“La Historia padece una costra abierta”: Antropofagia, de César Rey

por Silvio Valderrama

Antropofagia_César_ReyAntropofagia es el título del primer poemario del poeta y editor maipucino César Rey Marchant (Quinta Normal, 1986), publicado el año 2013 por Vieja Sapa Cartonera. Se trata de una colección de poemas que viene, con urgente justicia y sin pretensiones, a cumplir el designio que se anticipa en el manifiesto Palabras urgentes del grupo de poetas peruanos de la generación del 60, Hora Zero, citado por el propio autor: “A nosotros se nos ha entregado una catástrofe para poetizarla” (62). Y aquí radica, precisamente, el valor de este poemario; en este ejercicio de poetizar la catástrofe que exige una voz que a muchos nos parece propia.

Los poemas que conforman este libro sintetizan la corrosión que produce una Historia torrentosa, a la vez personal y colectiva, en la inmediatez del presente. Se trata de un poemario donde esta historicidad se hacer carne –carne humana que se engulle– consagrándose en el texto desde la experiencia: la experiencia cotidiana e íntima, la misma experiencia histórica y la experiencia estética, siempre contingentes, donde el ejercicio antropófago deviene en autoconciencia respecto de una realidad que se vuelve inaprehensible en la fugacidad del propio torrente histórico: “Éramos tantos. / Fuimos tantos los eternos / que pedían gamba entre las filas de las capas / medias” (36). Antropofagia es un poemario que desde la voz del poeta pasa a constituir un patrimonio posible, propio de una generación joven de clase trabajadora de este lado del mundo y de estos tiempos que, en su contradicción vital, no se permite el llanto propio de la derrota y, en cambio, mastica la propia carne como única posibilidad de levantarse. Esto porque en la comprensión intuitiva y racional de nuestra realidad concreta radica la única posibilidad de visibilizar un futuro, el cual nos ha sido negado por una historia legada por asesinos, tecnócratas y burócratas.

En esta línea, Antropofagia es un libro importante, necesario –por su autenticidad– en las letras de jóvenes autores en nuestro país. Rey se revela ante la dicotomía (falsa en mi opinión, pero existente al fin y al cabo) entre experimentación adolescente y la noción conservadora-formal de nuestra tradición poética inmediata. La poesía de Rey es auténtica –nuevamente– por su apuesta por el poema como espacio de construcción –y deconstrucción, claro–, de combate y realización del sujeto, aun cuando esta realización sea trunca: “Con la capa caída / y la espalda partida en mi propio pecho / sigo aquí, / naufragando entre tu espejo / y la voz muerta / del que no es capaz de nombrarte” (95). La esperanza yace en una decepción que se vuelve productiva en el proceso de historización personal y colectiva del sujeto –el fragmento anterior es parte del poema “el 11 después del 11”–, es decir, de un hablante que desde su particularidad se vuelve universal.

Por otra parte, Rey no niega la tradición y elige articular su libro a partir de cinco epígrafes. La presencia explícita, entonces, de Diego Maqueira, Charles Baudelaire, Mario Santiago, el movimiento Hora Zero, Gamaliel Churata y Jorge Teillier abren entradas de lectura posibles a los poemas que los suceden, y por otra parte remarcan un espacio desde el cual se articula la voz del poeta y el desarrollo de temas de cada parte del libro sin que ninguna escape a la tensión de la catástrofe y sin que ninguna, a su vez, quede desprendida de lo expuesto en los cinco epígrafes, realizando un ejercicio integral. Además se observa la influencia presente de Vallejo, mediante juegos intertextuales en poemas como “El apocalipsis está en el génesis”: “yo nací un día / en que un país estuvo enfermo” (23), o de Rodrigo Lira en muchos de los poemas, y con fuerza, por ejemplo, en “Soliloquio de un esquizo”: “En los márgenes de la poesía oficial, / sin pedir tribuna en el autoexilio. / De memoria eso lo sé, no se me trengua la traba” (71).

La catástrofe heredada y la corrosión del torrente histórico opera en distintas dimensiones dentro del poemario. La voz poética transita desde la memoria, “[el silencio] También es el palpitar de los muertos de este lado de la historia / que no descansan en paz // pues nunca / la conocieron” (20), hasta la violencia contemporánea: “aún disparan al indio y al pobre a mansalva” (61). Mientras que en el ámbito personal, la figura de sujetos a los que el poeta alude socializan colectivamente la catástrofe: “Pensé en ti Bobi / y en tu madre saltando desde el tercer piso / para extirpar su sombra de este mundo” (64). A su vez, el trauma personal se hace presente en una imagen que atraviesa todo el poemario, cuyo principal rasgo perturbador es lo cotidiano de la misma y la ausencia total de una explicación al respecto: los zapatos colgados de la ventana.

Opera, también, la catástrofe en el territorio como espacio escritural. Hay poemas de viaje, cerrados al estilo de Girondo, donde San Pedro de Atacama, Asunción, La Paz, constituyen espacios de tránsito, donde se funde la conciencia clara sobre una América violentada con el espacio de reflexión que permite el viaje. En este sentido, es tal vez el caso más entrañable el de “Desgarro con final abierto”, poema dedicado a Celeste Rey, hija del poeta, escrito en Asunción, Paraguay.

El territorio vuelve a abrirse paso en la radiografía de un Santiago Poniente poblacional donde se expresa de manera definitiva la poética patrimonial de nuestro pueblo de hoy. Se trata del poema más radical del libro en mi opinión: “El 11 después del 11”, donde Rey sintetiza de manera magistral su poética y donde el ejercicio de autoconciencia popular se consagra en la cuneta, en la caja de vino, en la memoria, en el dolor y la decepción, pero también en una esperanza que precisamente se fragua ahí “O en la molo’ / por ingenua que parezca; / [que] lleva una mano por los aires / y eso / ya es un verdadero milagro” (95), porque “la vida es cara cuando le pertenece a unos pocos” (96).

Antropofagia responde, como toda poesía de carácter popular, a la pobreza de la experiencia a la que hace alusión Walter Benjamin. El sujeto de cada poema no añora una experiencia nueva, por el contrario los sujetos: “añoran liberarse de las experiencias, añoran un mundo en el que puedan hacer que su pobreza, la externa y por último también la interna, cobre vigencia tan clara, tan limpiamente que salga de ella algo decoroso. No siempre son ignorantes o inexpertos. Con frecuencia es posible decir todo lo contrario: lo han “devorado” todo, “la cultura” y “el hombre”, y están sobresaturados y cansados” (Discursos interrumpidos I 172).

En esta línea es que se construye el cruce entre lo particular y lo universal, tal como lo menciona el propio César Rey en “Geografía de la academia”: “Todo está conectado, sí, absolutamente. La tragedia del otro con nuestra cobardía, la falsa revolución de los cobardes con mi propia cobardía, el otro hecho pedazos, la tragedia universal con la tragedia particular: todo está absolutamente conectado” (44).

Para finalizar, quisiera hacer mención a la edición del libro, la cual se ciñe de manera adecuada a los formatos de una editorial cartonera. Sin embargo, debo decir que la ausencia de un índice que especificara los títulos de cada poema y su consecuente lugar en el libro, hizo un tanto complejo el ejercicio de escribir el presente texto crítico. Por supuesto, esto no le quita fuerza a un poemario que viene, de manera discreta en materia de pretensiones, a darle un golpe vitamínico tremendo –y posicionado– a la salud de la siempre compleja y frágil ‘poesía joven chilena’ de nuestros días.

Antropofagia

César Rey Marchant

Vieja sapa cartonera, 2013

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Silvio Valderrama Gómez (Santiago, 1990) es licenciado en letras hispánicas (PUC) y educador en formación. Ha publicado algunos textos de diversa factura en distintos espacios. Es militante de la organización Trazo Común.

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Referencias

Benjamin, Walter. Discursos interrumpidos I. Buenos Aires: Taurus, 1989.

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