La bruma atemporal de un apocalipsis. Los Celacantos y otros hechos extraordinarios, de Marcelo Guajardo

por Carolina Reyes

13113231_10153832787264877_2046320370_oEl poemario Los Celacantos y otros hechos extraordinarios de Marcelo Guajardo Thomas (1977) sacado a la luz por la joven Overol ediciones, es una travesía onírica por un vasto territorio. El viaje que desarrollan estos animales, que en una primera instancia nos dan la impresión de que son unos enormes pájaros, es una especie de gran viaje migratorio por diversos territorios. Luego al googlear el primer  nombre del poemario, para chequear lo que teníamos en mente por los celacantos, caemos en la pasmosa cuenta de que no, no son aves, sino peces. Unos peces que se creían extintos, pero que de manera obstinada han permanecido vivientes hasta la actualidad. El desconcierto nos embarga entonces, no sabemos si la travesía es por aire, por agua o si es temporal, desde un pasado lejanísimo y lento hasta nuestra alocada realidad.

El libro está estructurado en nueve poemas que van acompañados por dibujos y diagramaciones, todo en una bella y prolija tonalidad azul; tanto los dibujos y como la tipografía de los poemas. Por lo tanto debemos decir también que tiene una cierta vocación de libro objeto. El poemario empieza con “Escampa”, un pequeño texto de prosa poética que nos sitúa en un lugar costero donde un grupo de personas-algo así como una tribu- espera la llegada de estos peces, al parecer para su captura: “Aprendimos a utilizarlos a curtir el cuero / a fabricar vasijas y arpones. Para la batalla o la cacería. La amenaza / de los Celacantos, aquello, los únicos habitantes de este limo” (7).

Ya en “Llovizna” aparecen estos animales en manadas, pero la perspectiva que da Guajardo del poema es como de una cámara cenital o empotrada en un dron y vemos en perspectiva la travesía de esta singular especie: “En manadas hacia los valles / con pequeños pero sostenidos pasos / en manadas hacia los valles / sin dientes aun, en manadas hacia los valles / por los acantilados” (9).

En “Templanza” figura nuevamente esta tribu que al parecer es la que debe vivir el acontecimiento de que los Celacantos comiencen a invadir la tierra: “Cantamos al bien de los que aman, al estuario fuimos / los pocos que quedamos, la tribu de los andrajosos descreídos” (19).  A su vez, otras especies como los pájaros comienzan a huir de esos lugares. Nos imaginamos un enorme desplazamiento de animales y personas, mientras otros tratan de darle cacería a estos monstruosos especímenes: “Volvimos a la cacería / como quien vuelve a la carne, como quien rompe los tejidos y nace a la luz” (29).

Pero los Celacantos hacen un trayecto que va desde el mar hacia la cordillera, nunca sabemos por qué o por cuáles fines ellos avanzan. Sí percibimos la constancia del movimiento y esa visión panorámica de todos los lugares por donde  pasan. Incluidas las ciudades: “Muy breve es el tránsito por las capitales, hacia su vagabundeo de la multitud” (39). Pero esta tribu que padece la invasión de los Celacantos, tiene una especie de anticlímax en las páginas finales.  En “Víspera” se habla del vital elemento para la subsistencia del grupo y en “Escampa”, al parecer la gran invasión a terminado regalándonos como última imagen los sobrevivientes de estos animales tan extraños en su contumacia: “hacia las nuevas comarcas / una pequeña tribu avanza / luego de la tempestad” (43), dejándonos con la incertidumbre de que pasara desde ese nuevo punto de inicio.

El breve poemario siempre esta permeado por una bruma atemporal, no sabemos si todas las imágenes se desarrollan dentro de un gran sueño, si es un pasado muy lejano viendo el inicio de una edad otra, o quizá es un futuro distópico en donde todo está carcomido por una modernidad que arrasó íntegramente al mundo, y como guinda final de este magma destructor aparecen los Celacantos como en una última etapa apocalíptica de la humanidad. De esta forma la destrucción es un tópico que ronda por las hojas de Los Celacantos y otros hechos extraordinarios, ofreciéndonos un perturbador viaje entrópico hacia el centro de las fuerzas de la naturaleza.

Marcelo Guajardo

Los Celacantos y otros hechos extraordinarios

Overol, 2015
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Carolina Reyes (Santiago, 1983) es profesora de inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster en literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora haciendo crítica literaria en Revista Lecturas, Poesía y Crítica y Dos Disparos. También hace crítica de cine en 35 Milímetros. Ha publicado algunos de sus cuentos en Revista Sangría de Chile e Íkaro Magazine de Costa Rica. En la actualidad mantiene un blog de crítica cultural llamado Omnivoracultural:https://omnivoracultural.wordpress.com/.

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