Es lo que sucede en Carrete, donde se nos muestra justamente la imagen del jolgorio generalizado en torno a la selección nacional de fútbol: “se ven mujeres con su bandera tricolor/ pegada al pecho y saltando/ en pubs cantinas bares de la Nación/ ¡qué inmensidad nacional, Dios mío!/ ¿no creen ustedes? (p. 56). Aquí la pregunta al lector ironiza el contenido y el desarrollo previo del poema, haciendo que todo el imaginario en torno al fanatismo futbolero se revele como una mueca, una máscara que trata inútilmente de ocultar el vacío del consumo capitalista. Esta visión contrasta fuertemente con uno de los poemas más conocidos del autor, Mundial del ’62, donde el futbol se presenta mucho más como una fiesta popular y no una excusa para la promoción de las grandes marcas. Una breve lectura comparativa de ambos textos podría darnos una idea de la dimensión de los cambios sociales que tanto obsesionan a José Ángel Cuevas.

Capitalismo tardío se presenta como la invitación a un diálogo, a una conversación donde la memoria, la política y la literatura son, entre otros, los temas propuestos. Un diálogo que resulta siempre interesante y variado. Para los asiduos a José Ángel Cuevas será un nuevo encuentro con su poesía inconformista y evocadora, para los lectores más noveles es una gran oportunidad para iniciar una conversación franca y abierta con uno de los poetas más influyentes, activos y prolíficos de la escena literaria actual.

Capitalismo tardío

José Ángel Cuevas

Mago, 2013

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Nelson Zúñiga González (Santiago, 1977) Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Diplomado en edición y publicaciones (PUC). Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La Ciencia del Silencio. Actualmente cursa el Magíster en Estéticas Americanas (PUC). Es gestor de “Poesía y Crítica”.

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