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Hacia una épica del delirio: una visita a Colonos, de Leonardo Sanhueza

Por Nelson Zúñiga G. *

Lo primero que llama la atención de Colonos, de Leonardo Sanhueza (Editorial Cuneta, 2011) es que el poemario comienza con un relato: es la historia del joven ingeniero belga Gustave Verniory (1) y sus sucesivos intentos por emigrar a América. Es este relato lo que va a marcar la forma en que se presenta la segunda parte del libro –los poemas- ya que el lector tendrá siempre presente la figura de Gustave, pero sobre todo sus anhelos, sus imaginaciones y expectativas con respecto a la América que él espera encontrar, e irá descubriendo progresivamente el real escenario con el que se encuentra. Por supuesto, lo que Verniory encontrará en el sur de Chile dista mucho de lo imaginado. A través de una discursividad justa y sin exageraciones presente en todo el poemario, Sanhueza elabora imágenes a la vez crudas y evocadoras de una tierra prometida llena de exultante belleza, pero también plagada de violencia, traición y venganza. Uno de los aspectos interesantes de este texto es que la mencionada violencia no constituye, a mi juicio, el ‘tema’ del poemario, sino que es más bien un elemento, digamos, narrativo, un recurso más con el que el autor construye esta especie de tapiz a ratos delirante que es Colonos.

Gustave Verniory

Gustave Verniory

La mayoría de los poemas está ‘protagonizado’ por un personaje, o bien ese personaje asume la voz principal en el poema. Algunos de estos personajes volverán a aparecer, a su vez, en otros poemas; se teje así una especie de ‘retrato en ausencia’, una aproximación polifónica a un pasado que no se puede visitar más que en la palabra. Cada personaje toma la palabra en su poema, los que se mueven con facilidad en esa difusa zona entre la narración y el lenguaje propiamente poético (2). De alguna manera, el autor pone en el tapete una discusión de larguísimo aliento: la diferenciación entre narrativa y poesía. No voy aquí a hacerme cargo de tan aguda y extensa problemática, pero sí voy a señalar que Colonos puede verse también como un poemario que intenta restituir al poema una de sus funciones más ancestrales: contar y recontar la memoria de los pueblos, manteniéndola viva, como si el tiempo no pasara, o más bien, manteniéndola en un tiempo fuera del tiempo, un espacio mítico donde todo vuelve a ocurrir cada vez que alguien lee o escucha el poema. Sin embargo, en Colonos esta restitución de la memoria no es un mero acto mecánico, ya que el autor aporta una mirada excepcionalmente aguda, irónica y personal de los hechos. Allí donde lo que podríamos llamar la ‘leyenda rosa’ de la colonización de la Frontera se vuelve una imagen folclorizante y turística, Sanhueza mira a contraluz para desatar un torbellino de imágenes pesadillezcas y a ratos surreales, pero siempre vívidas y frescas.

Con una técnica impecable, Leonardo Sanhueza construye una especie de épica de la historia cotidiana, donde no están ausentes la reflexión sobre el proceso mismo de la colonización, ni tampoco sobre el lenguaje que permite articular relatos y poemas. Por ejemplo en el poema Louis Schmidt el lenguaje se concretiza en los tipos de imprenta, que en la Araucanía de fines del S.XIX no sirven sino para ser munición de escopeta: “armados con escopetas de inagotable munición / que a falta de perdigones cargan con tipos de imprenta /para detonar abecedarios completos en la nada (…) Un día matarán a alguien con sus ráfagas de letras”(p. 38)

Es particularmente difícil destacar uno o dos poemas en una obra en donde todos los textos evidencian un trabajo tan orgánico, una estructura entretejida donde cada poema complementa a los demás, pero no de forma unívoca, sino en una multiplicidad acorde al tema que el autor se propone abordar. Sin embargo, me parece justo destacar el poema Máscaras, texto que constituye uno de los retratos más descarnados de los que forman este poemario. En él, Sanhueza aborda la definitiva imposibilidad de los colonos para adaptarse realmente al lugar en el que se encuentran: “Huir del sentido para encontrarlo, / ponerse una máscara tras otra, probar / todas las combinaciones: eso nunca/ lo aprendieron los colonos/ y siguieron siendo lo que eran” (p.58)  Siempre sobrepasados por su circunstancia, los colonos de Sanhueza convivirán con el horror de manera cotidiana, pero sin mayores aspavientos, como aceptando en silencio un destino desgraciado. Por eso, tal vez, cuando encuentran un cadáver con el rostro desollado (en el ya citado poema Máscaras) solo atinan, algunos, a cubrirse el rostro con sus manos.

Leonardo Sanhueza

Colonos

Editorial Cuneta, 2011

*Nelson Zúñiga González es Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha organizado diversos eventos culturales y encuentros de poesía. Es autor del poemario La Ciencia del Silencio, de pronta publicación. Es gestor de “Poesía y Crítica”.

NOTAS

(1) Gustave Verniory, ingeniero belga contratado en 1889 por el gobierno de Balmaceda para la construcción de la línea férrea que uniría la Araucanía con el resto del país. Los diarios íntimos de Verniory se publicaron en 2001 con el nombre de Diez años en la Araucanía, por Ed. Pehuén, con prólogo de Jorge Tellier.

(2) Convendría tal vez hablar más de lo metafórico, ya que Colonos juega también a poner en jaque la rigidez con que se ha caracterizado a los géneros literarios, devolviéndole a la escritura –y a la lectura-  la flexibilidad y la plasticidad que la colusión Escuela-Mercado editorial le han quitado.

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Hacia una épica del delirio: una visita a Colonos, de Leonardo Sanhueza por Nelson Zúñiga González se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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