La escritura del delirio: “Llamaradas de nafta”, de Hernán Castellano Girón

por Bárbara Cáceres Ch.

Llamaradas de nafta - CunetaEn el prólogo de Llamaradas de nafta, Galo Ghigliotto, editor y creador de Editorial Cuneta se toma el tiempo para presentar a Hernán Castellano Girón como si fuera un nuevo autor que viene de otra tierra. Sin embargo, Castellano Girón lleva una trayectoria con publicaciones que se inician en los años 60; con premios donde Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa fueron parte del jurado; con participación en actividades literarias junto a Allen Ginsberg y William Burroughs. Pero como dice Ghigliotto, “ese autor es prácticamente desconocido en su propio país” (p.7).

Llamaradas de nafta se compone de once cuentos publicados en distintas ediciones, a excepción del cuento que da título al libro  y “Transylvania Boogie”, publicados por primera vez aquí. Para un lector desinformado, la presencia de vampiros en ciertos relatos podría leerse acorde a la moda juvenil actual, solo que ese lector no le puso atención a la fecha de creación del relato (1972) o al escenario en que este se desarrolla. Si la escritura de Castellano Girón se pudiera describir de algún modo (cosa que es muy difícil, por no decir imposible), la primera palabra que trataría de usar es delirante. Si se cercara la realidad en límites específicos, se podría decir que el narrador está en un desvarío constante.

Pero pensar en fronteras no es preciso para la literatura, ni para el arte —aunque, en general, no debería serlo para nada. En los cuentos los personajes se pasean por acontecimientos que, vistos desde afuera, parecen extraordinarios, pero que en su escenario no son más que relaciones aleatorias sin cuestionamiento, y que de todas formas arman un relato coherente: “Interroga los adoquines con una cinta de centímetros. ¿Qué responderán?: que hay un dinosaurio muerto en nuestros corazones, vivo en la piel que engruesa, en la periferia donde se manifiesta nuestro único tipo de vida” (p.56).

Dejando de lado cualquier relación que se pudiera hacer con el surrealismo, la narración se desenvuelve como si el autor la estuviera soñando: así de desenfadado es el ambiente. En medio de citas musicales, o fílmicas, como remembranzas y flashes de todo lo que uno ha vivido y ha visto, la narración hace interactuar diferentes elementos en un mismo espacio que es para todos cotidiano. En el cuento “Parisian Thoroughfare” el narrador pareciera radicalizar esta postura cuando menciona que “París no es otra cosa que un sueño que muchos hombres soñaron al mismo tiempo” (p.86) y que “siempre que llegues en sueños a París —y no hay otro modo de llegar, realmente—” (p.88).

El vínculo de elementos narrados es tan desatado que el intento por leerlos de manera lineal será de seguro un fracaso. Leer los cuentos de Hernán Castellano Girón es ensimismarse en la narración como si esta fuera lo que uno está soñando en ese preciso momento, o como si el escenario relatado por el autor estuviera ocurriendo en la pieza de al lado.

Con una escritura muy cuidada y a ratos poética, la narrativa de Castellano Girón se resbala entre un elemento y otro, y más allá de que “los lineamientos no existen, o bien, se hacen invisibles”, se podría decir que estos se disparan sin dirección predeterminada, conectando de maneras singulares y sin prejuicios, embarcándose en una navegación que es por definición azarosa: “Viajemos, volvamos a dormir” (p.90).

Llamaradas de nafta

Hernán Castellano Girón

Cuneta, 2012

Bárbara Cáceres Chomalí (Santiago, 1983) es Licenciada en Estética por la Pontificia Universidad Católica de Chile y ha realizado estudios de artes visuales (Universidad Arcis), de arquitectura (PUC) y el Diplomado en Edición y Publicaciones, PUC.

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7 pensamientos en “La escritura del delirio: “Llamaradas de nafta”, de Hernán Castellano Girón

  1. piola la reseña, me dieron ganas de leerlo.

  2. Gracias, amiga y colega Bárbara, tu comentario es muy acertado en cuanto a que señala aspectos importantes de mi narrativa y los sitúa correctamente dentro de un contexto histórico, pero sobre todo su originalidad (del comentario) es la descripción sesonrial y a la vez intelectiva, sobre la relación de lo onírico y lo textual, relación sobre la cual se basa gran parte de mi poética (sea en verso o prosa, no hago diferencias en ello).
    Sobre la característica del “delirio” o “lo delirante” que caracterizaría mi narrativa, yo discreparía hasta cierto punto porque el delirio a menudo se asocia a lo patológico, lo psicótico (y de hecho cierta crítica tradicional en el pasado se refirió en estos términos a libros mío). . Preferiría una filiación “visionaria” que delirante, a menos que sea el delirio que nos comunica con esferas superiores y no nos hunde en el abismo. Algo a sí como el delirio del orgasmo, que nos hace tocar las estrellas. No olvidar que según Saint Pol Roux (citado por Rosamel) “el universo es una catástrofe tranquila”.

  3. Hernán, muchas gracias por comentar. Cuando menciono “delirio” es solo como un modo de acercamiento a tu escrito, y claramente en el sentido del delirio que sube; nunca el que se entierra. Porque como digo después, ese acercamiento solo podría leerse en un contexto cerrado, que es todo lo contrario al universo de tu narrativa.

    Saludos!

    b.

  4. Anónimo dice:

    Quise decir 2013 y no un críptico arroba 013. Borges sonríe desde Tlön…

  5. Rodrigo. dice:

    Súper interesante, excelente la crítica.

    ¿Dónde se puede comprar este libro?

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