“Lo que ocurre en esta caja negra”. Casi Nadie, de Luis Riffo

por Luis Aránguiz

 

Casi nadie_Riffo

La imagen de cubierta de este libro es una fotografía que nos muestra una calleja adoquinada, estrecha, tenuemente iluminada, atravesada por un oscuro caminante. Quizá sea esta la trayectoria del hablante de los textos que se alojan al interior de este objeto. Casi Nadie es el título de este poemario publicado en Valparaíso por editorial Bogavantes. Dividido en tres partes numeradas y con una coda final, este conjunto de poemas está vertebrado por el intento de describir algunos aspectos de la condición de ser “casi nadie”.

Uno

Perdido en la familiaridad, el hablante en esta primera etapa expresa la extrañeza de entrar en su propia casa sintiéndose desconocido. Su sombra lo espera como si fuese un intruso. Estos son los límites del día: “Nada de paraísos perdidos / ni eternos retornos / ni el fin de la historia: // Tan solo un día de trabajo / que empieza a apagarse / con la primera luz del día” (17). Ser casi nadie no es sino la condición de quien no encuentra un horizonte, o más bien, de quien tiene como único horizonte el existir sin horizonte. Como dirá algo más adelante: “Respiro el aire ruidoso de las calles / y me sumerjo en su flujo anónimo. / Me digo: soy el héroe agónico / que disfruta del dulce letargo / de un desangramiento invisible” (19). Ser casi nadie es ser el héroe capaz de resistir la rutina del anonimato, o como lo llamarían algunos, de la alienación.

Dos

Esta segunda etapa del texto tiene una marcada orientación hacia el tópico del amor. Quizá lo más destacable que puede mencionarse de esta sección sea la vinculación que existe entre una entidad femenina indeterminada y la poesía. ‘Ella’ interactúa con la palabra, “se busca en ellos [los poemas] con la mirada perdida” (46), confía más en ellos que en sí misma. Pero a la vez “Ella desborda estos pobres versos, / ella excede los límites de la realidad” (46). De este modo, por una parte existe Ella buscándose en el texto, texto que a su vez es incapaz de contenerla. Esto, nos parece, es el paso previo para lo que se desvelará en la tercera sección.

Tres

Perdido, otra vez, pero en otro lugar. Perdido en el lenguaje. ¿Qué coordenadas puede tener el hablante para guiarse en este complejo mundo de signos? “Se arrastran las palabras” (66), nos dice, hambrientas, creyéndose la negra luz que ilumina a la blanca noche. Pero ellas “Son incapaces de ver / la magnitud de su propio vacío” (66). Luego nos encontramos con un poema que es “una prueba de la imposibilidad / de escribir un poema” (70). No solo el hablante divaga, también el propio lenguaje poético. La experiencia del vacío, casi mística, de un lenguaje incapaz de describir las cosas, le lleva a afirmar: “Yo también creo que la poesía / no sirve, no salva” (75).

Coda

¿Qué es lo que ocurre en esta caja negra? Así es como el hablante describió, en cierto instante, al mundo. Lo que ocurre es la “efímera plenitud” o “los sueños perdidos” (82), el haber sido “los favoritos de los dioses” (79) que abandonaron la casa. Y todo esto que nos informa la coda, no es más que lo que ya se dijo en los tres pasos anteriores: la soledad de la populosa ciudad, la inhabitación del propio hogar, la interminable miseria de la rutina; el amor, el deseo por explicar algo inexplicable, por emparentarse con otro ser humano, sentir que por una vez se es con alguien; el lenguaje, su vacío, su ilusión mortífera que nos hace creer capaces de expresar nuestras percepciones, y por supuesto, la ilusión de alcanzar la poesía.

Se trata de un poemario escrito en un lenguaje sencillo, sin rebusque, en ocasiones cercano a la narrativa. No quiere impresionar, busca, la mayor de las veces con buen resultado, expresar la densidad de la cotidianidad con metáforas que, otra vez, sin rebusque, estén relacionadas con la cotidianidad. Así, este texto es, también, como su contracubierta. El objeto libro que abría con una foto de una calleja, cierra con versos manuscritos, borrosos, que nos recuerdan que el intento de poetizar nace frente a un papel, nada más que con un lápiz y el deseo intenso –y la imposibilidad- de transmitir algo de esta cotidianidad que nos desborda por su apariencia de normalidad y que, sin embargo, oculta el desgarro de la monotonía. Escribir versos es el primer paso para dejar de ser casi nadie en una caja negra.

Casi Nadie

Luis Riffo

Bogavantes, 2015

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Luis Aranguiz Kahn (1991). Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha escrito sobre la relación entre literatura y religión en medios como White Rabbit (UC), Cuadernos Judaicos (U. de Chile) y Critica.cl. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la UDP.

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