La filosofía en la encrucijada o la epistemología al lote

por Matías Rivas

Filosofía_3¿Qué es la filosofía? No intentemos responder. Hace tiempo que la pregunta dejó de tener la significación que tuvo durante siglos. En la actualidad, y sobre todo en una estrecha franja de territorio ubicada entre las montañas y el mar, la pregunta por el qué de la filosofía ha devenido en la siguiente: ¿para qué sirve la filosofía? No caigamos en la banalidad de buscar a los culpables de dicho cambio. A fin de cuentas, todos lo somos. ¿Culpables de qué? De confundir las cosas, de imponer opiniones, de decidir por los demás y sin tomarlos en cuenta, de actuar sin pensar en las consecuencias, en fin, cualquiera podría continuar la enumeración. Sin embargo, si se quiere encontrar un trasfondo, hay que aludir a la racionalidad instrumental, al fetichismo de la sociedad capitalista contemporánea por lo útil y lo productivo. Cuento viejo a estas alturas, es cierto, pero ¿se han resuelto realmente los problemas asociados a ello? Puede que en algunos países se haya impuesto la cordura y que las lecciones de la historia se hayan aprendido, al menos en parte, pero no ha sucedido lo mismo en Chile.

Recientemente trascendió la noticia de un cambio curricular en la educación escolar de nuestro país. La propuesta, revolucionaria si se quiere, consiste en la eliminación de la asignatura de Filosofía del plan común de estudios, dejándola meramente como electiva. Por si esto fuera poco, también se quiere unificar a las Ciencias Naturales y las Ciencias Humanas, incluyendo la Historia, en una asignatura común. ¿Cuál es el problema? ¡Viva la interdisciplina!, dirán algunos. Pero entre vítores no son capaces de vislumbrar el fondo del asunto. Ahora bien, ¿existe realmente un ‘fondo del asunto’? Postularlo sin más sería caer en una hybris innecesaria. Mejor digamos que existe un problema que se ha invisibilizado, una realidad a la que se le ha puesto un velo color rosa. ¿Está preparado el joven chileno para una educación al estilo nórdico? ¿Está Chile preparado para ascender al Olimpo de la educación? ¿Somos tan desarrollados como se nos ha hecho creer?

Es hora de que ‘los jaguares de Latinoamérica’ caigamos en cuenta de que no somos tan feroces como creemos. O, mejor dicho, ya es tiempo de que nuestros líderes políticos dejen de jugar a ser el felino inteligente que jamás han conseguido ser. A veces es mejor asumirse gatito doméstico. Construir desde una realidad que pueda apreciarse sin ojos de caleidoscopio es un paso simple y complejo a la vez. Es simple si se toman las cosas con seriedad. Es complejo si se juega a ser lo que no somos. Para lograrlo, hay que ponerse a mirar y pensar.

Pensar… precisamente eso es lo que nos falta. ¡Y ahora quieren que los jóvenes no tengan derecho a una formación filosófica! Si lo que se busca con esto es el progreso, entonces la contradicción es la madre de la lógica. Para poder pensar correctamente es necesario saber mirar, pero no se sabe qué mirar si antes no se ha desarrollado el pensar. Chile sufre de ceguera e inmovilidad mental y quiere que sus futuros ciudadanos hereden la enfermedad. Se ha dicho que esto no será así, que la filosofía pasará a ser parte de una asignatura que se encargará de impartir una educación ciudadana integral a los estudiantes. Pero esto no hace sino confirmar la ignorancia respecto de qué es la filosofía. Solamente se ha atendido al ‘para qué sirve’. Muchos creen que la filosofía no sirve para nada, pero, por lo menos –¡bendito mal menor!– nuestra clase política cree que es útil si se la subordina a un plan de formación cívica. Se revela así un uso meramente instrumental del arte del pensar, se ignora su esencia y ni siquiera se hace el esfuerzo de preguntarse por ello.

Volvamos al principio. ¿Qué es la filosofía? Me arriesgaré a dar un atisbo de respuesta: es el despliegue del pensar sobre la realidad, el continuo afán de ser conscientes del mundo que habitamos y del espacio que compartimos con quienes nos rodean. La filosofía, en tanto actividad del pensar, nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos y a nuestro medio natural y social. Nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones, sobre nuestros derechos, sobre nuestro presente y futuro. ¿Es esto algo que únicamente sirve para adornar la educación cívica de los jóvenes? ¿O es más bien la piedra angular sobre la cual es posible fundar un conocimiento crítico sobre nuestra realidad humana? Los antiguos griegos concebían a la filosofía como la madre de las ciencias. Hoy, las ciencias están huérfanas y solamente responden al imperativo de la utilidad. Lo mismo sucede con las llamadas humanidades, concepto que uno ya no sabe si viene de la palabra ‘humano’ o de la palabra ‘humo’, pues toda su dignidad se ha disuelto en el aire enrarecido de la sociedad de la ‘eficacia’.

En un país donde es vox populi decir que las cosas ‘se hacen al lote’, la epistemología tampoco se ha tomado en serio. No sabemos de dónde parte el conocimiento, ni el saber ni la comprensión. Así, nos limitamos a dar erráticos garrotazos a ver si rompemos la piñata correcta. Pero aún cabe tener cierta esperanza. Es probable que el hecho de que la filosofía se encuentre en este momento en la encrucijada nos ayude a pensar el problema. A veces, o quizás la mayoría de las veces, sólo en la crisis se toma conciencia del problema. Puede que haya llegado la hora de correr el velo y enfrentar por fin la realidad. Puede que la filosofía, lejos de salir del currículum escolar, vuelva al sitial que le corresponde como embajadora del pensamiento, de esa actividad humana que no es sino el reflejo de una vida lúcida. Puede ser, pero todo depende de nosotros.


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Matías Rivas Vergara
(1990). Licenciado en Filosofía y Licenciado en Historia con mención en Literatura Universal por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Autor del ensayo “El programa de la poética de Baumgarten en la tradición de la estética racionalista”, aparecido en Meditaciones filosóficas en torno al poema de Alexander Baumgarten (Orjikh 2014). Actualmente forma parte de un proyecto FONDECYT a cargo del filósofo Andrea Potestà, y es miembro colaborador en la revista electrónica Historia y Cultura, dirigida por el historiador Nicolás Cruz. Trabaja principalmente sobre las relaciones entre literatura y filosofía, así como acerca de temas de estética, historia intelectual, teoría de la Historia y también sobre el pensamiento de Albert Camus.

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