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Lo nomádico y recursivo. Inmuebles, Obra Reunida (2001-2010) de Gustavo Barrera Calderón

por Carolina Reyes Torres

15554856_10154434395129877_1702395290_nAnalizar una antología de cualquier género siempre parecerá algo un poco más complejo de lo normal. A pesar de mencionar esta dificultad, se debe decir que Inmuebles de Gustavo Barrera (Santiago, 1975) publicado por Das Kapital nos sumerge en distintos momentos de su trabajo durante gran parte de la primera década de los 2000. El texto se estructura en pequeñas partes o poemarios si se prefiere. Los temas que van tomándose esta obra reunida rápidamente aparecen en escena: ahí está el siempre fructífero e inagotable personaje de Alicia, también aparece el teórico Adorno, el género, la pornografía, los vidrios y el juego de espejos, instrucciones de magia, entre otras cosas, además de incorporar dentro del  libro algunas fotografías e imágenes que complementan el mensaje verbal entregado por el poeta.

Barrera hace la operación de deconstruir gran parte de las cosas que damos por seguras: la idea de mujer, la relación madre e hijo, la idea de teoría, la pornografía, el deseo, el arte, y por sobre todo tensiona el lenguaje. Nos sumerge en un mundo de completa extrañeza donde lo que entendemos por seguro está fuera de su eje, desenfocado, corrido fuera de su órbita habitual. Dejándonos en un descampado interpretativo, debemos ser capaces de tomarnos del propio lenguaje, la propia voz poética que el escritor plantea para adentrarnos a la experiencia de lectura.

La extrañeza, como ya mencioné, se apodera de la escena: “Durante el almuerzo nadie debe inquietarse / si la persona a su lado pierde una mano / o simplemente muere producto de la gangrena” (10). El universo familiar es rápidamente transformado en un laboratorio de nuevas posibilidades estéticas, verbales y de imágenes absolutamente alejadas de lo clásico al respecto.

Alicia y Adorno también son parte de esta reunión de materiales. Alicia porque es la concreción de varias cosas que interesan al escritor, entre ellas la mujer y el espejo y lo que hace engarzar con su meditación acerca de la pornografía: “Alicia no ha podido determinar / que el rasgo característico de la pornografía / es que no tiene ni principio ni final” (51). El loop eterno de la escena porno, así como la imagen latente de Alicia entrando al país de las maravillas, a través de ese espejo, son movimientos que confluyen generando un nomadismo, una errancia que se puede percibir en gran parte de los poemas. Todo se desarma y fluye por un caudal de lenguaje que Barrera propone.

Barrera en este movimiento descentrado nos lleva a otras latitudes. Resalta el caso de Japón y su monte Fuji en la sección llamada “Mari Mori monogatari”. Claro que, siguiendo la tónica, no son imágenes sencillas, como en gran parte de esta Obra Reunida. Es una mezcla entre un Nipón ancestral centrado en su monte más famoso versus un abajo que vive una vertiginosidad post electrónica y donde una posibilidad de anclaje es la escritura: “Escribo con una daga de hielo / o con la esperma de una vela / que imita la forma de un falo” (298). O en el caso de la parte llamada “Ampliación del destino tropical”, donde la voz poética nos sumerge en un resort de finales de la década del sesenta: “Voy en un recorrido helicoidal, / sigo la forma de la piscina de pez / cientos de hombres y mujeres / venidos por tiempos determinados / […] bañan / la dureza de sus cuerpos en el agua” (200). Nuevamente lo desenfocado de los lugares, el extrañamiento que nos provocan, Barrera presiona esa tecla como una constante en gran parte de su trabajo.

Podríamos pensar que el mundo que construye Barrera pertenece a toda la distopía post apocalíptica en la que estamos todos –poco más o menos– inmersos.  Pero la gran respuesta que nos sugiere Barrera más allá de las formas de su poesía, sigue siendo en lenguaje. Si el poeta tiene una cuota de esperanza o la inercia de continuar es justamente por la escritura, por el crear estos perturbadores lugares. A diferencia de lo que piensa el poeta Harris en su postfacio en donde nos dice que la poesía de Barrera es “un “inmueble”  es decir un espacio habitable pero vacuo” (383). Creo que estos inmuebles más allá de lo inquietantes que pueden ser, sí están pletóricos de palabras, las cuales son el amarre en donde se sujeta todo el libro, la gran ancla por donde pasa este ejercicio poético descentrado e itinerante. Pero esta trashumancia contiene también lo recursivo, el círculo que vuelve al inicio, que después de todo el maremágnum y la sedimentación que atravesamos llegamos al claro para nuevamente volver al comienzo, así como ya lo expresa en el poema que abre esta obra reunida: “La planta se seca se quiebra. En su centro  se / observa un fruto: es una semilla. La arveja / ha vuelto a ser una arveja” (9). Entendemos esta misma metáfora para la poética de Barrera, en donde la palabra es tensionada hasta casi su destrucción, para que a partir de esa aniquilación, vuelva a aparecer ella misma otra vez nueva, para comenzar otro ciclo poético y de creación.

Gustavo Barrera Calderón

 Inmuebles Obra Reunida (2001-2010)

Das Kapital, 2015.

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Carolina Reyes (Santiago, 1983) es profesora de inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster en literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora haciendo crítica literaria en Revista Lecturas, Poesía y Crítica y Dos Disparos. También hace crítica de cine en 35 Milímetros. Ha publicado algunos de sus cuentos en Revista Sangría de Chile e Íkaro Magazine de Costa Rica. En la actualidad mantiene un blog de crítica cultural llamado Omnivoracultural:https://omnivoracultural.wordpress.com/.

CC licencia

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La bruma atemporal de un apocalipsis. Los Celacantos y otros hechos extraordinarios, de Marcelo Guajardo

por Carolina Reyes

13113231_10153832787264877_2046320370_oEl poemario Los Celacantos y otros hechos extraordinarios de Marcelo Guajardo Thomas (1977) sacado a la luz por la joven Overol ediciones, es una travesía onírica por un vasto territorio. El viaje que desarrollan estos animales, que en una primera instancia nos dan la impresión de que son unos enormes pájaros, es una especie de gran viaje migratorio por diversos territorios. Luego al googlear el primer  nombre del poemario, para chequear lo que teníamos en mente por los celacantos, caemos en la pasmosa cuenta de que no, no son aves, sino peces. Unos peces que se creían extintos, pero que de manera obstinada han permanecido vivientes hasta la actualidad. El desconcierto nos embarga entonces, no sabemos si la travesía es por aire, por agua o si es temporal, desde un pasado lejanísimo y lento hasta nuestra alocada realidad.

El libro está estructurado en nueve poemas que van acompañados por dibujos y diagramaciones, todo en una bella y prolija tonalidad azul; tanto los dibujos y como la tipografía de los poemas. Por lo tanto debemos decir también que tiene una cierta vocación de libro objeto. El poemario empieza con “Escampa”, un pequeño texto de prosa poética que nos sitúa en un lugar costero donde un grupo de personas-algo así como una tribu- espera la llegada de estos peces, al parecer para su captura: “Aprendimos a utilizarlos a curtir el cuero / a fabricar vasijas y arpones. Para la batalla o la cacería. La amenaza / de los Celacantos, aquello, los únicos habitantes de este limo” (7).

Ya en “Llovizna” aparecen estos animales en manadas, pero la perspectiva que da Guajardo del poema es como de una cámara cenital o empotrada en un dron y vemos en perspectiva la travesía de esta singular especie: “En manadas hacia los valles / con pequeños pero sostenidos pasos / en manadas hacia los valles / sin dientes aun, en manadas hacia los valles / por los acantilados” (9).

En “Templanza” figura nuevamente esta tribu que al parecer es la que debe vivir el acontecimiento de que los Celacantos comiencen a invadir la tierra: “Cantamos al bien de los que aman, al estuario fuimos / los pocos que quedamos, la tribu de los andrajosos descreídos” (19).  A su vez, otras especies como los pájaros comienzan a huir de esos lugares. Nos imaginamos un enorme desplazamiento de animales y personas, mientras otros tratan de darle cacería a estos monstruosos especímenes: “Volvimos a la cacería / como quien vuelve a la carne, como quien rompe los tejidos y nace a la luz” (29).

Pero los Celacantos hacen un trayecto que va desde el mar hacia la cordillera, nunca sabemos por qué o por cuáles fines ellos avanzan. Sí percibimos la constancia del movimiento y esa visión panorámica de todos los lugares por donde  pasan. Incluidas las ciudades: “Muy breve es el tránsito por las capitales, hacia su vagabundeo de la multitud” (39). Pero esta tribu que padece la invasión de los Celacantos, tiene una especie de anticlímax en las páginas finales.  En “Víspera” se habla del vital elemento para la subsistencia del grupo y en “Escampa”, al parecer la gran invasión a terminado regalándonos como última imagen los sobrevivientes de estos animales tan extraños en su contumacia: “hacia las nuevas comarcas / una pequeña tribu avanza / luego de la tempestad” (43), dejándonos con la incertidumbre de que pasara desde ese nuevo punto de inicio.

El breve poemario siempre esta permeado por una bruma atemporal, no sabemos si todas las imágenes se desarrollan dentro de un gran sueño, si es un pasado muy lejano viendo el inicio de una edad otra, o quizá es un futuro distópico en donde todo está carcomido por una modernidad que arrasó íntegramente al mundo, y como guinda final de este magma destructor aparecen los Celacantos como en una última etapa apocalíptica de la humanidad. De esta forma la destrucción es un tópico que ronda por las hojas de Los Celacantos y otros hechos extraordinarios, ofreciéndonos un perturbador viaje entrópico hacia el centro de las fuerzas de la naturaleza.

Marcelo Guajardo

Los Celacantos y otros hechos extraordinarios

Overol, 2015
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Carolina Reyes (Santiago, 1983) es profesora de inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster en literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora haciendo crítica literaria en Revista Lecturas, Poesía y Crítica y Dos Disparos. También hace crítica de cine en 35 Milímetros. Ha publicado algunos de sus cuentos en Revista Sangría de Chile e Íkaro Magazine de Costa Rica. En la actualidad mantiene un blog de crítica cultural llamado Omnivoracultural:https://omnivoracultural.wordpress.com/.

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“Al Sol Invicto”, de Henobarbo

por Carolina Reyes Torres

Al sol invictoLa novísima Lecturas Ediciones después de rescatar un conjunto de Nouvelles escritas por Iván Tellier, ahora han publicado en su Colección Spleen, uno de sus primeros poemarios con la autoría de Henobarbo, el seudónimo de Nicolás Letelier bajo el título de Al Sol Invicto. Esta es la segunda obra de Letelier y es un conjunto de poemas que están subdivididos en seis partes; cuatro de poesía, una de un pequeño relato de estilo medieval y el último apartado contiene una serie de imágenes que traban relación con el resto del libro.

La primera parte titulada “Vihuela en mano”, imprime un carácter musical a los textos, dado que varios de sus poemas tienen nombre de formas de música barroca, como la Giga o la Gavota, pero al mismo tiempo que nos sitúa en una época, hace mención a lugares cotidianos haciendo guiños al lector con su realidad actual: “las topleteras de Avenida Matta” (11). La segunda parte titulada “Sesión primera del comité de higiene mental y otras observaciones”, reúne ocho poemas donde en menor o mayor medida se toca el tema de la medicina o la ciencia y se cierra esta parte con tres poemas que se llaman: “Observación del protocolo médico-forense” con distintos números, donde se poetiza algo tan ajeno como algunos casos clínicos. “Sawney Beane emasculado” es un corto pero impactante relato de tipo medieval donde se dan cita el canibalismo y el incesto dentro de la familia de Sawney,  momentos antes que las fuerzas del rey finalmente le den caza a él y a su monstruosa familia. “Dos variaciones y un canto fúnebre” tiene como base principal la imagen de la pintura del Bosco “El jardín de las delicias”. La parte que da nombre al libro “Al sol invicto” contiene ocho poemas donde se cruzan imágenes de niñez, además de la historia; una mezcla de medioevo y renacimiento y en donde el astro rey sale siempre victorioso: “Y Dios fue derrocado por el sol” (44). De esta forma, Letelier se agencia con lo barroco o lo neo barroco, hecho que queda al descubierto en los dos epígrafes del principio del libro; uno hace referencia a Crónica del Reino de Chile, mientras que el otro en latín hace referencia  a Publio Virgilio Marón en su Geórgica IV. Un poemario que sorprende por la densidad de las influencias que contiene, pero que al mismo tiempo se abre a una posibilidad de presente y de cotidianeidad generando de esta forma una renovación y mostrándonos las posibilidades del barroquismo en la actualidad.

Al Sol Invicto

Henobarbo

Lecturas Ediciones, 2014

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Carolina Reyes Torres (Santiago, 1983) Es profesora de estado en Inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster de literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora en la Revista Lecturas haciendo reseñas literarias y ha publicado el cuento “La Sirena” en la Revista Sangría.

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