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Ciudad en blanco y negro: buscar el escape inútil

por Pablo Vallejos

Motel ciudad negraMotel Ciudad Negra es un relato pequeño, que contiene un mundo enorme. Presentado en un libro de cartón, meticulosamente encuadernado por la editorial Hebra, Cristóbal Gaete desarrolla la historia de un hombre que ha vivido diversos momentos de su vida en el Motel Ciudad Negra. En cuarenta y ocho páginas, logra sintetizar la vida que transcurre dentro del motel, centrándose en un personaje principal, y su relación con los demás. Sin puntos aparte, la historia traspone distintas temporalidades de forma ágil. Un gran párrafo condensa la conciencia de un hombre que se da cuenta de su vejez, mediante recuerdos, observaciones y nuevas vivencias dentro del motel que marcó su juventud. Estamos en un mundo machista, pero no como algo negativo, sino como característica intrínseca del mismo; al más puro estilo de Sin City (no es inocente que la portada del libro sea una escena de los cómics replicada en la película homónima). Los personajes masculinos son mostrados como jóvenes viviendo en juerga, o como viejos jefes del hogar, y los personajes femeninos como damas de compañía que alegran las noches de los primeros. Los hombres y las mujeres se desarrollan de forma tal que cada uno tiene una suerte de destino pre hecho, el cual es vivir la juventud y morir antes de la muerte en  la vejez.

Otros detalles no menos importantes del libro están en el plano material. Ya se dijo la meticulosidad de la encuadernación, del tipo copta, logrando un libro precioso y que llama la atención. Manufacturado con cartón y papel aparentemente reciclado, denota una preocupación por el detalle y por la simpleza, la cual se refuerza por la longitud del texto. A su vez, la portada en negro y café (por el color de la tapa) genera una imagen al más puro estilo del esténcil, lo cual se relaciona con la temática de la ciudad. Este libro es un rayado en la pared de un edificio gris y triste. Finalmente, como un toque editorial, hay un mensaje para quien termina el libro, el cual dice que se puede reproducir total o parcialmente, siempre y cuando se cite al autor y la fuente. Este detalle hace que haya una preocupación por la lectura, más allá de las ventas. La edición es pequeña, lo cual podría facilitar su distribución. Además, el hecho de que está permitida su reproducción implica una posibilidad de llegar más allá de los 300 ejemplares sacados.

En el texto, el protagonista es un hombre, llamado “el observador”. Ese mote se debe a que comienza el libro con el personaje recorriendo el motel, a modo de recuerdo, viéndose a sí mismo y a otras personas. Así se inicia un relato que combina por lo menos dos temporalidades, la juventud y la vejez del protagonista. A su vez se cambia de narrador, pasa de tercera a primera persona y viceversa. Recorre diferentes voces, escenarios y temas que se superponen, dando así una visión global de lo que sucede, sucedió y sucederá en el motel. Así, el motel funciona como metonimia de una ciudad opacada por la rutina y el trabajo, mostrando su inverso. El lugar es la fiesta, la borrachera y el sexo, pero se muestra como la vitalidad condenada a perderse por la ciudad neoliberal. Todos los jóvenes están condenados, y el protagonista desea cambiar eso. Por ello vuelve al motel a encontrarse con quien fue su compañera en sus tiempos mozos, el personaje de Mona. Sin embargo, luego de volver a sentir la vitalidad de la juventud, es regresado a la realidad. No hay salida de la vida rutinaria, trabajólica, que consume al ser humano. El motel no sería más que un lugar de distención, en el cual se desea vivir para siempre, pero no se puede. Por ello la portada tomada de Sin City remite a la cárcel. “Esperar el dolor cuando estás feliz” (47) dice el personaje. Esa cita podría perfectamente resumir el relato.

La narración está bien lograda, mezclar tiempos, conciencias y lugares es difícil, sobre todo en un solo gran párrafo de 48 páginas. Sin embargo, las temáticas tratadas rozan con el lugar común. Es una novela interesante, que mantiene al lector atento a lo que pudiese pasar, o tratando de entender lo que pasa realmente, si es que realmente pasó algo. pero quizás ese roce con el lugar común es más bien una intertextualidad con todo lo presentado en la novela negra, en películas, comics, libros y demases que muestran a las personas atrapadas en la ciudad que les da vida y los mata al mismo tiempo. Sin embargo, la temática machista, la cual está bien presentada y justificada como parte intrínseca del mundo, genera moldes de una sociedad más antigua. Por ello este libro es difícil de actualizar, en cuanto una crítica cultural. Pero como un reflejo de una sociedad que, hay que admitirlo, es la que hizo nacer la sociedad actual (el paso del siglo XX al siglo XXI), cumple su función. Tal como Sin City, la novela refleja un modo de vida oscuro, en blancos y negros, de una sociedad en decadencia, en la cual las personas atrapadas no tienen un verdadero escape, pero que aún así lo buscan en cada rincón.

Motel ciudad negra

Cristóbal Gaete

Hebra, 2014

Pablo Vallejos Baccelliere (Rancagua, 1992) es Egresado de la carrera de Letras Hispánicas PUC. Participó en las II Jornadas Donosianas de la UDP y ha sido ayudante en varios cursos de poesía a lo largo de su carrera. Actualmente trabaja en la Feria Chilena del Libro como vendedor, mientras prepara su defensa de tesis. 

 

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Fatiga de material. Poesía del American Bar (2012) de José Ángel Cuevas

por Francisco Martinovich Salas*

portada americanEn este poemario publicado el año recién pasado por Hebra Editorial, como parte de su colección Malas Juntas, José Ángel Cuevas desenvuelve una propuesta poética muy definida en cuanto a estética y temáticas de fondo, y estos dos ámbitos se articulan sobre conceptos claves que marcan la lectura de Poesía del American Bar: el colapso y la violencia.

Sobre la obra

En Poesía del American Bar, el autor realiza una apreciación panorámica de diversos espacios arraigados en la memoria colectiva e individual. Sus poemas son una articulación cruda y honesta de la realidad contemporánea, representada en personajes y espacios simbólicos, los que se articulan a partir del colapso y la violencia.

Cada poema se construye como un gesto de violencia en un sentido concreto: violencia del lenguaje, de las imágenes, de la estructuración y disposición de los versos. Esto es fruto y producto de un colapso inducido. En las ciudades, las calles y los personajes ―que abundan en los poemas― nada es coincidencia, nada es producto de la espontaneidad y de los caprichos del travieso y tentado destino. Las culpas están claras y el colapso es evidente, tanto en su apreciación concreta en lo urbano (como en Puente Alto/Colapsó, Discoteque Subterránea u Orden 754) como en lo moral, lo social, lo metafísico: el desgaste de una humanidad que ha vivido el trauma y cuya rehabilitación ha sido trazada por un camino que a todas luces parece ser el equivocado: “Un pueblo vencido se merece estar//a honorarios / no tener previsión / derecho a salud // jubilación mínima / un pueblo vencido // no tiene derecho a nada / porque las leyes // laborales les fueron requisadas y expropiadas. // Un pueblo vencido // Sólo debe ser dócil. // Se lo merece.” (p. 11)

En Poesía del American Bar los personajes y sujetos que habitan los poemas son individuos transplantados desde un tiempo pasado (mejor) hacia un nuevo contexto espacio temporal. Este desplazamiento da como fruto una frustración constante y que se presenta tanto en los que son identificados con nombre y apellido, como en esos individuos que abundan en el género, sombras que caminan en una calle anónima, recuerdos vagos, siluetas; y sin embargo este ejercicio retórico aparentemente tan ajeno a la realidad del hombre se hace vida y verso en este libro: “Yo, César Soto Gómez troskista del paradero 16 Gran Avenida// Os digo, // que pasarán por mí / patios / pájaros // de ojos extraviados y las mayores desgracias caerán // y quizás nadie podrá llegar a ser salvado” (p. 39); “Por otro lado unos tipos llegan en moto // a unas casas de adobe / vuelven al centro. // Es como entrar a París // todo iluminado en grandes calles // encendidas de la noche / pero el mar //vuelve a explorar en enormes olas sobre todos // y cada uno de los pobres presentes” (p. 25).

“Pasó el odio por aquí”

La violencia ―como el concepto clave de este libro― es el catalizador del trauma. Como una botella de vidrio que se rompe contra un mesón, una cuneta o una muralla, este poemario se construye sobre un colapso inducido de manera forzosa, y es esta condición la que determinará la carga nostálgica y el sentido de resignación que se esconde detrás del gesto reactivo que es cada poema. Ya sea la dictadura y sus aparatos de tortura y represión, o simplemente las circunstancias que las estructuras del poder suelen atribuir al devenir histórico, a la condición humana o al siempre conveniente azar, la violencia ejercida sobre el hombre (en toda su real dimensión) ha generado un colapso que se despliega en toda su existencia: “El cuerpo recibe odios rencores insultos // de la tarde / la persona se enferma porque // está unida a gente mala. // Al anochecer se queja // lloran sin saber por qué.” (p. 24)

El quiebre político del país detonado por el golpe de estado de 1973 está presente en este libro. Las cicatrices abiertas de la dictadura pinochetista en Chile siguen marcando el paso de una poesía que la reconoce como principal motivo del trauma, cual botella que se quiebra, violenta e inducida: “Yo soy del país dice el puto Jimy B. un país sin alma// que le chuparon el corazón. Oye, mira, camina entre //las hordas pulento bacán cabezas cortadas huesos // repartidos” (p. 33)

La muerte también está presente en los poemas, la muerte de una realidad social y política que el hablante no pretende olvidar, que persiste en la presencia de una cruda nostalgia que se despliega en las imágenes: “El compañerismo es un recuerdo; pan para hoy/ hambre para mañana” (p. 31).

Los poemas de Poesía del American Bar, dan cuenta de una violencia cotidiana, contemporánea, de un colapso que persiste y que inunda la escritura de José Ángel Cuevas, quien logra instalar en la actualidad poemas producidos en la década del setenta, y que presentan el trauma en su más inmediata expresión, junto con creaciones actuales que presentan una sociedad que no ha sabido y que ha rechazado sobreponerse con el tiempo a este colapso. Frente a esta situación, el autor construye sus poemas desde la conciencia de una realidad en constante detrimento.

Sobre la edición

Enmarcado en una propuesta política e ideológica de fondo, Hebra desarrolla un trabajo de edición artesanal que puede ser calificado como modesto, poco ostentoso en términos técnicos, pero en el cual se nota un gran cuidado y un nivel muy aceptable de logro.

El trasfondo ideológico y las posibilidades presupuestarias de una editorial independiente no justifican, de todas formas, las serias deficiencias en términos de impresión para el caso de esta edición. Los defectos, atribuibles directamente a este proceso (pues el soporte en papel bond ahuesado de 60 gr. ha probado en diversas producciones ser apropiado) dificultan de manera sustancial la lectura en algunos poemas: el lector no accede de forma cómoda al contenido, la tinta se traspasa a las páginas anteriores.

Otro detalle mejorable de la edición de Hebra es la diagramación de los márgenes tanto para los poemas como para los epígrafes. Esto deja mucho que desear, pues la falta de unidad en este ítem incomoda la lectura, y afecta la globalidad de la propuesta, la que, dentro de su austeridad, logra presentar en Poesía del American Bar, un producto en forma y fondo, tan rescatable como necesario para la realidad de este país.

José Ángel Cuevas

Poesía del American Bar

Hebra Editorial, 2012

* Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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Antes que se acabe el mundo: una visita a La “última” Furia del Libro

por equipo PyC

stands_furiaCon la presencia de 48 editoriales independientes, un público que rompió todas las marcas de asistencia y una actitud apocalíptica, cerca de las 20 hrs. de este viernes, se dio inicio a La Furia del Libro en su versión 2012 llamada irónicamente La “Última” Furia del Libro.

PyC estuvo allí pese a ser el último fin de semana de la Historia para tomarle el pulso a La Furia. Si no pudiste ir, no te conectaste a nuestra transmisión en vivo o quieres revivir los mejores momentos, te presentamos un resumen de lo ocurrido día a día:

Viernes 14

La Furia partió con el pie derecho: una lectura de algunos de los poetas y narradores más destacados del circuito; Nadia Prado, Yuri Pérez, Marcelo Leonart, Simón Soto y Alejandra Costamagna, quienes presentaron a los asistentes textos de sus últimas publicaciones. La inauguración continuó con la banda de Valparaíso LaSmala. Con una interesante fusión de ritmos latinos, europeos y jamaiquinos, LaSmala logró entusiasmar al público, bastante numeroso ya a esa hora.

Sábado 15

Pasado el mediodía los stands de las editoriales ya estaban instalados. El público de la Furia del Libro se hizo presente en una tarde nublada y calurosa. Así, cerca de las 16 hrs. los visitantes se aglomeraban en los stands. A esa misma hora continuaban las actividades en la Sala de Conferencias 1 del GAM.

Al igual que el primer día, Poesía y Crítica cubrió vía streaming las actividades de la tarde. Primero, fue la presentación del libro Crónica de Tollan de Manuel Illanes (Piedra de Sol ediciones, 2012) a cargo de César Cabello y Kurt Folch. El autor leyó textos de este poemario que construye una voz prehispánica desde la potencia del mito, el misterio y el origen.

Luego, fue el turno de Estación noche, el último libro de Javier Bello (Libros La Calabaza del Diablo). La presentación de este poemario estuvo a cargo de David Preiss y Raúl Zurita. En una sentida presentación, este último destacó la importancia de la poética de Bello en el marco de la generación de los 90 y rescató el fundamento humano de su obra, señalando que toda poesía real, desde su origen, es anterior a la verdad.

Posteriormente, la editorial Una Temporada en Isla Negra presentó los libros Pulsaciones de la derrota de Damaris Calderón y Espectros de Hernán Castellano Girón, dos grandes autores y dos grandes libros que aportan a la descentralización de la edición independiente.

Más tarde, Simplemente Editores presentó sus antologías Hombres con cuento y Las mujeres cuentan, con la destacada participación de Andrea Jeftanovic, Pía Barros, Alejandra Basualto y Diego Muñoz, quienes leyeron algunos de los cuentos que integran estas notables recopilaciones.

Por último, se llevó a cabo la mesa de conversación Edición independiente y el fin del mundo tal como lo conocemos: nuevos caminos para el libro en donde participaron Galo Ghigliotto (moderador de la mesa y editor de Editorial Cuneta), Paulo Slachevsky (director de LOM Ediciones), Armando Uribe (editor y profesor de edición en Francia), Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) y Nelson Zúñiga (editor general de Poesía y Crítica). Los temas expuestos en esta mesa fueron variados: Slachevsky expuso las directrices en la edición transnacional y la concentración editorial. Uribe mostró que hasta el momento en Francia ningún modelo de negocio sobre el libro digital ha funcionado. Brodsky habló sobre la edición independiente como un espacio de contrahegemonía y difusión cultural de la literatura chilena. Por último, Zúñiga habló sobre los nuevos lectores digitales y cómo la crítica, desde su lugar, debe ayudar a la profesionalización de la edición independiente.

Domingo 16

A partir de las 14:30 hrs. el público nuevamente recorría los stands. Los entusiasmados visitantes además de ojear los libros, hacer preguntas sobre los autores y pensar en la inmortalidad del cangrejo, asistieron a las actividades que se desarrollaban en la ya célebre Sala de Conferencias 1.

A las 16 hrs. se lanzó el poemario Lumbral de Antonio Guajardo (Editorial Pfeiffer), presentado por Raúl Zurita y Rafael Rubio. Con sentidas palabras, el autor agradeció a quienes le permitieron llevar a cabo su obra, para luego dar lectura a poemas cargados de una voz personal y de visitas a las formas métricas tradicionales.

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Homenaje a Enrique Lihn

Luego, se presentó el libro Querido Pedro. Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988) publicado por Das Kapital y presentado por Guillermo Valenzuela y Jaime Pinos, con un homenaje al poeta, marcado por la lectura de algunos de sus poemas en la voz de reconocidos autores nacionales. Un emotivo momento se vivió cuando Pedro Lastra habló respecto a su relación epistolar con Lihn y leyó parte del prólogo a la edición, además de un poema del autor de las cartas. Resulta destacable el trabajo de investigación realizado por Brodsky para dar a conocer a los lectores este material que permaneció guardado en el Archivo Nacional desde fines de los 80.

Cerca de las 18 hrs. Sangría Editora lanzó Oceana de Maori Pérez presentado por Florencia Edwards y Cristián Montes. En una poco habitual presentación, Florencia Edwards relacionó la novela de Pérez con el mundo de los videojuegos, tras lo cual el autor leyó algunos fragmentos de su obra.

Para cerrar esta “última” Furia del Libro, Tristán Vela – más conocido como Mantoi-  leyó poemas de su libro El percatarse (Cuarto Propio). Esta actividad se desarrolló en el escenario de la Plaza Central del GAM. Tras la presentación de Mantoi, tuvo lugar la tradicional lectura furiosa: una maratón poética con inscripción abierta, en la que los autores compartieron algunas de sus creaciones, siempre dentro de los tres minutos de rigor. Destacó la interesante variedad de voces, temas y propuestas literarias que se sucedieron bajo el oído atento del público.

Sin duda, esta Furia del Libro no será la última –sí, porque el mundo sigue- y su éxito se aprecia en varios sentidos: propuestas editoriales fuertes y jugadas, el desarrollo de una actividad cultural real, fuera de los blanqueados marcos de la institución y la visita de una cantidad importante de personas para ver y adquirir excelente literatura, cosa que, felizmente, contrasta con las lapidarias cifras de lecturas a las que estamos acostumbrados.

Picha aquí si quieres revisar los archivos de audio de las presentaciones

Pincha aquí si quieres ver más fotos de La “última” Furia del Libro

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