Archivo de la etiqueta: Das Kapital Ediciones

4° aniversario de poesía y crítica

Amigas y amigos,

Los invitamos cordialmente a acompañarnos en la celebración de nuestro cuarto aniversario, los días viernes 13 y sábado 14 de mayo. Les dejamos el afiche con toda la información.

¡Los/las esperamos!

 

Afiche 4° Aniversario P&C

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EL QUIEBRE DE UN MUNDO: UNA MUJER SOLA SIEMPRE LLAMA LA ATENCIÓN EN UN PUEBLO, DE NATALIA FIGUEROA

por Cristhian Torres

Una mujer sola siempre llama la atención en un puebloUna fuerza viva contenida, un erotismo apenas insinuado, recuerdos quebrados por el tiempo y notas de un viaje a bordo de sí mismo, son apenas algunas de las temáticas de Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo (2014) de Natalia Figueroa, publicado por DasKapital Ediciones. Hay en sus poemas un torrente natural, una impetuosa avenida difícilmente controlada por las palabras: “piensa, si aprendo a conjugar todos los verbos / puedo arruinarlo todo” (66). Se trata del testimonio de un quiebre entre el hombre y la naturaleza, como bien lo describe el hablante en el poema “Symi”, al ser testigo del corte de un árbol:

Yo comenzaba a sentir tristeza

por el momento cada vez más próximo

en que el tronco cedería al empuje de la grúa

y sería materia sola

interrumpido el ciclo del agua en su savia

sin comunicar ya la luz del cielo

con lo oscuro.

Como si se quebrara una columna vertebral (8).

Acaso el poeta no sea sino el testigo impotente de un mundo que se quiebra. De esa Cuaternidad perdida de la que hablara Heidegger: la necesidad de asumir el mundo desde la armonía con la naturaleza, desde su cuidado. El sujeto poético de estos poemas sabe de la fisura, es consciente de ese ciclo interrumpido entre los elementos; de ese tejido de correspondencias que vive más allá de las palabras. Una columna vertebral totalmente fracturada y rota: es esta la metáfora de un mundo que se expande de espaldas al dolor. Sin embargo, el poeta es también la mano que corta, je est un autre, diría el enfant terrible: “mis manos eran fuertes y seguras / al manejar la pala que empujó finalmente el tronco / al costado / donde también yo caía.” (8) El sujeto poético es parte del entramado: es, al mismo tiempo, el espectador aterrado de un crimen, el criminal y la víctima. Al poner el tronco a un costado el sujeto se identifica con el ser herido de muerte. En este orden de ideas, cada espectador de esta muerte lenta camina sobre una silenciosa masacre: “Si pasara de nuevo por ahí / no sabría que camino sobre un árbol cortado.” (9)

De la mano de esta fuerza natural quebrada, hay un erotismo que asoma a través de las figuras de los árboles, del caracol, entre otros. No obstante, estas imágenes son mucho más que referencias a la sexualidad: “mi caricia le gusta / llena mi mano de baba / y casi sale por completo de su concha” (44). Estos versos son apenas algunos ejemplos de la delicadeza del lenguaje decantado de Natalia Figueroa. El caracol se convierte en una figura reiterativa, un leitmotiv que encarna la imagen del exilio, del viajero cuya única morada es su propio cuerpo. Pero también es el símbolo de un tenue erotismo, como los movimientos de un caracol que, aún cuando huye con todas sus fuerzas, no puede dejar de ser lento. Sin embargo, la metáfora del molusco también se quiebra: el hombre pierde el cobijo del mundo y se convierte en huérfano; el viajero se sorprende al encontrar que su cuerpo también sufre la fragmentación; ni siquiera el eros puede sobrevivir a la fractura de nuestra propia columna vertebral: “Y por mí se trizó su concha hasta que fue inútil sellarse” (46), se lamenta el hablante en el poema “Nano”. También sirve a los efectos del gran quiebre la tortuga del caparazón roto en el poema “En el veterinario”, cuyo pronóstico sintetiza algunas de las ideas ya expresadas: “Nada se puede hacer / tendrá / una muerte lenta” (13).

El libro cierra con el poema titulado “Primavera”, y aunque desde una lectura superficial se podía decir que los poemas sostienen un tono pesimista, en realidad se trata sólo de un artificio, pues todos ellos se instalan desde una defensa vital que mantiene la calma como ”El calor de una vida en llamas” (40). “Primavera” puede ser leído como un arte poética donde las orquídea son como los poemas: “Capaces de engañar a las moscas / soltando olor de cadáver / y de atraer a las abejas con fragancias idénticas a / las de sus hembras” (70). El poema, como la orquídea, puede engañar al lector: hacerlo sentir el olor de la muerte o enamorarlo con su perfume, parafraseando a Baudelaire. El poeta debe conocer las necesidades del poema, cuándo necesita agua o calor e, incluso, cuándo necesita ser completamente abandonado: “no es fácil cultivar una orquídea / aprender a darle vida a una planta / que recién al tercer año dará la flor. El exceso de cuidado la arruina.” (71) No obstante, siempre es posible el efímero resultado, el clímax de la experiencia estética, ese eros contenido, “la intuición del instante” (Bacherlard). Siempre es posible “Asistir a la vibración final / ese ajuste liberado en el aire” (71).

Una mujer sola siempre llama la atención en un pueblo

Natalia Figueroa

Das Kapital, 2014

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Christian Torres (Bogotá, 1982), escritor, músico aficionado y profesor. Autor del libro Relatos sin calibre (2014), ganador de una mención meritoria por parte de la Universidad Nacional de Colombia y publicado por la Editorial de la Facultad de Artes de la misma universidad. Algunos de sus poemas han sido recopilados, entre otras publicaciones, en el libro En tierras del cóndor: muestra de poesía, Colombia – Perú, publicado por Taller de Edición ROCCA en el 2014. Docente y promotor de lectura en diversas instituciones colombianas y chilenas. Es candidato a doctor por parte de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vive actualmente en Santiago.

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“Meter las manos a la memoria”. Mapa de Guerra, de Eduardo Serrano

por Luis Aránguiz

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Mapa de Guerra es un libro de poesía escrito por Eduardo Serrano. Está dividido en cuatro etapas que son descritas como “alas” de un recinto. Cada una de ellas remite a espacios determinados relacionados con la guerra: I. Hospital Trinchera, II. Trinchera Disco, III. Llanuras árticas y finalmente IV. Posguerra. Así, si bien son etapas con contenidos diferentes, todos ellos están vertebrados por la noción que titula al libro: la de un mapa de guerra.

Se trata de un texto polimórfico. Cada etapa viene acompañada de imágenes complejas que exigen atención. Con un verso libre pero no por ello desprovisto de cadencia, Serrano profundiza en nociones como mapa, memoria, cuerpo y ciudad. Quizá, como en todo libro de esta naturaleza, el epígrafe ofrezca una pista de lectura importante. Se trata de una cita del argentino Osvaldo Lamborghini: “Te escribo desde el descredito. /Yo no hice una obra, hice / una experiencia” (9). De algún modo, estamos frente a una tensión en la que el texto pretende ser la plasmación de una experiencia.

El hablante se presenta con dos estrofas significativas: “hacernos un mapa de guerra / en todo el cuerpo / entonces parecía ser el método // la manera más efectiva de inyectarnos / la cartografía en las retinas” (15). A lo largo del poemario, en todas sus etapas, encontraremos en reiteradas ocasiones el motivo del cuerpo como un espacio cartográfico. En él no solo se registra el mapa, también la ciudad. Pero la cuestión que importa más es la que dice relación con la necesidad de registrar la vivencia, o en otras palabras: no ser destrozado por el olvido. De ahí los versos: “para recuperar los recuerdos / y recomponer la realidad / destrozada por el olvido / debo asumir una ardua actitud de limpieza / y comenzar a recoger por partes / todos los pedazos dispersos: ir a través de los pantalones / arrugados sobre la silla / y encontrar gotas de noche en los bolsillos” (19). Lejos de ser el cuerpo un mero objeto de la conciencia, parece ser el principal referente en el que se almacena la memoria. No se la busca en lo cognitivo, se la busca en las marcas de lo vivido. Después de todo, ¿acaso no necesitamos de un referente para recordar? ¿Y no puede ser ese referente nuestra propia corporeidad, la vivencia esculpida en ella?

El hablante dice: “voy  escribir con vidrios rotos / toda mi derrota en las murallas” (21). Hay en su voz la necesidad de existir, pero también de dejar huella fuera de él. Las murallas son señales para otros. El cuerpo por su parte, en tanto objeto de la marca, nos revela la intención de dejar una huella para sí, y en esta dirección recuerda la afirmación de un joven Walter Benjamin: “la experiencia resultará dolorosa para quien busca en ella, pero difícilmente le dejará sin esperanza” (95), experiencia que no es otra cosa que conocerse, o podríamos decir “mapearse” a sí mismo. El libro parece ser un recorrido, una metanarrativa de la experiencia de la guerra contra el olvido. El cuerpo mapeado en guerra es la mejor prueba del ser. Marcado, doloroso, herido. Pero vivo. Ciudad y cuerpo están ahora unidos por el mapa de guerra.

En la etapa de Posguerra no hay poema. Solo una imagen. La palabra no es necesaria. Meter las manos a la memoria no será otra cosa que encontrar paz en una guerra que ya ha terminado. O para decirlo con Benjamin, al meter la mano en la memoria, en la experiencia, para buscar en ella, sentiremos dolor pero no desprovisto de una esperanza aun cuando se esté “a los pies de la ciudad que naufraga” (61).

Mapa de Guerra

Eduardo Serrano

Das Kapital, 2014

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la UDP.

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Referencias

Benjamin, Walter. La metafísica de la Juventud. Barcelona, Paidós, 1993.

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