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Cataluña no es España: fútbol y nacionalismo en el Barcelona F.C.

por Christian Álvarez

catalonia not spainAlexis Sánchez se convierte en el segundo goleador del equipo –solo superado por el todopoderoso Messi–, aportando asistencias y fútbol colectivo. Hizo goles tan importantes como hermosos, pero nada de eso le bastó para ser reconocido en Barcelona F.C.

Claudio Bravo es pieza clave, admirado por sus compañeros, y se consagra como el capitán de la selección más exitosa de la historia de su país, derrotando en dos finales al todopodersoso Messi, pero no le basta para ser titular, para lo que se esgrimen argumentos impensables en otros jugadores de su nivel y en su posición, como su edad y la presencia de jóvenes promesas.

Si bien son dos casos, por lo que carecen de relevancia para hacer análisis estadísticos, dada su repercusión mediática, y siendo el fútbol una de las principales actividades mediáticas y simbólicas, creo que se puede ofrecer un análisis al respecto, y que se resume en que, en general, es extremadamente difícil que en Barcelona F.C. se valore a un futbolista hispanoamericano, precisamente, por el rol que el equipo barcelonés ha jugado en el posicionamiento del nacionalismo catalán, caracterizado por su antihispanismo.

Este rol del Barcelona F.C. está lejos de ser una suposición mía, sino que es una característica que se ha generado de forma explícita para, mediante su presencia mediática y admiración deportiva global, poner en circulación el separatismo catalán. Desde su lema “Mes que un club”, o el uso de la bandera de Cataluña a la par de la ausencia de referencias a la bandera de España, llegando hasta declaraciones nacionalistas de parte de sus principales figuras. Estas últimas incluyen a Gerard Piqué y Xavi Hernández apoyando el referéndum que busca la independencia catalana, y principalmente a Pep Guardiola, quien ha hecho mención de que viene de “un país llamado Cataluña, que pinta poco” y que “tiene lengua propia”, como razón que justificaría su distancia con el resto de España. Las declaraciones de Guardiola no pueden considerarse triviales, pues no solo es un exjugador del club, sino el técnico que llevó al Barcelona a un desempeño futbolístico que se encuentra en la cúspide de la historia de este deporte, tanto en logros como en espectáculo y consistencia.

Se podría argumentar que estas declaraciones representan el legítimo derecho individual de un deportista de tomar partido por la situación política de su tiempo –que no podemos negar– y que no tiene relación con decisiones deportivas. Sin embargo, este último punto se puede refutar fácilmente recordando el fallido paso de Emmanuel Petit, campeón del mundo en Francia 98 y de Europa en  2000. Sobre su paso por el Barcelona, Petit dice:

“La política y el nacionalismo que se respiraban en el vestuario fue demasiado para mí. Fui muy feliz de unirme al Barça, pero yo solo quería concentrarme en el fútbol. Cada día tratando de lidiar con temas que supuestamente no me correspondían […] Tan pronto como llegué al Barça la gente me decía: ‘no intentes aprender castellano, tienes que aprender catalán’. […] Entiendo que se sientan identificados con eso, pero eso está muy cerca del racismo” (párr. 1).

catalonia-is-not-spain_80966La calidad futbolística, innegable en Petit, no fue suficiente siquiera para tener un lugar en el plantel, tan solo por no cuajar en la configuración del club como enclave del nacionalismo catalán, que se supone debiese abarcar la totalidad de la vida pública de sus miembros. Así, las declaraciones de Xavi, Piqué y Guardiola no solo serían la opinión personal de sujetos interesados en la política nacional, sino que forman parte de una política declarada del club, que se refleja en sus usos iconográficos ya mencionados. La simpatía con el nacionalismo catalán resulta ser un ingrediente que determina en gran parte el reconocimiento popular y mediático en el Barcelona.

En este escenario, ¿cómo entender los pasos de Sánchez y Bravo? Debemos comprender, ante todo, que la visión del Barcelona, como club, difiere ampliamente según se mire desde la perspectiva europea o sudamericana, y especialmente chilena. Para Europa, los recursos discursivos e iconográficos del nacionalismo catalán son familiares, por lo que Barcelona es visto como un equipo que de algún modo busca marcar su diferencia del resto de España no solo en la cancha sino también en lo cultural. El clásico con el Real Madrid es el punto cúlmine del rechazo a lo que se considera un centralismo español, secundado de las finales de Copa del Rey en donde se aprovecha de pifear al monarca en rechazo al modelo de Estado vigente. Pero para Sudamérica es distinto. Barcelona es, ante todo, un equipo que forma parte de la primera división del fútbol español.

En el caso chileno, existe una particularidad que no se da en los futbolistas argentinos o brasileños; durante muchas décadas, el futbolista chileno casi no salía a jugar al extranjero, y su éxito era escaso. Con la globalización de los 90, cuando se dieron casos de éxito como los de Iván Zamorano y Marcelo Salas, pudimos empezar a ver de forma más frecuente que futbolistas nacidos y formados en Chile jugasen en Europa, y a un alto nivel. En este escenario, como la oportunidad era nueva y había que cuidarla, se comenzó a configurar un análisis del posible éxito de las figuras locales fundado en características idiosincráticas de las distintas ligas. Así, si un futbolista tiene pierna fuerte y aptitudes físicas que le favorezcan la marca –o la resistencia a ellas– y la frecuente disputa de la pelota en espacios cerrados, se dice que le conviene el fútbol italiano. Si un futbolista destaca por su velocidad y su capacidad de ser polifuncional, se dirá que le conviene la Premier League, y en el último tiempo, tras los éxitos de Vidal y Aránguiz, la Bundesliga. Finalmente, si un futbolista tiene como mayor virtud la habilidad, asociada a la picardía propia del barrio y el juego vistoso, se dirá que le acomoda España.

Alexis Sánchez vivió su infancia en Tocopilla, lejos del sistema de rivalidades y filiaciones de Santiago.  Lejos de un estadio de fútbol profesional, sus referentes no estaban en la cancha, al menos no en una real, sino en el animé. Fueron los Supercampeones quienes ocupaban sus fantasías, principalmente su protagonista, Oliver Atom, quien llega a jugar en el Barcelona. Los japoneses, compartiendo la ubicación periférica –en el contexto futbolístico– con la que tuvo alguna vez Chile, también reconocen las identidades asumidas anteriormente: España es el lugar para jugar con la pelota contra el piso, donde se aplaude la habilidad, y el Barcelona, uno de sus máximos exponentes. El sueño de niño de Sánchez de jugar en el Barcelona, por lo tanto, responde a la visión del club como exponente principal de un estilo que ante todo es español; jugar en el Barcelona es jugar en uno de los mejores equipos de España, que a su vez representa un estilo que acomodaría a un tipo de futbolista, el habilidoso que busca divertirse en la cancha y divertir al espectador. Para Sánchez, como para el común del aficionado al fútbol que no sea de Europa, Barcelona es inseparable de “La Liga”, cuya cúspide es el enfrentamiento contra el Real Madrid. El clásico es la reafirmación de esta unidad, y no un duelo de opuestos.

Claudio Bravo, por su parte, llega al Barcelona tras ocho temporadas en la Real Sociedad, su primer club europeo tras el debut y consolidación en Colo Colo. La Real Sociedad fue el paso natural para el futbolista sudamericano contemporáneo de nivel superior a la media: dejar la competencia local en gloria por una más exigente. En este caso, aunque la Real Sociedad fuese un club sin grandes aspiraciones, con quienes incluso jugó en la segunda división, la sola pertenencia a este conjunto que es “La Liga” o “el fútbol español”, como especialidad del sistema del “fútbol europeo”, vale la apuesta en términos deportivos. El paso al Barcelona fue, por ende, el reconocimiento de su labor dentro de ese mismo sistema: Bravo llega al Barcelona en tanto es uno de los mejores arqueros de España.

Estos hechos deben sumarse al dato evidente de la procedencia geopolítica de los futbolistas chilenos: Hispanoamérica. Así, las ganas de llegar a España, como liga, no solo responden a un deseo de mejorar el nivel y adquirir reconocimiento, sino porque facilita la integración, “preferiría España antes que Inglaterra o Alemania por el idioma”, dice la joven promesa chilena, quien, al venir preferentemente de los sectores más desfavorecidos, cuenta con el español como lengua única en la mayoría de los casos. En las anécdotas de Caszely, Yáñez o Zamorano, destacan las similitudes del clima mediterráneo con el de la zona central de Chile, ya registradas en la famosa carta de Pedro de Valdivia al rey Carlos V. De esta forma, Sánchez y Bravo, jugando en Barcelona, y desde su origen hispanoamericano y específicamente chileno, no dejan de considerarse habitantes de España. No aprenderán catalán puesto que el español ya permite una integración que, en el caso de Bravo, estaba afianzada. No ocuparán tiempo en adquirir las particularidades catalanas ya que su aprecio por Barcelona no se produjo por su simbolismo político sino, precisamente, por su lugar destacado en la competencia española, de la cual se asumen virtudes futbolísticas comunes a todos sus integrantes.

Por ende, independiente de sus éxitos, serán siempre extraños (1). Se podría contraargumentar  diciendo que, a lo largo de su historia, Barcelona sí ha sabido acoger como suyos a futbolistas extranjeros, partiendo por los máximos ídolos del club: Cruyff y Messi, y siguiendo una larga lista que incluirá a Ronaldinho, Romario, Koeman o Stoichkov. A pesar de esto, se podría decir que estos extranjeros comparten un rasgo común: no ser hispanoamericanos, en tanto su integración a Barcelona (como club y como ciudad) no pasa por resaltar una unidad con el resto de España. Por supuesto, pareciera que ignoro descaradamente el caso de Messi, pero por el hecho evidente de que el argentino reside en Barcelona desde los 13 años integrándose a su cantera. Para efectos prácticos, como el registro de pases, ha sido siempre de la casa.

Este análisis no pretende ser exhaustivo ni conclusivo (2), en el sentido de pretender agotar las razones del porqué Sánchez y Bravo no recibieron la valoración que sus rendimientos merecerían, tanto porque el mismo concepto de “valoración” es altamente subjetivo y ha quedado sin delimitar, como porque, en cualquier caso, puede responder a una multiplicidad de factores. Tampoco pretende ser predictivo, en tanto afirme que “el éxito de un extranjero en el Barcelona dependa de su identificación con el nacionalismo catalán”. Simplemente se trata de justificar la presencia de este factor dentro de la evaluación sobre cómo este club, uno de los que tiene mayor presencia mediática a nivel global, y que ha alcanzado en ocasiones el máximo rendimiento y aprecio deportivo, se presenta a sí mismo como más que un club: como un instrumento para poner consignas políticas que se fundan en su diferencia del resto de España, asumiendo una identidad cultural que, sin poder asimilarse a la nación española vigente, deberá conocerse para ser parte de uno de sus emblemas, el Fútbol Club Barcelona.

Notas

(1) Especulando, podríamos pensar en que sí habría un futbolista chileno hipotético que podría ser admirado en el Barcelona: descendiente de catalanes, o que haya desarrollado una cercanía cultural previa a Cataluña, como podrían ser estudios universitarios, o simpatías políticas con movimientos afines al independentismo. Jean Beausejour, al declararse afín a Pedro Cayuqueo, abierto partidario del independentismo catalán –por servir de antecedente a la autonomía mapuche– podría haber sido un caso de éxito. De todas formas, son condiciones que, dado el contexto que viven la mayoría de los futbolistas chilenos, es poco probable que ocurra.

(2) Me he limitado a exponer hechos (nacionalismo catalán, uso de este como identidad del club) para hacer una interpretación de la evaluación de casos deportivos puntuales (supuesto menosprecio de Sánchez y Bravo). No he entrado a hacer una valoración ética de ellos. Sin ser nacionalista, tampoco estoy, al menos con los antecedentes de este escrito, en posición de juzgar la construcción de identidad del Barcelona F.C. Hasta me parece inevitable que así suceda

Referencias

http://www.sport.es. “Petit: ‘El nacionalismo catalán está muy cerca del racismo’”. http://www.sport.es/es/noticias/barca/petit-nacionalismo-catalan-esta-muy-cerca-del-racismo-4540332

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Christian Álvarez Rojas (1985). Licenciado en Estética UC, Magíster (c) en Teoría e Historia del Arte U. de Chile y Magíster en Estéticas Americanas UC. Ha trabajado en gestión cultural y creación artística junto al Colectivo MICH entre 2010 y 2014. Músico, compositor en Quasar J-01 desde el 2006 hasta el presente. Ha investigado sobre las influencias estéticas del clasismo y el racismo en Chile, además de participar como curador en trabajos independientes. Actualmente cursa el Doctorado en Estudios Americanos en la U. de Santiago.

CC licencia

 

 

 

 

 

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“Detenciones ciudadanas” y crisis social

por Christian Álvarez Rojas

Foto: @GMagnere

Foto: @GMagnere

Cada cierto tiempo aparecen en los medios, de forma completamente acrítica y sensacionalista, reportes de “detenciones ciudadanas”: un asaltante, sorprendido por su víctima, es capturado por una turba que, aparte de neutralizar su ilícito, se dedica a torturarlo, grabando la acción y difundiéndola por internet. En su viralización es frecuente que reciban comentarios de aprobación y apoyo, celebrando el hecho e instando al resto de la población a hacer lo mismo. El principal argumento es el siguiente: existe una ola de delincuencia que es ignorada por las autoridades públicas, la que, sumada a la impunidad y bajas penas que tendrían los pocos delincuentes aprehendidos, obliga a la población a tomar la justicia por su cuenta.

Este hecho, así como su argumentación, presenta serios riesgos, aun cuando es cierto que la autodefensa es justificable  —y así lo reconoce la propia legislación chilena— pues no asistimos a la legítima resistencia ante una amenaza, sino que a una orquestación, consciente o no, de la violencia y la tortura, generando condiciones para que la situación empeore. En primer lugar, en la totalidad de las imágenes que se difunden de estos hechos, el delito acusado es un robo menor, muchas veces un lanzazo, sobre especies como joyas o artefactos tecnológicos. El daño a la propiedad, si bien comprensiblemente indignante, difícilmente alcanzará la magnitud para que implique un castigo penal superior a los que ya se aplican. Pero hay un punto más, sucede que Chile ya ha optado por el camino de criminalizar delitos como el robo, castigándolo con penas de cárcel efectiva, y los efectos, lejos de hacer que la delincuencia disminuya, solo han aumentado la percepción de la violencia convirtiendo, de paso, a Chile en uno de los países del mundo con mayor población penal (1). Si el delincuente no recibe una pena automática de cárcel se debe principalmente a dos razones: el delito cometido simplemente no tipifica para ello, y de hacerlo, ya existe una sobrepoblación penal por haber abusado de este recurso.

¿Cómo es posible que las medidas efectivas contra la delincuencia, es decir, la detención y el encarcelamiento, no hayan incidido positivamente en una disminución del delito? Pues sencillamente por una concepción errada de este. En un país cuya cultura ha sido moldeada durante 40 años para satisfacer el modelo económico neoliberal, la acción humana es entendida como el resultado unívoco de la autonomía individual. Es decir, de forma voluntarista: el individuo realiza la totalidad de sus acciones por simple elección, por lo que si ha decidido delinquir, solo queda el castigo como respuesta, y la prevención solo se comprende como el efecto disuasivo que la pena pueda ejercer sobre potenciales infractores. Esta visión, más allá de simpatías políticas, es falsa. Un simple ejercicio lógico nos hace advertir que la premisa de que “toda acción responde solo a la voluntad” desconoce la enorme cantidad de hechos que determinan la vida humana y que están ajenas a la elección: los padres, con sus respectivas ideologías, vicios y virtudes; el lugar de nacimiento, con sus oportunidades y riesgos; el lenguaje, con sus respectivas herramientas para comprender la realidad; etc. Y por supuesto, la más relevante para cualquier sujeto: nacer. Pero además, esta posición ideológica ignora el conocimiento que desde las ciencias cognitivas nos indica cómo la mente humana responde en base a condicionamientos previos de forma inconsciente; el libre albedrío es solo una idea teológica sin cabida en la realidad, la que, a lo más, nos otorga la posibilidad de compatibilizar nuestras decisiones con las alternativas que emergen en nuestro entorno (2).

La comprensión errada de la acción humana por parte de la ideología imperante en nuestra sociedad, no podrá, lógicamente, ofrecer respuestas eficientes al problema de la delincuencia, y es lo que ha ocurrido, más, cuando el derecho a la propiedad se considera el pilar fundacional: se yerra en la comprensión de la delincuencia al tratarla bajo las obsoletas premisas voluntaristas, dejando como resultado una sobrepoblación penal y una sociedad ansiosa de castigo para los culpables, el que se toma por cuenta propia, aumentando las condiciones de violencia que producen la segregación, y aumentando, por ende, la delincuencia que se busca combatir.

La historia nos ha dado buenos ejemplos de errores similares y a escalas incluso mayores. A mediados de los 90 en Colombia, cansados de la inseguridad provocada por la guerrilla y el narcotráfico, un grupo de campesinos y empresarios agrícolas decide fundar las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). En un comienzo, el fin era perfectamente comprensible: resistencia civil ante los embates del terrorismo y la violencia armada del tráfico de drogas. Con el respectivo apoyo de intereses políticos, las AUC ganaron legitimidad y financiamiento, operando como una alternativa ciudadana ante la incompetencia estatal de controlar la violencia (3). Pero con el paso de los años las AUC fueron cometiendo masacres incluso peores que las de la guerrilla: torturas, secuestros, extorsiones, ejecuciones masivas y descuartizamientos silenciados en fosas comunes, y, paradójicamente, el tráfico de drogas, efectuado como una forma de autofinanciamiento. Esto es comprensible, pues al no recibir financiamiento público, y al ser una organización con una creciente necesidad de miembros especializados, recurrió a la forma más eficiente de obtener recursos y contratando a los individuos con mejor preparación para efectuar su trabajo. Solo a su rama del norte del país se le atribuyen más de 15.700 muertes(4), en las que se masacraron pueblos enteros —incluyendo a los niños— por la sola sospecha de que ahí podría vivir algún colaborador de la guerrilla, a cuyas víctimas se degollaba, descuartizaba, y en ocasiones se entregaba para que fueran devoradas por leones y cocodrilos. Si le digo que las víctimas fueron campesinos pobres y niños quizá se conmueva y le parezca una barbarie inaceptable, pero si ahora le digo que imagine que son “flaites”, quizá su juicio cambie y se recuerde comentando en Youtube alguno de los videos difundidos, deseando exactamente las mismas cosas que las AUC llevaron a cabo. Desde inicios de los 2000 las AUC son consideradas una agrupación terrorista, y desde el 2005 se ha promovido su desarme.

La sobreexplotación de la violencia como método único para resolver los conflictos sociales no es un tema trivial, pues se encuentra encadenado a las peores acciones que nuestra especie es capaz de realizar, y cuya puesta a raya no ha sido una evolución espontánea, sino el fruto reciente y frágil de una serie de luchas sociales que, entre otras cosas, dieron origen a conceptos como los Derechos Humanos. El error de comprender  el delito como una acción completamente independiente del contexto social, hace que no solo no se haga nada por cambiar estas condiciones que lo generan, sino que, con su enfrentamiento equívoco basado en la violencia, estas condiciones aumenten y se perpetúen, haciendo crecer el mismo mal que pretenden combatir. Porque cuando luego de detener a una persona sorprendida robando se procede a desnudarla en público, a  golpearla buscando causar fracturas o daños irreparables como la pérdida de piezas dentales, grabándolo para deleite masivo, se procede a cometer una tortura. Y, por si hace falta recordarlo, la tortura es un crimen más grave que el robo.

Pero tampoco se trata de enjuiciar moralmente a quienes cometan estos actos, pues sería cometer el mismo error acusado, sino que de comprenderlos en su verdadera dimensión, que es cómo la acción humana se determina por las opciones disponibles. Dado un marco cultural como el descrito, será lógico que se reaccione con violencia ante quien roba un celular (y no así contra quien, mediante colusiones, provoca daños económicos mucho mayores y a millones de personas). Así como es lógico que ante la segregación en vivienda, educación y perspectivas de desarrollo, la opción más viable para algunos sea el robo. Es por ello que, si no deseamos una sociedad en donde la tortura se realice, ya ni siquiera en cuarteles clandestinos, sino que a plena luz del día en calles céntricas, debemos eliminar la dicotomía entre seguridad por autotutela e impunidad judicial que existe en la subjetividad de las personas, esto es, eliminando los niveles actuales de delincuencia. Y como el modelo actual para ello, basado en el encarcelamiento masivo a raíz de concepciones voluntaristas no solo no ha dado resultado sino que ha demostrado ser contraproducente, urge un cambio cultural que logre prevenir efectivamente que una persona comience una vida delictual, robando o torturando.

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Christian Álvarez Rojas. Licenciado en Estética UC, Magíster (c) en Teoría e Historia del Arte U. de Chile y Magíster (c) en Estéticas Americanas UC. Ha trabajado en gestión cultural y creación artística junto al Colectivo MICH entre 2010 y 2014. Músico, compositor en Quasar J-01 desde el 2006 hasta el presente. En la actualidad investiga las influencias estéticas del clasismo y el racismo en Chile, además de participar como curador en trabajos independientes.

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NOTAS

 (1) http://www.hamiltonproject.org/files/downloads_and_links/v8_THP_10CrimeFacts.pdf

(2) Dennett, Daniel. La libertad de acción. Barcelona: Gedisa,1992.

       —.   Reflections on Free Will. 2012 www.samharris.org/blog/item/reflections-on-free-will

      Harris, Sam. Free Will. New York: Free Press, 2012.

(3) http://www.semana.com/nacion/articulo/las-pruebas-hablan-si-solas/81948-3

(4)http://www.verdadabierta.com/component/content/article/83-juicios/3749-8-anos-pagara-don-antonio-por-mas-de-100-homicidios

 

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