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“cuando la certidumbre toma aire y emigra”. Lengua de Señas, de Enrique Winter

por Eduardo Farías A.

14741577_10154743323314309_210996878_n-1Lengua de señas, de Enrique Winter, es un  libro peculiar en muchos sentidos  ante el cual no se puede quedar poéticamente desinteresado. Primero, Alquimia Ediciones publica este poemario  galardonado con el Premio Nacional de Poesía Pablo de Rokha, confirmando que Enrique es un autor de la casa. Segundo, con este libro corrobora su ascendente carrera, la que incluye la internacionalización de su escritura. Tercero, el diseño para esta publicación está realizado por Estudio Navaja, que viene construyendo silenciosamente un diseño editorial único en la escena independiente y la cubierta para Lengua de señas no es la excepción. En ella hay imágenes distintas en diferentes planos, las que se encuentran superpuestas; detrás de una paloma muerta aparece una mujer, presumiblemente, con los ojos vendados y las manos extendidas hacia adelante, como quien está caminando en la oscuridad. Esta segunda imagen, en mi opinión, es la más significativa, porque dialoga con el título y entrega una ruta posible de interpretación que podemos continuar en el interior del libro. Y, cuarto, Lengua de señas no es fácil de leer, cuesta entregarse y dejarse fluir en la lectura. Enrique Winter asume, al construir esta lengua de señas, la posibilidad de la no comunicación entre el poema y el lector, un riesgo no menor y, desde mi perspectiva, lo que se logra en el acto de lectura y la pérdida de sentido constante a la que nos somete Enrique, es lo que marca la importancia de esta publicación en la poesía chilena contemporánea.

Como lectores somos la persona de la cubierta, nuestros ojos están vendados no ante un nuevo código como Totémesis, de Sergio Alfen-Romussi, ni una nueva forma de escritura como Apología de la droga, de Mario Verdugo, ni nada por el estilo. Más bien, Enrique Winter nos traslada a una sensación específica de lectura, en la que continuamente nos estamos preguntando por el sentido de lo leído en el poema. Esta sensación de lectura funciona como una excelente analogía que nos permite vislumbrar la sensación que tiene una persona cuando se enfrenta al lenguaje de señas, como esta mujer con los ojos vendados en la cubierta, enfrentando lo que no entiende. Desde mi perspectiva, este libro trata de la no comunicación, de la que justamente el poeta escapa, porque el motor de publicar lo escrito proviene de la comunicación, desde el anhelo legítimo de pensar que el poema, en este caso, contiene un mensaje literario importante y que es necesario que se comprenda. Por lo tanto, la no comunicación es un peligro para el deseo del poeta, ya que el lector, en el momento que guste, puede no continuar leyendo, posibilidad que se acrecienta cuando una escritura que no se entiende.  Este peligro puede ser entendido desde la ceguera. Como consecuencia de la no comunicación, esta sensación de lectura hace que el lector deba dialogar consigo mismo en la búsqueda del camino interpretativo, respondiendo la pregunta “¿Qué mensaje me está planteando este poema y hacia dónde va el poemario?”.

Poéticamente, Enrique Winter construye la mayoría de sus  textos desde la vertiginosidad de la relación tema-rema, un flujo constante de ida, nunca de regreso: “Dos las personas / la mano de una es una araña / y en la cabeza de la otra teje / bien despacito / la telaraña de su pelo / el vello de los brazos y los muslos // la polilla es la piel que atrapa / con la lengua // un hombre bajo una mujer también son una araña / cuando no cada uno y con ella cantando / o de comentarista de los momentos previos las aceitunas / son ojos y en el velador echados a las hormigas / pueden ser esa hormiga ahora las dos personas del comienzo / las mismas de después que acunaron sus lenguas / a contraluz esferas de las que salen patas piernas brazos” (18). La imaginación creacionista, la sonoridad rítmica más la sintaxis que no para, que no vuelve sobre sí misma, son los procedimientos principales para la creación del efecto poético no comunicativo en la lectura.

Además, para potenciar la no comunicación incorpora versos inconclusos, si consideramos la información que debería tener un mensaje: “el agua pronto ahoga las mejillas / coloradas a la manera de / o de la apuesta perdida a los quince” (14), o “El rocío / moja nuestra fortuna sin aguarla / mientras no llegue el día del recibo / de las cuotas impagas y nos quiten” (28). ¿Nos quiten qué? Estos versos con ideas inconclusas son parte de otro procedimiento  para provocar la no comunicación, sacar al lector de la lectura. Otro procedimiento novedoso es titular el poema al interior del mismo: “el agua que se evaporó de alguien como tú nadando en el lago / cayó en la lluvia de otra como tú cubriéndose con los dedos o / no al lavárselos en la tina mientras espero que salgas a tocarme // espero y luego espero usar tus piernas como bufanda // en un invierno que no pasó por aquí como un censista perdido / tocando la puerta para consultar quién eres” (75). Enrique Winter no abusa de este procedimiento en el poemario, por tanto no agota un recurso específico, pero sumamente interesante, del cual no puedo reconocer su  proveniencia en nuestra poesía y si me equivoco, espero ser rectificado.

Lengua de señas es un libro espeso y colmado de rincones que esconden discursos, temáticas, realidades, momentos, relaciones, palabras, un poemario que no nos la hace fácil, que desde el principio se resiste a ser cosificado y en esa resistencia va desplegando una serie de procedimientos literarios. En conclusión, Lengua de señas, de Enrique Winter, no es sencillo de leer y sin duda que nos exige ser otros lectores, “cuando la certidumbre toma aire y emigra” (19).

Lengua de señas

Enrique Winter

Alquimia Ediciones, 2015

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

CC licencia

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Poesía atómica o “la decisión de escindirme”: Miss Poesías, de Mario Verdugo

por Francisco Martinovich

Miss PoesíasLas cinco secciones que componen Miss Poesías (Alquimia, 2014) del autor Mario Verdugo son antecedidas por un prólogo firmado por Bruno Montané Krebs. Sin querer llamar la atención más de lo necesario sobre el breve texto introductorio y sus naturales loas al poemario, es preciso recabar en ciertos términos que, presentados en distintos momentos, ofrecen un inusitado acercamiento hacia la mecánica composicional del libro. Conceptos como “catálogo”, “diálogo”, “habitaciones” y “música de cámara” son, de cierta forma, términos que sintetizan un horizonte de lectura con el cual se puede ingresar de forma provechosa a las páginas.

Un primer ejercicio de lectura corresponde al ofrecido en el mismo prólogo: cinco secciones a las cuales hay que acercarse con la clara conciencia de su condición de fragmentos autónomos, ajenos a  una noción de totalidad. Seamos leales al desafío.

Absolutamente moderno

Dados pocos pasos en esta sección, compuesta de 14  poemas de una estrofa, encontrará el lector una regularidad formal que marca la pauta de la sección completa. Esto es posible interpretarlo como una especie de fórmula que se sostiene a lo largo de cada estrofa. Terminada la lectura uno puede percatarse además de que esta secuencia tiene también un correlato temático. Una forma simple de describirla es la siguiente:

  • Sujeto (“yo”) se las arregla de alguna forma para ver una película
  • Sujeto realiza una acción
  • La acción tiene efectos que, dispuestos como una “caída”, le permiten al “yo” dar cuenta de una nueva mirada sobre la realidad.

Dentro de este esqueleto, la sección logra una altura poética destacable que, contra lo esperado, no flaquea debido a la sucesiva repetición de una fórmula (valor que el autor manejará además de manera aplaudible en el resto del libro): “Cuando arrendé la versión digitalizada / de Chucky el muñeco diabólico, / y más tarde padecí la misma frustración / del asesino que no logra reencarnarse / en el cuerpo de un niño de seis años, / me vi obligado a admitir / que no eran confiables mis visiones, / que no eran las palabras imprevistas, / que no era ahí donde debía buscar” (12).

Si bien el sujeto activo es protagonista de toda la sección, la diversidad de situaciones, o de los detalles que las hacen únicas, invita a desarticular tempranamente la idea de un sujeto unitario, reemplazándola por la imagen de muchas singularidades, gesto doblemente complejo pensando en la similitud estructural de los textos.

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En la misma línea, la segunda sección también despliega lo que aparentemente son fórmulas. Estos ensayos inconclusos, reconstituciones de escenas, accidentes o incidentes parecen establecer realidades paralelas en las que solo una palabra distinta genera un universo simbólico totalmente diferente, sin caer en reflexiones simplonas al respecto: “Veo una ventana y sé que ahí está la clave. /  Veo una pared y sé que ahí está la clave. /  Veo un edificio y sé que ahí está la clave” (31).

Este ejercicio no solo dota de secuencia y ritmo a los poemas, sino que construye una historia que, sin un sujeto definido, parece develarse en los seis versos finales, los que se presentan de forma autónoma y caótica.

Aníbal Jara, el hombre más moderado del mundo

El tercer, y quizás más interesante fragmento de este libro corresponde a “Aníbal Jara, el hombre más moderado del mundo”. Después de dos secciones entregadas a un verso formalmente más convencional, la tercera parte toma tintes más narrativos, presentando elementos propios del género, aunque sin dislocar lo suficiente al lector como para que este pierda la noción del volumen en el que se encuentra. Jara, junto a otros personajes como Mateo Martínez, Manuel Cabrera y el tío Sergio, bien parecen protagonistas de una novela que se desarrolla indistintamente en el Consejo de Humanidades, el Nuevo Centro de Humanismo, en los viajes en el Chevrolet con banda sonora en contrapunto entre los Ramones y el slowcore, o en bizantinas disputas con el Club de lectores de Richard Bach: todos contextos que bien parecen sacados de una de las novelas de John Keneddy Toole en la que Aníbal Jara, un Ignatius Reilly chilensis, es el agente de un relato fragmentado, inconcluso y en muchas partes, irrisorio: “12. Veinte años atrás, aproximadamente, Aníbal había proferido su confuso evohé, arruinando lo que hasta allí era un cutis pimpante y una facha pulquérrima” (49).

Miss Poesías

En un tono totalmente distinto se abalanza el cuarto movimiento, “Miss Poesías”, apartado que junto con dar nombre al volumen, incorpora el diálogo con un par como la nueva forma para desplegar el verso. Aquí el “yo” y Miss Poesías tratan de establecerse como iguales en textos que a primera vista no parecen esconder más que una crítica al preciosismo estético, una toma de posición firme respecto al campo cultural, la ostentación altiva y el ego detrás del ejercicio literario: “Aquí todos vienen a lucirse, / pero yo me guardo lo mejor para otras ocasiones, / tal como usted, que se reserva para sus eventos/ y a la calle sale con jeans y poleras de Patronato; / no es cuestión de no poder, sino de esperar / el instante adecuado: no hay genios ni reinas de tiempo competo” (69).

Hay acá por cierto una valiosa reflexión que como pocas no llena la cabeza del hablante de humos, sino que al contrario, la despeja por medio del personaje llano, simple y a la vez, hermoso de Miss Poesías. Este se constituye como un otro que, a lo largo del poema, se descubre como un equivalente al “yo”, como una conversación con uno mismo.

Los Regalos

Muy coherente al establecido quiebre y distancia presentada a lo largo de sus cuatro antecesores, el último capítulo, “Los Regalos”, más que cerrar el texto como una unidad, vuelve a quebrarla. Esto lo logra por medio de un verso breve, de corto aliento, con imágenes simples y reflexiones que, aunque tienen un correlato con las de fragmentos anteriores, se presentan de una manera totalmente distinta. Quizás de la forma más “lírica” en todo el volumen: “Te traemos un deseo abstruso. / Te traemos estas cajas / para que atarantes tu dicción ahora mismo” (81).

En términos del sujeto, en “Los Regalos” vuelve a desaparecer el “yo”, entregando el protagonismo a la voz de “ellos” quienes entregan los dones a un “tú” que, pasivo y paciente, actúa como mudo receptor y es el verdadero protagonista invisible del texto.

Poesía atómica

El verdadero desafío de este libro es dar con un horizonte que englobe los cinco fragmentos. Este podría aparecer precisamente en la diversidad de actores que toman la palabra a lo largo del texto. Más allá de proyectar la voz como una de naturaleza polifónica, como fácilmente puede hacerse y bien dice el prólogo, creo que es más lógico y justo pensar en ella desde la noción de una unidad que elige escindirse: separarse de sí misma, dividirse cual átomo y encontrar en este ejercicio mucha más energía que la que es capaz de cargarse en un solo tono, con una sola voz.

Miss Poesías sería, finalmente, la voluntad de presentar un texto unido por una palabra única, que en la totalidad de sus casi 90 páginas, elige sentarse en un rincón en silencio mientras “los otros”, los diferentes habitantes de esta misma habitación, salen a jugar gritando como desaforados.

Miss Poesías

Mario Verdugo

Alquimia, 2014

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Francisco Martinovich Salas (Santiago, 1987) Es Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado “Lidia” (Yogurt de pajarito, 2013), “Sospecha de Nada” (Gramaje Ediciones, 2014) y co-editado el libro “Obra Poética. Juan Marín” (Cuarto Propio, 2014). Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios. Actualmente dirige el Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112.

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Antes que se acabe el mundo: una visita a La “última” Furia del Libro

por equipo PyC

stands_furiaCon la presencia de 48 editoriales independientes, un público que rompió todas las marcas de asistencia y una actitud apocalíptica, cerca de las 20 hrs. de este viernes, se dio inicio a La Furia del Libro en su versión 2012 llamada irónicamente La “Última” Furia del Libro.

PyC estuvo allí pese a ser el último fin de semana de la Historia para tomarle el pulso a La Furia. Si no pudiste ir, no te conectaste a nuestra transmisión en vivo o quieres revivir los mejores momentos, te presentamos un resumen de lo ocurrido día a día:

Viernes 14

La Furia partió con el pie derecho: una lectura de algunos de los poetas y narradores más destacados del circuito; Nadia Prado, Yuri Pérez, Marcelo Leonart, Simón Soto y Alejandra Costamagna, quienes presentaron a los asistentes textos de sus últimas publicaciones. La inauguración continuó con la banda de Valparaíso LaSmala. Con una interesante fusión de ritmos latinos, europeos y jamaiquinos, LaSmala logró entusiasmar al público, bastante numeroso ya a esa hora.

Sábado 15

Pasado el mediodía los stands de las editoriales ya estaban instalados. El público de la Furia del Libro se hizo presente en una tarde nublada y calurosa. Así, cerca de las 16 hrs. los visitantes se aglomeraban en los stands. A esa misma hora continuaban las actividades en la Sala de Conferencias 1 del GAM.

Al igual que el primer día, Poesía y Crítica cubrió vía streaming las actividades de la tarde. Primero, fue la presentación del libro Crónica de Tollan de Manuel Illanes (Piedra de Sol ediciones, 2012) a cargo de César Cabello y Kurt Folch. El autor leyó textos de este poemario que construye una voz prehispánica desde la potencia del mito, el misterio y el origen.

Luego, fue el turno de Estación noche, el último libro de Javier Bello (Libros La Calabaza del Diablo). La presentación de este poemario estuvo a cargo de David Preiss y Raúl Zurita. En una sentida presentación, este último destacó la importancia de la poética de Bello en el marco de la generación de los 90 y rescató el fundamento humano de su obra, señalando que toda poesía real, desde su origen, es anterior a la verdad.

Posteriormente, la editorial Una Temporada en Isla Negra presentó los libros Pulsaciones de la derrota de Damaris Calderón y Espectros de Hernán Castellano Girón, dos grandes autores y dos grandes libros que aportan a la descentralización de la edición independiente.

Más tarde, Simplemente Editores presentó sus antologías Hombres con cuento y Las mujeres cuentan, con la destacada participación de Andrea Jeftanovic, Pía Barros, Alejandra Basualto y Diego Muñoz, quienes leyeron algunos de los cuentos que integran estas notables recopilaciones.

Por último, se llevó a cabo la mesa de conversación Edición independiente y el fin del mundo tal como lo conocemos: nuevos caminos para el libro en donde participaron Galo Ghigliotto (moderador de la mesa y editor de Editorial Cuneta), Paulo Slachevsky (director de LOM Ediciones), Armando Uribe (editor y profesor de edición en Francia), Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) y Nelson Zúñiga (editor general de Poesía y Crítica). Los temas expuestos en esta mesa fueron variados: Slachevsky expuso las directrices en la edición transnacional y la concentración editorial. Uribe mostró que hasta el momento en Francia ningún modelo de negocio sobre el libro digital ha funcionado. Brodsky habló sobre la edición independiente como un espacio de contrahegemonía y difusión cultural de la literatura chilena. Por último, Zúñiga habló sobre los nuevos lectores digitales y cómo la crítica, desde su lugar, debe ayudar a la profesionalización de la edición independiente.

Domingo 16

A partir de las 14:30 hrs. el público nuevamente recorría los stands. Los entusiasmados visitantes además de ojear los libros, hacer preguntas sobre los autores y pensar en la inmortalidad del cangrejo, asistieron a las actividades que se desarrollaban en la ya célebre Sala de Conferencias 1.

A las 16 hrs. se lanzó el poemario Lumbral de Antonio Guajardo (Editorial Pfeiffer), presentado por Raúl Zurita y Rafael Rubio. Con sentidas palabras, el autor agradeció a quienes le permitieron llevar a cabo su obra, para luego dar lectura a poemas cargados de una voz personal y de visitas a las formas métricas tradicionales.

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Homenaje a Enrique Lihn

Luego, se presentó el libro Querido Pedro. Cartas de Enrique Lihn a Pedro Lastra (1967-1988) publicado por Das Kapital y presentado por Guillermo Valenzuela y Jaime Pinos, con un homenaje al poeta, marcado por la lectura de algunos de sus poemas en la voz de reconocidos autores nacionales. Un emotivo momento se vivió cuando Pedro Lastra habló respecto a su relación epistolar con Lihn y leyó parte del prólogo a la edición, además de un poema del autor de las cartas. Resulta destacable el trabajo de investigación realizado por Brodsky para dar a conocer a los lectores este material que permaneció guardado en el Archivo Nacional desde fines de los 80.

Cerca de las 18 hrs. Sangría Editora lanzó Oceana de Maori Pérez presentado por Florencia Edwards y Cristián Montes. En una poco habitual presentación, Florencia Edwards relacionó la novela de Pérez con el mundo de los videojuegos, tras lo cual el autor leyó algunos fragmentos de su obra.

Para cerrar esta “última” Furia del Libro, Tristán Vela – más conocido como Mantoi-  leyó poemas de su libro El percatarse (Cuarto Propio). Esta actividad se desarrolló en el escenario de la Plaza Central del GAM. Tras la presentación de Mantoi, tuvo lugar la tradicional lectura furiosa: una maratón poética con inscripción abierta, en la que los autores compartieron algunas de sus creaciones, siempre dentro de los tres minutos de rigor. Destacó la interesante variedad de voces, temas y propuestas literarias que se sucedieron bajo el oído atento del público.

Sin duda, esta Furia del Libro no será la última –sí, porque el mundo sigue- y su éxito se aprecia en varios sentidos: propuestas editoriales fuertes y jugadas, el desarrollo de una actividad cultural real, fuera de los blanqueados marcos de la institución y la visita de una cantidad importante de personas para ver y adquirir excelente literatura, cosa que, felizmente, contrasta con las lapidarias cifras de lecturas a las que estamos acostumbrados.

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