“escribir creyendo que alguien llama”: Playlist, de Ernesto González Barnert

por Eduardo Farías A.

PlaylistDe la vida a la música o de la música a la vida. Difícil resulta establecer la relación correcta, más aún si los límites entre los términos se han disuelto, como si la vida día tras día fuera una enumeración de canciones significativas o las canciones, la vida. Tal es la paradoja que nos plantea Ernesto González Barnert con su más reciente poemario, Playlist, el que inaugura también el trabajo editorial de Overol. ¿Cómo construir poéticamente la relación entre la vida y el papel de la música sin que suene cursi ni naif? Pues bien, González Barnert nos muestra un camino poético que se caracteriza por la necesidad de que el hablante lírico coincida con la figura del autor, que los poemas estén cruzados por su historia, que el tiempo histórico del poemario esté marcado por el presente y que la fluidez en la escritura sea una exigencia: algunas características que dan cuenta de cómo Playlist funciona literariamente. Por otra parte, no es menor que el título esté en inglés, por sobre su traducción: “lista de reproducción”. Tanto la palabra en inglés como su traducción implican que el autor se inscribe en el presente marcado por los reproductores de música digitales. Incluso, traducir Playlist como compilado evidencia una distancia temporal del fenómeno al que se hace alusión. Playlist es también el reflejo de su corpus, ya que González Barnert elige canciones, principalmente, del canon norteamericano-europeo contemporáneo,  mientras que el canon español-sudamericano figura, por ejemplo, con Emmanuel, Antonio Prieto, Héctor Lavoe, Joan Manuel Serrat, Federico Moura, Violeta Parra, Víctor Jara. La decisión sobre el corpus de canciones, desde mi perspectiva, puede resultar desagradable si consideramos la influencia de lo extranjero en el poemario, mas no es criticable ni objetable, porque desde el principio sabemos que una playlist es una lista personal de canciones favoritas o significativas. Sin embargo, el corpus de canciones nos permite tener presente un proceso cultural de occidentalización musical que  se desarrolló desde el hipismo, las primeras subculturas en dictadura, los primeros grandes conciertos, el canal Rock and Pop, Napster, los megafestivales hasta el acceso masivo a las nuevas tecnologías. Esta serie de eventos marca culturalmente a una generación de jóvenes y adultos, que ya no se limitan a reproducir la cultura de sus padres.

Ernesto González Barnert, en esta ocasión, no construye una separación entre la figura del autor y del hablante lírico, por tanto, estas construcciones teóricas coinciden. Quien nos habla es el autor, no hay una voz otra construida a la manera de La Tirana de Maquieira. Además, Ernesto habla de su historia, de sus recuerdos siempre relacionados con la música, tal como lo plantea Ricardo Martínez: “Ernesto Gonzalez Barnert ha facturado un poemario constituido fundamentalmente por rodajas de vida, lo que en algunos cómics se denomina slices of life, donde algunas canciones y algunas melodías marcan instantes de la existencia y constituyen la banda sonora, el soundtrack, de esos mismos instantes”(1). Tal hecho literario es fundamental no solo al mostrar cómo la música puede copar la existencia de un sujeto, sino que también Ernesto nos propone un camino para conocerlo; Playlist es un poemario personal, biográfico, entonces entrar a leer no es solo decodificar textos, también a través de ellos es una forma de entenderlo: “A veces, cuando voy a misa, me siento un pequeño judío / que de ser llamado a leer la Biblia / no dudaría en sacarse lentamente los anteojos, / probar con un pequeño golpecito el micrófono / y cantar The Future de Leonard Cohen” (12). El autor no se esconde, no oculta ni su historia ni sus recuerdos: “En mi adolescencia / no había nada más lindo / desesperado / que darse un beso / con Creep de Radiohead” (18).  El autor y su mundo ingresan en el poemario, mundo que no solo está marcado por sus recuerdos, sino también por su familia y por la figura femenina representada por diversas mujeres, la pareja y la madre, que marcan profundamente el poemario: La ves pasearse desnuda por la habitación / mientras suena el Astral Weeks de Van Morrison / y ni se te pasa por la cabeza / que va a abandonarte” (29), o “El día anterior a que te cayeras mamá, / perdieras la fuerza en las piernas, / te recuerdo poniendo a Memphis La Blusera en vivo / señalándome cuál sí y cuál no te gusta, / mientras preparábamos el ceviche de salmón” (123). Así, a partir de la figura femenina como hecho literario se entiende que en la contracubierta del libro Silvia Mattoni diga que es un libro de poemas de amor: “A la cita llegué escuchando You Don’t Understand ME de Raconteurs y ella Treat Me Like Your Mother de los The Dead Weather” (77).

Aunque en la mayoría de los poemas la voz del hablante coincida con la del autor, Ernesto González Barnert le entrega la voz a la mujer en el poema: “Sólo exagero, Ernesto, cuando digo te amo / o ponen en la pista de baile esa de Cyndi Lauper, / Girls Just Want To Have Fun” (14). En este caso, la enamorada es quien toma la palabra y le habla directamente al poeta. En otra ocasión es la madre: “No quieras a nadie, hijo, a quien no le guste Overkill / de Colin Hay / cuando oscurece […] No quieras, pequeño saltamontes, a nadie / que no sea el día de mañana parte de tu imaginación / porque somos fantasmas / que aparecen y desaparecen / entre latidos que se sumergen cada vez y con mayor complicación / en lo más profundo” (131). Tanto el mensaje de la amada como el de la mamá —imposible no recordar el poema “Monólogo de un padre con su hijo de meses” de Enrique Lihn— dan cuenta de contenidos importantes, no son mensajes triviales y que traten de cualquier asunto. Además, estos poemas, y otros con la misma característica, afianzan y potencian la decisión literaria de hacer coincidir al autor con el hablante y marcan los momentos del poemario, momentos cargados de la presencia de la mujer en diversos roles.

Aunque Ernesto González Barnert a lo largo del poemario va desde el presente hacia el pasado, Playlist está marcado por el presente socio-cultural del país. La actualidad ingresa enfocada, por ejemplo, en la representación del movimiento estudiantil: “Una colegiala frente al guanaco / me dice que le gustaría haber traído su polera / de los Rolling Stones / para que fuésemos dos lenguas / contra estos hijos de puta” (38), o “No es difícil enamorarse de ti, / pequeña encapuchada / cuando estás de cara al guanaco, en Plaza Ñuñoa / con un cartelito que dice / Me gustas, democracia, pero estás como ausente. / Mientras miles cantan Y Va a Caer. / De puro amor le pego más fuerte al sartén. / Pienso interponerme entre tú y el chorro” (41). Difícil es resistirse —además de a la colegiala encapuchada— a un poemario que demuestra que con el autor compartimos un momento histórico, y que no es necesario caer en el panfleto para posicionarse en términos políticos, pinceladas bastan y sobran.

Difícil es resistirse también a la escritura de Playlist. Ernesto González Barnert escribe desde la claridad sintáctica, no usa recursos poéticos que dificulten cognoscitivamente la lectura, el corte versal no dificulta el recorrido por los versos. Sus poemas son fáciles y/o dóciles de leer, el lector solo debe dejarse llevar. Pero que no se malentienda: lo fácil no implica, necesariamente, falta de profundidad y Playlist, aunque lo parezca, no es un poemario superficial.

En conclusión, Ernesto González Barnert en Playlist trabaja la explicitación de su vida personal como motor de escritura, vida que se escribe con canciones, el otro motor, que permiten la realización del vínculo entre el lector y el poeta. Playlist es un libro marcado por el presente de este país, así el lector, al pasar por la vida personal y social del autor, puede también transitar por la suya a medida que lee esta lista de reproducción, en la que encontramos una escritura directa y cristalina, que se deja leer rápidamente. Además, el lector se encontrará con una primerísima edición, con el debut de Overol, editorial que aprovecha algunos recursos visuales, tales como el uso de alto contraste entre el naranjo de la cubierta y el blanco de la tipografía, para construir un libro muy bien diseñado, recursos que resultan significativos a la hora de atraer la mirada del lector.

Ernesto González Barnert

Playlist

Overol, 2015

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Eduardo Farías Ascencio (Santiago, 1985) es Licenciado en Letras Hispánicas PUC y Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales/Pompeu Fabra. Ha publicado poemas y críticas en diversos medios. Se ha desempeñado también como editor en la Revista Grifo. Actualmente es director editorial de Gramaje Ediciones.

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Referencias

(1) http://lacallepassy061.blogspot.com/2015/07/soundtrack-playlist-de-ernesto-gonzalez.html

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