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ANUARIO POESÍA Y CRÍTICA 2014

Queridos lectores y lectoras,
con mucha satisfacción les presentamos el trabajo del año 2014 en nuestro ya tradicional Anuario PyC que cada año preparamos para Uds. con mucho cariño. En él encontrarán las entrevistas, artículos, revisiones, reseñas y, por supuesto, críticas que publicamos durante el año que acaba de pasar. Agradecemos a las editoriales, colaboradores y lectores que han confiado en nuestro trabajo haciendo de nuestro sitio un espacio de reflexión que crece cada día.

En esta oportunidad les entregamos el Anuario 2014 en una versión pdf descargable.

¡Que lo disfruten!

Equipo PyC

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Un terreno peligroso: ‘Viaje a la niebla’ de Aldo González

por Eduardo Farías A.

viaje a la nieblaViaje a la niebla obtuvo en 2012 el primer lugar del Premio “Stella Corvalán”. Dos años después es publicado por Ajiaco Ediciones. Con una cubierta marcada por el humo difuminándose junto al título y el nombre del autor, se construye nuestra primera imagen de lo que será el libro. No pasa inadvertido que, en el título, ‘viaje’ esté escrito con mayúsculas y ‘a la niebla’ con minúsculas. Parece que el viaje es lo más importante. Leeré, acaso, el recorrido de un lugar a otro que realiza un personaje. Luego de la lectura, pienso que este libro no se centra en el viaje, el que está dado por la sucesión de poemas; lo que hay en el poemario es la niebla, esa nube superficial que dificulta la visión, que oculta lo que tenemos alrededor.

La niebla es lo primero que nos presenta este libro: “En el frío se justifica el susurro. Es inútil / que las manos se escondan. (…) Hay que ir entonces con el talón a distancia / del suelo” (15). Y con el talón a distancia del suelo comienza el viaje. Conocemos la niebla por las palabras del hablante, quien muestra una voz racional con una mirada única: “Niebla. / Ahí está, cerca y lejos, menos cerca y más / lejos. / Puedo alcanzarla, al tiempo que huye” (38).

La niebla, además, funciona porque es un elemento literario activo, la niebla no solo esconde u oculta lo exterior; también, oculta al hablante de sí mismo: “Una sombra no tiene voz. (…) Una sombra no puede decir su nombre; es / incapaz de narrar su infancia, de mencionar / su pueblo. (…) Una sombra desconoce su molde, sus rasgos. / Es un niño ciego que aún no aprende el / alfabeto. / ¿Cuáles son las cicatrices que me confirman? / Una sombra no tiene voz para la palabra: soy” (17). La pregunta que se realiza el hablante es por los límites de lo propio, en este caso, del cuerpo y su sombra, que por medio de imágenes y proposiciones construye su asertiva descripción poética. Que el cuerpo pueda ser sombra constituye una inquietud fundamental para el hablante, quien en otro poema dice: “Y las manos, ¿de dónde brotan y cuándo terminan?, / ¿cuánto será el trayecto en que se alargan? ¿y cómo, / de qué manera se tocan?” (24). De tal manera, el hablante lírico asume, junto con el viaje, un proceso de reflexión sobre sí mismo, en el cual la pregunta importa más que la respuesta, la pregunta como la niebla.

Además, en este viaje, la niebla se relaciona, inevitablemente, con la oscuridad: “Esconderse como cobarde de una luz que no / acecha, que no tiene colmillos. / Cuál es la razón de acuclillarse en la penumbra. / Es que no hay serenidad en todo este silencio, en / el diafragma dirigido hacia abajo, en el gesto de / hundir la afilada nariz” (21). El hablante realiza este viaje para escapar de una luz, este desplazamiento está marcado por la cobardía, por el no querer ser encontrado y por el no saber encontrarse: “Si no escucho a las estrellas, entonces, / ¿dónde estoy?” (18); “olvida que es el exilio; otro lugar / ya no es posible” (16). En estas dos citas se aprecia que el viaje está marcado por la inseguridad, no sólo del lugar en el que se encuentra el hablante, sino también en la imposibilidad del lugar al que se llega: “Mi destino no es ahora ni aquí” (34).

Aldo González ha construido un poemario difícil de leer. A mi modo de ver, en Viaje a la niebla el autor privilegia el mundo interior del hablante y cómo este mira y vive su viaje más que la construcción de poemas que tiendan desde un principio a la comunicación con el lector. En muchos poemas el lector se perderá, tal como se ha perdido el hablante, quien agrega verso tras verso información nueva, construyendo una voz y una mirada particular que se evidencia a través de las imágenes poéticas: “Un ruego en la comisura. / El lirio nunca más será un arpegio. / La sirena, mujer imperceptible, entona / embrujos para otros. / (…) Si no oyes su canto el río no existe. / Los tímpanos, el paladar, solo tienen sentido / cuando el agua recorre su interior y sus formas” (18). Estos versos son solo un ejemplo. La complejidad poética, desde mi punto de vista, es un terreno peligroso, porque el lector podría abandonar la lectura antes de llegar al final, al sentirse abrumado por el mundo que hay en cada poema. Sin embargo es coherente con el proyecto poético que construye el autor en torno a la figura de la niebla. Espero que el trabajo de Ajiaco Ediciones permita que este poemario se encuentre con su lector, quien de seguro disfrutará de un mundo personal en un viaje y de una niebla que refresca el panorama poético nacional.

Viaje a la niebla

Aldo González

Ajiaco Ediciones, 2014

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y  Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo.
Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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