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CUATRO LITROS DE AGUA: BREVE LECTURA DE MAGENTA DE FERNANDO ORTEGA

por Francisca Santibáñez

Magenta_OrtegaMagenta es el segundo poemario de Fernando Ortega. Fue presentado el pasado 2014 por Libros del Pez Espiral. Continua desarrollando el concepto del color, pues su primera publicación se tituló Cian. El libro presenta un diseño novedoso e inteligente, siendo esto un sello característico de la editorial. Portada magenta con marcas negras que construyen la imagen de la prueba de color de una imprenta. Solapas con una tipografía fría, similar a la de las máquinas de escribir y, sobre ella, el dibujo de una ecotomografía. Guardas negras. Pequeños cuadrados que evocan la cuatricromía e indican el magenta. Marcas de corte en la página, haciendo referencia a las especificidades técnicas de la impresión. Este objeto sería un lujo, de no ser por la mala decisión de imprimir sobre hojas blancas, pues implica una lectura visualmente muy incómoda. Es importante señalar que los números de página no están impresos, por lo tanto no podré citar ciertos extractos de la forma convencional.

No tiene prólogo ni texto de presentación alguno. En lo personal, lo agradezco. Entrar en un libro sin correr el riesgo de ser influenciado por la perspectiva de un tercero es una oportunidad y un desafío. Dejar la teoría para después podría propiciar una primera lectura mucho más honesta. Desconozco las razones para haberlo hecho en este caso, pero creo que han acertado.

Comenzaré por los aspectos formales. El texto consta de veinticinco poemas en verso, de extensiones muy disímiles. Algunos tienen título y otros no. Esta última característica le da un aspecto bastante desprolijo a la obra. Lo mismo sucede con la puntuación. Durante la construcción del libro, al parecer, nadie decidió si se puntuaría o no. Las comas y los puntos aparecen de repente, de forma antojadiza. Me parece un desastre gramatical.

Magenta explora el tema de la percepción visual: el color, la luz, el ojo, la memoria. Algunos poemas logran desarrollarlo de forma acabada, como “Óptica de la nostalgia”. Otros poemas se inclinan por mencionar estos elementos, sin plantear profundidad alguna al respecto: “Un trozo de hilo verde en la toalla amarilla.”

Por lo demás, hay muchos poemas que ni siquiera se acercan al tema. Considerando que las partes del poemario deben tener una coherencia entre sí, es una lástima concluir que el hilo conductor de esta obra es difuso y está poco trabajado.

Otro de los temas que tiene presencia en el libro, es la mención de las plataformas mediales y de lo instantáneo. El chat, el correo electrónico, las películas y los videos de Youtube, forman parte de la cotidianidad del hablante. Al parecer, no se pretende proponer nada muy complejo, sino que, simplemente, estos elementos reflejan el contexto de producción de la obra.

Podemos plantear, como tercer y último tema, la influencia del imaginario oriental, desde diferentes perspectivas. La escritura tiene una marcada tendencia al haikú. A pesar de que no aparecen haikús de forma aislada, estos se filtran como pequeñas partes de la estructura de un par de poemas. Por ejemplo, el poema “costa escarpada” termina así: “Rei Ayanami / rocío sabor a sal / sobre la roca”. Hay otros poemas que no cumplen con la métrica de un haikú, sin embargo, tienen una clara inspiración en ellos: “Mudanza: objetos / que leen en voz alta / el periódico que los envuelve”.

Aparece también una mención al Tao, en un poema con ese nombre. Este texto posee imágenes muy bellas, está bien logrado, reflexiona sobre el Tao y, además, integra el tema principal de la obra: la percepción visual. La última perspectiva del imaginario oriental, está muy lejos de la profundidad espiritual del Tao y corresponde a la referencia a Rei Ayanami –personaje de la serie japonesa Evangelion-. Este elemento es otro testimonio sobre el contexto de producción. Nos habla del fenómeno mediático del animé y su impacto en nuestro país, en especial dentro de la generación de quienes tienen alrededor de treinta años, que es el caso del autor. Lo mismo sucede –alejándome del tema del imaginario oriental, pero centrándome en lo mediático– con la mención al cineasta Quentin Tarantino en uno de los poemas.

Uno de los principales problemas que presenta este poemario es la dislocación en su estilo escritural. Es como si dos personas hubiesen escrito este texto y no una. Esto es perjudicial a la hora de presentar una obra y no simplemente un conjunto de poemas. En una primera instancia, aparecen poemas que reflejan la vida cotidiana. Tienen una perspectiva un tanto adolescente y abundan en ellos los encuentros platónicos con el sexo opuesto y las explicaciones innecesarias. De todas formas, el hablante –en varias ocasiones- logra conmover al lector y generar empatía. Hay poemas bien logrados, como “Tarot”, en donde se utiliza una especie de “montaje” (1) en su construcción, que resulta muy atractivo y ágil: “yo sacaba con la mano izquierda/ -dos mil pesos las cuatro preguntas-/ pero no quiero preguntar/ dime lo que dice/ las cartas ya saben/ toma tres lucas”

Por otra parte, se presentan poemas con descripciones al extremo objetivas y pensamientos inspirados en la lógica-matemática. Es un extremo enunciativo en donde el hablante desaparece y lo hace de tal forma que ni siquiera hay un discurso claro frente a sus inclinaciones. Construye un espacio neutro, en donde no hay juicios morales, estéticos ni de otro tipo, al borde del texto científico, como en este fragmento del poema “Límites de migración específica”: “Tomar agua tibia de la botella de plástico, /Es normal la migración de sustancias tóxicas del recipiente hacia el agua/ pero es mayor cuando la temperatura es elevada”. A pesar de que pueda parecer un desafío intelectual interesante, la verdad es que puedo concluir que estos poemas poseen una complejidad sólo de forma aparente.

Por último, apoyándome en la estética de la recepción y haciendo uso de mis derechos como lectora, me parece indispensable mostrar mi visión directamente personal. Dentro de la obra, hay muchos textos que tienen un lenguaje que me ha hecho cuestionarme sobre su pertinencia dentro de un libro de poemas: “El arroz con atún/ se arregla con salsa de soya;/ los fideos/ con huevo revuelto”; “el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ ¿de qué color es el pasto?”; “Chicas a las que les gusta tu poema/ y te encuentran tierno./ Tu nuevo rencor”; “Un trozo de hilo verde en la toalla amarilla”. Pienso que estos textos breves funcionarían mejor como un estado de Facebook que como poemas. A mí, en lo personal, no me generan gran empatía, no me conmueven, no me parecen bellos ni me presentan un desafío intelectual. Estos son, a mi juicio, requisitos fundamentales de un poema bien logrado. En ningún caso quisiera decir que el autor no tiene talento o algo parecido, porque claramente lo tiene y queda demostrado en poemas como “Nunca tendré una casa en el sur”, “Tao” u “Óptica de la nostalgia”. Pero sí quisiera manifestar que, en mi opinión, hay muchos poemas en el libro que sobran. Leer este libro ha sido como beber un jugo en polvo de un litro disuelto en cuatro litros de agua.

Magenta

Fernando Ortega

Libros del pez espiral, 2014

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Francisca Santibáñez (Santiago, 1985) Es licenciada en educación y profesora de castellano de la Universidad Católica Silva Henríquez, Diplomada en gestión cultural en la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2011 fue becaria de la Fundación Neruda. Al año siguiente fundó el Colectivo de Arte Cardumen. Actualmente se desempeña como profesora y profesional de apoyo de fomento lector en la Biblioteca de Santiago.

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NOTAS

(1) Utilizo el término montaje entre comillas entendiendo que el concepto se aplica a la narrativa y no a la lírica, a pesar de lo enormemente narrativo que es este poema.

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