LOS AHOGOS DE UN CHAMÁN: Crítica a “Las palabras del chamán en el fin del mundo” de Cristián Warnken

por Luis Caroca S.*

las palabras del chamán en el fin del mundoCuando aparece el libro de un personaje mediático, conocido sobre todo por un programa televisivo de entrevistas a personajes del llamado “mundo intelectual”, se genera una lógica curiosidad de saber cómo escribe el susodicho. Es el caso de Cristián Warnken y su libro de poemas. Publicado en enero de 2012 por Pfeiffer1, el texto está estructurado en cinco partes y nos muestra las impresiones de un chamán ante la pavorosa frivolidad en que este se halla inmerso. Es un monólogo duro y despiadado que ataca el materialismo y la pérdida del valor originario de la palabra. Es como Zaratustra bajando de la montaña para predicar lo que los hombres no perciben o la vieja idea del poeta (chamán) vidente, sabio, purificador de las palabras de la tribu que muchas culturas dan registro. Ya Hölderlin lo decía: ¿por qué poetas en épocas de desastres? Bueno, justamente porque el “poeta” como guardián del saber más profundo del hombre, se percata del caos eminente y da su consejo.

El libro está dedicado a dos grandes la poesía chilena: Anguita y Lihn, los cuales son llamados “chamanes de la fe y la duda en la palabra”. Ya en el primer poema se anuncia la horrible realidad en que los cuervos (con cita de Edgar Allan Poe incluida) anuncian la muerte de todo: “Dicen los cuervos en la pradera fría: / “la belleza ha muerto”/ “la verdad ha muerto” / “la inocencia ha muerto “/ “la realidad ha muerto” (p.11). Entonces, en medio de este contexto apocalíptico, aparece (o despierta) el chamán-poeta-mapuche para aclarar las cosas con su lenguaje culto salpicado con una que otra palabra perteneciente a la cultura pop: “¡Nontupaguen, trempilcawe yem! / Vengo a interrumpir este banquete / de imágenes virtuales y palabras rotas / No hay código de barra en mi voz […] El que entona canciones órficas / pasadas de moda/ Mientras un DJ autista divierte a las sombras” (p.19).

En los versos se critica la falta de espontaneidad en este mundo contemporáneo, lo fácil de una sociedad en que todo es desechable. El chamán busca el mysterium, la vuelta al papel, desprecia facebook, twitter y los seudos análisis snob. En este sentido, me parece interesante el poema VIII: “Mallarmé es el enemigo número I / después están todos los militantes / y militontas / del Derridadá / Todo el que ande descontruyendo algo / tendrá que vérselas conmigo. Se acabó este baile de máscaras / de sujetos transtextuales / y todas esas pajas” (p.33). Sugestivas palabras pues se critica a los que analizan lo que no se debe analizar, es decir, se apela a sentir la poesía en su estado más puro, sin artificios academicistas.

Warnken no duda en parafrasear a otros poetas: “Antes que esta quilla estalle/ Aquí está el Arca de Noé/ El Barco Ebrio/ pero con un capitán a bordo” (p.22), “Fue al filo del alba y sobre los techos: / Ahí proclamamos nuestra fe en el veneno” (p.40), “Quiero beber otra vez del agua del olvido […] Soy el albatros que regresó herido/ desde lo desconocido” (p.41). De hecho, en el libro hay una suma de conceptos o alusiones literarias y del saber humano en general que todo lector más o menos culto conoce: Hybris, Beatriz, Beowulf, Ofelia, canciones órficas, Eurídice, albatros, palabras provenzales, país de los cimerios, Ducasse, Keats, Plotino, etc.; pero ensamblados a la fuerza. Es como si el autor quisiera ostentar a cada instante una cultura enciclopédica sin sutilezas. Y es aquí precisamente donde me quiero detener, pues la idea de Warnken parece honesta, buena si se quiere, pero el problema radica en la forma. Por ejemplo, la manoseada figura retórica llamada “comparación” es aquí utilizada de manera pobre y con ínfulas de grandeza como una especie de Ricardo Arjona con forzadas muestras de sabiduría: “hasta que recibí tu carta / que abrí / como una tablilla sumeria” (p.57), “palabras que se tocaban / y se podían besar / y sobre las que se podía llorar / lágrimas de verdad / (como las de antes, en los boleros) / Confieso que mi adicción a la inmediatez / me produjo delirium tremens” (p.58), “Sus insultos me depravaban / ¿cómo tomar mi corazón y salvarlo? / Entonces les leí un himno pindárico a capela / como un canto de cisne en un pantano del Leteo” (p.60).  La incesante alusión a obras y autores resulta excesiva, como también los epígrafes que ahogan al autor como si éste no tuviera voz propia. En todo el libro el orden de epígrafes es el siguiente: Poe, Jorge Dowling, María Zambrano, Huidobro, Rimbaud (mucho Rimbaud de manera directa o indirecta), Philippe Jaccottet, Robert Graves, Baudelaire, Nerval y, para finalizar, el Códex Buronus. En suma, concluyo diciendo que uno es muchas veces lo que lee, pero ¿dónde está lo pensado, sentido o vivido sin interferencias? En este sentido, a los versos le falta sustancia, savia y carne. Sería exagerado decir que lo único bueno del libro de Warnken son las citas o los epígrafes. Tal vez, Las palabras del chamán… se podría tomar como un buen antecedente para conocer a los escritores y personajes allí mencionados. La famosa expresión: “todos podemos sentir como Keats, pero no todos podemos escribir como él” se podría aplicar a este libro.

Cristián Warnken

Las palabras del chamán en el fin del mundo

Editorial Pfeiffer, 2012

* Luis Caroca Saavedra es escritor y profesor de castellano de la UMCE. Ha sido antologado como cuentista en Mago Editores.  Ha publicado artículos sobre literatura en la Revista Water-Neon, Francia.
NOTAS
1 El objeto-libro es de bello formato. De tapa dura, portada couché mate, con un llamativo guerrero a caballo y unas hermosas guardas rojas que contrastan con las tapas blancas del exterior y el papel ahuesado del interior. Y si esto fuera poco, al final con colofón. En este sentido, Editorial Pfeiffer sabe lo que hace.
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Un pensamiento en “LOS AHOGOS DE UN CHAMÁN: Crítica a “Las palabras del chamán en el fin del mundo” de Cristián Warnken

  1. dr.floyd dice:

    el final de la critica lo dice todo; una buena vuelta de tuerca o una forma efectiva de darle un poco de su propia medicina al autor de ese desastre de poesia y pavoneo intelectual de medio pelo. Lo gracioso, es que si realmente entendiera media linea de Mallarmé, este C.W. quizas habria evitado publicar su librito o este seria de mejor corte; pero supongo que lo mas proximo que hizo fue leer analisis sobre el poeta francés, d’où sa frustation.

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