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“La vida en despliegue”. Colección Leporello de Quilombo Ediciones.

por Bárbara Cáceres Ch.*

quilombo unoDon Giovanni —personaje principal de la ópera homónima de Mozart— tiene un criado fiel, llamado Leporello, que lo sigue a sol y a sombra. Junto con servirle, este lacayo mantiene anotaciones de todas las conquistas que Don Juan va acumulando. Al final del segundo acto de la ópera, el sirviente despliega este registro en el escenario y, como es de esperarse para Don Juan, la enorme lista es un sinfín de hojas unidas a modo de acordeón. De ahí que este modo de encuadernación (tipo acordeón) se concretó en Europa bajo el nombre de Leporello, popularizándose en América recién en el siglo XXI.

No es entonces extraño que la colección de pequeños libros ilustrados desplegables lanzada por Quilombo Ediciones en noviembre de 2012 se llame “colección Leporello”. Por ahora, el repertorio es de cuatro títulos: Lluevo, Voy, El mundo sin e Instrucciones para tratar la melancolía; y si bien en uno de ellos se incluye texto, la gracia y lo que predomina en estos desplegables es la ilustración de connotadas artistas como Catalina Silva, Francisca Robles, y María de los Ángeles Vargas, todas chilenas, junto a la argentina Laura Varsky.

Cada uno de estos libros tiene el mismo formato: 10 x 16,5 cm., donde el desplegable funciona como libro por ambos lados de la cartulina extendida, cada uno con una versión diferente de la misma historia. Contenido en un packaging tipo sobre, expone en su contraportada un texto donde se presenta al despliegue como un juego, porque “si no se despliega no se entiende, si se despliega tal vez se entienda un poco”, sentenciando con la frase final: “¿La vida lineal? No, la vida en despliegue”.

Como primera mirada de la colección, uno por uno:

quilombo sieteLluevo muestra en una cara a una mujer melancólica que de a poco, desnuda y con frío, se acerca a la única ventana que hay en la habitación, donde se ve caer la lluvia. Por el otro lado lo que se ilustra es el patio afuera de esa misma habitación, donde el paisaje se muestra menos triste que al interior, con la sobre posición, en papel cortado, de un pasto muy verde y un árbol que, aunque deshojado, con la lluvia exhibe sus primera flores, mientras los pájaros recorren el lugar y se acercan a la mujer asomada por la ventana. Es el brillo de afuera en contraste con el adentro, como una extrapolación al mundo interior del ser humano, porque, como dice la ilustradora en una entrevista hecha por la misma editorial, “todos llovemos de vez en cuando”.

quilombo tresVoy relata, con una creación textil, el viaje de un ciclista por dos escenarios distintos. En el primero, el cruce con una niña parece motivar al ciclista. Ella tiene los ojos cerrados y el niño (que ya no está andando en bicicleta) lee en voz alta un libro que a ella le llega como el susurro de una ballena. El lado opuesto tiene un contexto menos lumínico. El niño de azul, como copia del colorido de la ciudad, avanza entre medio de taxis y semáforos para terminar leyendo en el banco de una plaza, solo. Quizás este segundo relato sea la realidad del cuento, propiciando el imaginario del segundo, que la ilustradora presenta como la primera narración.

En El mundo sin, una ilustración monocromática con pequeños toques de color presenta una calle en la que ocurren muchas cosas simultáneamente. Al reverso, los múltiples escenarios son los mismos, pero los actores sufren mutaciones, como un hombre con nariz de elefante, una mujer con pico de gallo, o una persona con cuerpo de tetera; personas que son mitad humanos, mitad animales/cosas.

quilombo seisInstrucciones para tratar la melancolía propone una variedad de recetas para el ánimo como “abra un ojo, abra dos. Navegue por los océanos del colchón destino las costas del jardín”. En un juego entre texto y tipografía, las ilustraciones parecieran avanzar de un ambiente de día a uno nocturno, donde por un lado los personajes tienen cabezas de flores, mientras que en el otro son jaulas de pájaros. Al final, pasando por todo el despliegue nocturno, pareciera que se llega a la cura y a un nuevo amanecer con el último consejo que propone: “Recuerde a sus abuelos descolgándole mandarinas… Y sale el sol”.

Como bien anunciaba la contraportada de esta colección, el despliegue quizás motive el entendimiento, pero quizás no. Hay que “descubrir lento, muy lento” estos relatos que parecen ofrecer los dos lados de una misma moneda, que más que opuestos construyen una totalidad que no es lineal. La colección Leporello no se agota con la primera mirada, al contrario, la gracia de sus ilustraciones es la capacidad de poder encontrarse con algo nuevo en cada visita, algo que complemente el relato o que simplemente encante el desconcierto.

Bárbara Cáceres Chomalí (Santiago, 1983) es Licenciada en Estética por la Pontificia Universidad Católica de Chile y ha realizado estudios de artes visuales (Universidad Arcis), de arquitectura (PUC) y el Diplomado en Edición y Publicaciones, PUC.

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Antes que se acabe el mundo: una visita a La “última” Furia del Libro

por equipo PyC

stands_furiaCon la presencia de 48 editoriales independientes, un público que rompió todas las marcas de asistencia y una actitud apocalíptica, cerca de las 20 hrs. de este viernes, se dio inicio a La Furia del Libro en su versión 2012 llamada irónicamente La “Última” Furia del Libro.

PyC estuvo allí pese a ser el último fin de semana de la Historia para tomarle el pulso a La Furia. Si no pudiste ir, no te conectaste a nuestra transmisión en vivo o quieres revivir los mejores momentos, te presentamos un resumen de lo ocurrido día a día:

Viernes 14

La Furia partió con el pie derecho: una lectura de algunos de los poetas y narradores más destacados del circuito; Nadia Prado, Yuri Pérez, Marcelo Leonart, Simón Soto y Alejandra Costamagna, quienes presentaron a los asistentes textos de sus últimas publicaciones. La inauguración continuó con la banda de Valparaíso LaSmala. Con una interesante fusión de ritmos latinos, europeos y jamaiquinos, LaSmala logró entusiasmar al público, bastante numeroso ya a esa hora.

Sábado 15

Pasado el mediodía los stands de las editoriales ya estaban instalados. El público de la Furia del Libro se hizo presente en una tarde nublada y calurosa. Así, cerca de las 16 hrs. los visitantes se aglomeraban en los stands. A esa misma hora continuaban las actividades en la Sala de Conferencias 1 del GAM.

Al igual que el primer día, Poesía y Crítica cubrió vía streaming las actividades de la tarde. Primero, fue la presentación del libro Crónica de Tollan de Manuel Illanes (Piedra de Sol ediciones, 2012) a cargo de César Cabello y Kurt Folch. El autor leyó textos de este poemario que construye una voz prehispánica desde la potencia del mito, el misterio y el origen.

Luego, fue el turno de Estación noche, el último libro de Javier Bello (Libros La Calabaza del Diablo). La presentación de este poemario estuvo a cargo de David Preiss y Raúl Zurita. En una sentida presentación, este último destacó la importancia de la poética de Bello en el marco de la generación de los 90 y rescató el fundamento humano de su obra, señalando que toda poesía real, desde su origen, es anterior a la verdad.

Posteriormente, la editorial Una Temporada en Isla Negra presentó los libros Pulsaciones de la derrota de Damaris Calderón y Espectros de Hernán Castellano Girón, dos grandes autores y dos grandes libros que aportan a la descentralización de la edición independiente.

Más tarde, Simplemente Editores presentó sus antologías Hombres con cuento y Las mujeres cuentan, con la destacada participación de Andrea Jeftanovic, Pía Barros, Alejandra Basualto y Diego Muñoz, quienes leyeron algunos de los cuentos que integran estas notables recopilaciones.

Por último, se llevó a cabo la mesa de conversación Edición independiente y el fin del mundo tal como lo conocemos: nuevos caminos para el libro en donde participaron Galo Ghigliotto (moderador de la mesa y editor de Editorial Cuneta), Paulo Slachevsky (director de LOM Ediciones), Armando Uribe (editor y profesor de edición en Francia), Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) y Nelson Zúñiga (editor general de Poesía y Crítica). Los temas expuestos en esta mesa fueron variados: Slachevsky expuso las directrices en la edición transnacional y la concentración editorial. Uribe mostró que hasta el momento en Francia ningún modelo de negocio sobre el libro digital ha funcionado. Brodsky habló sobre la edición independiente como un espacio de contrahegemonía y difusión cultural de la literatura chilena. Por último, Zúñiga habló sobre los nuevos lectores digitales y cómo la crítica, desde su lugar, debe ayudar a la profesionalización de la edición independiente.

Domingo 16

A partir de las 14:30 hrs. el público nuevamente recorría los stands. Los entusiasmados visitantes además de ojear los libros, hacer preguntas sobre los autores y pensar en la inmortalidad del cangrejo, asistieron a las actividades que se desarrollaban en la ya célebre Sala de Conferencias 1.

A las 16 hrs. se lanzó el poemario Lumbral de Antonio Guajardo (Editorial Pfeiffer), presentado por Raúl Zurita y Rafael Rubio. Con sentidas palabras, el autor agradeció a quienes le permitieron llevar a cabo su obra, para luego dar lectura a poemas cargados de una voz personal y de visitas a las formas métricas tradicionales.

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Homenaje a Enrique Lihn

Luego, se presentó el libro Querido Pedro. Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988) publicado por Das Kapital y presentado por Guillermo Valenzuela y Jaime Pinos, con un homenaje al poeta, marcado por la lectura de algunos de sus poemas en la voz de reconocidos autores nacionales. Un emotivo momento se vivió cuando Pedro Lastra habló respecto a su relación epistolar con Lihn y leyó parte del prólogo a la edición, además de un poema del autor de las cartas. Resulta destacable el trabajo de investigación realizado por Brodsky para dar a conocer a los lectores este material que permaneció guardado en el Archivo Nacional desde fines de los 80.

Cerca de las 18 hrs. Sangría Editora lanzó Oceana de Maori Pérez presentado por Florencia Edwards y Cristián Montes. En una poco habitual presentación, Florencia Edwards relacionó la novela de Pérez con el mundo de los videojuegos, tras lo cual el autor leyó algunos fragmentos de su obra.

Para cerrar esta “última” Furia del Libro, Tristán Vela – más conocido como Mantoi-  leyó poemas de su libro El percatarse (Cuarto Propio). Esta actividad se desarrolló en el escenario de la Plaza Central del GAM. Tras la presentación de Mantoi, tuvo lugar la tradicional lectura furiosa: una maratón poética con inscripción abierta, en la que los autores compartieron algunas de sus creaciones, siempre dentro de los tres minutos de rigor. Destacó la interesante variedad de voces, temas y propuestas literarias que se sucedieron bajo el oído atento del público.

Sin duda, esta Furia del Libro no será la última –sí, porque el mundo sigue- y su éxito se aprecia en varios sentidos: propuestas editoriales fuertes y jugadas, el desarrollo de una actividad cultural real, fuera de los blanqueados marcos de la institución y la visita de una cantidad importante de personas para ver y adquirir excelente literatura, cosa que, felizmente, contrasta con las lapidarias cifras de lecturas a las que estamos acostumbrados.

Picha aquí si quieres revisar los archivos de audio de las presentaciones

Pincha aquí si quieres ver más fotos de La “última” Furia del Libro

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