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Ana, o la destrucción del personaje

 

por Francisca Santibáñez

ana_das-kapitalAna: Reimaginando El diario de Ana Frank es un libro escrito por Marjorie Agosín e ilustrado por Francisca Yáñez que fue publicado el 2015 por editorial Das Kapital siendo parte de la colección infantil Pelota de trapo. En él se hace un homenaje a Ana, perfilándola, según lo explica la autora, como una niña común y corriente que toma helados y anda en bicicleta, entre otras cosas. Para lograrlo, debe modificar un poco los tiempos: mientras el libro original comienza el día del cumpleaños número trece de la niña –día en que recibe como regalo el diario de vida–, el libro de Agosín comienza un poco antes y el cumpleaños se ubica más o menos en la mitad del libro, pasando a una segunda parte confusa y vertiginosa en donde los acontecimientos hasta la muerte del personaje son rápidos y poco profundos.

 Ana y las situaciones a las que estuvo sometida, sin duda, nos conmueven a todos y todas. Entiendo que lo que busca la autora es darle un respiro al personaje histórico de forma simbólica a través de la literatura. Es una especie de acción de sanación personal y colectiva que me hace recordar otros casos, por ejemplo, el del poema 48 de La Cuidad de Millán, en donde lo ocurrido retrocede y desaparece, como tantos chilenos hemos deseado. En suma, el gesto de Agosín es muy noble, pero se queda en la intención porque lamentablemente no lo logra.

A principios de este año, el clásico de la literatura universal estuvo envuelto en una polémica cuando la propia Fundación Ana Frank declaró que el padre de la niña –Otto Frank– fue co-autor del libro. Si bien, a mi juicio, este asunto no es más que un problema de derechos de autor, en el acto se abre un cuestionamiento aún más interesante: este libro es un patrimonio cultural potente y una referencia obligada al hablar sobre la Segunda Guerra Mundial. Una enorme cantidad de personas alrededor del mundo lo ha leído y ha marcado generaciones. Su peso no radica solo en ser un documento histórico, sino que en su calidad literaria, porque conmueve, divierte, genera empatía y abre espacios de reflexión fundamentales. Este libro ¿Pudo haber sido escrito por una adolescente de trece años?

En lo personal creo que sí, porque la protagonista es verosímil, tiene la fuerza y la vehemencia de una persona de trece años y es completamente posible que el texto literario refleje, sin edición de por medio, el sentir y el actuar de esta persona. Ana es en ocasiones apacible, sensible, solidaria, pero en otras es también oscura y triste. Tiene episodios de ira importantes en donde le desea secretamente lo peor a sus compañeros de refugio. Reflexiona muchísimo sobre la humanidad y entrega datos duros sobre la guerra en todo momento, demostrando que es un tema central. Tiene fuertes conflictos, dudas e impulsos en el plano sexual y afectivo. También hace comentarios irónicos deliciosos, esa es la mejor parte. Y si su memoria recuerda erróneamente a Ana como un vaso de leche, tal como le ha pasado a muchos nostálgicos, lo invito a que relea sus páginas, porque ella está muy lejos de serlo.

El texto de Agosín es poético, tiene imágenes bellas, sensibles e inspiradoras. Pero es solo eso y, quizás, hubiese funcionado como un texto independiente de esta intertextualidad con Ana Frank, porque evoca de forma débil a la adolescente irónica e irascible que conocemos. Lo que nos muestra es un personaje plano, un poco patético, demasiado amable: inverosímil. En ocasiones parece artificial, tiene un tono dulzón que hostiga. El error está en quitarle las emociones fundamentales al personaje, porque eso contribuye a la construcción del estereotipo de la niña-judía-buena-inocente-víctima pasiva del holocausto.

Las ilustraciones de Francisca Yáñez evocan una propuesta estética muy propia de los años cuarenta. Se trabaja, entre otros elementos, con los conceptos de seriación, a través de papel tapiz, pisos, papeles de regalo, etc., e invisibilización, dibujando líneas punteadas en los bordes de las cosas y las personas. También utiliza algunos símbolos como la estrella de David y la menorá. Me parece que la ilustración, a pesar de ser bastante nostálgica, logra captar el espacio de tensión y conflicto que presenta El diario de Ana Frank mucho mejor que el texto escrito.

Por las características físicas del libro y la cantidad y contenido del texto, creo que está pensado para niños y niñas desde los diez años. Teniendo a lectores y lectoras con un poco más de experiencia, con mayor razón habría que mostrarle un personaje complejo, porque es mucho más interesante y es posible que se logre una identificación. El problema es que muchas veces como adultos subestimamos a los niños y las niñas pensando que no van a entender o no van a soportar ciertas cosas y las escondemos. Pero es bien sabido que eso es producto de nuestra idealización de la infancia: los niños pasan por una enorme cantidad de emociones y pensamientos, no podemos invisibilizarlos.

Nosotros y nosotras estamos llamados a contribuir con el desarrollo de su recepción crítica, para eso estos problemas humanos deben reflejarse en la literatura. En este momento la industria editorial de literatura infantil y juvenil está llena de libros-instructivos-panfletos que tienen como objetivo incluso enseñar ciertos comportamientos, despreocupándose de la calidad literaria, “libros de autoayuda para niños” como diría la escritora María José Ferrada. Dentro de este panorama desolador, el libro de Agosín queda bastante bien parado si lo comparamos con otros. Sin embargo, sigue siendo prueba de que aún queda mucho por hacer en este ámbito, en especial dentro de la producción chilena de literatura infantil y juvenil.

Ana: Reimaginando El diario de Ana Frank

Marjorie Agosín, Francisca Yáñez (Ilustraciones)

Das Kapital, 2015

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Francisca Santibáñez Marambio (Santiago, 1985) Es Licenciada en Educación y Profesora de Castellano de la Universidad Católica Silva Henríquez, Diplomada en gestión cultural en la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2011 fue becaria de la Fundación Neruda. Al año siguiente fundó el Colectivo de Arte Cardumen. Recibió la beca de creación en poesía del Fondo Nacional del Libro y la Lectura convocatoria 2016.  Actualmente es estudiante del Diplomado de Apreciación Estética de Los Libros Infantiles y Juveniles de la Pontificia Universidad Católica de Chile y se desempeña como Profesional de Apoyo de la Coordinación de Fomento Lector y Escritor de la Biblioteca de Santiago.

CC licencia

 

 

 

 

 

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Celebración del 4° Aniversario de Poesía y Crítica

Amigas y amigos, queremos agradecer a todas las personas que se hicieron parte del 4° Aniversario de Poesía y Crítica.
A la Biblioteca de Santiago y al Bar Estación Terminal , que nos facilitaron los espacios para desarrollar el evento.
A las editoriales Ajiaco, Gramaje, Das Kapital, Cerrojo, Andesgraund y Ventana Abierta, por los obsequios para nustros invitados.
A los participantes del conversatorio: Aylin Fuentes, Marcelo Montecinos y Diego Zúñiga.
A los y las poetas de la lectura: Astrid Fuguellie, Francya Castro, Yeny Díaz Wentén y Silvio Valderrama. Un saludo y agradecimiento especial al poeta David Aniñir, quien no pudo asisitir por complicaciones de salud.
A nuestros críticos que semana a semana entregan su valioso trabajo.
Y por supuesto a los lectores y lectoras que han hecho suyo este proyecto.

¡Muchas gracias!

Nelson Zúñiga, Francisca Santibáñez
Equipo editorial de Poesía y Crítica

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CUATRO LITROS DE AGUA: BREVE LECTURA DE MAGENTA DE FERNANDO ORTEGA

por Francisca Santibáñez

Magenta_OrtegaMagenta es el segundo poemario de Fernando Ortega. Fue presentado el pasado 2014 por Libros del Pez Espiral. Continua desarrollando el concepto del color, pues su primera publicación se tituló Cian. El libro presenta un diseño novedoso e inteligente, siendo esto un sello característico de la editorial. Portada magenta con marcas negras que construyen la imagen de la prueba de color de una imprenta. Solapas con una tipografía fría, similar a la de las máquinas de escribir y, sobre ella, el dibujo de una ecotomografía. Guardas negras. Pequeños cuadrados que evocan la cuatricromía e indican el magenta. Marcas de corte en la página, haciendo referencia a las especificidades técnicas de la impresión. Este objeto sería un lujo, de no ser por la mala decisión de imprimir sobre hojas blancas, pues implica una lectura visualmente muy incómoda. Es importante señalar que los números de página no están impresos, por lo tanto no podré citar ciertos extractos de la forma convencional.

No tiene prólogo ni texto de presentación alguno. En lo personal, lo agradezco. Entrar en un libro sin correr el riesgo de ser influenciado por la perspectiva de un tercero es una oportunidad y un desafío. Dejar la teoría para después podría propiciar una primera lectura mucho más honesta. Desconozco las razones para haberlo hecho en este caso, pero creo que han acertado.

Comenzaré por los aspectos formales. El texto consta de veinticinco poemas en verso, de extensiones muy disímiles. Algunos tienen título y otros no. Esta última característica le da un aspecto bastante desprolijo a la obra. Lo mismo sucede con la puntuación. Durante la construcción del libro, al parecer, nadie decidió si se puntuaría o no. Las comas y los puntos aparecen de repente, de forma antojadiza. Me parece un desastre gramatical.

Magenta explora el tema de la percepción visual: el color, la luz, el ojo, la memoria. Algunos poemas logran desarrollarlo de forma acabada, como “Óptica de la nostalgia”. Otros poemas se inclinan por mencionar estos elementos, sin plantear profundidad alguna al respecto: “Un trozo de hilo verde en la toalla amarilla.”

Por lo demás, hay muchos poemas que ni siquiera se acercan al tema. Considerando que las partes del poemario deben tener una coherencia entre sí, es una lástima concluir que el hilo conductor de esta obra es difuso y está poco trabajado.

Otro de los temas que tiene presencia en el libro, es la mención de las plataformas mediales y de lo instantáneo. El chat, el correo electrónico, las películas y los videos de Youtube, forman parte de la cotidianidad del hablante. Al parecer, no se pretende proponer nada muy complejo, sino que, simplemente, estos elementos reflejan el contexto de producción de la obra.

Podemos plantear, como tercer y último tema, la influencia del imaginario oriental, desde diferentes perspectivas. La escritura tiene una marcada tendencia al haikú. A pesar de que no aparecen haikús de forma aislada, estos se filtran como pequeñas partes de la estructura de un par de poemas. Por ejemplo, el poema “costa escarpada” termina así: “Rei Ayanami / rocío sabor a sal / sobre la roca”. Hay otros poemas que no cumplen con la métrica de un haikú, sin embargo, tienen una clara inspiración en ellos: “Mudanza: objetos / que leen en voz alta / el periódico que los envuelve”.

Aparece también una mención al Tao, en un poema con ese nombre. Este texto posee imágenes muy bellas, está bien logrado, reflexiona sobre el Tao y, además, integra el tema principal de la obra: la percepción visual. La última perspectiva del imaginario oriental, está muy lejos de la profundidad espiritual del Tao y corresponde a la referencia a Rei Ayanami –personaje de la serie japonesa Evangelion-. Este elemento es otro testimonio sobre el contexto de producción. Nos habla del fenómeno mediático del animé y su impacto en nuestro país, en especial dentro de la generación de quienes tienen alrededor de treinta años, que es el caso del autor. Lo mismo sucede –alejándome del tema del imaginario oriental, pero centrándome en lo mediático– con la mención al cineasta Quentin Tarantino en uno de los poemas.

Uno de los principales problemas que presenta este poemario es la dislocación en su estilo escritural. Es como si dos personas hubiesen escrito este texto y no una. Esto es perjudicial a la hora de presentar una obra y no simplemente un conjunto de poemas. En una primera instancia, aparecen poemas que reflejan la vida cotidiana. Tienen una perspectiva un tanto adolescente y abundan en ellos los encuentros platónicos con el sexo opuesto y las explicaciones innecesarias. De todas formas, el hablante –en varias ocasiones- logra conmover al lector y generar empatía. Hay poemas bien logrados, como “Tarot”, en donde se utiliza una especie de “montaje” (1) en su construcción, que resulta muy atractivo y ágil: “yo sacaba con la mano izquierda/ -dos mil pesos las cuatro preguntas-/ pero no quiero preguntar/ dime lo que dice/ las cartas ya saben/ toma tres lucas”

Por otra parte, se presentan poemas con descripciones al extremo objetivas y pensamientos inspirados en la lógica-matemática. Es un extremo enunciativo en donde el hablante desaparece y lo hace de tal forma que ni siquiera hay un discurso claro frente a sus inclinaciones. Construye un espacio neutro, en donde no hay juicios morales, estéticos ni de otro tipo, al borde del texto científico, como en este fragmento del poema “Límites de migración específica”: “Tomar agua tibia de la botella de plástico, /Es normal la migración de sustancias tóxicas del recipiente hacia el agua/ pero es mayor cuando la temperatura es elevada”. A pesar de que pueda parecer un desafío intelectual interesante, la verdad es que puedo concluir que estos poemas poseen una complejidad sólo de forma aparente.

Por último, apoyándome en la estética de la recepción y haciendo uso de mis derechos como lectora, me parece indispensable mostrar mi visión directamente personal. Dentro de la obra, hay muchos textos que tienen un lenguaje que me ha hecho cuestionarme sobre su pertinencia dentro de un libro de poemas: “El arroz con atún/ se arregla con salsa de soya;/ los fideos/ con huevo revuelto”; “el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ el pasto es verde/ ¿de qué color es el pasto?”; “Chicas a las que les gusta tu poema/ y te encuentran tierno./ Tu nuevo rencor”; “Un trozo de hilo verde en la toalla amarilla”. Pienso que estos textos breves funcionarían mejor como un estado de Facebook que como poemas. A mí, en lo personal, no me generan gran empatía, no me conmueven, no me parecen bellos ni me presentan un desafío intelectual. Estos son, a mi juicio, requisitos fundamentales de un poema bien logrado. En ningún caso quisiera decir que el autor no tiene talento o algo parecido, porque claramente lo tiene y queda demostrado en poemas como “Nunca tendré una casa en el sur”, “Tao” u “Óptica de la nostalgia”. Pero sí quisiera manifestar que, en mi opinión, hay muchos poemas en el libro que sobran. Leer este libro ha sido como beber un jugo en polvo de un litro disuelto en cuatro litros de agua.

Magenta

Fernando Ortega

Libros del pez espiral, 2014

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Francisca Santibáñez (Santiago, 1985) Es licenciada en educación y profesora de castellano de la Universidad Católica Silva Henríquez, Diplomada en gestión cultural en la Universidad Alberto Hurtado. En el año 2011 fue becaria de la Fundación Neruda. Al año siguiente fundó el Colectivo de Arte Cardumen. Actualmente se desempeña como profesora y profesional de apoyo de fomento lector en la Biblioteca de Santiago.

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NOTAS

(1) Utilizo el término montaje entre comillas entendiendo que el concepto se aplica a la narrativa y no a la lírica, a pesar de lo enormemente narrativo que es este poema.

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