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“Siento que uno puede entender una época histórica a través de la literatura”: Una conversación con Felipe Reyes

por Nelson Zúñiga

Narrador, músico e investigador, Felipe Reyes es un hombre con intereses múltiples. En 2013 obtuvo el primer lugar del concurso Escrituras de la memoria, con su libro Nascimento, el editor de los chilenos, primera publicación que aborda la figura del mítico editor. Con una novela a su haber y otra a punto de presentarse, las inquietudes de Felipe no se agotan. Esta es la conversación que tuvimos con este “principiante” del mundo literario.

Felipe 2.2

Felipe, entre tus labores está no solo la de ser autor de narrativa e investigador editorial, sino también músico, en Hermano Kiltro y en tu proyecto Onofre Borneo. ¿Ves estas manifestaciones como vías paralelas de expresión o estableces vínculos entre ellas?

Yo creo que sí, yo creo que algún tipo de vínculo tienen. Nunca me había detenido en eso, pero yo creo que el vínculo existe porque de alguna manera la música es una forma de narrar también, o por lo menos yo la entiendo así. La música, a mí como auditor me gusta que me cuente una historia, que haya un relato ahí, o que me sugiera por lo menos imágenes que pueden construir una historia.

Porque un buen disco también es como una buena novela, ¿no? Tiene su estructura dramática.

Claro, y de hecho ese es un tema muy importante, porque al momento de estructurar un disco hay que ver qué tema va primero, cuál es el dos, cual es el tres, cuáles son los estados que tiene. El disco está pensado también como para escucharlo completo, al igual que un libro para leerlo completo. Entonces yo creo que es una forma paralela de contar una historia.

¿Qué parte de Felipe Reyes sale por la narrativa y cuál sale por la música? Porque me imagino que como creador tienes salidas distintas.

Creo que en el caso de la música es más abstracto, al no tener texto, que tampoco es la única forma de narrar o de decir algo. Y hay mucho de lo que me interesa y me gusta ahí también, porque lo que escucho es bien transversal en términos de estilo. Entonces no es solamente que yo haga música electrónica y escuche música electrónica, tengo una variedad de estilos bien grande. En el caso de los libros creo que quizás es más concreto; esas inquietudes, esos intereses, esas trancas, esa miseria… es más evidente. Creo que esa es la mejor forma de calificarlo. Claro, es más evidente por el hecho de tener texto y de tener algo directo, como es la palabra.

¿Por cuál de esas manifestaciones te inclinaste primero? ¿Escribiste y después fuiste músico o se fue dando?    

Son las dos cosas que han estado siempre presentes en mi vida de una u otra manera. Son las dos cosas que tienen un lugar demasiado importante: los libros y la música.

¿Desde qué edad?

La música, desde siempre. Porque vivía en una casa donde se escuchaba mucha música, o la música era algo importante, por lo tanto era una casa siempre con música. Y vivir con mi abuelo que era un melómano, eso me permitió conocer música que quizás la gente de mi edad no conocía, como el tango por ejemplo. Pero también música “cebolla”; me gusta mucho lo que se denomina como música cebolla, música romántica. Pero curiosamente mi abuelo era un tipo bien ecléctico en sus gustos, porque podía escuchar tango o música romántica, como también le gustaba la cumbia o el pop más livianito de los 80. Sería como que en estos momentos a un tipo de setenta años le gustara, no sé… Miranda, algo así. Y ese gusto no era solamente escuchar las canciones en la radio, sino que se compraba los discos.

¿Tu abuelo era también un lector? ¿Fue tu abuelo el que inició esa parte en ti?

Sí y no. En la casa había algunos libros, pero eso se desarrolla más en la adolescencia en realidad. Era una casa en que había libros, pero él tampoco era muy lector.  Era más un lector de prensa, eso sí, un lector de prensa constante, duro. Pero claro, cosas grandes de literatura que haya encontrado ahí, no. Eso fue posterior.

Nascimento

Nascimento, el editor de los chilenos (Ventana Abierta Editores)

En Nascimento, el editor de los chilenos abordas la figura del que probablemente sea el editor más relevante del siglo XX en Chile. ¿Cómo surge la idea de desarrollar esta investigación?

Todo esto parte un poco como lector. Me empiezo a interesar en la literatura chilena más antigua, en una literatura que tenía que ver con los bajos fondos, que es la literatura que me gusta. Siento que uno puede entender una época histórica a través de la literatura y empiezo a fascinarme con estos autores. Paralelamente a eso empiezo a fascinarme también con el mundo del libro, todo lo que significa hacer un libro, desde producirlo pero también venderlo; fui librero, trabajé en librería, entonces empiezo a fascinarme con este mundo. Con todo lo que significa el libro y claro, buscando por ahí, cachureando en las ferias, en el persa Biobío, buscando a esos autores, empiezo a encontrarme con Nascimento, con este nombre… “Este libro es Nascimento, este otro también es Nascimento” y paralelamente conociendo el mundo editorial, trabajando en eso, y ahí me pregunto quién es Nascimento: ¿Es un nombre de fantasía? ¿Es el apellido del editor?  ¿Quién es finalmente?  Empiezo a investigar y me encuentro con esta historia de este inmigrante que se instala acá y de ahí toda esta fascinación. Yo creo que uno tiene que enamorarse de un personaje cuando quiere escribir sobre ese personaje, tiene que cautivarte,  algo te tiene que pasar con él también en tu vida ¿no? Hay un juego muy extraño ahí, entonces coincide con todo este descubrimiento en términos laborales del mundo del libro, todo lo bonito que era esto, conocer a la gente de La Calabaza del Diablo, por ejemplo, yo creo que fueron los grandes “culpables” de que haya escrito libros; gente que hacía una revista, eran jóvenes y habían publicado libros, fue un un gran aprendizaje, conocer a toda esa gente: Jaime Pinos, Roberto Contreras, Marcelo Montecinos.

Se te fue abriendo un mundo ahí.      

Claro, a ellos tres los centraría como quienes me abren  las puertas de todo esto. Y a la gente que fui conociendo gracias a ellos. Entonces empiezo a investigar y  claro, me di cuenta que había una gran historia, tanto su historia personal como su labor como editor. Y lo primero de esto es una síntesis de lo que fue después el libro, que aparece en la revista Mapocho de la Biblioteca Nacional, no sé si el año 2005. Ahí aparece el primer esbozo de lo que después sería el libro. Queda un poco abandonado un tiempo, después de un rato lo retomo y lo termino.

Por lo que cuentas al inicio, el proceso de investigación adquirió a ratos un tono detectivesco, siguiendo pistas fragmentarias para construir una especie de retrato en ausencia.  ¿Cómo fue ese proceso de ir re-construyendo la figura de Nascimento a partir de estos pequeños fragmentos que ibas encontrando?

Lo primero es que la gran mayoría de sus contemporáneos y de los que habían sido amigos, colaboradores o autores de la editorial, estaban muertos. Por lo tanto, ¿Cómo contar esta historia? Lo mejor era que esos autores hablaran de él. Porque también se trataba de un tipo muy discreto que casi no dio entrevistas. En cincuenta o sesenta años de actividad dio muy pocas entrevistas, tres o cuatro. Tampoco es que haya publicado un diario, cosas como esas. Era un tipo muy discreto, no se involucró mayormente con la bohemia que había en Santiago, entonces era muy difícil. Empecé a buscar el testimonio de sus autores y encontré que esa era la mejor forma: que ellos contaran, hablaran sobre Nascimento. La prensa, las memorias, todo eso.

Cuando uno ve la labor que hizo Nascimento, se da cuenta de que él apostó por los escritores locales, se la jugó por publicar autores chilenos. Ese es un rasgo presente en la edición independiente de hoy. A tu juicio, ¿Qué otros aspectos del trabajo de Nascimento se pueden ver en la generación de editores actuales?

Él se preocupa de publicar autores nacionales, y ahí hay un doble juego también, ¿no? Como lector, una forma de entender este país de adopción, este país en el cual él se radicó, se casó, tuvo sus hijos,  era a través de esta fascinación que él tenía por la literatura, como lector primero, una forma de ir entendiendo  la sociedad chilena, que es tan contradictoria, confusa… y por otro, claro, encontró una forma de ganarse la vida ahí. Hay también una elección de ganarse la vida un poco por casualidad, como quedarse con la librería, el incentivo que hace Eduardo Barrios: “oye, hagamos libros”. Otros editores creían que los escritores chilenos no eran tan buenos o no vendían, y él dice “no, yo voy a publicar autores nacionales, yo creo que sí son buenos, pueden ser vendibles”. Hay también una mirada comercial, no solo en la literatura. Y lo que podría ser ahora un símil de eso, no sé, yo creo que lo que hace Marcelo Montecinos en La Calabaza del Diablo me parece que podría ser bien “Nascimento”, porque Marcelo tiene su imprenta en su casa también, hace toda la cadena; es editor, maneja la máquina, es un poco una especie de Nascimento moderno, y de alguna forma Marcelo también es quien ayuda a abrir esta senda. Es muy gratificante ver que haya todo este resurgir de editoriales, que sean los que están agrupados en La Furia y toda esta gente que está haciendo libros ahora, a partir de la iniciativa de un individuo, o de dos o de tres… quiero decir, sin el amparo de una institución pública, o de una empresa o grandes capitales. Es gente que solamente está fascinada con la literaura.

En tu novela Migrante te haces cargo justamente de esa problemática, de los inmigrantes peruanos en Chile, con toda la carga de prejuicios y xenofobia que esto desata en algunos sectores de la población. Actualmente Santiago y otras ciudades pareciera que son cada día más cosmopolitas, tenemos cada vez más inmigrantes. ¿Crees que este cosmopolitismo incipiente servirá para derribar esos prejuicios o, según tu  mirada, estamos ante la creación de una especie de ghettos sin mucha comunicación entre sí?

Yo creo que son las dos cosas. Creo que es un proceso largo que está empezando. Mira tú, cuando uno veía las imágenes del paro del Registro Civil un porcentaje importante de la gente de la fila eran inmigrantes, era algo muy notorio. Pero también hay ahí una contradicción que a mí me llama mucho la atención: la  de un país que afuera parece como una gran oportunidad, pero que no le asegura ni a sus propios ciudadanos cosas básicas como educación o salud, por ejemplo. Entonces es curiosa esa dicotomía que hay entre la imagen que proyecta Chile y lo que es realmente Chile. Esta ciudad, en el caso de Santiago, muy segregada, como una ciudad para pobres y una ciudad para ricos, donde los ricos prácticamente no conocen la otra ciudad, como dos países, donde tú puedes pasar, en pocos kilómetros, de Holanda a África. Es raro eso. Por otra parte, creo que esa integración es un proceso, el tema de los ghettos existe, pero la motivación parte por mi propia experiencia como inmigrante en dos realidades bien distintas, en Irlanda y en España. Dos realidades distintas quiero decir en la forma de tratar al inmigrante. Ahí también está la observación de cómo es recibido el inmigrante y la verdad es que para mí fue una experiencia que me marcó profundamente. No la había vivido antes, entonces fue algo que me impactó, me golpeó, yo creo. Es muy fuerte ver lo que significa llegar a otro país sin nada. Finalmente lo que a mí me toca vivir o lo que nos toca vivir como el ejemplo de la fila del Registro Civil es la inmigración de los pobres,  porque hay distintos tipos de inmigración, por decirlo así hay una inmigración clase A y una inmigración clase B, clase C… pero la que tiene que ver con nuestra inmigración, con la de mi clase, por lo menos, que es la inmigración de la gente pobre de los países, claro, eso es muy duro y ahí uno ve que hay que tener un gran valor para ir a un país, establecerse y tratar de ganarse un espacio en ese país, integrarse al mercado laboral, a una cultura, y con una constante hostilidad en muchos casos. Entonces esa experiencia yo creo que es una de las que más me han marcado y que más me han conmovido a la vez.

Felipe 1.jpg¿Eso gatilló la escritura de Migrante?     

Totalmente. En las dos historias que tiene el libro. Tiene mucho de mi experiencia. En el caso de la primera, claro, la sensación de lo que significa el desarraigo. Pero no con esta idea fascista de “patria”,  de “bandera”, del “chileno”… no, no, si finalmente es tu barrio, tus amigos o tu familia, eso es tu patria, tu cosa como inmediata. Eso por una parte, el desarraigo, la incertidumbre. Yo creo que esas son dos cosas que espero que el texto las transmita, la angustia de lo que significa. Y en el caso de la segunda historia está el tema de la barrera idiomática que fue para mí algo impactante de vivir; lo que puede significar la barrera idiomática en la integración de un sujeto a una sociedad. Pero al momento de transformar esto en libro dije “bueno, tiene que ser un poco más local” porque claro, en un momento la historia podía transcurrir en Europa, pero la idea era que fuera acá, hay todo un proceso de reescribirlo, de investigación también.

Ahora que en Europa justamente hay una crisis tremenda con los migrantes que nadie quiere.

Que estalló, porque venía. En la época que a mí me toca vivir en Europa –estamos hablando del año 2007-2008- en ese momento la crisis estaba, ya era un gran problema. Te encontrabas  con la gente de África durmiendo en los cajeros automáticos, en el tren o en la calle vendiendo cosas, en el tren cambiándose de vagones para no encontrarse con los controles. Las “pateras”, que son los botes que cruzan el Mediterráneo, eso era un tema ya presente, lo que pasa es que estalló este año.

Como latinoamericano, ¿en cuál de estas dos sociedades sentiste mayor rechazo? ¿O cuál fue más difícil para ti?

Lo que pasa es que ahí también hay un factor que es horrible. Porque, por ejemplo, en Barcelona se ponen –o se ponían en el momento que me tocó vivir a mí ahí– los pacos, la policía, a la salida del metro a pedir papeles, pero a mí nunca me pararon. Yo podía pasar por el lado de los pacos y jamás me paraban. Pero si te cachaban un poquito moreno, con rasgos indígenas, te paraban. Y aquí es un poco lo mismo. O sea de alguna forma la apariencia también dice algo, lo que es un gran error. Yo soy el ejemplo de eso. Y esas prácticas de discriminación se reproducen igual. La sociedad chilena no está muy lejos de cómo la española puede tratar a los latinoamericanos, cómo los chilenos tratan a los propios latinoamericanos.

Sobre todo a sus vecinos inmediatos.

Sobre todo a sus vecinos, claro. Porque con los argentinos es otro tema ¿no?  Ya si el tipo viene de Europa o Estados Unidos los pantalones te los bajas al tiro.

Como si llegara a su propio país.

Sí el tema es con los vecinos. Que es una idea muy fascista. El mismo Pinochet en sus libros-plagio hablaba de la “raza chilena” y de que los negros no se asentaron, lo que es una mentira: en Arica hay una gran comunidad que tenía que ver con los afro-peruanos que se quedaron, el tema de la chilenización… uno ve que siempre ha estado presente el gen mapuche y negro.

Hablando de estas relaciones, para algunas personas el campo literario chileno parece ser bastante cerrado, un poco endogámico incluso. Parece haber poca disposición a la literatura de otros lugares, con mayor intensidad hacia peruanos y bolivianos. ¿Piensas que nos miramos mucho el ombligo en el campo cultural chileno?                        

Totalmente de acuerdo. Creo que los escritores chilenos miran mucho a Argentina, quizá demasiado, cuando en Argentina lo que realmente les importa de Chile son los poetas, no los narradores. Reconocen a Chile como un país de tradición poética y se fijan en eso. Pero sí, ese complejo de inferioridad que tiene Chile con Argentina, claro, todo lo que sea de Argentina es como “bueno”. Pero poco concemos de lo que se pueda hacer en Bolivia o en Perú. Igual se han establecido algunos puentes, se han hecho cosas. Yo creo que eso está cambiando, hay gente que es más inquieta y tiene la mirada en otras partes. En los países de habla inglesa hay algo que me gustó mucho conocer, que es muy interesante:  ellos hablan del hype. Public Enemy a finales de los ochenta, principios de los noventa tenía una canción que se llamaba Don’t believe the hype, o sea “no creas tanto lo que inflan”, y uno se da cuenta de que las redes sociales también ayudan a inflar cosas a veces, entonces hay mucho aire también.

¿Una ilusión mediática?

Yo creo que sí, también a veces hay una ilusión mediática, y uno como lector ve tantas referencias y te llevas una desilusión terrible después al leer lo que se supone que es el nuevo Tolstoi, o no sé, el nuevo Bolaño… esa comparación, esa cosa que siempre hay que estar buscando la obra maestra, no entendido como el camino de un escritor, un desarrollo de escritura, esa de siempre estar esperando “el nuevo” algo.

En ese sentido parece que estamos un poco obsesionados con el autor como “autoridad”.    

Sí, a mí lo que más me llama la atención de ser un autor principiante, precisamente, es el “personaje escritor”. O sea, moverse en la escena, tener un reconocimiento en la escena. Da lo mismo tu obra, no importa, puedes tener un solo libro publicado, pero puedes hacer un taller, ¿no? Ya eso te capacita para enseñar escritura creativa, cosa que me llama mucho la atención. Son modernas para mí, como la palabra “proactivo” ¡Qué es eso! Uno ve mucho eso, que es la instalación del personaje escritor, no importa la obra, importa el personaje escritor. Y me parece bien, o sea… está bien, cada loco con su tema. Pero no sé, yo prefiero por lo menos tratar de generar algo, decir algo desde otra vereda, desde otro lado, no ubicándome en eso.

Tus libros Nascimento, Migrante y tu próxima novela Corte, todos están marcados por personajes de un cierto nomadismo: por supuesto Nascimento, que se viene a Chile, personajes que intentan pasar la frontera Chile-Perú, y está también el Lalo, de Corte –que es el choro viejo la población- cuyo prestigio se ve en una frase bien interesante como es “se mueve afuera”, que puede ser fuera de los límites de la población, puede ser en otro barrio, pero puede ser también otro país.

Es que ahí tú encuentras por ejemplo la lógica delictual, esa que está en Hijo de ladrón –que es un libro que tiene más de 50 años y uno lo lee y parece escrito ayer, no pierde actualidad– y en esa lógica no existe el concepto de ser el “doméstico”, el que roba en su barrio, que se mueve ahí, entonces eso de que se mueva afuera, que es una cosa de población, es un término bien lumpenesco, es que tú no robas, no te “mueves”, en tu población sino que sales a otros barrios, a otros lugares, ojalá sin violencia, ojalá sin disparar un tiro, ojalá haciendo el menor ruido posible. Entonces el personaje tiene esa leyenda en su barrio.

Se conecta con una especie de desterritorialización del personaje: él puede simplemente desplazarse, no está necesariamente arraigado, puede “ejercer” en cualquier lugar.

Porque ahí también lo que me interesa –y espero lograrlo– es que se muestre este cambio de lógica, que a la vez es este cambio de lógica nacional. La instauración de la política del shock que hace la dictadura genera un nuevo tipo de sujeto, que reproduce la lógica del capitalismo, por lo tanto el individualismo por sobre todas las cosas. A través de esta pequeña historia marginal de una población –porque tangencialmente está la historia de la población, que nace de una toma de terrenos– la idea era tratar de contraponer esas dos lógicas, esas dos cosmovisiones de población: del antiguo, del que le toca vivir esa población que surge en la Unidad Popular como una toma de terreno y después, contra la dictadura, esa población colaborativa, de unión, donde la Iglesia también jugaba un papel importante (el personaje del cura es un homenaje al cura Maroto) y tiene que ver con eso, con este cambio de lógica. Ahora es totalmente distinto; se pueden matar en una misma población, puede haber dos o tres territorios, entonces los hijos de un mismo origen dividen la población en territorios, ese tipo de cosas… ¿Y a quién le importa? Ese es el tema, eso es lo que me conmueve, que se maten en las poblaciones ¿Y a quién le importa?

Entonces tenemos nosotros ahí una evolución que podíamos decir que pasa de esa población enraizada en la épica popular, de la toma, verdad, donde la palabra clave era la colaboración, después a la resiatencia de los 80, y finalmente a la instalaicón de una competencia individualista de todos contra todos.  

Claro, y empiezan los grupos del narcotráfico, hay grupos de poder. Hay ciertos tipos que dictan las leyes dentro de un barrio. Es una pequeña minoría en una población, pero que finalmente termina dictando las leyes para la gran mayoría.

Una metáfora del macroescenario.

Claro, esa era mi idea, que a partir de esta microhistoria refleje finalmente ese cambio brutal que generó la dictadura.

Además de Corte, que la vamos a ver publicada en pocos días más por La Calabaza del Diablo, ¿Hay algún otro proyecto en el que estés trabajando? ¿Algo que nos puedas adelantar?

Sí, estoy trabajando en una investigación en la misma línea de Nascimento, también sobre literatura chilena de principios del S. XX.

¿Otra investigación detectivesca?

Es curioso, pero sí. En este caso tiene más tono de comedia que de otra cosa, es algo un poco más absurdo, más ridículo, pero lo interesante ahí es que es un episodio que se da en la literatura chilena y cuestiona la influencia de la crítica en los lectores. Ahora que está en boga el papel de la crítica y cuál es el tipo de crítica y cosas como esa. Bueno, esto es una anécdota y tiene un tono de comedia, que precisamente lo que quería era burlarse de los críticos. En eso estoy ahora. Pero paralelamente a eso igual estoy en otras cosas de ficción, porque la investigación es lenta, entonces puede que ni siquiera lo tenga para el próximo año, yo espero que sí, trabajo super a conciencia para tenerlo, quiero tenerlo el próximo año.

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Nelson Zúñiga González (Santiago, 1977) Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Estéticas Americanas y Diplomado en edición y publicaciones por la misma universidad. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La ciencia del silencio (Gramaje Ediciones, 2013). Es fundador y gestor de “Poesía y Crítica”.

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La primavera del libro 2013: cultura y variedad en el espacio público

por Equipo PyC

logoPor estos días se realiza la segunda versión de La Primavera del Libro, instancia que reúne a las editoriales independientes. En esta oportunidad, la feria se realiza en al parque Balmaceda y cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Providencia.

En un entorno distendido y que invita a visitar los diferentes stands, encontramos a Galo Gighlioto, uno de los organizadores del evento, quien comentó que en la primera versión de la feria, la lluvia les jugó una mala pasada, pero esta vez las cosas han estado mejor: “para empezar nos tocó un bastante buen clima. Ayer tuvimos un lindo día, hoy está nublado pero se agradece porque estábamos asados, y luego la gente también sale, se anima, porque el parque está bueno, la gente puede pasar en bicicleta, hay movimiento”.

Y no solo el tiempo ha estado bueno, sino que además este año son 65 las editoriales que participan en la feria, cerca de 20 más que el año pasado. Con respecto a la convocatoria de editoriales, y también de público, Galo comentó que “no hemos tenido una cuenta pero yo creo que vamos por las dos mil personas en el día y medio de feria que llevamos y seguro va a venir cada vez más gente y el fin de semana esperamos mucha gente también”.

Una de las editoriales nuevas para La Primavera del Libro es Uqbar, cuyo amplio catálogo abarca obras que van desde la filosofía a la poesía, pasando por la historia y el cine. Carolina Varela, representante de dicha editorial, comentó que decidieron sumarse a esta feria “porque era una buena instancia para darnos a conocer. Nuestros libros son bastante cotizados en el mercado y queríamos ver qué tal funcionaba como primera vez y la instancia ha estado bien entretenida, bien movida, ha venido harta gente, han estado bastante al pendiente de nuestros libros. La experiencia ha sido completamente positiva”.

2013-10-18 17.42.08Por otra parte, una de las características que definen a La primavera del Libro es su diversidad. No solo es posible encontrar literatura, sino también publicaciones dedicadas a la arquitectura, la educación o el arte. Este último es el caso de Adrede Editora, quienes ya participaron en la primera versión de esta feria, y que esta vez ofrece un catálogo mucho más variado. Para su editor, Daniel Reyes, este tipo de feria no es solo una oportunidad para la venta directa, sino que  “es interesante porque uno tiene un contacto directo con las personas que pueden interesarse en los libros que uno hace, porque mediante librerías o las compras institucionales, que son como más sobreviven las editoriales independientes, no tienes mucho contacto, mucho feedback con la gente. Entonces esto me permite tener un contacto más directo e incluso asimilar sugerencias”. Para Daniel, es relevante el hecho de que estas instancias sirven a los editores para contactarse y compartir experiencias en torno al oficio: “es un dinámica bastante profesional, de hacer y no solo de vender, sino que aquí hay una cuestión profesional de contactarse con los otros editores, con los colegas que están al lado… es interesante por una red social que se va produciendo en torno a los editores independientes”.  

En su versión 2013, los visitantes no solo encontrarán stands con libros, sino que también ha habido música (Mauricio Redolés se presentó en la inauguración), lecturas de poesía, foros, talleres y lanzamiento de nuevas publicaciones, entre otras actividades. El evento será clausurado con un monólogo extraído de la obra “El desaparecido”, de Juan Radrigán, a cargo de  Silvia Marín.

La Primavera del Libro crece y gana en madurez y convocatoria. Pueden visitarla hasta este domingo 20 de octubre a las 20 hrs. en el Parque Balmaceda, Providencia. La entrada es liberada. 

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Antes que se acabe el mundo: una visita a La “última” Furia del Libro

por equipo PyC

stands_furiaCon la presencia de 48 editoriales independientes, un público que rompió todas las marcas de asistencia y una actitud apocalíptica, cerca de las 20 hrs. de este viernes, se dio inicio a La Furia del Libro en su versión 2012 llamada irónicamente La “Última” Furia del Libro.

PyC estuvo allí pese a ser el último fin de semana de la Historia para tomarle el pulso a La Furia. Si no pudiste ir, no te conectaste a nuestra transmisión en vivo o quieres revivir los mejores momentos, te presentamos un resumen de lo ocurrido día a día:

Viernes 14

La Furia partió con el pie derecho: una lectura de algunos de los poetas y narradores más destacados del circuito; Nadia Prado, Yuri Pérez, Marcelo Leonart, Simón Soto y Alejandra Costamagna, quienes presentaron a los asistentes textos de sus últimas publicaciones. La inauguración continuó con la banda de Valparaíso LaSmala. Con una interesante fusión de ritmos latinos, europeos y jamaiquinos, LaSmala logró entusiasmar al público, bastante numeroso ya a esa hora.

Sábado 15

Pasado el mediodía los stands de las editoriales ya estaban instalados. El público de la Furia del Libro se hizo presente en una tarde nublada y calurosa. Así, cerca de las 16 hrs. los visitantes se aglomeraban en los stands. A esa misma hora continuaban las actividades en la Sala de Conferencias 1 del GAM.

Al igual que el primer día, Poesía y Crítica cubrió vía streaming las actividades de la tarde. Primero, fue la presentación del libro Crónica de Tollan de Manuel Illanes (Piedra de Sol ediciones, 2012) a cargo de César Cabello y Kurt Folch. El autor leyó textos de este poemario que construye una voz prehispánica desde la potencia del mito, el misterio y el origen.

Luego, fue el turno de Estación noche, el último libro de Javier Bello (Libros La Calabaza del Diablo). La presentación de este poemario estuvo a cargo de David Preiss y Raúl Zurita. En una sentida presentación, este último destacó la importancia de la poética de Bello en el marco de la generación de los 90 y rescató el fundamento humano de su obra, señalando que toda poesía real, desde su origen, es anterior a la verdad.

Posteriormente, la editorial Una Temporada en Isla Negra presentó los libros Pulsaciones de la derrota de Damaris Calderón y Espectros de Hernán Castellano Girón, dos grandes autores y dos grandes libros que aportan a la descentralización de la edición independiente.

Más tarde, Simplemente Editores presentó sus antologías Hombres con cuento y Las mujeres cuentan, con la destacada participación de Andrea Jeftanovic, Pía Barros, Alejandra Basualto y Diego Muñoz, quienes leyeron algunos de los cuentos que integran estas notables recopilaciones.

Por último, se llevó a cabo la mesa de conversación Edición independiente y el fin del mundo tal como lo conocemos: nuevos caminos para el libro en donde participaron Galo Ghigliotto (moderador de la mesa y editor de Editorial Cuneta), Paulo Slachevsky (director de LOM Ediciones), Armando Uribe (editor y profesor de edición en Francia), Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) y Nelson Zúñiga (editor general de Poesía y Crítica). Los temas expuestos en esta mesa fueron variados: Slachevsky expuso las directrices en la edición transnacional y la concentración editorial. Uribe mostró que hasta el momento en Francia ningún modelo de negocio sobre el libro digital ha funcionado. Brodsky habló sobre la edición independiente como un espacio de contrahegemonía y difusión cultural de la literatura chilena. Por último, Zúñiga habló sobre los nuevos lectores digitales y cómo la crítica, desde su lugar, debe ayudar a la profesionalización de la edición independiente.

Domingo 16

A partir de las 14:30 hrs. el público nuevamente recorría los stands. Los entusiasmados visitantes además de ojear los libros, hacer preguntas sobre los autores y pensar en la inmortalidad del cangrejo, asistieron a las actividades que se desarrollaban en la ya célebre Sala de Conferencias 1.

A las 16 hrs. se lanzó el poemario Lumbral de Antonio Guajardo (Editorial Pfeiffer), presentado por Raúl Zurita y Rafael Rubio. Con sentidas palabras, el autor agradeció a quienes le permitieron llevar a cabo su obra, para luego dar lectura a poemas cargados de una voz personal y de visitas a las formas métricas tradicionales.

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Homenaje a Enrique Lihn

Luego, se presentó el libro Querido Pedro. Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988) publicado por Das Kapital y presentado por Guillermo Valenzuela y Jaime Pinos, con un homenaje al poeta, marcado por la lectura de algunos de sus poemas en la voz de reconocidos autores nacionales. Un emotivo momento se vivió cuando Pedro Lastra habló respecto a su relación epistolar con Lihn y leyó parte del prólogo a la edición, además de un poema del autor de las cartas. Resulta destacable el trabajo de investigación realizado por Brodsky para dar a conocer a los lectores este material que permaneció guardado en el Archivo Nacional desde fines de los 80.

Cerca de las 18 hrs. Sangría Editora lanzó Oceana de Maori Pérez presentado por Florencia Edwards y Cristián Montes. En una poco habitual presentación, Florencia Edwards relacionó la novela de Pérez con el mundo de los videojuegos, tras lo cual el autor leyó algunos fragmentos de su obra.

Para cerrar esta “última” Furia del Libro, Tristán Vela – más conocido como Mantoi-  leyó poemas de su libro El percatarse (Cuarto Propio). Esta actividad se desarrolló en el escenario de la Plaza Central del GAM. Tras la presentación de Mantoi, tuvo lugar la tradicional lectura furiosa: una maratón poética con inscripción abierta, en la que los autores compartieron algunas de sus creaciones, siempre dentro de los tres minutos de rigor. Destacó la interesante variedad de voces, temas y propuestas literarias que se sucedieron bajo el oído atento del público.

Sin duda, esta Furia del Libro no será la última –sí, porque el mundo sigue- y su éxito se aprecia en varios sentidos: propuestas editoriales fuertes y jugadas, el desarrollo de una actividad cultural real, fuera de los blanqueados marcos de la institución y la visita de una cantidad importante de personas para ver y adquirir excelente literatura, cosa que, felizmente, contrasta con las lapidarias cifras de lecturas a las que estamos acostumbrados.

Picha aquí si quieres revisar los archivos de audio de las presentaciones

Pincha aquí si quieres ver más fotos de La “última” Furia del Libro

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