Archivo de la etiqueta: Camilo Brodsky

Anuario Poesía y Crítica 2013

Queridos lectores y lectoras

Dejamos con ustedes el Anuario PyC 2013, que recopila todos los textos publicados durante dicho año. Agradecemos una vez más sus lecturas y comentarios, pero sobre todo el apoyo que nos brindan. Esperamos que disfruten el Anuario que hemos preparado con mucho cariño para ustedes.

Equipo PyC

Anuario PyC 2013

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En estado de ignorancia: La Oficina, de Felipe Victoriano

por Bárbara Cáceres

la oficina0003Lo primero que llama la atención del libro La oficina de Felipe Victoriano es el grabado digital de Jorge González Lohse (1965) que se usa como ilustración de portada. El grabado forma parte de una carpeta de trabajos que el artista chileno titula Ejercicios de realidad. En segundo lugar aparece el título, y la imagen que uno se hace con este nombre —la oficina— hace sentido inmediato con los “ejercicios”, sobre todo si se toma en cuenta que lo que muestra el grabado “inscripción voluntaria I” son hileras de militares marchando dentro de un escenario pop mientras que abajo, una muñeca rubia con articulaciones similares a las de los soldados, parece desfilar, o danzar con un cinturón de dinamitas. Entonces, entre el título y la ilustración, la idea que uno se arma del relato va hacia dos lados: los inicios de los años 90, donde “la oficina” del nuevo presidente, elegido democráticamente, pretendía desarticular lo que quedaba de movimientos armados; o bien a lo que menciona la contra portada, la oficina burocrática de la que todos han sido parte en algún momento.

La oficina de Victoriano se formula a partir de cuatro voces que relatan en primera persona a modo de confesión. Estas cuatro voces, de cuatro miembros de la oficina, se rotan cuatro veces en el mismo orden. Sin embargo, el relato lineal configura el espacio de manera aleatoria, y el vacío que dejan algunas confesiones se llena con lo que cuenta el personaje siguiente. Si no fuera por las contadas veces en que los personajes de la oficina se refieren directamente al lector, como si fuera él quien tiene que solucionar el intricado, esta novela traería a la memoria la segunda parte del libro de Bolaño Los detectives salvajes, donde la novela se desarrolla como un juego con la multiplicidad de relatos que por medio de narraciones directas de muchos personajes intenta armar el recorrido de veinte años de los desaparecidos real visceralistas.

Y es que, en efecto, en la oficina, los dos personajes más importantes en la misión tampoco tienen voz propia, son solo la imagen que uno se construye a partir de la descripción de los otros. Porque si bien existe un misterio que al parecer nadie en la oficina logra comprender, lo que el lector realmente arma durante la lectura, es un espacio ficticio, de relaciones subordinadas por “el jefe”, su secretaria y el miedo, un lugar donde todos los personajes parecen andar a un mismo ritmo, y donde basta que uno finja el cambio incitando una posible revolución, para que la desgracia se provoque de inmediato, aun cuando no pretendía explotar ni ser más que una idea en potencia.

El símbolo de tragedia en La oficina son unas publicaciones que nunca debieron ver la luz. De hecho el relato se apoya constantemente en la importancia que tiene el papel impreso, el mensaje, los libros, como si esto fuera la real amenaza al ser literalmente lo que se opone a lo oculto. El libro de autoayuda que se menciona en una de las publicaciones que termina por desarmar la oficina, vale una “suma estratosférica de $35.000, y al preguntarle al dependiente el porqué de tal valor, éste [dice] que el problema era “el lujo”, que tener un libro es un lujo” (p.105).

Por otra parte Ibarra, una de las cuatro voces del relato, intimida constantemente a los demás por ser quien toma notas en las reuniones. Y lo que Ruiz -otra de las voces recuerda de memoria, dice que “la visibilidad ya no es más un hecho objetivo sino un atributo subjetivo, interior, capaz de vivir en nosotros como un haz de luz proyectándose sobre un fondo desconocido y poderoso” (p.146). Es decir que lo visible sería la imagen representada, la repetición, quizás el ritmo como en la marcha de la portada, pero que no es más que el reflejo de una realidad otra que quizás es, a su vez, una nueva imagen y así hasta un infinito donde finalmente lo apabullante de lo desconocido se transforma en un poder que comanda solamente por una suerte de analfabetismo mental.

Finalmente, lo que el lector de La oficina  de Felipe Victoriano termina por configurar es la afirmación de una de las frases que desde afuera acaba con la colusión interna de este centro de inteligencia: “En Chile hay ciertas cosas que permanecen en estado de ignorancia colectiva pero que poseen un carácter explicativo impresionante: el lujo, ciertas enfermedades de carácter mental y la oficina, por nombrar algunas” (p.105).

La oficina

Felipe Victoriano

Das Kapital, 2013

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Bárbara Cáceres Chomalí (Santiago, 1983) es Licenciada en Estética por la Pontificia Universidad Católica de Chile y ha realizado estudios de artes visuales (Universidad Arcis), de arquitectura (PUC) y el Diplomado en Edición y Publicaciones, PUC.

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“Sobre Chile pesa una lápida”. Reseña de Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988)

por Eduardo Farías A.

I

Querido-Pedro-Cartas-de-Enrique-LihnCamilo Brodsky, editor de Das Kapital Ediciones, ha tenido la oportuna y excelente idea de recopilar las cartas que Enrique Lihn le enviaba a Pedro Lastra, quien las entregó a la Biblioteca Nacional. La labor acometida por Brodsky se refleja en Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988), un libro necesario para entender qué tipo de relación de amistad construye el autor de Diario de muerte con Pedro.

En este libro, publicado en septiembre de 2012 y presentado en la Furia del Libro en diciembre, se aprecia una amistad prototípica entre Lihn y Lastra. Es evidente que Lihn hablaba más sobre otras cosas que de su vida personal, sin embargo cuando algo de esta tenía que contar, lo contaba. Entonces, ¿de qué hablaba principalmente Lihn? ¿Cuál sería su temática en este corpus de cartas?

En sus cartas tocaba muchos temas, entre ellos, la literatura1 y el campo cultural, su relación con Chile y la dictadura, el exilio “seguro”2 y la manera de insertarse dentro del campo cultural chileno y extranjero. Estos temas se relacionan porque evidencian en Lihn la preocupación por cómo sobrevivir en dictadura tanto literaria como existencialmente. Encontrarán, por ejemplo, un problema con la CNI que seguía un proceso en su contra por un poema publicado en la antología Ganymedes 6. También, es arrestado en la presentación de su poemario El paseo ahumada que hizo en ese mismo paseo del centro de Santiago. Estos dos casos son los únicos encontrones que tuvo con la dictadura, por lo tanto, Lihn no tuvo el destino de muchos. En ese sentido, este proceso histórico como contexto no era el motivo principal de sus cartas, pese a que la dictadura “del vecino de Lo Curro” (p. 86) le impone una forma de vivir profesionalmente (de) la literatura.

Enrique Lihn le escribía a Pedro Lastra para comentar su vida profesional como escritor e intelectual. En cada una de las cartas podrán encontrar alguna alusión a la publicación, a proyectos, trabajos, conferencias, recitales y/o becas. Así, por ejemplo, el 22 de enero de 1975 le escribe a Pedro: “se me ha hablado de una invitación a Europa para abril o mayo de este año, pasajes pagados pero muy poca plata para el bolsillo […]. Podría pasar por Nueva York y sus alrededores, y reunir allí, si es posible, algunos dólares con mi trabajo: recitales, conferencias o hasta cursos; ya no le tengo miedo a nada” (p. 28) Sin embargo, las posibilidades año a año no dan frutos, se reducen, por ejemplo, en 1987 a la beca Guggenheim, y eso afecta la visión de Enrique: “Creo que no me moveré nunca, realmente, de Chile. La Guggenheim es una (débil) esperanza de reencuentro pasajero con las ciudades que me gustan, empezando por Nueva York.” (p. 95)

La dictadura que vive Chile3 lo hace pensar en el exilio, pero en un exilio “seguro”: “No me siento capaz de vivir a salto de matas, sin algo de base estable” (p. 92) El trabajo que Enrique deseaba realizar en el extranjero era preferentemente como profesor universitario, debido, probablemente, a su experiencia laboral en el Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que es su sustento económico más importante en Santiago, pero del cual tiene su punto de vista: “Sólo tengo la Universidad con un sueldo devaluado hasta la pobreza, en el país de la cesantía y la miseria, que se perpetuarán por decenas de años.” (p. 80)

Este exilio que desea se debe también al campo cultural que observa en Chile que está, según sus palabras, “perfectamente acotado y congelado” (p. 49), y “[a]quí no ocurre absolutamente nada con lo que publico o dejo de publicar. Nadie dijo nada sobre la Aparición [de la Virgen]. Me he quedado con cientos de ejemplares, después de entregarle a la Pilar [Fernández de Castro] 150. Sólo [Raúl] Zurita aparece ―iba a decir brilla― en diarios y revistas. Ahí empieza o termina la poesía para los chilenos.” (pp. 97-98) A partir de estos diagnósticos que realiza, desea también un exilio literario: “Más que nunca me interesa publicar o seguir publicando afuera, al encuentro de los queridos lectores que puedan contraerse en otras latitudes.” (p.49)

Por otra parte, no sólo la dictadura afecta la carrera literaria de Enrique, también la relación con las editoriales determina algunas decisiones momentáneas acerca de su escritura. Por ejemplo, en la carta del 10 de enero de 1976 se queja de los editores de Ocnos, editorial de Barcelona que en 1972 publica Algunos poemas y en 1974 Por fuerza mayor, y afirma: “Este tipo de experiencias tan reiteradas han terminado […] con mi interés por escribir poemas. Todo lo que hago se orienta en otra dirección.” (p. 37) La alusión al dinero es parte de la relaciones que el escritor tiene que establecer dentro del sistema neoliberal, así la relación de la literatura con el campo cultural tiene también un carácter económico, aspecto que Enrique veía como un problema. Ejemplo es la penúltima carta de este libro que dice: “Tengo una angustia creciente al dinero. Ni una gota de ahorro, ningún bien hipotecable, la miseria adolescentaria a los 58 años de mi edad, qué deprimente.” (p. 98)

Y la estrategia que determina Enrique para lidiar con el trabajo, el dinero, la literatura y el campo cultural es la autopromoción: “yo ya sé cuáles son o cuál es el único secreto de un posible éxito: ¡Autopromoción! Y estoy dispuesto a divertirme a expensas de la literatura.” (pp. 47-48)

II

El trabajo de Das Kapital Ediciones es notable. Este libro contiene tres textos introductorios, las cartas, la intervención de Enrique Lihn en el Congreso de Artistas y Trabajadores de la Cultura en diciembre del ’83 y 10 ilustraciones. Sin duda tanto la intervención en el congreso como las ilustraciones son regalos imprescindibles tratándose de Enrique Lihn, ya que también pueden ser motivo de análisis.

El libro es fruto de una edición seria con algunas erratas. La más preocupante debido a su notoriedad es la carta del 6 de noviembre de 1979, ya que está después de la carta del 26 de noviembre. Desde mi perspectiva, el error debe ser la fecha y debería ser enmendado por la editorial. Un acierto del libro son las referencias aclaratorias de personas, lugares, proyectos, revistas, libros que se encuentran en las cartas de Enrique Lihn. A pesar de ello, me llama la atención una nota al pie ausente acerca del libro Musa de la calle, el hospital y los museos. Este libro de Enrique Lihn es inédito y muchos de sus poemas aparecen en Pena de extrañamiento según Marcelo Garrido4.

Querido Pedro: Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988)

Das Kapital Ediciones

2012

Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y candidato al grado de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.

NOTAS

1 El concepto de literatura se relaciona más con su dimensión socio-económica que con su dimensión de corpus de palabras. Incluso, Enrique en sus cartas no expone muchas reflexiones literarias, estas son bien escasas en el libro, donde destaca, por ejemplo, su perspectiva sobre La ciudad de Gonzalo Millán, y sus comentarios sobre la antología poesía latinoamericana de Pedro Lastra en el número 11-12 de Hispanoamérica, específicamente gatilla en contra de Octavio Paz, Roberto Fernández Retamar y Gonzalo Rojas.

2 Idea sugerida por un amigo.

3 La forma en que se refiere a Chile en muchas cartas se debe también al momento histórico. Así, en sus cartas podemos encontrar las siguientes referencias: “el país de siempre mierda jamás” (p. 42), “la cloaca de Chile” (p. 42) El título de esta reseña también evidencia su visión de las cosas en Chile.

4 Garrido, Marcelo. ­Pena de extrañamiento de Enrique Lihn: La escritura como musa de la calle, el hospital y los museos. en Acta literaria. Nº4. 2010.

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