Poesía atómica o “la decisión de escindirme”: Miss Poesías, de Mario Verdugo

por Francisco Martinovich

Miss PoesíasLas cinco secciones que componen Miss Poesías (Alquimia, 2014) del autor Mario Verdugo son antecedidas por un prólogo firmado por Bruno Montané Krebs. Sin querer llamar la atención más de lo necesario sobre el breve texto introductorio y sus naturales loas al poemario, es preciso recabar en ciertos términos que, presentados en distintos momentos, ofrecen un inusitado acercamiento hacia la mecánica composicional del libro. Conceptos como “catálogo”, “diálogo”, “habitaciones” y “música de cámara” son, de cierta forma, términos que sintetizan un horizonte de lectura con el cual se puede ingresar de forma provechosa a las páginas.

Un primer ejercicio de lectura corresponde al ofrecido en el mismo prólogo: cinco secciones a las cuales hay que acercarse con la clara conciencia de su condición de fragmentos autónomos, ajenos a  una noción de totalidad. Seamos leales al desafío.

Absolutamente moderno

Dados pocos pasos en esta sección, compuesta de 14  poemas de una estrofa, encontrará el lector una regularidad formal que marca la pauta de la sección completa. Esto es posible interpretarlo como una especie de fórmula que se sostiene a lo largo de cada estrofa. Terminada la lectura uno puede percatarse además de que esta secuencia tiene también un correlato temático. Una forma simple de describirla es la siguiente:

  • Sujeto (“yo”) se las arregla de alguna forma para ver una película
  • Sujeto realiza una acción
  • La acción tiene efectos que, dispuestos como una “caída”, le permiten al “yo” dar cuenta de una nueva mirada sobre la realidad.

Dentro de este esqueleto, la sección logra una altura poética destacable que, contra lo esperado, no flaquea debido a la sucesiva repetición de una fórmula (valor que el autor manejará además de manera aplaudible en el resto del libro): “Cuando arrendé la versión digitalizada / de Chucky el muñeco diabólico, / y más tarde padecí la misma frustración / del asesino que no logra reencarnarse / en el cuerpo de un niño de seis años, / me vi obligado a admitir / que no eran confiables mis visiones, / que no eran las palabras imprevistas, / que no era ahí donde debía buscar” (12).

Si bien el sujeto activo es protagonista de toda la sección, la diversidad de situaciones, o de los detalles que las hacen únicas, invita a desarticular tempranamente la idea de un sujeto unitario, reemplazándola por la imagen de muchas singularidades, gesto doblemente complejo pensando en la similitud estructural de los textos.

Oh

En la misma línea, la segunda sección también despliega lo que aparentemente son fórmulas. Estos ensayos inconclusos, reconstituciones de escenas, accidentes o incidentes parecen establecer realidades paralelas en las que solo una palabra distinta genera un universo simbólico totalmente diferente, sin caer en reflexiones simplonas al respecto: “Veo una ventana y sé que ahí está la clave. /  Veo una pared y sé que ahí está la clave. /  Veo un edificio y sé que ahí está la clave” (31).

Este ejercicio no solo dota de secuencia y ritmo a los poemas, sino que construye una historia que, sin un sujeto definido, parece develarse en los seis versos finales, los que se presentan de forma autónoma y caótica.

Aníbal Jara, el hombre más moderado del mundo

El tercer, y quizás más interesante fragmento de este libro corresponde a “Aníbal Jara, el hombre más moderado del mundo”. Después de dos secciones entregadas a un verso formalmente más convencional, la tercera parte toma tintes más narrativos, presentando elementos propios del género, aunque sin dislocar lo suficiente al lector como para que este pierda la noción del volumen en el que se encuentra. Jara, junto a otros personajes como Mateo Martínez, Manuel Cabrera y el tío Sergio, bien parecen protagonistas de una novela que se desarrolla indistintamente en el Consejo de Humanidades, el Nuevo Centro de Humanismo, en los viajes en el Chevrolet con banda sonora en contrapunto entre los Ramones y el slowcore, o en bizantinas disputas con el Club de lectores de Richard Bach: todos contextos que bien parecen sacados de una de las novelas de John Keneddy Toole en la que Aníbal Jara, un Ignatius Reilly chilensis, es el agente de un relato fragmentado, inconcluso y en muchas partes, irrisorio: “12. Veinte años atrás, aproximadamente, Aníbal había proferido su confuso evohé, arruinando lo que hasta allí era un cutis pimpante y una facha pulquérrima” (49).

Miss Poesías

En un tono totalmente distinto se abalanza el cuarto movimiento, “Miss Poesías”, apartado que junto con dar nombre al volumen, incorpora el diálogo con un par como la nueva forma para desplegar el verso. Aquí el “yo” y Miss Poesías tratan de establecerse como iguales en textos que a primera vista no parecen esconder más que una crítica al preciosismo estético, una toma de posición firme respecto al campo cultural, la ostentación altiva y el ego detrás del ejercicio literario: “Aquí todos vienen a lucirse, / pero yo me guardo lo mejor para otras ocasiones, / tal como usted, que se reserva para sus eventos/ y a la calle sale con jeans y poleras de Patronato; / no es cuestión de no poder, sino de esperar / el instante adecuado: no hay genios ni reinas de tiempo competo” (69).

Hay acá por cierto una valiosa reflexión que como pocas no llena la cabeza del hablante de humos, sino que al contrario, la despeja por medio del personaje llano, simple y a la vez, hermoso de Miss Poesías. Este se constituye como un otro que, a lo largo del poema, se descubre como un equivalente al “yo”, como una conversación con uno mismo.

Los Regalos

Muy coherente al establecido quiebre y distancia presentada a lo largo de sus cuatro antecesores, el último capítulo, “Los Regalos”, más que cerrar el texto como una unidad, vuelve a quebrarla. Esto lo logra por medio de un verso breve, de corto aliento, con imágenes simples y reflexiones que, aunque tienen un correlato con las de fragmentos anteriores, se presentan de una manera totalmente distinta. Quizás de la forma más “lírica” en todo el volumen: “Te traemos un deseo abstruso. / Te traemos estas cajas / para que atarantes tu dicción ahora mismo” (81).

En términos del sujeto, en “Los Regalos” vuelve a desaparecer el “yo”, entregando el protagonismo a la voz de “ellos” quienes entregan los dones a un “tú” que, pasivo y paciente, actúa como mudo receptor y es el verdadero protagonista invisible del texto.

Poesía atómica

El verdadero desafío de este libro es dar con un horizonte que englobe los cinco fragmentos. Este podría aparecer precisamente en la diversidad de actores que toman la palabra a lo largo del texto. Más allá de proyectar la voz como una de naturaleza polifónica, como fácilmente puede hacerse y bien dice el prólogo, creo que es más lógico y justo pensar en ella desde la noción de una unidad que elige escindirse: separarse de sí misma, dividirse cual átomo y encontrar en este ejercicio mucha más energía que la que es capaz de cargarse en un solo tono, con una sola voz.

Miss Poesías sería, finalmente, la voluntad de presentar un texto unido por una palabra única, que en la totalidad de sus casi 90 páginas, elige sentarse en un rincón en silencio mientras “los otros”, los diferentes habitantes de esta misma habitación, salen a jugar gritando como desaforados.

Miss Poesías

Mario Verdugo

Alquimia, 2014

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Francisco Martinovich Salas (Santiago, 1987) Es Licenciado en Letras Hispánicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado “Lidia” (Yogurt de pajarito, 2013), “Sospecha de Nada” (Gramaje Ediciones, 2014) y co-editado el libro “Obra Poética. Juan Marín” (Cuarto Propio, 2014). Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios. Actualmente dirige el Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112.

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