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El cuerpo de los otros: Froterismo, de Eduardo Barahona

por Valeria Fuenzalida

14012857_10208705429384763_347613144_oFroterismo; Parafilias I es la primera novela de Eduardo Barahona, publicada por Ripio Ediciones (2016). El subtítulo de la novela, Parafilias I, instala a Froterismo como la primera entrega de un proyecto mayor del autor destinado a esta temática.

La novela nos presenta la historia de un joven, Bastián, repartida en episodios que se suceden en cuatro días de su rutinaria vida. La historia comienza en una aparente cotidianeidad, donde observamos la rutina de un típico asalariado santiaguino. Sin embargo, desde esta apariencia, emergen los deseos sórdidos de Bastián y las grietas de su pasado, dando paso a lo obsceno. El relato nos muestra cómo el joven, incapaz de relacionarse e intimar con otro en forma normal, emocional o sexualmente, encuentra este ansiado contacto con un cuerpo otro en los roces ajenos que se suceden en el transporte público, arrojándose a la práctica del “froterismo” con alevosía, parafilia que le da nombre a la novela. El froterismo es una parafilia consistente en la excitación erótica mediante el rozamiento del órgano genital con el cuerpo de otra persona sin su consentimiento. Con el paso de los capítulos, Bastián se ve envuelto en sórdidas situaciones para-sexuales, las que son, aparentemente, la única forma en que puede relacionarse con el otro. Del mismo modo, comprendemos que es una víctima enajenada de su trabajo, donde con mucho esfuerzo ha conseguido la posición de “jefe de local”, puesto que le da sentido y jerarquía a su existencia: “Para él, todos los que trabajaban en el restaurant eran porquería. Lo que sobra de otras partes, como un colegio malo o una correccional. Gente inferior. Ni tan inteligente, ni tan lista, ni tan trabajadora como lo es él” (97).

La propuesta es atractiva de leer, pues su autor logra administrar con habilidad el ritmo de una narración que se constituye en una historia atrayente. Además, la lectura es rápida y fácil, sin grandes obstáculos de forma entre el relato y el lector. A medida que los capítulos avanzan, la misma sordidez del relato que repele al lector, lo vuelve más y más atrapante, convirtiendo al lector en una especie de voyeur, que no puede dejar de mirar, pues se presiente una cierta catástrofe, pasada o futura, aproximándose.

La edición, sin embargo, tiene varios puntos cuestionables, pues el formato de publicación no es amigable a la vista: letra muy pequeña, incluyendo la utilizada en la contracubierta. El tamaño del libro intenta emular el formato “de bolsillo”, sin lograrlo. Del mismo modo, el texto cuanta con muchos errores de tipeo: letras erróneas y conectores faltantes en algunas oraciones, errores que resultan graves por su persistencia.

Lo interesante de Froterismo es que la historia no solo persigue mostrar la temática parafílica, sino que junto a ella son múltiples las aristas que se insinúan, como la soledad y la indiferencia en que nos sumerge la sociedad actual, las grietas en la cotidianeidad de una familia, la voz de un sujeto enajenado por la ideología del consumismo: la mujer como objeto sexual, el machismo y las nociones occidentales de éxito. Sin perseguir grandes aspiraciones escriturales, de forma o de género, la historia de Bastián aparece desnuda frente al lector, con un buen ritmo narrativo, pero sin trabajar sobre la escritura. Esta fórmula escueta y algo dura, de pronto aparece como la única forma de contar una historia sórdida como esta. En esta falta de pretensiones, la novela funciona por lo que es.

Eduardo Barahona

Froterismo

Ripio Ediciones, 2016

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Valeria Fuenzalida Vargas (1990), es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica, mención Literatura, y Profesora de Educación Media, en Lenguaje y Comunicación (UChile). Ha participado como organizadora en las Jornadas de Literatura Latinoamericana “Palabra Abierta”, y como expositora en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana de Estudiantes (Jalla-e).

CC licencia

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La Desobedencia Rabiosa: Una mirada a Retiro de televisores de Edson Evaristo Pizarro

por Luis Caroca

retiro de televisores 2Este libro es una protesta, un alarido de rabia como si fuera un panfleto o un libelo y que desde el principio lo advierte: “quieren que hablemos despacio sin acentos sin alzar la voz” (p.7). El mismo título del primer poema es puro arrebato: La ira se convierte en ansiedad no deja rastro de haber combatido, y en sus versos se explaya: “Te desnudas frente espejo no hay cicatrices / No te cansas de hacer misma pregunta // Tampoco ha variado la respuesta” (p.9).  Otro texto, con tono irónico, da cuenta de una rutina vacía en un costado de la misma página, obligando al lector a decidir su forma de lectura y marcando un cierto contrapunto con el texto anterior: “a) ingresar centro comercial maniquies vitrinas manos ofertas bolsillos contar tarjetas credito billetera preguntar a uno mismo ¿Realmente tienes hambre?” (p.9) La carencia, ex profeso, de páginas numeradas, reglas ortográficas y dogmas gramaticales dan como resultado, un lenguaje vivo, de reproche y crítica. Al parecer, Edson Evaristo Pizarro se rebela tanto en forma como en contenido siguiendo una larga tradición literaria de protesta. Me recuerda, por ejemplo, las impresiones de Arthur Rimbaud en su famosa carta a Paul Demeney, donde el iluminado es categórico en lo que a audacia verbal se refiere, afirmando que las definiciones de diccionarios, las reglas fijas de sintaxis y gramática son sólo para los muertos, para los fósiles, es decir, para los académicos. Retiro de televisores pareciera seguir esta tendencia.

En el segundo texto (en prosa) Lo que oculta el mar, se hace patente el resentimiento y el dolor ante el hecho que el mismo título sugiere: La operación de ocultamiento de los cuerpos de los ejecutados por la dictadura en el mar: “Una parte de ti quiere devolverles memoria La otra corresponde a tus pies / sales a caminar” (p.11). Y el mismo poema remata con: “No hay direccion cuando el mar esta volcado Lo mejor es volver rapido emprender la retirada Dejas la puerta no por miedo a ladrones Puede que alguien encienda tu computador y se coma tus almendras” (p.12).

Se inicia, entonces, con el siguiente texto, el contacto del hablante con Kinue mediante el chat. Kinue es el eterno femenino, la manifestación del deseo, la aspiración, el amor no consumado o como lo dice el mismo título del texto: crees que tienes la almendra pero solo tienes la cascara. Es la mujer de otras tierras, de un país idealizado, muy distinto al Chile del hablante, quien vivencia la marginalidad típica de cualquier comuna periférica de Santiago, donde cada día es una lucha, muy distinto a la placidez y al erotismo del país de la mujer: “mientras kinue se desnuda por webcam” (p.17).

Llama la atención los cambios de forma escritural del libro, de verso a prosa, lo que nos permite deducir que por momentos el emisor, quien siempre es el mismo, puede pasar sin problemas de cierto lirismo a la narración propiamente como tal, incluyendo, en los diálogos, un estilo directo con giros y expresiones típicas del chat. Además el uso de la segunda persona gramatical se presenta como una proyección que convierte al lector en cómplice: “tu padre pensaba cuando eras chico que eras maricon porque jugabas con las amigas de tu hermana” (p.21).

Kinue dice: ¿Que es eso? Escribe como la

gente normal

Tu dices: XD Ñeeeeee”. (p.19)

Algo similar ocurre con la primera persona plural: “cuando estamos frente al monitor somos el ciclope” (p.23).  En la obra se da cuenta de una falseada imagen de país como si fuera un photoshop. ¿Kinue también hace lo mismo? Hay desarraigo, mudanza, cambios, intimidad y la ya mencionada  marginalidad: “Empiezo a escribir diarios todos los años (…) El alumbrado publico no alumbra todas sus ampolletas han sido destruidas Zapatillas colgando de cables pasaron de moda Ahora son camisetas de clubes deportivos las que delimitan nuevos territorios” (p.41).

Kinue dice: Tú nunca comprenderás lo que significa para una mujer ser bella. Solo puedes admirarla.

Tu dice: y desearla” (p.44)

El deseo no consumado se mezcla con la evasión de la realidad y también con la denuncia. La sociedad nos impone modelos de pensamiento que enajenan, conductas a seguir que creemos importantes y que realmente no lo son. Este país opresivo nos miente con falsos postulados, nos aprisiona entre la cordillera y el mar. En definitiva, Retiro de televisores nos impone reflexión y desafío. Nos obliga, como todo buen libro de poesía o prosa poética, a leerlos más de una vez para desentrañar todas sus aristas.

Retiro de Televisores

Edson Evaristo Pizarro

Ripio Ediciones, 2009

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Luis Caroca Saavedra es escritor y profesor de castellano de la UMCE. Ha sido antologado como cuentista en Mago Editores.  Ha publicado artículos sobre literatura en la Revista Water-Neon, Francia.

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