El origen del fuego: Crítica de Bomba Bencina de Juan Carreño

por Francisco Martinovich Salas

bomba-bencina¿Cuál es el origen del fuego? Una pregunta que se instala en la cabeza del lector al enfrentarse al segundo poemario de Juan Carreño (Rancagua, 1986), Bomba Bencina, publicado bajo el alero editorial de Das Kapital en el año 2012. Los textos que componen esta obra dan cuenta de una escritura que asume un riesgo: hacer resonar en la página distintas voces que exponen una realidad que en otros contextos se muestra sublimada por los convencionalismos y los eufemismos que en este libro parecen desaparecer.

Sobre la obra

Bomba Bencina, como atinadamente es mencionado por Nicolás Vergara en el texto de contraportada que acompaña esta edición, es un título que frustrará al lector que busque encontrar en este libro una explosión.

Si bien cada texto se asimila a una pequeña iluminación, a una bomba que al explotar deja ver lo que oculta la oscuridad, el libro en su globalidad propone una reflexión que está ligada al cuestionar la mirada doliente sobre la realidad y sus problemas y comenzar a preguntarse sobre el origen de la misma.

La base de este ejercicio corresponde a la ausencia de la figura de un hablante lírico común durante el desarrollo del libro. Bomba Bencina es una vitrina en la que distintos hablantes enuncian, desde su propia realidad, un poema en el que no hay una preocupación por el trauma, sino por aquello que lo ha ocasionado: “hola mi nombre es Óscar Lucero y el día tanto tanto tanto entrando al almacén de don Miguel me saqué la chucha, esto es lo que escribo yo, si no hay piedra y sacá de chucha yo no escribo…” (p.24)

Lo que en el poemario aparece como una diversidad de personajes, es un esfuerzo por incorporar en la unidad del libro a las distintas voces que componen la realidad que se pretende presentar y que al mismo tiempo constituye el gesto de vanguardia y rebeldía que define la escritura de Bomba Bencina: todas las voces son la voz de un hablante, pero ninguna es propiamente suya. Esto se hace explícito en poemas como “Se busca”, “Diálogo de exiliados”, “Los 80’s” y “Pedro Curamil”.

El afán incendiario que se interpreta a partir del título del libro no solamente no logra explotar, sino que esparce las bombas por las páginas y será tarea del lector hacerlas estallar: “¿Qué harías si le sacaran las uñas a tu hermana? ¿Te quedarías mirando los remolinos de los ríos mientras el alicatazo puro le arranca un diente a tu mamá Digo cuando le quieren sacar el pelo de ahí Digo de un tirón Te quedarías pensando en apagar el cálifon por ahí sondas petróleo por ahí…” (p.45)

Un elemento que también se cuadra con este gesto es la diversidad de formatos en los que se presenta el poema: abundan tanto poemas de versos breves como prosas extensas que prescinden de puntuación, lo que refuerza el espíritu polifónico del libro y ofrece un interesante desafío al lector.

La multiplicidad de hablantes descrita anteriormente involucra también la presencia de un yo “no identificado”, de un hablante que no se individualiza con un nombre, pero sí con un temple y un contexto particular. Este hablante se presenta a lo largo del libro, camuflado entre otras voces y el lector podrá encontrarlo en poemas como “Panamericana”, “Fiesta”, “La vieja de los membrillos”, “Tarro mora”, “Siempre escribo un poema sobre mi papá”: “Me cuesta tanto/ recolectar las moras/ quedarme tranquilo/ con un vagón oxidado/ regresar a la barraca/ y acarrear el aserrín/ despertar en el suelo/ escuchando las hormigas” (p.47)

Estos textos dialogan con las múltiples voces que conforman Bomba Bencina, haciendo de su lectura un ejercicio muy atractivo, pues predispone al lector a estar atento, a no fiarse de que en la página siguiente la cosa sigue siendo igual (aunque en el fondo parece, sigue siendo igual).

Incendio de cárcel

El gesto de esta “apropiación” de voces en la obra, logra su momento de mayor lucidez en los poemas que abordan como tema o anécdota, en mayor y menor grado, el incendio de la cárcel de San Miguel ocurrido en diciembre de 2010: “…esoh no son del cuarto, hermano, esoh no son del cuarto, loco, no son del cuarto, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh locoh del cuarto!, ¡saquen a loh que están en lah ventana!, ¡abre la puerta hijo de la maraca y la conchetumare!, ¡abre la puerta hijo e la perra y la conchetumare!, ¡abre la puerta!, ¡la puerta oye!…” (p.17)

En versos como los anteriores, la presencia del hablante desaparece totalmente, el gesto se hace poema y presenta de manera increíblemente prístina la percepción y expresión de una voz “otra”. La imagen del incendio de cárcel es recurrente a lo largo del libro y puede interpretarse como la metáfora más clara de la pregunta sobre el origen del fuego: somos todos un incendio de cárcel esperando ocurrir, una visión del colapso latente de la sociedad y estamos a una explosión de la muerte. Esa es la terrible certidumbre que hace de los poemas de Bomba Bencina una tensa calma, una inminente explosión que no tiene fecha de llegada.

En contraposición a versos como los recién citados, existen otros poemas que no calzan dentro de esta lectura. Son poemas en los que la pregunta del origen se reduce hasta desaparecer, en los cuales no se logra traspasar al lector la tensión y la ilusión de realidad que abunda en otros poemas. Tal es el caso de textos como “Diciembres”, “Sequía” y “La salud del ojo”, los que son quizás, el punto débil del libro desde esta lectura.

Sobre la edición

Para este libro, el trabajo de Das Kapital ha estado totalmente a la altura. Al analizar la confección de Bomba Bencina, parecen ser muy pocos los detalles que atenten contra la apropiada lectura de los textos, al contrario, tanto la calidad de la impresión, la encuadernación, como la calidad de los materiales hablan de un proceso serio y de alto nivel dentro del contexto de la edición independiente en Chile.

La ilustración de portada contrasta de manera interesante con el color de fondo que la acompaña, y está en un correlato muy interesante con las temáticas tratadas en el libro y la selección del texto de contraportada también hace un gran favor a la producción en términos globales. Este último, sin embargo, y su alineación parecen ser un detalle que puede incomodar, ya que la estrechez de sus márgenes resulta extraña en comparación con el espacio ofrecido en el interior del libro a los textos que lo componen. Recalcar esto es, sino una majadería, un detalle muy menor.

Otro detalle, que puede incomodar al lector más disperso, es la ausencia de un índice en el que se enumeren los poemas incluidos. Creo que esto se justifica cuando la unidad de la obra no necesita de este orden, pues está configurado de manera que no se hace complicado para el lector y este libro, creo, no corresponde al caso.

Fuera de estos elementos menores, Bomba Bencina se presenta como una propuesta muy atractiva al lector, el que creo, no verá frustrada sus expectativas, a las cuales tanto el trabajo poético de Juan Carreño como la preocupación editorial de Das Kapital responden plenamente.

*Francisco Martinovich Salas. Es Licenciado en Letras Hispánicas y Certificado Académico en Estética de la cultura en América Latina de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Ha publicado su obra poética de manera dispersa. Desde 2006 ha participado activamente como invitado y organizador en múltiples ciclos, recitales y encuentros literarios.

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