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“Eres tierra y barro”: estrategias de construcción identitaria en Mapurbe, venganza a raíz, de David Aniñir

por Nelson Zúñiga

Mapurbe_AniñirEl contexto sociocultural de ‘Mapurbe, venganza a raíz’
Como es sabido, durante el S. XX comienza el gran movimiento migratorio campo-ciudad. En busca de mejoras en su calidad de vida, muchos habitantes de las zonas rurales se desplazan a las ciudades, principalmente la capital. Lamentablemente, y esto también es sabido, la mayoría de ellos no solo no las encuentra, sino que además sus condiciones empeoran. No es necesario detallar los grandes problemas sociales que a inicios del siglo pasado fueron conocidos como “la cuestión social”. Lo que me interesa destacar aquí es que ese proceso social, que hizo evidentes las desigualdades sociales, tuvo una consecuencia que incidió en el cambio de la configuración geográfico-espacial de Santiago. Me refiero a las tomas de terrenos baldíos por parte de grupos de personas sin vivienda. Las grandes tomas de terrenos, que comienzan en los años 50, generarán en la ciudad no solo la reconfiguración del espacio urbano, sino también del imaginario social. Poblaciones hoy emblemáticas como La Bandera y La Victoria, junto a otras tal vez menos conocidas, surgieron como parte de una necesidad social, pero también como demostración del esfuerzo y la organización colectivas. Menciono esto porque dichas poblaciones, que nacieron como un desafío flagrante a la autoridad, generaron no solo un espacio, sino también una identidad particular. Se instala el imaginario de la población, lugar muchas veces catalogado de conflictivo, pero también espacio de contención y de elaboración de discursos (1).

Es en una toma u “operación sitio” de 1967 donde se origina la Población Intendente Saavedra, lugar al que llegan a vivir los padres de David Aniñir: Pedro Aniñir Millhual y María Guilitraro Puralef, procedentes de Cholchol y Fresia, respectivamente. Protagonistas anónimos de la historia de su tiempo, los padres de nuestro autor se instalan en lo que entonces era el límite poniente de la ciudad de Santiago, espacio limítrofe donde ya comenzaba a producirse la convivencia con el espacio rural (2). Esa espacialidad de la periferia santiaguina se verá fuertemente reflejada en los poemas de David Aniñir, no solo como una referencia geográfica, sino también como el lugar de ciertas prácticas sociales, el lugar de un habla particular.

El problema de la identidad: los imaginarios y las estrategias discursivas en Mapurbe, venganza a raíz

Antes de entrar directamente en la discusión de los textos de Aniñir, se hace necesario plantear una pregunta. Ya sea dentro del ámbito de la poesía chilena, o bien en conflicto con esta denominación, se habla de la “poesía mapuche”. En este caso, surge la misma pregunta que al hablar de “poesía chilena”: ¿Qué nos permite hablar de poesía chilena o poesía mapuche? ¿Dónde está la especificidad de dicha poesía? En el caso de la poesía mapuche, se pueden proponer criterios culturales, étnicos, lingüísticos… la discusión podría ser muy extensa. Existen, por ejemplo, autores que publican ediciones bilingües de sus textos, o bien los que incorporan el mapudungún en textos escritos mayoritariamente en español, y están también quienes solo escriben en una de las dos lenguas, aunque predomina, por cierto, la escritura en español.  Por supuesto, no es mi intención delimitar qué es y qué no es poesía mapuche. Mi interés está, justamente, en el límite de esas dos nebulosas áreas. Invariablemente, la pregunta anterior habrá de llevarnos a la pregunta por la identidad.

Sin embargo, la construcción de la identidad al interior de un pueblo en sí mismo diverso, que constituye un universo político y cultural con el cual el Estado chileno se ha mantenido en conflicto desde el S. XIX, no solo en lo concreto-territorial, sino también como representación simbólica y discursiva, es un proceso complejísimo, ya que toda construcción identitaria no solo considera lo que un individuo o grupo de individuos piensa de sí mismo, sino que en ese discurso intervienen discursos ajenos que, positiva o negativamente, influyen en la construcción de la identidad propia.

A mediados del S.XX, el escritor y periodista Joaquín Edwards Bello publicaba  semanalmente, en el diario La Nación, sus comentarios respecto de algún tema de actualidad. En esa época, publica un artículo titulado “La verdad sobre los indios”, donde expresa que: “El indio tenía todos los vicios imaginables, menos el de la ambición; vivía al día, del merodeo; pasaba hambres durante semanas, de puro flojo, y luego, con ansias selváticas se lanzaba en pos del alimento –generalmente el guanaco− que devoraba crudo en una borrachera familiar” (38).

En primera instancia, el célebre cronista no distingue quiénes serían estos “indios”, pero no es muy relevante, ya que para él todos compartían las mismas características: vicioso, negligente, flojo y borracho. A pesar de que Edwards Bello imaginaba así a los “indios” en tiempos de la conquista española, no temo equivocarme demasiado si digo que la imagen que muchos santiaguinos tenían de los migrantes mapuche en la época en que los padres de Aninñir llegan a la capital, no debe haber distado tanto de la descripción entregada por el autor de El roto. Si la sociedad de un país, como un espejo, devuelve esta imagen a los miembros de una comunidad, ¿cómo es de esperar que sea la reacción de dicha comunidad? Es decir, ¿qué estrategias tienen a su disposición los individuos que sufren este tipo de estigmatización? Las respuestas pueden ser muy variadas, pero una cosa es segura: la segregación, tarde o temprano, se traduce en violencia de algún tipo; racial, de clase, intrafamiliar… o violencia del individuo contra sí mismo. Salazar y Pinto señalan que “Entre 1970 y 1990, 31.587 personas solicitaron cambio de nombre en Chile. De ese número, más de mil solicitudes correspondieron a sujetos mapuche, que deseaban eliminar su nombre propio o su apellido, aduciendo menoscabo moral, ridiculez o risibilidad” (Historia contemporánea de Chile II 172)  Esta violencia del individuo contra sí mismo, contra su propio nombre, es un síntoma de que la imagen externa de la sociedad chilena ha incidido negativamente en la propia percepción de los mapuche, en la construcción de su identidad frente a la sociedad chilena. Como plantea Gabriel Castillo, uno de los procedimientos más relevantes en la construcción identitaria es la nominalización: “El primer gesto de significación de la diferencia es su nominación. Nombrar: He aquí una primera función de identidad. Se nombra lo que posee un límite y los límites de lo que se  nombra marcan el espacio entre un nombre y otro” (“Santiago, lugar y trayecto” 71).

Al nombrar al otro, al que yo percibo distinto de mí, lo limito, y al mismo tiempo palpo mis propios límites. Nominalizar no es entonces solo delimitar, sino también poner en relación dos territorios simbólicos, dos esferas de realidad que se tocan y entran en relación. Si volvemos un momento a la nominalización que hace Edwards Bello de ese “indio”, flojo y borracho, podremos dimensionar, al menos en parte, cómo a la segregación social y geográfica va unida a una segregación en el lenguaje; de hecho la segregación lingüística también expulsa al sujeto, lo vuelve “otro” en el espacio simbólico, espejeando y reproduciendo las lógicas de la estigmatización.

Es en este contexto, marcado por la marginalidad periférica, en sus implicancias sociales, económicas, lingüísticas, etc., donde surge la escritura de David Aniñir. En sus poemas, el problema de la identidad no aparece como una referencia a un imaginario fijo o arcaico, mucho menos como un canon mítico. Sin embargo, este imaginario no está del todo ausente. El libro se abre con un poema “Yeyipún” y escrito totalmente en mapudungún:

Marri-marri wenu kuze

Marri-marri wenu fvcha

Marri-marri newen ñuke mapu

Marri-marri kuifi keche mapuche

Marri-marri kom pu che mapurbe

(…)

lemoria pú lonko, Pú machi, pú weichafe, Pú werkén (21)

El poema nombra y se nombra, generando de esta manera una tensión y un límite con el lector. El hecho de estar escrito en su totalidad en mapudungún puede significar un escollo, una dificultad que se alza como pequeño rito de paso que, en consonancia con el título del poema, nos pone una prueba antes de dejarnos entrar en su espacio discursivo. Si volvemos al concepto de nominalización, podemos ver que este poema constituye, precisamente, un procedimiento nominalizador que construye un espacio de identidad textual. El texto “abre” el espacio del libro, al nombrar a los antepasados y miembros de la comunidad, se nombra a sí mismo, establece sus límites por oposición. Sin embargo, esa identidad no será armónica ni condescendiente. Se plantea más bien como una búsqueda constante, un proceso que, lejos de carecer de conflictos, los enfatiza. Así sucede, por ejemplo en “Hacerla cortita”, texto que de alguna manera define la poética de Aniñir y de Mapurbe:

ir al hueso

sin asco, con ajo

puñalada certera

a la médula

a la hiel

con verso punzante  (25)

El poema se inicia con la postura del hablante de no perder el tiempo en discursos adornados. El poema se concibe como un arma (3) que ha de herir de alguna manera al lector. Esa especie de violencia textual explícita apela a un discurso que quiere hacerse escuchar  a como dé lugar, sin ambages ni miramientos. En este texto, se pasa de la simple nominalización a una palabra-acción, con una vehemencia que es transversal a todos los textos del poemario. El hablante señala que el verso es una “puñalada certera”, una herida que se abre en el lector “sin asco, con ajo” aludiendo a cierta costumbre de impregnar las armas blancas con este elemento para evitar que la herida cierre. El hablante apela a herir con sus versos, a provocar una reacción con una acción discursiva tan violenta como una herida que no cierra. Esa herida puede verse también como el encuentro, en principio violento, de los espacios que Mapurbe pone en juego.

El imaginario asociado a la sangre y a la herida está presente en otros textos del poemario, y funciona como un eje transversal que otorga coherencia al discurso. En el poema “María Juana la Mapunky de La Pintana”, la sangre y la herida sirven al hablante para elaborar la construcción identitaria de una muchacha de los barrios periféricos de Santiago:

Eres tierra y barro

Mapuche sangre roja como la del apuñalado

Eres mapuche en F.M (o sea, Fuera del Mundo) (32)

En estos versos se reitera la imagen de la sangre como conformadora de identidad. El verbo ser en la segunda persona singular del presente, cumple con la función de constatar un hecho: La Mapunky de La Pintana es, concreta y simbólicamente, tierra y barro. Imágenes míticas de la creación en el sistema judeocristiano de creencias, pero también elementos concretos propios de la periferia santiaguina: la tierra y el barro como materias residuales de un desarrollo a medias, intersticios de ruralidad en medio de una urbe pretendidamente moderna. Pero la imagen de la tierra no se agota ahí. Más adelante, en el mismo poema, la tierra adquiere el sentido de demanda política:

Oscura negrura of Mapulandia Street

sí, es triste no tener tierra

loca del barrio La Pintana (33)

Como vemos, el hablante apela directamente al problema de la posesión de la tierra, uniéndolo al sentimiento de tristeza. En estos versos, el tono vehemente es reemplazado por una especie de atmósfera nostálgica. Sin embargo, se evita cualquier referencia a lugares fuera de la ciudad. El poema no busca un centro mítico ni una tierra originaria sobre la cual concretizar su demanda de posesión. En lugar de eso, enfatiza el carácter urbano y periférico de la imagen. Junto con esto, incorpora el uso de palabras en inglés. Esta mezcla de español, mapudungún, inglés e incluso del coa, son también una marca de estilo muy presente en la poesía de Aninñir. Estas incorporaciones multiculturales son también parte de una construcción identitaria, donde se reflejan las distintas influencias que, a nivel lingüístico, dan cuenta de una identidad móvil. Según María José Barros: “Los mapuches urbanos son sujetos que viven en tensión: desean mantener su cultura tradicional, luchar a favor de la demanda indígena, a la vez que se apropian de elementos mundializados, muchos de ellos útiles a su causa” (42). En este sentido, el poema “María Juana la Mapunky de La Pintana”, ya desde el título incorpora elementos disímiles, pero que cobran sentido en las referencias al imaginario propio de las comunas periféricas de Santiago (4).

El poema prosigue en su construcción de la identidad de los mapuche urbanos, los mapurbe, por una parte en la mencionada confluencia de factores culturales y lingüísticos, pero también por oposición a los sistemas de control y disciplina de la urbe: “Lolindia, un xenofóbico Paco de la Santa Orden / engrilla tus pies para siempre” (33). En un solo verso se reúnen las características de ese grupo otro contra el cual el hablante de Aniñir erige su discurso nominalizador: la xenofobia, la policía (Paco) y la religión cristiana (Santa Orden). Siguiendo a Castillo, se establece por medio de esta nominalización una limitación de los territorios simbólicos en relación conflictiva. Sin embargo, Aniñir, a mi juicio, va un poco más allá de la mera nominalización. En las estrofas finales del poema, el hablante apela directamente a los mapuche urbanos, con lo que no solo diferencia un territorio simbólico, sino que llama a los sujetos a su apropiación de un espacio interior, libre de opresiones, un espacio que, al identificarse con los sujetos, es también un espacio móvil:

Mapurbe;

la libertad no vive en una estatua allá en Nueva York

la libertad vive en tu interior

circulando en chispa de sangre

y pisoteada por tus pies

Amuley wixage anay

Mapunky kumey kuri Malén (5)

LA AZCURRÍA ES GRATIS (34)

En estos versos finales del poema, el hablante interpela directamente a los que considera de su misma comunidad, los mapurbe. Intenta generar en ellos la convicción de una libertad cuyo centro no es una referencia lejana a la cual observar de lejos o añorar. De esta forma, la situación geográfica periférica intenta ser anulada por la constitución de un nuevo centro. Pero no se trata de una situación física; es el sujeto mismo portador de su propio centro, pero primero debe acceder a él mediante un proceso de toma de conciencia, tal como propone el verso final del poema. La identidad se construye aquí hacia adentro de los sujetos mapuche urbanos. Al carecer de una territorialidad física permanente y segura (“es triste no tener tierra”), la solución es hacer de cada uno la tierra (“eres tierra y barro”), pero además esa tierra es libre, se lleva en el corazón. Recurre el hablante, al final del poema, a dos versos en mapudungún que incitan a la Mapunky a levantarse, y al coa, al proponer que la “azkurría” –el darse cuenta, tomar conciencia− es gratis. Es decir, no es necesario un gran esfuerzo para comprender la verdad que el hablante ha enunciado.

A modo de conclusión

En este breve acercamiento a algunas estrategias y procedimientos utilizados por David Aniñir, es posible notar la construcción de una identidad mapuche urbana de carácter móvil e intercultural. Si bien es cierto el discurso de reivindicación étnica y política es transversal a todo el poemario, es posible notar también la apropiación de elementos diversos, que van desde las referencias a algunos componentes considerados “tradicionales” de la cultura mapuche, hasta el uso del inglés y la construcción de neologismos.

También es posible identificar que en la construcción identitaria confluye la oposición centro-periferia, pero que al mismo tiempo el hablante construye y abarca la construcción de un territorio que, finalmente, se asimila al sujeto. Es decir, como plantean Salazar y Pinto, el hablante de Mapurbe incorpora elementos disímiles con los cuales se identifica (143) en su proceso de búsqueda y construcción identitaria.

Sin embargo, esta construcción está lejos de ser un proceso armónico, ya que las tensiones que se establecen con la ciudad de Santiago y los elementos identificados (nominalizados) como amenazantes u opresores, ponen de relieve le carácter conflictivo y violento que necesariamente conllevaría esta nueva identidad mapuche urbana. Ante esta amenaza, es posible reconocer la posibilidad, planteada en el poemario, de recurrir a un excentramiento hacia la interioridad de los sujetos; se propone un punto de fuga que territorializa a los mapuche urbanos, proponiéndoles una identidad móvil, nómade. En palabras de Gabriel Castillo, un sujeto nómade es aquél que “no tiene puntos, ni trayectos, ni tierras, aunque las tenga de toda evidencia. Nómade es el desterritorializado por excelencia; aquel que en la desterritorialización se territorializa” (73) Entonces, David Aniñir, al proponer una libertad interior a los mapuche urbanos, les está proponiendo la construcción de un territorio social, móvil y fluido. Y con ello, una identidad que se autonomice de una territorialidad dependiente y subalterna, obligada por la marginalidad de las comunas periféricas de la ciudad. Por supuesto, Aniñir no renuncia a la demanda territorial en términos políticos, sino que apunta  a la conciencia de libertad individual y, al mismo tiempo, a construir una identidad y una pertenencia en el nomadismo y la diáspora, recobrando y reivindicando también la idea de nación, pero todo esto a partir de la consecución, primero, de una conciencia de ser.

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Nelson Zúñiga González (Santiago, 1977) Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Estéticas Americanas y Diplomado en edición y publicaciones por la misma universidad. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La ciencia del silencio (Gramaje Ediciones, 2013). Es fundador y gestor de “Poesía y Crítica”.

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NOTAS

(1) Muchas de estas poblaciones, sobre todo las que surgieron de las primeras “tomas”, celebran todavía sus aniversarios, y quienes participaron en dichos procesos históricos son percibidos como verdaderos líderes o próceres locales.

(2) Cfr. José Ancán Jara. “El poema a la vena entra lloviendo por el paisaje”, prólogo a Mapurbe, venganza a raíz.

(3) De hecho, el poema utiliza el recurso del caligrama y reproduce la forma de un puñal o una punta de lanza. Por evidentes motivos de espacio, es imposible reproducirlo aquí en su totalidad.

(4) De hecho, el mismo autor, en un glosario al final del libro, define la palabra Mapunky como: “mapuche punx, especie natural de los suburbios” (95).

(5) “Levántate, despierta / Mapunky estás bien, morena joven” (Glosario, ibíd.).

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REFERENCIAS

Aniñir, David. Mapurbe, venganza a raíz. Santiago, Pehuén; 2009. Medio impreso.

Barros, María José. “La(s) identidad(es) mapuche(s) desde la ciudad global en Mapurbe Venganza a raíz de David Aniñir”. Revista Chilena de Literatura N° 75, Noviembre de 2009. Medio impreso.

Castillo, Gabriel. “Santiago, lugar y trayecto: La dialéctica del centro”. Revista Aisthesis N°34. Santiago, Instituto de Estética PUC: 2001. Medio impreso.

Edwards Bello, Joaquín. La deschilenización de Chile. Santiago, Aconcagua: 1977. Medio impreso.

Salazar, Gabriel y Julio Pinto. Historia contemporánea de Chile II. Actores, identidad y movimiento. Santiago, Lom: 1999. Medio impreso.

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La primavera del libro 2013: cultura y variedad en el espacio público

por Equipo PyC

logoPor estos días se realiza la segunda versión de La Primavera del Libro, instancia que reúne a las editoriales independientes. En esta oportunidad, la feria se realiza en al parque Balmaceda y cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Providencia.

En un entorno distendido y que invita a visitar los diferentes stands, encontramos a Galo Gighlioto, uno de los organizadores del evento, quien comentó que en la primera versión de la feria, la lluvia les jugó una mala pasada, pero esta vez las cosas han estado mejor: “para empezar nos tocó un bastante buen clima. Ayer tuvimos un lindo día, hoy está nublado pero se agradece porque estábamos asados, y luego la gente también sale, se anima, porque el parque está bueno, la gente puede pasar en bicicleta, hay movimiento”.

Y no solo el tiempo ha estado bueno, sino que además este año son 65 las editoriales que participan en la feria, cerca de 20 más que el año pasado. Con respecto a la convocatoria de editoriales, y también de público, Galo comentó que “no hemos tenido una cuenta pero yo creo que vamos por las dos mil personas en el día y medio de feria que llevamos y seguro va a venir cada vez más gente y el fin de semana esperamos mucha gente también”.

Una de las editoriales nuevas para La Primavera del Libro es Uqbar, cuyo amplio catálogo abarca obras que van desde la filosofía a la poesía, pasando por la historia y el cine. Carolina Varela, representante de dicha editorial, comentó que decidieron sumarse a esta feria “porque era una buena instancia para darnos a conocer. Nuestros libros son bastante cotizados en el mercado y queríamos ver qué tal funcionaba como primera vez y la instancia ha estado bien entretenida, bien movida, ha venido harta gente, han estado bastante al pendiente de nuestros libros. La experiencia ha sido completamente positiva”.

2013-10-18 17.42.08Por otra parte, una de las características que definen a La primavera del Libro es su diversidad. No solo es posible encontrar literatura, sino también publicaciones dedicadas a la arquitectura, la educación o el arte. Este último es el caso de Adrede Editora, quienes ya participaron en la primera versión de esta feria, y que esta vez ofrece un catálogo mucho más variado. Para su editor, Daniel Reyes, este tipo de feria no es solo una oportunidad para la venta directa, sino que  “es interesante porque uno tiene un contacto directo con las personas que pueden interesarse en los libros que uno hace, porque mediante librerías o las compras institucionales, que son como más sobreviven las editoriales independientes, no tienes mucho contacto, mucho feedback con la gente. Entonces esto me permite tener un contacto más directo e incluso asimilar sugerencias”. Para Daniel, es relevante el hecho de que estas instancias sirven a los editores para contactarse y compartir experiencias en torno al oficio: “es un dinámica bastante profesional, de hacer y no solo de vender, sino que aquí hay una cuestión profesional de contactarse con los otros editores, con los colegas que están al lado… es interesante por una red social que se va produciendo en torno a los editores independientes”.  

En su versión 2013, los visitantes no solo encontrarán stands con libros, sino que también ha habido música (Mauricio Redolés se presentó en la inauguración), lecturas de poesía, foros, talleres y lanzamiento de nuevas publicaciones, entre otras actividades. El evento será clausurado con un monólogo extraído de la obra “El desaparecido”, de Juan Radrigán, a cargo de  Silvia Marín.

La Primavera del Libro crece y gana en madurez y convocatoria. Pueden visitarla hasta este domingo 20 de octubre a las 20 hrs. en el Parque Balmaceda, Providencia. La entrada es liberada. 

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Antes que se acabe el mundo: una visita a La “última” Furia del Libro

por equipo PyC

stands_furiaCon la presencia de 48 editoriales independientes, un público que rompió todas las marcas de asistencia y una actitud apocalíptica, cerca de las 20 hrs. de este viernes, se dio inicio a La Furia del Libro en su versión 2012 llamada irónicamente La “Última” Furia del Libro.

PyC estuvo allí pese a ser el último fin de semana de la Historia para tomarle el pulso a La Furia. Si no pudiste ir, no te conectaste a nuestra transmisión en vivo o quieres revivir los mejores momentos, te presentamos un resumen de lo ocurrido día a día:

Viernes 14

La Furia partió con el pie derecho: una lectura de algunos de los poetas y narradores más destacados del circuito; Nadia Prado, Yuri Pérez, Marcelo Leonart, Simón Soto y Alejandra Costamagna, quienes presentaron a los asistentes textos de sus últimas publicaciones. La inauguración continuó con la banda de Valparaíso LaSmala. Con una interesante fusión de ritmos latinos, europeos y jamaiquinos, LaSmala logró entusiasmar al público, bastante numeroso ya a esa hora.

Sábado 15

Pasado el mediodía los stands de las editoriales ya estaban instalados. El público de la Furia del Libro se hizo presente en una tarde nublada y calurosa. Así, cerca de las 16 hrs. los visitantes se aglomeraban en los stands. A esa misma hora continuaban las actividades en la Sala de Conferencias 1 del GAM.

Al igual que el primer día, Poesía y Crítica cubrió vía streaming las actividades de la tarde. Primero, fue la presentación del libro Crónica de Tollan de Manuel Illanes (Piedra de Sol ediciones, 2012) a cargo de César Cabello y Kurt Folch. El autor leyó textos de este poemario que construye una voz prehispánica desde la potencia del mito, el misterio y el origen.

Luego, fue el turno de Estación noche, el último libro de Javier Bello (Libros La Calabaza del Diablo). La presentación de este poemario estuvo a cargo de David Preiss y Raúl Zurita. En una sentida presentación, este último destacó la importancia de la poética de Bello en el marco de la generación de los 90 y rescató el fundamento humano de su obra, señalando que toda poesía real, desde su origen, es anterior a la verdad.

Posteriormente, la editorial Una Temporada en Isla Negra presentó los libros Pulsaciones de la derrota de Damaris Calderón y Espectros de Hernán Castellano Girón, dos grandes autores y dos grandes libros que aportan a la descentralización de la edición independiente.

Más tarde, Simplemente Editores presentó sus antologías Hombres con cuento y Las mujeres cuentan, con la destacada participación de Andrea Jeftanovic, Pía Barros, Alejandra Basualto y Diego Muñoz, quienes leyeron algunos de los cuentos que integran estas notables recopilaciones.

Por último, se llevó a cabo la mesa de conversación Edición independiente y el fin del mundo tal como lo conocemos: nuevos caminos para el libro en donde participaron Galo Ghigliotto (moderador de la mesa y editor de Editorial Cuneta), Paulo Slachevsky (director de LOM Ediciones), Armando Uribe (editor y profesor de edición en Francia), Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) y Nelson Zúñiga (editor general de Poesía y Crítica). Los temas expuestos en esta mesa fueron variados: Slachevsky expuso las directrices en la edición transnacional y la concentración editorial. Uribe mostró que hasta el momento en Francia ningún modelo de negocio sobre el libro digital ha funcionado. Brodsky habló sobre la edición independiente como un espacio de contrahegemonía y difusión cultural de la literatura chilena. Por último, Zúñiga habló sobre los nuevos lectores digitales y cómo la crítica, desde su lugar, debe ayudar a la profesionalización de la edición independiente.

Domingo 16

A partir de las 14:30 hrs. el público nuevamente recorría los stands. Los entusiasmados visitantes además de ojear los libros, hacer preguntas sobre los autores y pensar en la inmortalidad del cangrejo, asistieron a las actividades que se desarrollaban en la ya célebre Sala de Conferencias 1.

A las 16 hrs. se lanzó el poemario Lumbral de Antonio Guajardo (Editorial Pfeiffer), presentado por Raúl Zurita y Rafael Rubio. Con sentidas palabras, el autor agradeció a quienes le permitieron llevar a cabo su obra, para luego dar lectura a poemas cargados de una voz personal y de visitas a las formas métricas tradicionales.

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Homenaje a Enrique Lihn

Luego, se presentó el libro Querido Pedro. Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988) publicado por Das Kapital y presentado por Guillermo Valenzuela y Jaime Pinos, con un homenaje al poeta, marcado por la lectura de algunos de sus poemas en la voz de reconocidos autores nacionales. Un emotivo momento se vivió cuando Pedro Lastra habló respecto a su relación epistolar con Lihn y leyó parte del prólogo a la edición, además de un poema del autor de las cartas. Resulta destacable el trabajo de investigación realizado por Brodsky para dar a conocer a los lectores este material que permaneció guardado en el Archivo Nacional desde fines de los 80.

Cerca de las 18 hrs. Sangría Editora lanzó Oceana de Maori Pérez presentado por Florencia Edwards y Cristián Montes. En una poco habitual presentación, Florencia Edwards relacionó la novela de Pérez con el mundo de los videojuegos, tras lo cual el autor leyó algunos fragmentos de su obra.

Para cerrar esta “última” Furia del Libro, Tristán Vela – más conocido como Mantoi-  leyó poemas de su libro El percatarse (Cuarto Propio). Esta actividad se desarrolló en el escenario de la Plaza Central del GAM. Tras la presentación de Mantoi, tuvo lugar la tradicional lectura furiosa: una maratón poética con inscripción abierta, en la que los autores compartieron algunas de sus creaciones, siempre dentro de los tres minutos de rigor. Destacó la interesante variedad de voces, temas y propuestas literarias que se sucedieron bajo el oído atento del público.

Sin duda, esta Furia del Libro no será la última –sí, porque el mundo sigue- y su éxito se aprecia en varios sentidos: propuestas editoriales fuertes y jugadas, el desarrollo de una actividad cultural real, fuera de los blanqueados marcos de la institución y la visita de una cantidad importante de personas para ver y adquirir excelente literatura, cosa que, felizmente, contrasta con las lapidarias cifras de lecturas a las que estamos acostumbrados.

Picha aquí si quieres revisar los archivos de audio de las presentaciones

Pincha aquí si quieres ver más fotos de La “última” Furia del Libro

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