Extraña realidad: Ciudad capital, de Emiliano Valenzuela.

por Felipe Poblete

Ciudad capital (Emiliano Valenzuela)Siempre será incompleto el retrato de una ciudad, sea un retrato audiovisual, escrito, fotográfico, hablado u otro. Por medio de la táctica que sea, siempre habrá algo que se escape o esconda en la inmensidad de la ciudad, en su espesura, con total independencia de lo pequeña que ella pudiera ser. Tal vez debido a eso, el vínculo entre la ciudad y el laberinto  es tan vigoroso. Hay características, lugares, dimensiones, vidas que no captamos al recorrer una ciudad, por más interés y esfuerzo que pongamos en ella. La ciudad es un mundo. Sea a pie o en algún vehículo, vehículo que, ciertamente, puede ser un conjunto de fotografías, la ciudad completa no cabe en la representación. Acaso ni quepa en sí misma.

Al amparo de la editorial Das Kapital, Emiliano Valenzuela (1980) publica un libro con una selección de sus fotografías, titulado Ciudad capital con el cual la editorial, vinculada a las publicaciones de poesía mayoritariamente, inaugura una nueva colección, llamada “Serie Foto Capital”. Este libro mide 15 × 22 centímetros, con un trabajo de visualización dinámico: fotografías a página completa, en ocasiones en la apertura de las dos páginas, en otras oportunidades enmarcadas al centro, unas íntegramente negras y algunas pocas en blanco. Todas impresas sobre papel ahuesado, tinta negra a razón de tramas de negros y no escalas de grises (cuestión que permite un mayor detalle en la imagen).

Nutrida por una estética de lo oscuro, lo sucio, lo fragmentario, esta colección de fotografías exhibe, entre velos, aspectos urbanos y humanos que representan un ámbito oculto en la ciudad, gobernada por una podrida ideología del progreso. De partida, son fotografías radicalmente separadas de la categoría clásica de belleza, aunque bien sabido  es que, en el fondo, todo aquello fotografiable alberga alguna belleza(1), aunque se trate de algo comúnmente considerado feo. Esta no es idea mía, ni siquiera es actual sino de la primera mitad del siglo diecinueve.

Tampoco es que quiera defender el hondísimo sustrato bello de este libro, esa tarea la ha realizado el propio fotógrafo ajustando sus imágenes a un perímetro tradicional de construcción de imagen, el documental (la más de las veces los personajes no miran a la cámara). En la medida en que se trata de tomas que utilizan el canal de mirada del ojo humano: las figuras expuestas en las fotografías están ordenadas en su realidad, gravitacionalmente están derechas, no hay distorsiones por efectos del lente ni hay evidencias de fotomontaje (2). Desde aquella plataforma es potenciado el valor discursivo de la imagen, vinculado este a conceptos como marginalidad (aunque no en sentido urbano), violencia, ilegalidad y sexualidad, por nombrar acaso los más perceptibles.

pag. 34_ foto 22_OK_JPEG

Imagen 1

Indagando en cierta fisura de lo documental, percibo, Emiliano Valenzuela llega a lo testimonial con estas fotografías. Ello le confiere a las imágenes leves desajustes, producto de la misma violencia que convive con la cotidianidad de las atmósferas y personajes retratados, como mujeres heridas, desnudas o en ropa interior, espacios domésticos deteriorados, vistas parciales, huellas de violencia física que, finalmente, se traspasan al género documental empleado para registrar. Por ejemplo la toma de un vehículo en un túnel despojada de nitidez gracias a un vidrio sucio (Imagen 1); además es esta una de las pocas fotografías en que el plano se encuentra inclinado. Lo que sí es común a casi todas las fotografías es  que hayan sido tomadas de noche. Espacios manchados o con desperdicios, unos primeros planos de una mosca. Sería bien conveniente tener a mano el concepto de “inconsciente óptico” de Walter Banjamin (3), a la hora de hilar un relato con las fotografías, tal como comienza proponiendo el escueto texto introductorio: “la imagen desde su potencial narrativo”.

pag. 57 y 58_ foto 40_JPEG

Imagen 2

Al mismo tiempo, en el libro comparece otro grupo de imágenes –intercaladas en una sola y única gran sección– en que vemos unos gatos, un perro, unas bolsas de basura con las hojas de algún árbol (Imagen 2), unas plantas, un vehículo al borde del camino, un edificio en contrapicado (Imagen 3) o una suerte de escultura publicitaria de la Coca-Cola. También hay un par de fotografías con una fecha en uno de sus bordes, a la manera como lo dejan algunas cámaras digitales, cosa que nos lleva a meditar más hondamente en las relaciones temporales y cronológicas de las fotografías. Ya dije que la mayoría de las fotos fueron hechas en la dimensión temporal oscura, a saber: la noche.

pag. 25 y 26_ foto 17_OK_JPEG

Imagen 3

Guardado tras unos velos de misterio, la(s) narrativa(s) de este libro queda(n) pendientes a la sagacidad e imaginación del lector, tan acostumbrado al consumo, y sobreconsumo, de imágenes en estos años del siglo veintiuno.

Ocupando una de las páginas finales, luego la suma de fotografías, hay dos versos de Víctor Hugo-Díaz (1965), que adquieren gran importancia al situarse en ese espacio y no, como sería lo típico, como epígrafe: “Lo menos importante es lo que está pasando / El resto, lo denso, es lo que no pasará” (4). Palabras que ciertamente conducen, o por lo menos matizan, el recorrido narrativo que va confeccionando este libro de fotografías nocturnas. Para finalizar, sólo quiero recordar un famoso y vejo dicho (famoso y viejo, como todos los dichos), que dice que una imagen vale más que mil palabras; las que este texto ni siquiera posee.

Ciudad Capital (Fotografía)

Emiliano Valenzuela

70 páginas

Das Kapital, 2014

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Felipe Poblete Rivera (Viña del Mar, 1986) es poeta y Magíster en Historia del arte chileno. Co-organizó los recitales poéticos Con-texto, en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, durante los años 2008 y 2009. Ha sido becario de la Fundación Neruda en La Sebastiana (2009) y en La Chascona (2011). El mismo año participa como invitado en las III Jornadas de Poesía Latinoamericana en Bogotá. Ha escrito para diversas revistas, tanto impresas como digitales.

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NOTAS

(1) “El nombre con que Fox Talbot patentó la fotografía en 1841 fue calotipo: de kalos, bello”. Cfr. SONTAG, Susan. Sobre la fotografía. Trad. Carlos Gardini. Buenos Aires, Alfaguara: 2006.

(2) Sobre el fotomontaje, algunos ejemplos ya clásicos están en las obras de vanguardistas europeos como John Heartfield, Man Ray o László Moholy-Nagy, en la primera mitad del siglo pasado.

(3) Cfr. BENJAMIN, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Taurus. Buenos Aires, 1989.

(4) Estos versos pertenecen a Lugares de uso, tercer libro del poeta (Cuarto propio, 2000).

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