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La fisura de los templos: una crítica a Otra Orilla Otro Invierno de Cristian Lagos

por Francisco Martinovich

otra orilla_portadaRecorrer verso tras verso las composiciones que articulan el libro Otra Orilla Otro Invierno (Ajiaco Ediciones, 2012) del poeta lonquimayino Cristian Lagos, es aceptar la invitación del autor a emprender un viaje cuya ruta parece conocer de memoria.

Leo la figura del invitado eso si, evitando toda relación con ser objeto de una cordial incitación o convite, sino entendiéndola en una acepción más cercana a quien es ajeno a la realidad en que se desenvuelve. El invitado es el sujeto que ingresa a un espacio en el que, sin importar el nivel de cortesía en el trato, nunca deja de ser un extraño.

Este es precisamente el sabor que deja la lectura: la dificultad de ingresar de forma cabal y cómoda al espacio en el que se sitúan los poemas. La mención de diversas localidades del centro y sur de Chile (Chimbarongo, Quinta de Tilcoco, Icalma, Colchagua, Cáhuil, Temuco, Quinquén, Osorno y Lumaco) contrasta con la incapacidad de los poemas de cuajar un espacio de otredad en que el temple y la sensación logren introducir al lector dentro del entorno.

Sí se logra de manera cabal la construcción de una cierta cadencia en el lenguaje gracias al cual se genera un tránsito coherente entre los versos, o por lo menos agradable a la lectura: “los rostros de los héroes / los gorriones en las plazas / las lecturas en el metro / la lluvia en Temuco / la nieve en / Quinquén” (p.46). La construcción de estos tampoco ayuda a alivianar la labor del lector, pues los poemas no logran separarse entre sí como unidades individuales, más allá de la cantidad de páginas del libro y su división en tres apartados. Es precisamente debido a esto que el mensaje que parece ocultarse entre las imágenes no logra permearse en el papel, sobre todo en momentos en que las señales apuntan hacia direcciones divergentes.

Ya en el verso que abre la obra se realiza un emplazamiento directo al lector. En este se le separa de la posición en que el autor se sitúa, estableciendo las dimensiones del yo y tú de manera concreta y categórica: “(Aunque esto no te importe) vivo en la calle Independencia” (p.11). Esta alusión abre un abismo inicial que se buscará salvar en el resto de los poemas mediante descripciones e imágenes que invitan al lector a dar el salto necesario hacia la otra orilla.

Las tres secciones del libro están identificadas con números romanos y se pueden caracterizar de acuerdo a la función que, creo, cumplen dentro del libro. El primer apartado corresponde a un esfuerzo de tender un puente de imágenes sobre el abismo entre autor y lector que el primer verso ha dispuesto. Los versos que componen esta sección son casi exclusivamente descriptivos y en ellos se suceden imágenes inconexas en las que se presentan los “personajes” que forman parte del imaginario del libro: “Girasoles / separan la noche de los días” (p.12); “Aire / es la mano que mueve la ceniza / en los fogones apagados” (p.15); “Mi lengua / resulta ser una vaca violenta / una cruza de manzano silvestre / con frutillas blancas de Lumaco” (p.19). Ya hacia el final se logran destellos de gran altura poética como los dos versos que cierran el primer apartado: “Soy tu otra orilla / y camino siempre a contrapelo de la muerte” (p.25)

La segunda sección, siguiendo la pista de los versos recién citados, alterna imágenes descriptivas con la introducción del sujeto relacionándose con los elementos del paisaje. Hay una acción concreta que le afecta, que tiene incidencia en su ser, lo que el lector puede apreciar desde su posición externa de invitado: “Vapor del río traspasando mis huesos / sobre todos mis huesos hundidos / en la harina del alba” (p.29).

La parte final es quizás la más interesante del trío. Esta presenta un intento por alterar la atmósfera plana que abunda en sus antecesoras. Con una mayor libertad en la distribución de los versos sobre la página, la más breve de las secciones adolece precisamente en su dimensión y falla en su empresa de establecer una respuesta o contrapunto al lenguaje anestésico de las páginas que le preceden. Una lectura temática dará luces interesantes sobre el apartado: la presencia de una dimensión política, de la muerte, de la dictadura. Esto, sumado al gesto de utilizar post data al final de cada conjunto de versos, mezclando así el formato lírico convencional con el de la carta o el recado, es un ejercicio que, desafortunadamente, se consagra en la totalidad del libro como una excepción.

El sobre en el que esta invitación llega a manos del lector es atractivo. En un tamaño pequeño, pero apropiado a la extensión del los poemas y su cantidad de versos, la publicación comienza con una sugerente ilustración en la que la imagen de una casa, que parece abandonada, abre la puerta a quien la contempla. El formato da cuenta de un cuidado trabajo de edición y diseño, con una alineación muy particular del texto en la parte inferior de cada página. El libro cierra con versos del la obra, cuya selección solo ayuda a consolidar el trabajo realizado por Ajiaco Ediciones.

A modo de cierre, es posible afirmar que los momentos de acierto de la totalidad de la obra no logran ser más que “un zumbido terrible” (p.36) que jamás logra revelar claramente su origen y que contiene la atención del lector hasta que algo fuera del libro nos distrae, se desvía la mirada, y la invitación se cierra hasta el otro invierno.

Cristian Lagos

Otra Orilla Otro Invierno

Ajiaco Ediciones, 2012

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Francisco Martinovich Salas (1987). Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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Fatiga de material. Poesía del American Bar (2012) de José Ángel Cuevas

por Francisco Martinovich Salas*

portada americanEn este poemario publicado el año recién pasado por Hebra Editorial, como parte de su colección Malas Juntas, José Ángel Cuevas desenvuelve una propuesta poética muy definida en cuanto a estética y temáticas de fondo, y estos dos ámbitos se articulan sobre conceptos claves que marcan la lectura de Poesía del American Bar: el colapso y la violencia.

Sobre la obra

En Poesía del American Bar, el autor realiza una apreciación panorámica de diversos espacios arraigados en la memoria colectiva e individual. Sus poemas son una articulación cruda y honesta de la realidad contemporánea, representada en personajes y espacios simbólicos, los que se articulan a partir del colapso y la violencia.

Cada poema se construye como un gesto de violencia en un sentido concreto: violencia del lenguaje, de las imágenes, de la estructuración y disposición de los versos. Esto es fruto y producto de un colapso inducido. En las ciudades, las calles y los personajes ―que abundan en los poemas― nada es coincidencia, nada es producto de la espontaneidad y de los caprichos del travieso y tentado destino. Las culpas están claras y el colapso es evidente, tanto en su apreciación concreta en lo urbano (como en Puente Alto/Colapsó, Discoteque Subterránea u Orden 754) como en lo moral, lo social, lo metafísico: el desgaste de una humanidad que ha vivido el trauma y cuya rehabilitación ha sido trazada por un camino que a todas luces parece ser el equivocado: “Un pueblo vencido se merece estar//a honorarios / no tener previsión / derecho a salud // jubilación mínima / un pueblo vencido // no tiene derecho a nada / porque las leyes // laborales les fueron requisadas y expropiadas. // Un pueblo vencido // Sólo debe ser dócil. // Se lo merece.” (p. 11)

En Poesía del American Bar los personajes y sujetos que habitan los poemas son individuos transplantados desde un tiempo pasado (mejor) hacia un nuevo contexto espacio temporal. Este desplazamiento da como fruto una frustración constante y que se presenta tanto en los que son identificados con nombre y apellido, como en esos individuos que abundan en el género, sombras que caminan en una calle anónima, recuerdos vagos, siluetas; y sin embargo este ejercicio retórico aparentemente tan ajeno a la realidad del hombre se hace vida y verso en este libro: “Yo, César Soto Gómez troskista del paradero 16 Gran Avenida// Os digo, // que pasarán por mí / patios / pájaros // de ojos extraviados y las mayores desgracias caerán // y quizás nadie podrá llegar a ser salvado” (p. 39); “Por otro lado unos tipos llegan en moto // a unas casas de adobe / vuelven al centro. // Es como entrar a París // todo iluminado en grandes calles // encendidas de la noche / pero el mar //vuelve a explorar en enormes olas sobre todos // y cada uno de los pobres presentes” (p. 25).

“Pasó el odio por aquí”

La violencia ―como el concepto clave de este libro― es el catalizador del trauma. Como una botella de vidrio que se rompe contra un mesón, una cuneta o una muralla, este poemario se construye sobre un colapso inducido de manera forzosa, y es esta condición la que determinará la carga nostálgica y el sentido de resignación que se esconde detrás del gesto reactivo que es cada poema. Ya sea la dictadura y sus aparatos de tortura y represión, o simplemente las circunstancias que las estructuras del poder suelen atribuir al devenir histórico, a la condición humana o al siempre conveniente azar, la violencia ejercida sobre el hombre (en toda su real dimensión) ha generado un colapso que se despliega en toda su existencia: “El cuerpo recibe odios rencores insultos // de la tarde / la persona se enferma porque // está unida a gente mala. // Al anochecer se queja // lloran sin saber por qué.” (p. 24)

El quiebre político del país detonado por el golpe de estado de 1973 está presente en este libro. Las cicatrices abiertas de la dictadura pinochetista en Chile siguen marcando el paso de una poesía que la reconoce como principal motivo del trauma, cual botella que se quiebra, violenta e inducida: “Yo soy del país dice el puto Jimy B. un país sin alma// que le chuparon el corazón. Oye, mira, camina entre //las hordas pulento bacán cabezas cortadas huesos // repartidos” (p. 33)

La muerte también está presente en los poemas, la muerte de una realidad social y política que el hablante no pretende olvidar, que persiste en la presencia de una cruda nostalgia que se despliega en las imágenes: “El compañerismo es un recuerdo; pan para hoy/ hambre para mañana” (p. 31).

Los poemas de Poesía del American Bar, dan cuenta de una violencia cotidiana, contemporánea, de un colapso que persiste y que inunda la escritura de José Ángel Cuevas, quien logra instalar en la actualidad poemas producidos en la década del setenta, y que presentan el trauma en su más inmediata expresión, junto con creaciones actuales que presentan una sociedad que no ha sabido y que ha rechazado sobreponerse con el tiempo a este colapso. Frente a esta situación, el autor construye sus poemas desde la conciencia de una realidad en constante detrimento.

Sobre la edición

Enmarcado en una propuesta política e ideológica de fondo, Hebra desarrolla un trabajo de edición artesanal que puede ser calificado como modesto, poco ostentoso en términos técnicos, pero en el cual se nota un gran cuidado y un nivel muy aceptable de logro.

El trasfondo ideológico y las posibilidades presupuestarias de una editorial independiente no justifican, de todas formas, las serias deficiencias en términos de impresión para el caso de esta edición. Los defectos, atribuibles directamente a este proceso (pues el soporte en papel bond ahuesado de 60 gr. ha probado en diversas producciones ser apropiado) dificultan de manera sustancial la lectura en algunos poemas: el lector no accede de forma cómoda al contenido, la tinta se traspasa a las páginas anteriores.

Otro detalle mejorable de la edición de Hebra es la diagramación de los márgenes tanto para los poemas como para los epígrafes. Esto deja mucho que desear, pues la falta de unidad en este ítem incomoda la lectura, y afecta la globalidad de la propuesta, la que, dentro de su austeridad, logra presentar en Poesía del American Bar, un producto en forma y fondo, tan rescatable como necesario para la realidad de este país.

José Ángel Cuevas

Poesía del American Bar

Hebra Editorial, 2012

* Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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El origen del fuego: Crítica de Bomba Bencina de Juan Carreño

por Francisco Martinovich Salas

bomba-bencina¿Cuál es el origen del fuego? Una pregunta que se instala en la cabeza del lector al enfrentarse al segundo poemario de Juan Carreño (Rancagua, 1986), Bomba Bencina, publicado bajo el alero editorial de Das Kapital en el año 2012. Los textos que componen esta obra dan cuenta de una escritura que asume un riesgo: hacer resonar en la página distintas voces que exponen una realidad que en otros contextos se muestra sublimada por los convencionalismos y los eufemismos que en este libro parecen desaparecer.

Sobre la obra

Bomba Bencina, como atinadamente es mencionado por Nicolás Vergara en el texto de contraportada que acompaña esta edición, es un título que frustrará al lector que busque encontrar en este libro una explosión.

Si bien cada texto se asimila a una pequeña iluminación, a una bomba que al explotar deja ver lo que oculta la oscuridad, el libro en su globalidad propone una reflexión que está ligada al cuestionar la mirada doliente sobre la realidad y sus problemas y comenzar a preguntarse sobre el origen de la misma.

La base de este ejercicio corresponde a la ausencia de la figura de un hablante lírico común durante el desarrollo del libro. Bomba Bencina es una vitrina en la que distintos hablantes enuncian, desde su propia realidad, un poema en el que no hay una preocupación por el trauma, sino por aquello que lo ha ocasionado: “hola mi nombre es Óscar Lucero y el día tanto tanto tanto entrando al almacén de don Miguel me saqué la chucha, esto es lo que escribo yo, si no hay piedra y sacá de chucha yo no escribo…” (p.24)

Lo que en el poemario aparece como una diversidad de personajes, es un esfuerzo por incorporar en la unidad del libro a las distintas voces que componen la realidad que se pretende presentar y que al mismo tiempo constituye el gesto de vanguardia y rebeldía que define la escritura de Bomba Bencina: todas las voces son la voz de un hablante, pero ninguna es propiamente suya. Esto se hace explícito en poemas como “Se busca”, “Diálogo de exiliados”, “Los 80’s” y “Pedro Curamil”.

El afán incendiario que se interpreta a partir del título del libro no solamente no logra explotar, sino que esparce las bombas por las páginas y será tarea del lector hacerlas estallar: “¿Qué harías si le sacaran las uñas a tu hermana? ¿Te quedarías mirando los remolinos de los ríos mientras el alicatazo puro le arranca un diente a tu mamá Digo cuando le quieren sacar el pelo de ahí Digo de un tirón Te quedarías pensando en apagar el cálifon por ahí sondas petróleo por ahí…” (p.45)

Un elemento que también se cuadra con este gesto es la diversidad de formatos en los que se presenta el poema: abundan tanto poemas de versos breves como prosas extensas que prescinden de puntuación, lo que refuerza el espíritu polifónico del libro y ofrece un interesante desafío al lector.

La multiplicidad de hablantes descrita anteriormente involucra también la presencia de un yo “no identificado”, de un hablante que no se individualiza con un nombre, pero sí con un temple y un contexto particular. Este hablante se presenta a lo largo del libro, camuflado entre otras voces y el lector podrá encontrarlo en poemas como “Panamericana”, “Fiesta”, “La vieja de los membrillos”, “Tarro mora”, “Siempre escribo un poema sobre mi papá”: “Me cuesta tanto/ recolectar las moras/ quedarme tranquilo/ con un vagón oxidado/ regresar a la barraca/ y acarrear el aserrín/ despertar en el suelo/ escuchando las hormigas” (p.47)

Estos textos dialogan con las múltiples voces que conforman Bomba Bencina, haciendo de su lectura un ejercicio muy atractivo, pues predispone al lector a estar atento, a no fiarse de que en la página siguiente la cosa sigue siendo igual (aunque en el fondo parece, sigue siendo igual).

Incendio de cárcel

El gesto de esta “apropiación” de voces en la obra, logra su momento de mayor lucidez en los poemas que abordan como tema o anécdota, en mayor y menor grado, el incendio de la cárcel de San Miguel ocurrido en diciembre de 2010: “…esoh no son del cuarto, hermano, esoh no son del cuarto, loco, no son del cuarto, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh que están en lah ventana!, ¡abre la puerta hijo de la maraca y la conchetumare!, ¡abre la puerta hijo e la perra y la conchetumare!, ¡abre la puerta!, ¡la puerta oye!…” (p.17)

En versos como los anteriores, la presencia del hablante desaparece totalmente, el gesto se hace poema y presenta de manera increíblemente prístina la percepción y expresión de una voz “otra”. La imagen del incendio de cárcel es recurrente a lo largo del libro y puede interpretarse como la metáfora más clara de la pregunta sobre el origen del fuego: somos todos un incendio de cárcel esperando ocurrir, una visión del colapso latente de la sociedad y estamos a una explosión de la muerte. Esa es la terrible certidumbre que hace de los poemas de Bomba Bencina una tensa calma, una inminente explosión que no tiene fecha de llegada.

En contraposición a versos como los recién citados, existen otros poemas que no calzan dentro de esta lectura. Son poemas en los que la pregunta del origen se reduce hasta desaparecer, en los cuales no se logra traspasar al lector la tensión y la ilusión de realidad que abunda en otros poemas. Tal es el caso de textos como “Diciembres”, “Sequía” y “La salud del ojo”, los que son quizás, el punto débil del libro desde esta lectura.

Sobre la edición

Para este libro, el trabajo de Das Kapital ha estado totalmente a la altura. Al analizar la confección de Bomba Bencina, parecen ser muy pocos los detalles que atenten contra la apropiada lectura de los textos, al contrario, tanto la calidad de la impresión, la encuadernación, como la calidad de los materiales hablan de un proceso serio y de alto nivel dentro del contexto de la edición independiente en Chile.

La ilustración de portada contrasta de manera interesante con el color de fondo que la acompaña, y está en un correlato muy interesante con las temáticas tratadas en el libro y la selección del texto de contraportada también hace un gran favor a la producción en términos globales. Este último, sin embargo, y su alineación parecen ser un detalle que puede incomodar, ya que la estrechez de sus márgenes resulta extraña en comparación con el espacio ofrecido en el interior del libro a los textos que lo componen. Recalcar esto es, sino una majadería, un detalle muy menor.

Otro detalle, que puede incomodar al lector más disperso, es la ausencia de un índice en el que se enumeren los poemas incluidos. Creo que esto se justifica cuando la unidad de la obra no necesita de este orden, pues está configurado de manera que no se hace complicado para el lector y este libro, creo, no corresponde al caso.

Fuera de estos elementos menores, Bomba Bencina se presenta como una propuesta muy atractiva al lector, el que creo, no verá frustrada sus expectativas, a las cuales tanto el trabajo poético de Juan Carreño como la preocupación editorial de Das Kapital responden plenamente.

*Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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