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Amor y surrealismo en Encuentros Oníricos, de Ludwig Zeller

por Eduardo Farías A.*

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 EncuentrosOníricos(Ediciones Corriente Alterna, 2012) de Ludwig Zeller es el último poemario del autor publicado en Chile luego de PreguntasalaMédiumyotrospoemas y Alphacollage. El poemario publicado por Corriente Alterna consta de 16 poemas más varios collages que enriquecen visualmente la edición del libro. Por ende, leemos un objeto poético-visual.

Sin duda, el horizonte de lectura de este poemario está marcado por los temas del  amor y del surrealismo. Por una parte, EncuentrosOníricos nace de la relación amorosa entre Ludwig Zeller y Susana Wald. Los poemas están escritos para ella, tal como declara el autor en la solapa anterior del libro. Por otra parte, el autor entrega su propia visión del surrealismo y la importancia de esta vanguardia en su escritura: “El surrealismo es un instrumento con el cual es posible calibrar múltiples aspectos no sólo del lenguaje o de las artes visuales, sino una concepción total de la vida.” (p.59) Sin embargo, la escritura poética en EncuentrosOníricos no evidencia el uso de las técnicas literarias propias del surrealismo. La relación que establece Zeller entre esta vanguardia y su escritura se basa en la importancia atribuida al sueño, a lo onírico como una parte fundamental de la vida del hombre.

El primer poema lleva el título del libro y nos habla de este encuentro que se desarrolla entre la incertidumbre del sueño o la lucidez que implica el estar despierto: “Señora del Amor –le dije- te suplico / Pueda quedar grabada dentro de mí tu imagen y detrás / De los párpados retener para siempre aquella Gracia / que nos duele a nosotros los mortales… / Ella sonrió, repicó la malévola campana / Multiplicó su estruendo… Ahora responde, dime / ¿Estoy por fin despierto?” (p.11-13) El sueño es la realidad que permite este encuentro amoroso y que posibilita también la duda entre el sueño y la vigilia. A pesar de esta duda, podemos evidenciar que el discurso del hablante lírico está marcado por el proceso consciente de la escritura: el sueño es lo único punto que une este poemario con el surrealismo, y Zeller basa su escritura ‘surrealista’ en la capacidad de sostener un discurso consciente por medio de una concepción surrealista del sueño y de su importancia en la vida del hombre. Por ejemplo, en Lajoyainvisible: “Mi vida / es como un sueño: dos mujeres me muestran el filo de un milagro.” (p.15) O en Elfantasmadelcuadro,alaspintoras: “Sentado en el rincón soy el modelo, ese muñeco inmóvil / Y me pongo a soñar recordando una imagen, aquel punto invisible / De la vida” (p.21).

El sueño es el soporte conceptual sobre el cual se desarrolla la voz del hablante lírico, con la cual entrega poéticamente su visión y experiencia del amor: “Vivo yo atado a un sueño, a un fantasma que llora / Por aquella muñeca que gira velozmente, / Esa mujer de sombras […] Ella gime a mi lado, quiere mezclar sus lágrimas / Con la oscura corriente del tambor que golpea / Despeñado en mi sangre que se arrastra a lo lejos / Donde sin cuerdas quémanse las ruinas del ayer. // Hoy me duele tu llanto, mi muñeca encantada. / De madera es tu cuerpo, de fuego el corazón.” (p.31) Sobre lo mismo, Zeller enfatiza “ese misterio / Del amor, el génesis de esa cintura que arde / Y tú por dentro escuchas el tic-tac de la sangre.” (p.45) Sin embargo, el tema del amor, elemento fundamental de este poemario, no se desarrolla mucho más que las evidencias aquí proporcionadas.

Zeller también discurre sobre la problemática vinculación del sueño con el lenguaje. Como dice el poeta: “es difícil ajustar a la realidad esas imágenes entrevistas / En el sueño, la humareda cubre el horizonte de las palabras” (p.33). O en LavejezdeHölderlin: “cuando pulía piedras buscando palabras […] Con Wera recorrimos cada antorcha buscando, traduciendo / Una salida que nos diera el lenguaje de tus imágenes, / Ese seguir a ciegas el centelleo sonoro de las palabras / Que quebrarán por fin los bordes de la noche.” (p.49)

Además, Zeller incorpora la relación vida-muerte, lo que se constituye en el tercer tema de este poemario y aparece desde Buscarloimposible, donde la vida y la muerte se relacionan con la escritura: “Se vuelve de lo imposible a lo que desconocemos, aquello / Que nos espera desde hace siglos bajo el polvo. Se vuelve, / Sin entender por qué, al horizonte del recuerdo. // Se retorna al espacio abierto de una tumba. […] Que nos permite volver a renacer del otro lado; / Se vuelve al fondo de los surcos como cualquier semilla, / Se escribe por hastío, por cansancio de buscar lo imposible” (p.19) Sin duda, este tema está sostenido y permeado por una visión más bien tradicional, pero el mensaje ha sido trabajado poéticamente como, por ejemplo, en “pasamos como el viento / Susurrando” (p.35) o “No cesan de moverse los negros minuteros del reloj, la huesuda / Muerte te busca, te persigue en corredores donde saltas / De este año al venidero y quedas libre por unos segundos” (p.35). Finalmente, “¿Quién sostiene las ruedas de este atroz / Mecanismo? ¿Por qué los huesos arden / Como teas? Ni tú ni yo entendemos las razones / De raíces que cantan allá abajo en lo oscuro.” (p.37) Estas reflexiones poéticas sobre el tema de la muerte multiplican los sentidos de lectura que se generan en el poemario, pues su temática no está restringida solo al amor como lo sugiere el título del libro.

Sin embargo, dada la brevedad del corpus poético, el tema principal de EncuentrosOníricos no queda totalmente trabajado, ni menos agotado. La cercanía amorosa de Ludwig Zeller con Susana Wald no se evidencia más allá de lo expuesto. El poema EnriqueGómez-Correa es un fragmento poético de gran calidad que dentro del libro, a mi juicio, no encaja con la temática de la obra.

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La obra poético-visual de Ludwig Zeller calza excelentemente en la visión editorial de Corriente Alterna. De tal forma, la edición desde un punto de vista gráfico está a la altura de la calidad poético-visual de la obra de Zeller, salvo por pequeñas erratas ortotipográficas. Por otra parte, las dos tipografías utilizadas realzan la importancia de la visualidad en el poemario. No obstante lo anterior, la reducción del cuerpo de letra en el poema Elfantasmadelcuadro… puede incomodar a un lector que está acostumbrado a la uniformidad tipográfica del texto. También puede resultar incómodo tanto el excesivo tamaño de letra utilizado en el índice, respecto de las alturas utilizadas en el poemario, como la numeración de páginas en blanco.

El juego visual de la ventana redonda en la cubierta -¿o es una sobrecubierta?- da cuenta desde antes de la lectura del encuentro erótico; la mujer del collage está marcada por la desnudez sexual, que en el poemario será “la imagen prohibida de esa flor invisible que cual / Una centella va cruzando el terciopelo negro / De la noche. // Los labios de esa herida / Que hoy escucho vibrar” (p.15). Así, el trabajo gráfico en la portada de este libro previsualiza materialmente el contenido del mismo, generando una continuidad desde la imagen a la palabra.

Ludwig Zeller

EncuentrosOníricos

Ediciones Corriente Alterna, 2012

EduardoFaríasAscencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

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Amor y surrealismo en Encuentros Oníricos, de Ludwig Zeller por Eduardo Farías Ascencio se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Poesía fuera del tiempo: Campos de ciudad, de Marcela Saldaño

por Francisco Martinovich S.*

Antes de sumergirse en la escritura que compone Campos de ciudad (Ediciones Corriente Alterna, 2012) de Marcela Saldaño, llamarán la atención del lector muchos elementos que rodean la escritura de este libro, seduciendo al ojo y abriendo el interés del lector por lo que a primera vista se muestra como una finísima producción visual. El pálido y profundo verde de las ilustraciones de Santiago Caruso llama la atención de hasta el más desprevenido usuario del transporte público que ve con extrañeza a algún mortal que sostiene entre sus manos un ejemplar de este libro. Simplemente, un trabajo pictórico que abre una inmejorable puerta a la escritura que conforma este poemario.

Otro elemento importantísimo que aparece previo a la lectura, es el texto incluido en la solapa del libro, en donde se contrastan el abultado recorrido y trabajo literario de la autora, con el hito editorial que representa este trabajo: el primer libro de Marcela Saldaño se ofrece al público luego de permanecer oculto por diez años. Esta particularidad no solo es una valorable iniciativa de la autora y la casa editorial, sino que impone al agudo lector un desafío no menor: enfrentarse de golpe al origen desnudo de una poesía que el tiempo habrá sabido depurar, a las raíces vivas de una escritura expuestas al sol luego de una década de ocultamiento.

Al recorrer las páginas de este libro, sorprende la soltura con la que se desenvuelven las palabras fuera del tiempo. La vertiginosa prosa que inaugura la obra marca el ritmo que acompañará al lector a través de las dos secciones (“Sobreasaltos” y “Campos de cuidado”) en que se divide esta obra. La voz potente y expresiva que mueve la palabra en los poemas de Marcela Saldaño, parece en muchos casos llenar de imágenes de distinta naturaleza cada poema, predicando una visión panorámica de las posibilidades escriturales del texto, copando cada página de versos robustos, cargados de imágenes y construcciones complejas, pero expresadas a través de una palabra que por momentos se muestra en una inquietante fragilidad: “He jugado tantas veces a la iniciación que me corrompe/ y acierta en el punto fijo de mis ojos ajenos a raíces hipnóticas” (p.18).

Existe una voz, claro, pero esta misma reconoce la incertidumbre de su existencia en el horizonte textual, en que convergen certezas y negaciones. Campos de ciudad, así como el ejercicio de contrastes que articula su título, propone y destruye, haciendo de cada poema un universo de significados cerrados que, sin embargo, no pierden la capacidad de dialogar entre sí: “Recorro campos sesgados/ copas revueltas en el eje del cabello cuando sangra/ y mantengo el alma escondida de esta llama que se inclina a la locura/ a este brazo cortado/ y vivo para siempre” (p.30). Este contraste es la pulsión de vida que mueve a esta escritura, una permanente inquietud que, traspasada al lector, hace de esta obra una lectura compleja, que merece ser ejecutada detenidamente, que no da espacio a distracciones momentáneas, por lo menos en un primer acercamiento.

En “Campos de cuidado” -segunda sección de este libro y poema compuesto por nueve fragmentos- se distiende el concepto central que unifica la propuesta temática de Marcela Saldaño: la articulación de un espacio de confluencias y de desencuentros sumergido (como el objeto concreto que es este libro) fuera del tiempo, en una dimensión indeterminada donde mucho sobra y mucho falta: “hay algo que se vuelve urgente/ y no son los asuntos del mundo/ lo que arroja mi mundo a otro aparte/ son semanas impías y calladas/ un vacío cerca de la carne y el pecado/ es un sol al caer la circunferencia/ inscrita en los callejones/ y en el tiempo/ indeterminado” (p.59).

Serán los campos de ciudad esos espacios del encuentro que repercuten en un vacío doloroso, en una carencia que transmite una nostalgia, más en el temple que en las mismas palabras: “tantas hojas/ tantas rosas en un jardín de rosas/ vestidos de metal para cruzar el aire/ la vorágine de los autobuses/ las hojas/ vivir dentro de la ausencia” (p.55).

Un punto lamentable (y que, siendo sinceros, puede considerarse una nimiedad dentro del acierto general que es la publicación de Campos de ciudad) es el cierre de este libro, donde se presenta el índice en un papel distinto al ahuesado sobre el cual se ha impreso la totalidad del poemario. Este detalle, además de jugarle en contra a la belleza del objeto, podría molestar un poco al lector más quisquilloso y quitar el sueño al más neurótico.

Fuera de esto, la publicación de Campos de ciudad  hace justicia al inmerecido silencio que rodeó a este libro por toda una década, y cumple con una merecida difusión tanto al vuelo de la escritura de Marcela Saldaño, como al simple pero ambicioso objetivo que Corriente Alterna pretende llevar a cabo: quebrar la inmovilidad del tiempo.

Marcela Saldaño

Campos de ciudad

Ediciones Corriente Alterna, 2012.

 *Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente concluye sus estudios de Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa a la espera de la edición de Sospecha de nada, su primer poemario. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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Escribir en la ciudad: análisis editorial de “Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela”

por Eduardo Farías A.*

Generalmente se entiende por crítica literaria un texto que entrega entradas de lecturas de un libro, que desarrolla evaluaciones estéticas y apreciaciones desde la crítica cultural y la teoría literaria. Una crítica literaria desentraña un corpus literario, que sería la lógica de la crítica de un poemario, de un cuento, de una novela, etcétera. Me parece que realizar una crítica literaria de una antología, desde esa perspectiva conceptual, no es viable. Si se escribe crítica literaria de una antología, necesariamente se atiende a una generalidad que conocemos como antología. De tal manera, en este caso prefiero escribir un análisis editorial sobre Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela. Es decir, analizaré ―junto con evaluar de manera crítica― la construcción editorial y literaria de esta antología, desde la selección y su enfoque hasta la construcción como libro.

Esta antología publicada en Lima por Paracaídas Editores enfrenta a poetas contemporáneos de origen chileno y venezolano. Como lectores, este gesto lo podemos pensar como una disputa implícita, si nos preguntamos válidamente: ¿en qué país se encuentra una poesía más sólida, de más peso poético? Sin embargo, leer esta antología desde ese lugar es una pérdida de tiempo, pues tanto en Venezuela como en Chile podemos encontrar excelentes y/o pésimos poemas, y una antología no puede pretender esbozar una respuesta a aquella pregunta. Desde mi perspectiva, esta antología expone, en primer lugar, poéticas contemporáneas de ambos países elegidas según una temática, tal como se plantea en la nota preliminar: “Esta antología […] expone una visión de los cantos que surgen a partir del habitante de una ciudad cualquiera, puede ser Santiago, Coro, Caracas”. La ciudad es el tema que se busca en la poesía contemporánea de cada país, como da cuenta Marcel Kemadjou en el prólogo del libro. Así, los poetas se eligieron, para esta antología, según la experiencia de la ciudad que construyen por medio de la palabra.

De tal manera, los compiladores no buscan exponer, en primer lugar, la calidad poética que se puede encontrar en la poesía contemporánea de cada país. Aunque por ser lectores de poesía sí lo hacen, de forma más o menos implícita. A mi juicio, la calidad poética debe ser la base para construir una antología poética, que no es más que un libro que reúne poemas, ese objeto artístico-lingüístico elaborado por el poeta.

Además, como consecuencia de este ‘enfrentamiento’ entre escrituras poéticas de dos países, esta antología evidencia qué tan cercanas o distantes se encuentran entre sí, tanto en sus temáticas, como en la construcción de los poemas, etc.

Otro aspecto importante es que no estamos frente a cualquier antología. Esta antología da cuenta de su lugar, de su naturaleza, es una brevísima antología arbitraria. Las 136 páginas de este libro nos permiten advertir qué tan brevísima es. Y cumple, en parte, con la representatividad poética de cada país.

Por el contrario, la arbitrariedad de esta antología, a mi parecer, constituye un problema en la compilación que se puede realizar del espectro poético de Chile y Venezuela. Toda antología es arbitraria, subjetiva. Sin embargo, el compilador busca y elige poemas desde el reconocimiento de la calidad literaria que, a su juicio, puede existir en ellos. Y, como consecuencia de la arbitrariedad, no se elige, no se compila necesariamente desde ese parámetro. Asumo que un lector de poesía especializado puede darse cuenta cuando un poema no está tan trabajado, cuando posee ripios, o al contrario. Esa perspectiva no es, en un 100%, la utilizada por los compiladores. Respeto la opción elegida, pues es honesta en su cometido, y aún así leen y eligen de manera consciente el corpus poético de acuerdo a su lectura personal.

Como dije, la selección de los autores y los poemas se ve afectada por la arbitrariedad. Y la compilación, obviamente, afecta la construcción total de la poética del libro, es decir, el tema de la ciudad.

La selección de la poesía chilena hecha por Gladys Mendía demuestra una construcción conciente de la escena poética contemporánea en Chile, pero en su arbitrariedad incorpora registros poéticos que están fuera del tema propuesto por la antología. Por ejemplo, es el caso de los poemas de Galo Ghigliotto y Nelson Zúñiga. Los poemas antologados de Galo no se relacionan directamente con la temática, sin embargo, la intertextualidad con Bonnie y Clyde y la construcción poética enriquecen la compilación de Gladys. Lo mismo sucede con los poemas de Nelson Zúñiga; la construcción poética de la muerte no se relaciona con el tema de la ciudad, pero la utilización métrica del soneto, la muerte y la voz construida en ellos, constituyen poemas que también enriquecen al libro.

En su compilación, Gladys Mendía logra una mirada amplia, a nivel de escrituras, dentro de lo que conocemos como poesía contemporánea en Chile. La inclusión de Anita Montrosis es producto, junto con la calidad de los poemas de un hablante lírico muy particular, de esta visión amplia. La inclusión de poetas contemporáneos como Galo Ghigliotto, Enrique Winter, Raúl Hernández, Gustavo Barrera Calderón, Gladys González, Christian Aedo, Nelson Zúñiga, Marcelo Arce y Cristóbal Gómez da cuenta de la mirada que tiene Gladys Mendía de nuestra poesía. Gladys demuestra ser una lectora sagaz y madura de nuestra poesía al dar cuenta de su diversidad. Más aún, en su compilación exhibe momentos poéticos importantes en nuestra tradición poética reciente: en Gladys González está representada la novísima, la que también se encuentra, en cierta medida, con la inclusión de Marcelo Arce Garín, ya que su poemario Exhumada fue publicado por Mantra Editorial, que pertenece a Héctor Hernández Montecinos. La inclusión de la novísima como inicio histórico de la antología se contrapone, por ejemplo, al uso del soneto mortal de Nelson Zúñiga. La ausencia de los poetas de los 90 se nota, pero resuena como eco en los poemas de Nelson Zúñiga y de Enrique Winter. Junto a estos dos autores, la compiladora muestra la diversidad que existe en la poesía post-novísima al incorporar en su corpus poético a Raúl Hernández, Gustavo Barrera Calderón y Christian Aedo. Gladys Mendía es, sin duda, una lectora de poesía chilena con una vasta experiencia, y una lectora que también es conciente del trabajo que implica la construcción de un poema, pues también ella es poeta.

Por una parte agradezco, como lector de poesía chilena, haber encontrado los tres poemas de Felipe Moncada incluidos en la antología. Y, por otra, entiendo la elección de los poemas de Cristián Berríos, pues en ellos se aprecia una mirada sobre la ciudad, la calle San Diego y el teatro Caupolicán -es decir, el tema existe en sus poemas- pero, desde mi punto de vista, no justifica la inclusión de estos textos, pues su calidad poética no está a la altura de las de los demás antologados. No afirmo que Cristián Berríos sea un mal poeta, es obvio que a partir de tres poemas no se pueda plantear aquello, afirmo que estos tres poemas no poseen la misma calidad que el resto, y, por ende, me hubiese gustado haber leído otros.

En la compilación de Ennio Tucci se nota mucho más la arbitrariedad que en la compilación de Gladys Mendía. Ennio Tucci elige, creo, de manera más caprichosa. Su compilación está centrada en el grupo Musaraña, del cual él mismo forma parte. Su mirada como compilador es política, ya que utiliza su labor de compilador como una forma de posicionar a su grupo en el campo cultural. No creo que el grupo Musaraña y Ediciones Madriguera sea lo único interesante en la poesía venezolana actual. Algunos autores que componen este grupo y que aparecen en la antología son Ennio Tucci, Marina Lugo, Jenifeer Gugliotta, Dilmer Duno y Mariana Chirino. Comprendo que la antología sea arbitraria, pero en la compilación venezolana se utiliza esto de forma algo más antojadiza, donde lo que importa no es precisamente la calidad del poema. Pese a lo anterior, agradezco haber conocido una pequeña parte de la poesía de Anthony Alvarado, la particularidad poética de la Prosa jíbara de Antonio Robles, la construcción poética desde una voz femenina de Jenifeer Gugliotta, la diversidad poética de Mariana Chirino ―su Poema cursi es un texto interesante que tiene que ser pulido― y, sin duda, la poética de Norys Odalía Saavedra en sus tres poemas. Y de Ennio Tucci, de Dilmer Duno, de Marino Lugo (todos del grupo Musaraña), de Gabriel Figueredo y de Jhomar Loiza hubiese preferido haber leído otros poemas. La calidad poética de sus textos difiere mucho de la del resto. Estas son, a grandes rasgos, las principales características de Me Urbe.

Para terminar, me parece necesario felicitar a Paracaídas Editores por el trabajo de edición presente con este libro. Primero, que se difunda poesía chilena y venezolana desde Lima me parece una iniciativa más que notable. En segundo lugar, salvo por ciertos errores ortotipográficos y la ausencia del origen de cada poema (si es inédito o si está publicado), la edición propuesta por Paracaídas Editores da cuenta de una seriedad editorial. Como libro, esta brevísima antología arbitraria posee una doble naturaleza. Fluctúa dando cuenta, por una parte, del gesto cartonero en el sector editorial latinoamericano con la utilización de un cartón específico y, por otra, de la edición de lujo con la utilización de papel marfil de 83 gramos. Esta dualidad, junto a una diagramación armoniosa y un diseño de cubierta y contracubierta actual, dan cuenta de la seriedad de Paracaídas Editores.

Gladys Mendía, Ennio Tucci, compiladores

Me Urbe, brevísima antología arbitraria Chile-Venezuela

Paracaídas /Los poetas del cinco, 2011

* Eduardo Farías Ascencio es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

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