Archivo de la etiqueta: poesía chilena

“Soñaste que eras rey”. Ayer, de Ignacio Pizarro

por Luis Aránguiz

15416143_10211244933860423_1699409426_nRecientemente ha sido publicado el libro Ayer, de Ignacio Pizarro Muñoz. No sería necesario leer la solapa para saber que estamos frente a un poemario abiertamente cristiano. El autor, un diácono en tránsito al sacerdocio católico romano, nos entrega una obra compacta, de catorce poemas titulados en números romanos y que podrían ser leídos como un vía crucis.

Los poemas, en verso libre, sin comas y con un pulso conversacional, parecieran ser una invitación a considerar más humanamente al Dios-Hombre del cristianismo. Dedicado a Raúl Zurita y prologado por Roberto Onell, el libro desde sus primeras páginas nos orienta a la senda que seguirán sus versos. El conjunto de poemas logra capturar en su seno aquello que Agamben pensó como la única tradición auténticamente cristiana: la de la “entrega”, que ya se hacía patente en la teología del protestante Karl Barth, y que consiste en el hecho de que Jesús fue entregado por Dios, Judas y los judíos a su muerte en la cruz. Aunque no corresponde entrar en este ámbito, conviene recordarlo porque efectivamente, y aunque no se nos diga explícitamente, oiremos la voz de Judas (27), la de Pilato diciéndole “soñaste que eras rey” (29) –eco de José, quizá–, entre otras, resonando en los pasajes del libro.

Aunque el hablante varía según cada poema y encontramos diálogos de diverso tipo entre ellos, la voz que predomina es la de Jesús. Un Jesús que en la Cena dice: “hace tiempo quería comer esta cena contigo / te había dado mi palabra / y aquí estoy contra mi voluntad” y “me tengo que ir pero no quiero / quiero quedarme aquí jugueteando” (23); que en el momento previo a los latigazos dice “me desnudo tiernamente / uno dos / déjennos solos que / abrazaré la pobreza” (31); que estando en la cruz disfruta del amor del ladrón (39) y que cierra diciendo “y veré que fue la misericordia / lo que me dejó solo” (46). Los elementos mencionados permiten reconstruir de algún modo la imagen del Jesús de Ayer, uno tan decididamente humano como desafortunadamente idealizado. Es que, al parecer, pervive también esa peculiaridad propia del catolicismo romano, en la que Jesús pareciera ser lo que es solo en la medida que lo recordemos tal como se nos muestra en los crucifijos: el rostro de dolor y amargura, con sus pies recorridos por la sangre. Un Jesús que no quiere morir, que quiere juguetear pero no puede, que se desnuda “tiernamente”, incluso tediosamente amoroso. Un Jesús que a ratos pareciera despojado de la fuerza con la que echó a los mercaderes del templo, despojado de la contradicción vital a la que fue sometido por quienes lo entregaron a la cruz, especialmente su propio Padre; despojado, en fin, de su propia condición humana, reemplazada por una piedad que no hace justicia a aquella parte fundamental de su doble naturaleza: la de ser hombre, sometido a las contradicciones propias que eso nos significa. Idealización que, aunque admirable, no nos permite identificarnos con él.

Quizá, como los judíos, debiésemos preguntar “hasta cuándo vas a tenernos en vilo / si tú eres el cristo dínoslo abiertamente” (19) que, además, hablan temerosamente de “dios” y no de “Dios”. El libro podría ser tenido como un crucifijo católico romano versificado que, con todo, nos recuerda que los ritos, texto y teología serían apenas el complemento de lo central del cristianismo: la creencia en el hijo encarnado crucificado. Finalmente, en lo que respecta a la apuesta editorial, cabe resaltar que el libro está hecho en un formato que permite transportarlo cómodamente y la cubierta resulta atractiva por su sencillez. Ayer es una invitación abierta a contemplar a Jesús. Nos habla de él como hablaría una persona corriente. Eso, sin duda, es un aporte a la poesía del género y una apuesta honesta que conviene valorar positivamente.

Ayer

Ignacio Pizarro Muñoz

Cerrojo, 2016

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Referencias

Agamben, Giorgio. Pilato y Jesús. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2014. Impreso.

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl. Actualmente cursa el magister en estudios internacionales, IDEA-USACH.

CC licencia

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“Tú no hieres. Hiere Dios”: La marca del fuego, de Macarena Solís

por Eduardo Farías A.

la-marca-del-fuego-cubiertaEn esta reseña, escrita desde el gusto, quiero hablar brevemente de un libro breve pero intenso: La marca del fuego, de Macarena Solís. Este poemario ha sido publicado por Ediciones Oxímoron, editorial que incursiona en la búsqueda de poemarios fuera del circuito profesional de escritores al que estamos habituados. Macarena Solís aparece desde Valdivia con un libro sorprendente: La marca del fuego. El acierto de Ediciones Oxímoron es, justamente, refrescar el ambiente literario con la grata sorpresa, tal como sucede con este libro. Otro acierto se encuentra en el diseño editorial: el diseño de la cubierta se sigue desarrollando en el interior del libro en aquellas páginas que contienen información editorial, como la portadilla, la portada, la hoja de créditos, e incluso las páginas en blanco. El único ajuste en esa lógica de diseño sería repensar la diagramación del índice (guerra al típico índice de puntitos) y el juego de color en el código de barras.

Macarena Solís no solo es poeta, también es bioquímica, este dato que explica el uso de términos científicos en el poemario. La marca del fuego comienza con la aparición consciente de una hablante, quien existe y logra construirse desde la separación de un otro génerico: “No soy tú. // Soy más lejana a ti que la verdad. // Todo el resto / es relativo y discutible. // Todo el resto / es libertad” (9). La identidad de la hablante es un tema recurrente en el libro, sin embargo, el proyecto poético está en otro punto; la pregunta sobre el para qué escribir, a lo que la hablante responderá: “No quiero poesía críptica. // Quiero descifrar el puzzle / trazado en el camino de tierra / que recorro cuando busco” (11). Macarena Solís escribe sobre la vida, sobre la existencia, sobre la presencia de un otro con quien la relación y la distancia están marcadas por la violencia; tópicos que, en este libro, son tratados con profundidad, esa profundidad oscura que ilumina: “A la vida no le importa / la forma invisible en que camino. // Solo es cierto / el baile de los restos / el fluir de abrazos microscópicos / estallidos moleculares / para los que somos un disfraz” (13). Así, la vida se piensa y se juzga desde una hondura poética notable que funciona a lo largo del libro, es decir, constantemente Macarena Solís nos sorprende: “No hay moral / en nada que sea honesto / ni en la lluvia / ni en las danzas exquisitas / que transforman diariamente / los cadáveres de sal” (18).

Para terminar, La marca del fuego es un libro breve, son solo 26 poemas que concentran un devenir poético notable, con pausas, valles y cordillera; este poemario nos habla de la existencia, de la construcción de identidad, del otro, de la violencia, de la marca del fuego: en síntesis, de lo humano.

Macarena Solís

La marca del fuego

Ediciones Oxímoron (2016)

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

CC licencia

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“A esa imagen que fui, una mitad”: La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado, de Natalia Berbelagua

por Eduardo Farías

14970877_10154813138569309_1068898540_oLa vinculación del yo con la poesía es una norma en la compresión y la enseñanza del género lírico. Y como el yo aflora en el poema, los poetas asumen distintas posiciones y perspectivas para dar cuenta o no de sí mismos. Así, el uso de seudónimo y el no develar la interioridad psíquica y sentimental, son algunos de los procedimientos más característicos para establecer la relación entre la experiencia del yo y la poesía. Natalia Berbelagua en su primer libro de poesía, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (Ajiaco 2016), asume una posición sencilla, honesta y arriesgada: esta joven escritora habla sin tapujos de una parte fundamental de su vida sin explicitar un distanciamiento entre el yo autoral y el poético, por lo tanto, ingresamos por medio de la lectura al mundo de Natalia. Entonces, este poemario es un libro personal, ya que no existe una separación entre la autora y el hablante lírico, que nos va develando su historia y quién es Natalia Berbelagua.

La historia que se esconde bajo el título es la siempre compleja relación padre-hija. En este caso particular, la situación implica que Natalia sería una hija no deseada y abandonada: “En tu nombre y en tu lucha / yo no tengo cabida” (17). El poemario avanza a partir de este dato fundamental y constantemente Natalia reflexiona sobre la incapacidad de su progenitor de ser padre: “Tuviste otros dos contenedores / otros dos formatos con tu tórax y tu espalda / dos alemanias bajo la llovizna: / una derivada de Antonio / otra un pájaro común. // A ellas también las dejaste. / Pesó el tango alcohólico / de tu imposibilidad / paterna” (28). Me parece necesario advertir que Natalia no usa su vida, y esta específica experiencia, para realizar una crítica a la imagen de la familia tradicional chilena, en la que el factor económico predomina. Natalia nunca nos habla de dinero ni menos de pensión alimenticia. Su posición siempre es la de hija y la relación entre  con su padre siempre está definida a partir de lo emocional: “HEME AQUÍ, PADRE MÍO, / honrándote en el odio y el rechazo” (12). Sin embargo, estos sentimientos no invaden los poemas. Natalia Berbelagua no construye un poemario catártico, por el contrario, pienso que el afán es otro, o es producto de una bandera blanca: “Mi padre iba silbando / como yo cuando estoy nerviosa. / Me tomó la mano y lloró. / Le dije que todo está saldado entre nosotros” (45). Desde mi perspectiva, La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado es otra manera de saldar las cuentas con una figura paterna elusiva.

Otra perspectiva para reflexionar sobre el objetivo de la escritura poética en esta publicación es el luto. Ante la muerte del padre, la escritura es la forma de llorar con lágrimas o con silencio y una  manera de dejar ir a quien ya no está: “te dejo ir, padre / a tu silencio de sumas. // Yo estaré aquí / llenando tu altar / con otros padres metafísicos / y dejarás de ser por fin / la marca blanda en el piso de un cuerpo baleado” (46). Creo que al considerar este poemario como un luto, se aprecia por qué este libro no va hacia la crítica sistemática de una realidad y solamente se inscribe en una esfera personal, lo que obviamente no desmerece el contenido poético. En lugar de una crítica evidente, Natalia muestra las consecuencias en su constitución como sujeto, relacionado siempre con el sexo opuesto y con la figura del padre: “HE CONOCIDO A TANTOS HOMBRES / que se llaman como tú / y todos me parecen malos” (24), o “MI PADRE IDEAL / es alguien que me diga que no / como el pintor que me citó en un teatro […] Mientras tocaba un pianista / me invitó un café / para decirme que mi libro era malo. // Yo no supe si llorar o reír / me tomé el café / visualizando a un padre y no a un pintor. // Esa ha sido una de tus tantas siluetas” (40). Una parte de la identidad de Natalia, entendida en su relación con el mundo, la marca del padre, no es tan blanca como uno pudiera pensar.

Con este poemario, Natalia Berbelagua nos enfrenta a una realidad bastante cotidiana para muchos chicos; la que también se encuentra muy invisibilizada. La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado no es un libro para la lectura morbosa, ni para la búsqueda de algún tipo de catarsis, ni mucho menos la crítica fácil. Por tanto, la muerte del padre, la construcción de la propia identidad en relación a la experiencia de abandono parental, hacen que Natalia Berbelagua elija un camino, un objetivo que se vincula con saldar cuentas, con el dejar ir, lo que puede distar mucho del morbo que como lectores nos gustaría encontrar.

Natalia Berbelagua

La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado

Ajiaco Ediciones, 2016

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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