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“Mi inoficioso oficio de poeta”: La contru de mi alma, de Daniel Tapia Torres

por Francisco Martinovich

la contru de mi almaSobre la obra

 Los 43 poemas que componen La contru de mi alma (Hebra, 2014) del poeta Daniel Tapia Torres están agrupados en tres disímiles secciones a lo largo del libro. La primera, Moneda de la suerte, está conformada por dos textos llamados respectivamente “Cara” y “Sello”. Estas escenas particulares que representan el contrapunto entre muerte y nacimiento se funden en un relato íntimo en que ambos hitos de la vida humana se suceden, alimentando una vaga noción de esperanza.

La segunda y más extensa de las secciones es Cuerpo de obra. Divida a su vez en seis grupos de poemas es la columna vertebral del libro en términos de su contenido. Aquí es donde aparece el contexto de “la contru” como el escenario común de los poemas incluidos. Sobre este apartado me extenderé más adelante.

La tercera parte y final, Maldito dinerro, consta de cuatro poemas algo más dispersos en términos de temática y forma. “Rosa de Luca”, por mencionar un ejemplo, es un poema que no parece comulgar del todo con el resto de la obra. Esta elegía con tintes de denuncia tiene un potencial muy distinto al del resto del conjunto. Es posible que, en una dimensión de más autonomía, funcione como la metáfora crudamente concreta y poco retórica de la muerte que pretende ser.

Un poeta en el mundo

A partir del espacio de “la contru” como eje temático, los poemas son una manifestación de la mirada y pluma del poeta en un universo del que, aparentemente, no logra hacerse parte. El hablante, presente de forma explícita en todos los poemas, se presenta a sí mismo como un sujeto en conflicto luchando por conciliar dos realidades. Este conflicto, algo inocente e ilustrado cuando se le mira con distancia, es lo que sostiene el libro: un artista arrojado por las necesidades materiales a trabajos que no satisfacen sus necesidades creativas  ni monetarias. Esto, por supuesto, toma una profundidad mucho mayor a lo largo del desarrollo de los poemas: “Mi trabajo remunerado es realmente innecesario/ No hago más que dar rondas/ Mientras todos los demás echan su cuerpo a la obra” (27); “Ofréceles almuerzo/ Háblales de actualidad/ Demuéstrales tus modales/ Sírveles como si fueran tus reyes/ Like a virgin/ Y cuenta tu propina” (84).

Desde la posición de un extranjero en este espacio físico y laboral de “la contru”, el hablante busca en los personajes que lo habitan y en ciertas escenas particulares un horizonte de identificación: “A las 8 en punto de la mañana debemos ingresar a la obra/ (de ahora en adelante el CENTRO DE RECLUSIÓN)/ Necesariamente estampamos la firma en el libro de asistencia/ (de ahora en adelante REGISTRO DE LOS REOS)/ para ver así cuándo sale a pago a fin de mes” (32).

Más que a un poeta buscando su lugar en un mundo extranjero, los versos de la segunda sección develan a un hablante encontrando su mundo en un lugar extranjero. Todos estos textos dan cuenta del anhelo de encontrar belleza, poesía e imágenes de lo sublime en un espacio físico que no solo no busca generarlo sino que pretende destruirlo y esconderlo bajo toneladas de hormigón armado en forma de departamentos: “Hora de almuerzo en la obra/ y los molestos decibeles de la maquinaria meteoro desaparecen/ y dejan escuchar el viento mágico/ que hace sonajera entre los tersos dedos de las palmas chilensis” (53).

Este encuentro se logra de manera destacable en aquellos poemas entregados directamente a presentar a los personajes que habitan el espacio de “la contru”. Es en estos versos en los que el libro ofrece sus puntos más altos, alcanzando no solamente retratos sutiles y bellos, sino haciendo confluir ambos mundos en cada personaje, corrigiendo la imposibilidad del hablante mismo de sentir que en él ambos mundos también cohabitan: “¡Excava, Fernández!/ Vienen los vampiros/ ¡Hace la pega!/ Y en un 2 X 3/ Ahí está el hoyo/ como una gran tumba” (69).

Su propina es mi sueldo

El esfuerzo de convertir un espacio o un objeto de origen cotidiano, pedestre y común en algo verdaderamente artístico y poético no tiene nada de novedoso. Así lo hicieron ya las vanguardias artísticas a principios del siglo XX. Mas en los poemas que componen este libro, creo que el gesto está revisitado de una manera distinta. No hay una intención de quebrar, dislocar o relocalizar un espacio árido y “poco poético”, sino que solo se aprecia una constatación: todos estos personajes, espacios y oficios son, y siempre han sido en cierta medida, un arte, una muestra de lo bello y lo sublime que, en este libro, alcanzan los ojos y la voz del poeta. Este no cumple otro rol más que el de quien da cuenta de esta realidad: es un guardia, un testigo, un rondín encargado de reportar al lector toda la poesía presente en “la contru”, en el garzoneo, en el cotidiano desafío de parar la olla.

 

Sobre la edición

En contraste con trabajos previos de la editorial, La contru de mi alma ha demostrado una preocupación por parte de sus editores en cuanto a mejorar la factura del libro. En esta no solo destacan sus caras de cartón e inserciones de papel kraft que funcionan como el soporte de las sencillas pero bellas ilustraciones de Camilo Espinoza (quien además es aludido como un personaje en un poema). Además, la encuadernación copta da cuenta de una preocupación particular por el objeto artístico en el que se entregan los textos, más allá del tradicional ahuesado en que se imprimen los poemas.

En contrapunto a este gran acierto, es inevitable hacer notar un dejo de desprolijidad en términos de impresión. A este respecto hay dos problemas que creo, son bastante serios. No tendría sentido hacerlo notar si no representaran un obstáculo o dificultad importante al ejercicio de lectura.

En primer término, hay muchas páginas (10, 12 y 18 por ejemplo) en los que la imprenta deja afuera una línea vertical que abarca lo que parecen ser unos seis o siete espacios con letras que se pierden, combinando palabras en construcciones ilegibles o, en los casos menos graves, sin sentido alguno. En segundo término, el orden de imprenta de los cuadernillos también presenta inconsistencias, generándose lapsos en que a la página 30 le sigue la 29, a la 29 la 32, a la 32 la 31 a la 31 la 22 y a la 22 la 43, por mencionar el ejemplo más categórico.

Sobre el entendido de las limitaciones asumidas de la edición artesanal, y considerando todo lo que esto implica, esto no excusa tamañas desprolijidades, las que, por lo menos en el ejemplar al que se tuvo acceso, incomodan la lectura y en algunos poemas, hacen imposible llevarla a cabo de forma íntegra y apropiada. En honor a la calidad del contenido, estos detalles, por mucho corregibles, debiesen atenderse para que no vuelvan a repetirse en reimpresiones y reediciones del mismo libro, que no los merece.

La contru de mi alma

Daniel Tapia Torres

 Hebra, 2014

Francisco Martinovich Salas. Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado “Lidia” (Yogurt de pajarito, 2013), “Sospecha de Nada” (Gramaje Ediciones, 2014) y co-editado el libro “Obra Poética. Juan Marín” (Cuarto Propio, 2014). Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios. Actualmente dirige el Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112.

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Fatiga de material. Poesía del American Bar (2012) de José Ángel Cuevas

por Francisco Martinovich Salas*

portada americanEn este poemario publicado el año recién pasado por Hebra Editorial, como parte de su colección Malas Juntas, José Ángel Cuevas desenvuelve una propuesta poética muy definida en cuanto a estética y temáticas de fondo, y estos dos ámbitos se articulan sobre conceptos claves que marcan la lectura de Poesía del American Bar: el colapso y la violencia.

Sobre la obra

En Poesía del American Bar, el autor realiza una apreciación panorámica de diversos espacios arraigados en la memoria colectiva e individual. Sus poemas son una articulación cruda y honesta de la realidad contemporánea, representada en personajes y espacios simbólicos, los que se articulan a partir del colapso y la violencia.

Cada poema se construye como un gesto de violencia en un sentido concreto: violencia del lenguaje, de las imágenes, de la estructuración y disposición de los versos. Esto es fruto y producto de un colapso inducido. En las ciudades, las calles y los personajes ―que abundan en los poemas― nada es coincidencia, nada es producto de la espontaneidad y de los caprichos del travieso y tentado destino. Las culpas están claras y el colapso es evidente, tanto en su apreciación concreta en lo urbano (como en Puente Alto/Colapsó, Discoteque Subterránea u Orden 754) como en lo moral, lo social, lo metafísico: el desgaste de una humanidad que ha vivido el trauma y cuya rehabilitación ha sido trazada por un camino que a todas luces parece ser el equivocado: “Un pueblo vencido se merece estar//a honorarios / no tener previsión / derecho a salud // jubilación mínima / un pueblo vencido // no tiene derecho a nada / porque las leyes // laborales les fueron requisadas y expropiadas. // Un pueblo vencido // Sólo debe ser dócil. // Se lo merece.” (p. 11)

En Poesía del American Bar los personajes y sujetos que habitan los poemas son individuos transplantados desde un tiempo pasado (mejor) hacia un nuevo contexto espacio temporal. Este desplazamiento da como fruto una frustración constante y que se presenta tanto en los que son identificados con nombre y apellido, como en esos individuos que abundan en el género, sombras que caminan en una calle anónima, recuerdos vagos, siluetas; y sin embargo este ejercicio retórico aparentemente tan ajeno a la realidad del hombre se hace vida y verso en este libro: “Yo, César Soto Gómez troskista del paradero 16 Gran Avenida// Os digo, // que pasarán por mí / patios / pájaros // de ojos extraviados y las mayores desgracias caerán // y quizás nadie podrá llegar a ser salvado” (p. 39); “Por otro lado unos tipos llegan en moto // a unas casas de adobe / vuelven al centro. // Es como entrar a París // todo iluminado en grandes calles // encendidas de la noche / pero el mar //vuelve a explorar en enormes olas sobre todos // y cada uno de los pobres presentes” (p. 25).

“Pasó el odio por aquí”

La violencia ―como el concepto clave de este libro― es el catalizador del trauma. Como una botella de vidrio que se rompe contra un mesón, una cuneta o una muralla, este poemario se construye sobre un colapso inducido de manera forzosa, y es esta condición la que determinará la carga nostálgica y el sentido de resignación que se esconde detrás del gesto reactivo que es cada poema. Ya sea la dictadura y sus aparatos de tortura y represión, o simplemente las circunstancias que las estructuras del poder suelen atribuir al devenir histórico, a la condición humana o al siempre conveniente azar, la violencia ejercida sobre el hombre (en toda su real dimensión) ha generado un colapso que se despliega en toda su existencia: “El cuerpo recibe odios rencores insultos // de la tarde / la persona se enferma porque // está unida a gente mala. // Al anochecer se queja // lloran sin saber por qué.” (p. 24)

El quiebre político del país detonado por el golpe de estado de 1973 está presente en este libro. Las cicatrices abiertas de la dictadura pinochetista en Chile siguen marcando el paso de una poesía que la reconoce como principal motivo del trauma, cual botella que se quiebra, violenta e inducida: “Yo soy del país dice el puto Jimy B. un país sin alma// que le chuparon el corazón. Oye, mira, camina entre //las hordas pulento bacán cabezas cortadas huesos // repartidos” (p. 33)

La muerte también está presente en los poemas, la muerte de una realidad social y política que el hablante no pretende olvidar, que persiste en la presencia de una cruda nostalgia que se despliega en las imágenes: “El compañerismo es un recuerdo; pan para hoy/ hambre para mañana” (p. 31).

Los poemas de Poesía del American Bar, dan cuenta de una violencia cotidiana, contemporánea, de un colapso que persiste y que inunda la escritura de José Ángel Cuevas, quien logra instalar en la actualidad poemas producidos en la década del setenta, y que presentan el trauma en su más inmediata expresión, junto con creaciones actuales que presentan una sociedad que no ha sabido y que ha rechazado sobreponerse con el tiempo a este colapso. Frente a esta situación, el autor construye sus poemas desde la conciencia de una realidad en constante detrimento.

Sobre la edición

Enmarcado en una propuesta política e ideológica de fondo, Hebra desarrolla un trabajo de edición artesanal que puede ser calificado como modesto, poco ostentoso en términos técnicos, pero en el cual se nota un gran cuidado y un nivel muy aceptable de logro.

El trasfondo ideológico y las posibilidades presupuestarias de una editorial independiente no justifican, de todas formas, las serias deficiencias en términos de impresión para el caso de esta edición. Los defectos, atribuibles directamente a este proceso (pues el soporte en papel bond ahuesado de 60 gr. ha probado en diversas producciones ser apropiado) dificultan de manera sustancial la lectura en algunos poemas: el lector no accede de forma cómoda al contenido, la tinta se traspasa a las páginas anteriores.

Otro detalle mejorable de la edición de Hebra es la diagramación de los márgenes tanto para los poemas como para los epígrafes. Esto deja mucho que desear, pues la falta de unidad en este ítem incomoda la lectura, y afecta la globalidad de la propuesta, la que, dentro de su austeridad, logra presentar en Poesía del American Bar, un producto en forma y fondo, tan rescatable como necesario para la realidad de este país.

José Ángel Cuevas

Poesía del American Bar

Hebra Editorial, 2012

* Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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