La des-promesa de un título: una crítica a Magnolia de Felipe Ruiz

por Daniela Stevens

magnoliaMagnolia, publicado en el 2012 por Ajiaco Ediciones, es un libro que se divide en tres partes: “Guarda en este frasco tu pequeño Olimpo”, “Hortensia” y “Morimos como los unicornios”. Cada una de estas secciones es diferente respecto de las temáticas que ofrece al lector. Desde un principio, el hablante del primer poema se expresa sin mayores pretensiones: “es que necesitamos amarnos / con lo que tenemos y no desear / nada que no esté a nuestro alcance / como gimnastas / o estrellas de televisión” (p. 11). En el caso de estos versos, correspondientes a la parte inicial, generan un espacio insípido de escritura. No hay grandilocuencias, pues las imágenes no poseen mayores adornos y no existen cambios llamativos en las acciones del hablante. Sin embargo, este merodea por diversos lugares a lo largo del poemario. Existe un cruce de elementos que no comparten el mismo campo semántico: la cama, la escotilla, la pelota de hierro o el póquer con naipes de tarot, revelan que el verdadero problema de estos textos reside en el revoltijo de ideas.

Por otro lado, la segunda parte del libro, “Hortensia”, expone un cambio radical en el contenido. Aparece la figura del padre y se presenta el proceso embrionario como una cuestión de trascendencia: “Dentro del óvulo / hubo una bomba / como larva / para engendrar muerte” (p. 23). Estos versos, que pretenden un tono trágico, donde la mayoría está relacionado “solamente con la pena / y el dolor” (p. 29), no causan demasiado efecto en la lectura, pues el poemario nos ofrece, en un acto seguido, una metalenguaje: “Tildes y comas / menos puntos en su barriga” (p. 27). Aquí el texto rompe con ese tono trascendental y terrible que quiere desarrollar. Se percibe, entonces, que Magnolia no tiene una línea clara de escritura ni persigue una lógica determinada, sino más bien, demuestra ser un puro desorden temático que, en ningún momento, se relaciona con su título.

Pese a lo anterior, en la tercera parte del libro, específicamente en el poema “Mi patria vieja”, se empieza a aludir a la naturaleza. Por fin, la magnolia, aunque no realice ninguna acción, gana la relevancia que el título le otorga: “verás el retirado poeta / yéndose a vivir a un bosque / en cuya ausencia, / quizás hasta las magnolias se enamorarían” (p. 38). Aquí, recién, se percibe la madurez del hablante que construye Felipe Ruiz, pues ya no se presenta desde afuera y deja de ser un mero relator de cosas. El sujeto de la enunciación se hace cargo de lo que dice, al fin está viviendo en el poema: “Duelen los dientes al recordar, duelen las encías / y la magnolia que se asoma tras el cerco; / cuando llueve, hay prisa y cuando no, nostalgia” (p. 40).

En esta tercera sección, titulada “Morimos como los unicornios”, aparecen elementos como el otoño, la patria o la nostalgia, entre otros, que se transforman en una especie de hilo conductor. En alguna medida, esta situación ayuda a que los textos se definan, pues genera una lógica afín: el tono se mantiene inquebrantable en todos los poemas de la última parte. Sin embargo, el título o la justificación de este, se vuelve poco sustentable ya que su relevancia recae, de manera estricta, en dos poemas: “Mi patria vieja” y “Nostalgia”. Resulta extraño que un buen nombre como el de este libro sea desaprovechado por su autor. No obstante, Magnolia de Felipe Ruiz es un texto que se encuentra bien escrito (no depurado), aunque, la verdad, esto no debería señalarse como una virtud, sino como requisito mínimo para cualquier publicación.

Magnolia

Felipe Ruiz

Ajiaco Ediciones, 2012

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Daniela Stevens (Santiago, 1991) es estudiante de cuarto año de Literatura Creativa, UDP. Ha participado en diversos talleres de poesía a cargo de Paz Molina, Teresa Calderón, Andrés Morales y Raúl Zurita. Desde el 2008 ha participado en diversos encuentros poéticos en la ciudad de Santiago, entre ellos se destacan el ciclo de poesía “Los Desconocidos de Siempre” organizado por Editorial Fuga y “El Cuarto Dedo en la Llaga”, a cargo de Produkto Kolectivo. Asimismo fue partícipe del ciclo de lecturas “Amigo” realizado en la Biblioteca de Santiago y “La Poesía se fue al Chancho” en el Bar Chancho Seis. En el 2011 fue becaria del taller de poesía Fundación Pablo Neruda.

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Un pensamiento en “La des-promesa de un título: una crítica a Magnolia de Felipe Ruiz

  1. soclave dice:

    Buena crítica, quizás se echó de menos algo un poco más biográfico para comprender quien es el autor, si es su primer libro y cosas por el estilo.

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